DICCIONARIO DE MITOLOGÍA GRIEGA

ALEJANDRO LANOËL D'AUSSENAC
EDICIONES DIDÁCTICAS
Palma de Mallorca, 2006

 Fuente de poética inspiración, las leyendas son a la vez realidad y mito, narraciones surgidas de hechos auténticos pero adornadas con la fecunda inventiva de la cultura popular. Sus tradiciones orales transformaron los acontecimientos reales hasta el límite de lo fantástico, ya expresándolos en forma literaria o a través de las más bellas creaciones plásticas.

El resultado de esa inmensa dosis de imaginación fue una de las concepciones religiosas y filosóficas más señaladas en los anales de la humanidad. El conjunto de fábulas y leyendas que forman parte de la cultura helénica es un paradigma de la propia vida, cuya evolución trasciende las fronteras del tiempo y la distancia.

Este Diccionario de Mitología Griega recoge e interpreta en su contexto histórico a las diferentes secuencias evolutivas de la antigüedad. El importante patrimonio intelectual -que durante siglos ha sido un estro inagotable para artistas y escritores- se presenta con explicaciones prácticas y didácticas, apoyadas en el estudio, en las observaciones directas y en la experiencia de obras fundamentales para el conocimiento de la materia.

Por su espíritu imaginativo, los antiguos griegos habían creado una manera particular de ver la vida y el mundo donde vivían. Esa realidad fue la que moldeó su criterio y les abrió las puertas a una manera de pensar muy diferente al sentido actual. Para comprender y apreciar esa riqueza literaria, es necesario un certero discernimiento en lo que respecta a la manera de pensar de los antiguos. El ser humano fue evolucionando conforme a su ubicación en el tiempo. Como disponía de otros parámetros que los de su propia persona a todo le atribuyó un significado esotérico y antropomórfico. Cada fenómeno de su existencia, tenía un nexo, un punto de contacto con la escala humana.

Así, se llegaron a interpretar los fenómenos de la naturaleza como fuerzas ocultas provocadas por entes superiores, pero con la apariencia, las virtudes y los defectos de todos los seres humanos, que es lo único que entonces acertaban a comprender. Las suyas eran ideas apoyadas en la finalidad de las cosas, según su criterio, todo tenía un propósito sujeto al designio de las divinidades que dominaban el universo.

Los estudios realizados sobre la mitología helénica se pueden advertir dos sistemas de interpretación. Uno es el evhemerismo o razonamiento histórico y el otro es el método alegórico, basado en el simbolismo de las ideas. Es indudable que al utilizar la alegoría como una forma de explicación de sus propias incógnitas, los antiguos crearon los mitos, aquello en lo que creían se transformó entonces en un apólogo cuya función primordial era la demostración de sus creencias. Así fue como los habitantes de la geografía helénica poblaron la tierra y el cielo con un mundo de divinidades principales y secundarias.

La inmensidad del mar y las profundidades de la tierra tuvieron sus propias deidades relacionadas con la furia de la naturaleza o la vida más allá de la muerte. El sol, las estrellas, las montañas, los fenómenos atmosféricos, todo fue objeto de su curiosidad. También les preocupaba el origen y la creación del mundo, como ocurría con las primeras civilizaciones. Más tarde, el entorno inmenso y complejo que rodeaba su existencia constituyó el motivo por el cual llegaron a divinizar sentidos abstractos de las relaciones humanas, como el amor, la amistad, el odio o el carácter individual.

En lineamientos generales se puede afirmar que la mitología, como elemento de estudio, analiza el origen y el sentido de las distintas leyendas relacionadas con la noción de humanismo y la teogonía en las civilizaciones primitivas. Por eso, la comprensión de los mitos y su influencia en la cultura, se complementa con un conocimiento general de la historia documental, los descubrimientos arqueológicos y las religiones comparadas.

El vocablo mitología se aplica entonces para designar el estudio de aquellas leyendas cosmogónicas que marcaron el pensamiento de los pueblos durante las primeras etapas de su desarrollo intelectual. Por ello, al hablar de mitología griega, nos estamos refiriendo al conjunto de narraciones relacionadas con las divinidades que dominaban el mundo helénico y con los héroes maravillosos, cuyas hazañas causaban una gran admiración.

Como esas narraciones mitológicas abordaban situaciones increíbles, la mayoría de los historiadores del pasado las encuadraron en el terreno de la fantasía pura, especialmente por las figuras literarias cuya explicación resultaba ilógica.Para determinar esa incógnita a la luz de la historiografía y las ciencias sociales, fue necesario estudiar previamente, los patrones de conducta y los niveles del conocimiento general existentes en la antigüedad.

En filosofía existe el vocablo alógico para determinar las características relativas al pensamiento y su aceptación o negación de una realidad a la cual no se puede constatar. Esta palabra -que en determinadas circunstancias puede ser sinónima de ilógico- posee sin embargo un significado preciso, cuando se refiere a las ideas o figuras mentales para las cuales no existen parámetros de comprensión.

Cuando el estudio de la mitología constituye un motivo de investigación étnica, histórica o arqueológica no se puede descartar las creencias religiosas o el concepto que entonces se tenía de la moralidad. Los pueblos primitivos desconocían casi todo cuanto existía a su alrededor.

Partiendo de ese razonamiento, la comprensión del sentido alógico de la mitología helénica requiere un estudio profundo de las condiciones sociales existentes en la Grecia preclásica, que es cuando comenzaron a gestarse las leyendas como algo propio e inherente a la condición humana, a la lengua y a la propia conciencia de nacionalidad.

Los fenómenos meteorológicos, la geografía de la tierra donde vivían, incluso el milagro de la vida, eran motivos de innumerables preguntas para las cuales no tenían respuestas. Porque no existían ni maestros ni libros. Cualquier idea, por más fantástica que ahora nos pudiera parecer con nuestro actual nivel de conocimientos, entonces era creíble, porque no existían parámetros para comparar.

Tal consideración es imprescindible al penetrar en el mundo de la mitología. Por lo tanto, desde un punto de vista filosófico, el vocablo alógico define aquello que aún no ha entrado en el terreno de la lógica y que en un momento determinado puede parecer verdadero o inteligible. Aunque muchas de esas historias provenían de Oriente y habían sido llevadas como elemento cultural por los pueblos invasores de Asia Menor, las creencias en los mitos arraigaron entre los pueblos del Mediterráneo a través del canto de los vates o la transmisión oral al estilo de Homero[1]. Al referirnos al estudio de la mitología, partiendo de la obra de los poetas clásicos, aludimos al esfuerzo llevado a cabo desde la antigüedad para difundir esa forma de cultura con los medios y el conocimiento existente en ese tiempo.

En el siglo octavo antes de Cristo, la forma épica o narrativa alcanzó su máximo esplendor a través de glosadores y poetas como Hesíodo[2]. En la actualidad sería imposible intentar hallar un sentido racional a esas narraciones, sin tener en cuenta la época y el ciclo cultural donde esa misma cultura llegó a plasmarse.

Por eso, la cultura clásica se encuentra en la base intelectual de la civilización occidental. Y ello ocurre porque los griegos fueron los unificadores no sólo de todos los mitos, sino también de los conocimientos naturales de la antigüedad. En Grecia se desarrollaron desde el lenguaje y el arte hasta el sentido social y las referencias históricas.

Los historiadores que intentaron penetrar en las ideas y el conocimiento del pasado, se valieron de las leyendas para llegar al origen de esos hechos. Pero la incógnita surge cuando ello resulta imposible de comprobar por la carencia de indicios o referencias documentales. Ese punto de referencia fue el elemento clave para intentar comprender los mitos y su gran diversidad.

El sentido clásico, tanto en el arte como en la literatura, se corresponde con los principios estéticos que prevalecieron en Grecia durante su periodo de esplendor. Las características esenciales en esa labor creativa fueron la proporción visual de las formas, la perfecta sencillez en los efectos de conjunto y la claridad de las ideas expresadas en la obra. Esas normas eran y son aplicables, tanto en las artes plásticas como en la escultura, la arquitectura o en las diversas formas de manifestación literaria. Muchas veces, el sentido diverso de las palabras acude en apoyo de la fantasía con cierta dosis de subjetividad o libertad individual.

Explicar la historia y el desarrollo de la narración mitológica a través del tiempo no resulta una tarea sencilla. En principio, es necesario aclarar que en su contexto literario entran caracteres expresivos de distintos orígenes. A pesar de esa diversidad, siempre se percibe que el ser humano es el objeto o propósito más importante y determinado dentro de la mitología. Todo gira en torno a su propia identidad.

Por eso los mitos expresan de forma simple e inocente los diferentes pasos de su desarrollo como expresión de los sentimientos. Esto, en definitiva, es una forma de cultura popular, arraigada en la conciencia ancestral de una sociedad avanzada como la helénica, cuya esencia fue cobrando forma desde los remotos orígenes prehistóricos hasta la formación de las comunidades y la aplicación de las leyes de convivencia.

Con la cultura clásica se alcanzó la cumbre de ese pensamiento y los mitos empezaron a plantearse desde un punto de vista al que podríamos llamar histórico, basado en el análisis sistemático de los acontecimientos comprobados y el estudio de nuevos documentos que en cierta medida puedan avalar las referencias legendarias. Los autores latinos como Quintiliano[3] dieron el nombre de clásicas a las obras de arte y los textos literarios escritos en Grecia durante los cinco o seis siglos inmediatos anteriores a la era cristiana. Esa denominación se debió al hecho de considerar aquellas producciones del intelecto humano como ejemplos magistrales, dignos de ser enseñados en clase (del latín classis).

Por su parte, ensayistas e historiadores trataron siempre de racionalizar la esencia de los mitos, procurando hallar una relación más o menos directa con los hechos reales. Normalmente los estudios contemporáneos no suelen disociar la mitología de la historia, aunque en algunas oportunidades se haya cuestionado la interpretación demasiado simple de las referencias legendarias. Hoy se sabe que hubo más de una guerra de Troya y que la contienda narrada por Homero no ocurrió por el rapto de Helena, sino por motivos geopolíticos más importantes que la versión poética.

En contraposición, el método histórico, también llamado pragmático, sostiene la hipótesis de que los mitos surgen de acontecimientos reales, aunque adornados con la fantasía más o menos exacerbada del poeta o compilador que la recoge y la escribe a su manera.

Sobre esto debemos aclarar que los distintos puntos de mira y la diversidad de teorías que intentan explicar los mitos de una manera racional, siempre convergen hacia un horizonte polémico. Sin embargo, el elemento fantástico o irracional es lo que sorprende por lo variado y rico de las referencias que aporta al estudio de la historia. Ese componente de irracionalidad, con sus aspectos puntuales, muchas veces desprovistos de sentido, es lo que transforma a la mitología en un repositorio de enigmas, cuya explicación atrajo la atención de estudiosos e investigadores.

Los filósofos, en cambio orientaron su pensamiento hacia una crítica analítica y reflexiva del contexto literario, comparándolo con la conducta y los sentimientos naturales del ser humano. Esa orientación, fundamentada en las bases originales de la futura antropología social, fue una de las características más destacadas del periodo helenístico. Esa posición respecto a la mitología no es nueva, ya en la antigüedad algunos pensadores como Aristóteles y Platón, restaron preponderancia a las divinidades del panteón griego, desarrollando una serie de teorías filosóficas no sujetas al culto y los mitos tradicionales. Otros, como Aristófanes, Heráclito o los sofistas tomaron las creencias con cierta ironía, fueron formas independientes y personales de interpretar el sentimiento humano respecto a su propia identidad como ser pensante.

Debido a esa diferencia de interpretaciones, solo se aplica, con ciertas reservas, el calificativo de ciencia de la mitología a los métodos actuales que está apoyados con los documentos aportados por la arqueología, la etnología y la filología, entre otras disciplinas. Un aspecto importante en el estudio de la mitología es la diversificación de las culturas a través de los siglos. Como veremos más adelante, muchas leyendas tradicionales en la Grecia clásica, en realidad tuvieron su origen en la Mesopotamia, y fueron transmitidas oralmente durante las sucesivas invasiones de los pueblos del sudoeste asiático durante el primer milenio antes de Cristo.

De esas creencias primitivas, los griegos adoptaron el politeísmo antropomórfico. Esa particularidad fue, a su vez, una de las razones de las distintas versiones relativas a una misma deidad y a la variedad de sus formas o atributos. La mitología aventaba los temores, las dudas y las necesidades del ser humano porque en ella, buscaba la explicación para todo aquello que no comprendía. Los seres primitivos observaron con sorpresa y admiración a la naturaleza que les rodeaba. En ella intuían la existencia de aquellos dioses a los que no podían ver, pero creían firmemente en su existencia.

Como sucedió en otras culturas, los griegos vieron en la magnitud de la creación una prueba de la existencia de espíritus superiores en todo sentido a la simple condición humana, aunque paradójicamente, esa índole fuera el patrón sobre el cual imaginaron el carácter y la forma corpórea de sus divinidades. Esa fue la respuesta que se dieron a si mismos y la que enseñaron más tarde a sus descendientes. Las combinaciones de elementos y agentes físicos tuvieron entonces su explicación.

Así nacieron figuras tan representativas como Hestia (el fuego), Horas (la lluvia) o Helios (la luz de día). La alegoría consistía en expresar su propia visión -o al menos lo que se creía que era verdad- de una manera indirecta, mediante figuras sagradas y dignas de veneración, a las que consideraban como deidades protectoras o destructoras, según las circunstancias. Por ello es evidente que la apariencia humana de esas divinidades surgió en forma natural, por el simple espíritu de observación respecto a su propia persona y la de quienes formaban su núcleo social.

La mujer adquirió un papel preponderante en esa idealización poblada con deidades femeninas cuyo carácter era fundamental en la vida misma. Existen numerosos ejemplos de esa relación: Gea (la tierra, creadora del universo) era una de las deidades primitivas; Hera, esposa de Zeus, encarnó los dones del espíritu maternal, pero también los celos y la venganza; Ilitia, cuidaba los alumbramientos; las Ninfas protegían los hogares, las Nereidas eran divinidades marinas que brindaban protección de los navegantes.

En cuanto a los hombres, cuando no iban a la guerra, la mayoría eran labradores o pastores. Por ello rendían culto a Dionisos, dios de las faenas rurales, cuya flauta orientaba a los rebaños.

FUSIÓN DE CREENCIAS

La religión en la Grecia clásica alcanzó su periodo de mayor esplendor durante la época de Pericles, con el culto a la diosa Atenea, entronizada en su símbolo artístico y arquitectónico más importante, el templo Partenón.

Sin embargo, las constantes invasiones de los pueblos indoeuropeos a la península helénica, produjeron la asimilación de elementos culturales o religiosos procedentes del norte de África y el cercano Oriente. Desde entonces la mitología griega adoptó como divinidades propias a la síntesis de otras creencias lejanas en el tiempo y la distancia. Entre ellas a Cibeles, diosa asiática de la fertilidad; a Isis, personificación del poder real egipcio y otras figuras míticas aún más antiguas, como Serapis, el dios toro.

La dualidad entre simbolismo y devoción fue una de las causas puntuales en la gran variedad y riqueza de esa herencia mitológica. Los mitos y leyendas de la antigüedad se fueron transformando entonces en una apertura de la mentalidad griega a diferentes ideas.

Ese otro rasgo fue evidentemente la más importante en el proceso del sincretismo o fusión pacífica de distintas creencias a través del tiempo.

LOS HÉROES

Como en la mayoría de los pueblos de la antigüedad, en la Grecia arcaica existía el culto al valor. Los mitos más entrañables para el sentimiento griego surgieron del recuerdo de los héroes de carácter tribal o familiar, cuya fama generalmente no excedía los límites de su propia aldea.

El proceso de formación, desarrollo y apogeo de la mitología griega tuvo lugar durante un lapso de veinticinco siglos. Ese periodo de influencias y transformaciones se extiende desde la dispersión a través de la península helénica de las primeras migraciones de origen indoeuropeo -en los comienzos del segundo milenios antes de Cristo- hasta el desmembramiento definitivo del culto religioso por el emperador bizantino Justiniano, en el año 529.

La poesía épica, que tomó como argumento central la vida y los hechos de los héroes, llegó a su madurez intelectual hacia el siglo sexto antes de la era cristiana. Superando el paso del tiempo, ese vasto conjunto de leyendas todavía conserva su belleza literaria, la armonía de las narraciones y el ingenio descriptivo, dando lugar a numerosas recreaciones contemporáneas, tanto en la novela histórica como en la cinematografía.

En la época de Homero (siglo VIII a.J.C.) comenzó a gestarse el culto advocativo a los personajes heroicos, vistos desde un punto ciertamente poético, pero no disociado de la realidad existente en ese momento de la historia.

En esa época, se reunieron muchas historias antiguas de distinto origen, unificándolas hasta transformarlas en los grandes mitos nacionales, conocidos por todos. Sin embargo, dentro de esa concepción idealista, las figuras mitológicas se adecuaban, con cierta inteligencia, a los usos y costumbres de los seres mortales.

Cabe observar que los antiguos griegos, convencidos de que el orden y la jerarquía eran la base de toda organización social, crearon una escala de valores, propia para los dioses, los semidioses y los héroes.

En el podio máximo del honor y la celebridad, se hallaban las figuras militares y políticas, muchas veces pertenecientes al contexto histórico, que entonces eran reverenciadas como héroes nacionales. Finalmente, exaltados por la narrativa poética, estaban los personajes fabulosos, elevados durante siglos a la categoría de héroes por la trasmisión oral de sus hazañas.

El rasgo que une a esos tres niveles de personificación heroica, es su reconocida trascendencia en el sentimiento popular y también la supervivencia del mito a través del tiempo. Tal es el caso de la aventura de los Argonautas, la Ilíada, “La Odisea” o la Eneida de Virgilio, inspirada en las anteriores.

Casi se podría afirmar con certeza que en la antigüedad tuvieron lugar numerosas expediciones similares a la de los tripulantes de la nave Argos. La narración de Apolonio de Rodas, creada hacia el siglo tercero antes de Cristo, parece ser la suma de un conjunto numeroso de viajes por mar y tierra, reunidos en una sola aventura.

El sentido filosófico de esas fábulas narra las historias diferentes como la transposición de un mundo imaginario a la realidad de la vida cotidiana, con sus realidades y fantasías.

Analizando en el mapa la descripción de aquel periplo, se ve como la expedición, partiendo de Tesalia y luego de atravesar los Dardanelos, llega por mar hasta la Cólquida, en el extremo oriental del mar Negro. De allí, luego de apoderarse del vellocino de oro, pone rumbo hacia el Este, atravesando los Balcanes, el norte de Italia, los Alpes, los mares Adriático y Mediterráneo, recorren a pie el desierto de Libia y regresan a Yolcos a través del mar Egeo.

Vemos aquí como el terreno de la fantasía no tiene límites. De hecho resultaría imposible a cincuenta hombres llevar una nave de esas proporciones desde la cuenca del Danubio hasta las costas del mar Tirreno, luego remontar el valle del Po, atravesar los Alpes y finalmente descender luego por el río Ródano hasta el mar Mediterráneo. Por otra parte, es un evidente simbolismo considerar a la Argos como la primera nave en la historia de la navegación.

Si lo observamos con sentido crítico, el análisis objetivo nos dice que ese periplo -como tantos otros- habría resultado absolutamente irrealizable en esa época. Y aún hoy entrañaría innumerables inconvenientes. Pero si lo miramos desde el punto de vista alógico -al cual nos hemos referido anteriormente- veremos como la narración reúne las experiencias de numerosos viajes parciales para que sirvan de marco unificado a la aventura.

Ese tipo de relatos fue el que alentó la admiración hacia los héroes como Jasón o Heracles. En una escala menos distante que la de los dioses y semidioses, los héroes no eran otra cosa que ídolos populares, figuras gallardas, idealizadas pero cercanas al común de la gente. Señalaban la personificación del valor, que el pueblo necesitaba para sentirse identificado con ellos.

LA MITOLOGÍA DESDE UN PUNTO DE VISTA FILOSÓFICO

Cuando los grandes dioses de la mitología griega se empezaron a mostrar como poderes fatuos, alejados de la medida humana y en cierto modo indiferentes a sus necesidades individuales, cuando no antagónicos, los pueblos comenzaron a volcarse hacia el culto privado a sus héroes, a quienes consideraban como espíritus protectores.

Los albores de la filosofía griega, en el siglo sexto antes de Cristo produjo una reflexión sobre los mitos y creencias del vulgo, pero ese fenómeno en realidad tuvo comienzo mucho tiempo atrás, cuando los primitivos aqueos se asentaron en el norte de Grecia. Después de establecerse en Micenas, esos pueblos entraron en contacto a través del comercio y la navegación con la civilización marítima dominante en la isla de Creta y más tarde con otras culturas mediterráneas, de las que adoptaron sus principales deidades.

Las conquistas de Alejandro Magno, en el siglo III antes de Cristo, promovieron el intercambio de ideas y acceso directo al conocimiento de otras religiones. Debemos tener en cuenta que las expediciones de conquista, en aquellos tiempos, duraban meses y a veces años, dando lugar a una estrecha relación entre los pueblos vencedores y los sojuzgados. Conquistadores y conquistados estaban sometidos a una mutua influencia, aunque ésta tuviera un carácter más cultural y lingüístico que religioso, siempre existía un lugar preponderante para la narración.

Las primitivas creencias dieron lugar a las religiones, y éstas -muy diversificadas en la antigüedad- fueron la base que sustentó otros juicios de carácter filosófico. Esas ideas, más profundas, regían el culto a los héroes, inspirado en la convicción de que el ilustre desaparecido aún seguía viviendo en el seno de su pueblo, entre sus descendientes y admiradores, protegiéndolos en todos los actos de la vida cotidiana.

Los héroes elevados a la mayor popularidad por el canto y la poesía, como Heracles, Ulises o Aquiles, continuaron vivieron en su epopeya, a través de la transmisión oral. Las divinidades ctonianas de la antigüedad sirvieron como ejemplo de los males que podían sufrir los mortales, por ello crearon las condiciones de un culto a seres protectores más cercanos que los ambiguos dioses del Olimpo. Debido al proceso de asimilación, ocurrida entre Grecia y Roma, la civilización helénica ejerció una sensible influencia sobre la entonces emergente entidad latina.

Este fenómeno se advierte particularmente en las leyendas y en las creencias religiosas, donde la mayoría de los dioses, semidioses y héroes tuvieron su correspondencia en ambas orillas del mar Jónico.

Se incluye, a continuación, un breve glosario con las correspondientes denominaciones, sus términos originales, conocidos en la Grecia Clásica y las versiones latinas, que han llegado hasta el presente a través de la civilización romana.

Para realizar la trascripción de los nombres griegos antiguos utilizando caracteres latinos modernos, se suelen emplear distintas formas fonéticas, porque no existe un método o sistema universalmente reconocido.

Desde el Renacimiento, en la mayoría de las traducciones de autores clásicos se utilizaron las versiones latinas para los apelativos de las deidades griegas. Pese a que el sistema alfabético romano procede del griego, muchas veces los sonidos no son los mismos. Así, el nombre Esculapio, dios de la medicina, es más conocido que Asclepio. Lo mismo ocurre con las formas Hércules-Heracles o Ulises-Odiseo u Odisseos.

Tanto en el idioma castellano, como en el griego, existen cinco vocales, pero en la pronunciación griega de algunas letras como la “o” y la “i” existen variantes. El resultado es que en algunos tratados la versión fonética de palabra mito aparece representada de manera subjetiva con el vocablo mutho, mientras que en la mayoría de los diccionarios y enciclopedias se escribe la forma mythos[4]. En la actualidad, se suele emplear el vocablo digrafía para explicar esas diversidad de acepciones (del griego dis=doble y graphein=palabra).

En todos los casos se ha procurado respetar la forma moderna de trascripción. Sin embargo, como en la pronunciación figurada suelen presentarse dudas, cuando existen discordancias notables se han consignado las dos formas, una a continuación de la otra. Esa particularidad puede ser útil especialmente a los lectores que no están familiarizados con la historia o la mitología griega.

En la generalidad de los nombres propios de personajes míticos o de localidades geográficas, y también para citar vocablos específicos que no tienen una traducción puntual, se ha empleado la forma tradicional, más utilizada en los libros de texto.

-A-

 

ACAMAS: Mitológico guerrero. Viajó a Troya acompañando al valeroso Diomedes, monarca de Tracia. Estuvo escondido en el vientre del célebre caballo de madera. Se dice que fue quien abrió las puertas de la ciudad a los invasores.

ACASTO: Célebre argonauta, hijo de Pelias y nieto de Poseidón, intervino en míticas hazañas, entre ellas, la captura del terrible jabalí de Calidonia.

ACIS: Era vástago del dios Fauno. Se enamoró de Galatea. El cíclope Polifemo, que también la amaba, lo asesinó de una pedrada en un rapto de celos. Galatea apenada, transformó en un arroyo cristalino a la guija que le causó la muerte.

ACRÓPOLIS: Del griego Akros=altura y polis=ciudad o población. Las leyendas de la capital ática están ligadas al mito de la diosa Palas Atenea. La acrópolis de Atenas, con setenta metros de altura y circundado por altas murallas, es el recinto fortificado más célebre y mejor ubicado de Grecia. Desgraciadamente, no se puede decir lo mismo de su estado de conservación. Guerras, vandalismos, abandono y expoliaciones de todo tipo, terminaron por convertir el histórico recinto en un conjunto de ruinas, que aún así no dejan de sorprender y emocionar al visitante. En la explanada superior se alzaba la monumental estatua de Atenea Promachos (combatiente).

ACROTERA: [Akrotherion]. Símbolo del espiritu protector en algunos pueblos de Grecia. Al principio era una suerte de fetiche, cuya figura, construida en piedra caliza o terracota, se colocaba sobre los tejados. Esa pieza arquitectónica, con forma de glifo alado o esfinge, solía estar ligada a numerosas fábulas o creencias animistas de la remota antigüedad. Su forma más perfecta y estilizada se observa en los monumentos de la Grecia arcaica. Consiste en un pedestal colocado en los frontones y que sirve de base a las estatuas, ánforas u otros objetos de adorno. Ya en el periodo clásico, la acrotera culminaba el coronamiento de la arquitectura popular, pero también era el extremo del templo más cercano al cielo, y por lo tanto, a sus dioses. Por ello en la Acrópolis, el punto más elevado de la ciudad, se erigía la estructura religiosa por excelencia.

ACTEÓN: Discípulo del centauro Quirón. Artemisa lo convirtió en ciervo por haberla sorprendido mientras se bañaba desnuda en la fuente de Partemia. Fue tal la transformación que sus propios perros de caza lo atacaron.

ADMETO Y ALCESTIS: Un interesante ejemplo de leyenda helénica, inspirada por el sacrificio personal en aras del amor. Las narraciones de este tipo, con un carácter moral, ya aparecen en los primeros tiempos históricos. Admeto era rey de Feras, una importante ciudad estado de Tesalia. Amaba a Alcestis, princesa de un reino vecino. Para obtener su mano, era necesario superar una prueba de inteligencia y destreza física. Debía conducir, a toda marcha, un carro tirado por un tigre y un jabalí. El dilema era como uncir ambos animales al yugo del carruaje sin que ambos se rebelaran, o el felino intentara matar al jabalí. Apolo, que observaba la escena, quedó impresionado por el amor de Admeto, que aún con riesgo de su vida, intentaba en vano domeñar a los ariscos animales. Conmovido, el dios de la luz decidió ayudarlo. La única condición impuesta por Apolo fue que si Admeto lograba superar la prueba y obtenía la mano de su amada, en la noche de la boda debía realizar un sacrificio a la diosa Artemisa. Habiendo aceptado Admeto aquel trato, Apolo puso manos a la obra. Para ello se transformó en un rayo  luminoso y guiando a las bestias impulsó el carro triunfal hasta su meta. Así fue obtenida la autorización para que ambos se casaran. El día fijado para la boda, Admeto estaba tan entusiasmado con su novia, que olvidó la promesa hecha al dios Apolo. Como justo castigo por aquella omisión, al entrar en la cámara nupcial, los jóvenes la encontraron llena de serpientes, cuya aparición era tenida por un presagio de muerte. Entonces Admeto recordó la promesa y pidió clemencia. Apolo aceptó el nuevo trato, pero con la condición de que alguien penetrara en el recinto, ocupando su lugar. Fue entonces cuando Alcestis, dominada por el ineluctable impulso del amor, penetró decidida en la habitación, sacrificándose ella misma en lugar del joven. Horrorizado Admeto, se arrojó en pos de ella para salvarla, pero ambos murieron de inmediato, llegando abrazados para siempre a los reinos del más allá.

ADONIS: Joven de extraordinaria belleza que fue amado por Afrodita. Un jabalí lo embistió causándole la muerte. La diosa convirtió su sangre en un jardín de flores. Zeus le acordó el milagro de retornar durante seis meses de cada año a la tierra. El mito se inspira en los ciclos de la naturaleza.

AELLA: Amazona de , protagonista de una leyenda en la que lucha contra Heracles, cuando el héroe griego intenta arrebatar el cinturón mágico de Hipólita, la reina de aquellas aguerridas mujeres. El nombre Aella significa tempestuosa o espíritu de la tempestad, adjetivo que concuerda con el carácter de la bizarra heroína.

AELLO: Can mitológico. Su nombre significa “veloz como el viento” Según una leyenda de Beocia pertenecía al cazador Acteón, nieto de Cadmo rey de Tebas. La tradición cuenta que logró salvar la vida de joven, cuando éste se hallaba en peligro de muerte, aprisionado por un tronco caído. La rapidez del perro sirvió le permitió llegar junto a su amo antes que el viento del norte congelara la tierra donde aquel se hallaba atrapado. Con su cuerpo dio calor al cazador hasta que Heracles pudo levantar el pesado leño y liberarlo.  

AFRODITA: [Venus] Magnífica diosa de la belleza femenina, personificación de los sentimientos amorosos y de la unión carnal, según la tradición más difundida. Hesíodo cuenta que nació de la espuma del mar. Esta leyenda dio lugar a distintas interpretaciones artísticas. En la pintura helénica, la imagen divinizada de la diosa alcanzó su mayor esplendor con los pinceles de Apeles. El poeta Ovidio extasiado ante aquella obra, escribió más tarde “si el pintor de Cos (Apeles) no hubiera expuesto ante el mundo aquella obra, la suprema belleza de Afrodita continuaría sepultada bajo las ondas del mar”. Homero dice que era hija de Zeus y Dione. En su obra se advierte una permanente consideración a la grandeza de los dioses. El texto homérico expresa el ideal del amor como un ejemplo de la providencia divina. Hesíodo da una interpretación algo diferente, que parece inspirada en antiguas tradiciones egeas que aún subsisten en el folclore de del Dodecaneso. Según una leyenda de la isla de Rodas Cronos, dios del tiempo, mutiló los testículos de su padre, Urano, que cayeron al mar Egeo. Durante mucho tiempo aquellos despojos flotaron a la deriva esparciendo una espuma blanca, que entró contacto con el vello púbico de Nereida una de las ninfas del mar. De esa mágica unión, nació la bella Afrodita. Esa versión y otras muy parecidas también se extienden al acerbo popular de Chipre. Las narraciones que hablan de un mar fecundo -muy difundidas en la antigüedad entre los pescadores y navegantes- son equivalentes a las creencias de los pueblos agricultores, que asignaban un carácter divino a la fertilidad de la Madre Tierra. En la historia de Afrodita Anadiomena [5] se cuenta que de aquella espuma, alba y fecunda, surgió la doncella, mecida dulcemente por las olas. El relato prosigue diciendo que al principio arribó a la isla Vitera y trasladándose luego a la lejana Chipre. Su imagen es una de las más difundidas por las artes plásticas de todos los tiempos. La llamada “Venus del balsamario”, existente en el Museo Vaticano[6], es uno de los ejemplos más perfectos de la estatuaria clásica, tanto por las proporciones, como por el equilibrio de las formas. Las eternas Venus de Cirene o la de Milo, en sus distintas versiones, son composiciones estéticas naturalmente inspiradas en el cuerpo femenino. Parecen no tener brazos -ni necesitarlos- pues asumen la perfecta concepción del equilibrio armónico centrando la vista en la admirable estética del torso.

AGAMENÓN: Personaje de la Ilíada. Rey de Micenas. Dirigió la campaña de los griegos contra la ciudad de Troya. Era hermano de Menelao. Su vida excede la fantasía para entrar en el terreno de lo histórico. Algunos escritos afirman que era hijo de fantástico rey Atreo. Su figura aparece también reflejada en antiguas leyendas de la isla de Creta. Algunos aspectos puntuales de su azarosa vida quedaron plasmados en la literatura universal, a través de las narraciones de Esquilo[7] y Homero. Incluso las oscuras circunstancias de su muerte, aparecen explicadas de distinta manera, según la época y el autor que trata el asunto. Este hecho hace pensar en la existencia de varios personajes con ese nombre, e incluso con su carácter representativo de todo un pueblo. En el undécimo canto de “La Odisea”, el fantasma de Agamenón se levanta en el abismo de Hades, acusando de su muerte al perverso Egisto, en complicidad con su mujer Clitemnestra. Esquilo dice que es la propia Clitemnestra la que asesina a su esposo en el baño, con la ayuda de Egisto. La angustiosa figura de aquella mujer, junto al cadáver de Agamenón, presa de pasiones tan contrarias como el amor, el odio, un rencoroso despecho y la ausencia de remordimiento, se trasuntan en el momento del crimen, cuando asume su culpa y expresa, tras las circunstancias terribles del hecho: “Me salpican las oscuras gotas del sangriento rocío, y me regocijan, no menos que la lluvia de Zeus alegra la mies al brotar la espiga”.

AGÓN: Del griego Agon [competencia, certamen]. Fue una célebre alegoría de la noble rivalidad y el esfuerzo personal, cuyo sentimiento impulsaba un natural afán de superación. Ocupó lugares destacados en la mitología helénica, interpretando ya en épocas tempranas, el carácter competitivo de los dioses del Olimpo. Se consideraba una deidad de la perfección y su figura, representada con alas, aparece en obras de arte, estatuas, pinturas, muebles y piezas de orfebrería. El espíritu elevado de Agón era un concepto abstracto de la lucha por la superación y solía encarnar el deseo de alcanzar la meta, el triunfo, en cualquier orden de la vida. Su impulso estaba basado en la inteligencia, la agudeza, el ingenio, el valor y la perseverancia. Los jóvenes que iban a competir en los ejercicios y concursos de cualquier índole se encomendaban a su esencia mítica y al principio vital que generaba la lucha en cuerpo y espíritu, por ello su figura presidía los certámenes literarios o deportivos en la antigua Grecia. Tanto en Atenas, como en Epidauro, en Corinto o en Olimpia, los contendientes rogaban su apoyo para alcanzar la aptitud física, asimilar el conocimiento y demostrar la mayor habilidad en cualquier terreno. Ese espíritu se manifestaba en igualdad de condiciones, sea en la poesía, el teatro o en las distintas pruebas de atletismo. La imagen de Agón -cuya naturaleza podía ser masculina o femenina según la circunstancia- aparecía también como fuerza inspiradora de un profundo sentido estético, respecto a la belleza de las formas dentro del terreno de la creación intelectual. De su esencia nació el alectryonon agones (genio de las competiciones) y los colegios agonales, denominación que daban los antiguos romanos a las sociedades de sacerdotes o salios del Palatino.

ALCEO: Su sobrenombre era “el poderoso”. Fue el abuelo de Heracles. A sus descendientes se les llamaba “Alcides” (los de la estirpe de Alceo). El mito está relacionado con la fuerza puesta al servicio del bien. Tuvo un santuario en Arcadia, donde acudían los atletas olímpicos a solicitar su apoyo en las competiciones deportivas. El origen divino de este personaje procede de sus padres Andrómeda y Perseo.

ALCINOO: Rey de la isla de los Feacios, actual Kerkira (Corfú), denominada Esqueria por Homero. Su hija Náusica fue la que despertó a Ulises cuando éste se hallaba extenuado y dormido en la playa, tras el hundimiento de su embarcación, que zozobró bajo la furia de Poseidón. Alcinoo y su esposa, la reina Arete, acogieron al náufrago y les brindaron hospitalidad. Alcinoo, condolido por la narración de las penurias que había sufrido el navegante en su regreso a Itaca, les proporcionaron otro navío que lo trasladó finalmente a su patria anhelada.

ALCMENA: Doncella griega, madre de Heracles, llamada “la fuerte”. Era hija de Anasaso y Electrión, monarcas de Micenas. Otra versión dice que Electrión, cuyo nombre significa “pleno de luz”, era rey de Argos. Su madre era hija de Alceo, descendiente por tanto del héroe Perseo. Alcmena aceptó su casamiento con Anfitrión, para vengar la muerte de sus hermanos, asesinados por un rey de Tebas. Pero mientras que Anfitrión estaba en Beocia, luchando contra los tebanos, Zeus adoptó su figura y fingiendo haber regresado poseyó a Alcmena en el lecho nupcial. De aquel coito espurio, nació Heracles. La tragedia griega tiene aquí uno de los capítulos más fuertes. Diófanes[8] cuenta en uno de sus escritos que Anfitrión se enteró de la traición mientras luchaba frente a las murallas de Orcomene. Invadido por una profunda tristeza, prefirió morir como héroe antes que regresar como esposo engañado.

ALECTO: Una las tres Furias, personaje abyecto de la mitología helénica, adoptó un día el aspecto de la sacerdotisa Caliba para manifestar declaraciones insidiosas en forma de oráculo. Esas expresiones interpretadas como el preludio de una traición, provocaron una honda enemistad entre los guerreros etruscos comandados por el príncipe Turno y los troyanos guiados por Eneas. La leyenda cuenta que Caliba, usando su bastón de metal bruñido a modo de espada, cortó de un solo golpe la maraña de intrigas que se estaba formando en torno a Eneas y le otorgó la victoria sobre los etruscos. Desde entonces se suele llamar caliba al acero de las espadas.

AMBROSÍA: Licor sagrado que bebían las divinidades del Olimpo. Cuando Mirtis[9] dice “la divina ambrosía” se refiere a la inmortalidad de los dioses. Su semántica nos remite al significado de “perennidad”. Homero decía en su obra que la ambrosía era una substancia para untar la piel, dejando entrever su relación con una antigua leyenda frigia. Según aquel mito, ese alimento del espíritu procedía de la personificación mágica de una divinidad, siendo absorbida y reencarnada continuamente. Posiblemente esta costumbre estuviera relacionada con ciertas celebraciones dionisíacas, llamadas “Fiestas de Ambrosía” que se efectuaban todos los años en la ciudad de Atenas, en honor de un vino dulce al que daban ese mismo nombre. En “La Ilíada” se identifica a la ambrosía como un néctar oleoso con el que los dioses se ungían el cuerpo para adquirir belleza y juventud. La poetisa Safo de Lesbos decía en sus versos que era un néctar sublime. La leyenda afirma que era nueve veces más dulce que la miel y capaz de mantener la eterna juventud. Según el escritor Calímaco[10], la diosa Ambrosía -ninfa hermosa donde las hubiera- surgió convertida en mujer de carne y hueso del interior de un cuerno de la cabra Amaltea.

ANDRÓMEDA: Mito cosmogónico. Las ricas tradiciones prehelénicas hablan de deidades celestes. Su difusión se extendía a través todo el Mediterráneo oriental, Asia Menor y los extensos territorios de la mítica Libia. La tradición clásica dice que Andrómeda era hija de Cefeo, rey de Etiopía y de la princesa Casiopea, más hermosa y deseada que la romana Juno. Las Nereidas, llevaron el mensaje a Poseidón. Por haberse jactado de ser la más hermosa de las diosas del Olimpo, el señor de las profundidades marinas, provocó un diluvio que arrasó las comarcas de Eritrea. En este primitivo relato se advierte un antecedente común con las mitologías de África, Palestina y Asia Menor, cuyo argumento se refleja en las narraciones bíblicas del Cristianismo. No conforme Poseidón con el episodio de las aguas, también envió un monstruo horrendo para aterrorizar al reino etiópico. Con el propósito de salvar a su tierra de tales calamidades, Cefeo consultó el oráculo de Ammón, pero la respuesta no pudo ser menos trágica: Para defenderse de tantas calamidades y alejar al monstruo, Cefeo debía encadenar a Andrómeda a una roca, dejándola a merced de aquella bestia sedienta de sangre. Transido de dolor, el monarca no tuvo otra alternativa que dejar a la desgraciada Andrómeda amarrada a una roca frente al mar. El héroe griego Perseo, que entonces surcaba con su nave aquellas aguas, en busca de la Medusa, vio a la joven en tan peligrosa circunstancia y se enamoró de ella. Pero Cefeo temeroso de las iras del monstruo, no dejaba que nadie la liberara. Perseo insistió, acordando con el padre que si encontraba al monstruo y le daba muerte, podría casarse con la joven. El héroe griego encontró al monstruo en las costas de Eritrea y logró darle muerte tras un furioso combate. Días después Perseo se presentó ante el rey etíope para pedir la mano de la doncella, en cumplimiento del pacto que ambos habían sellado. Lo que Perseo no sabía era que en aquel reino tenía un serio rival llamado Fineo. Era éste un hermano del rey Cefeo, tío de Andrómeda, quien se creía con el justo derecho de poseer a la joven por haberla pedido en matrimonio cuando aún era una niña. Fineo, bien armado con lanza, coraza y escudo, se presentó ante Perseo retándolo a un duelo a muerte. Pero Perseo le mostró la cabeza cercenada de la Medusa y Fineo quedó convertido en una estatua de piedra. Durante siglos existió un pétreo acantilado, en la costa del mar Rojo, conocido como “el peñasco de Andrómeda”. Las leyendas de la Grecia clásica cuentan que Perseo y Andrómeda tras consumar su unión y alcanzar el éxtasis amoroso, fueron transformados en sendas constelaciones. El argumento de esta tragedia aparece magníficamente relatado en la obra de Eurípides[11].

ANTÍGONA: Leyenda originaria de la antigua ciudad griega de Tebas, en la región de Beocia. Antígona es uno de los personajes mitológicos más representativos del teatro griego perteneciente al llamado ciclo tebano. Una tradición local cuenta que Antígona era la hija mayor de Edipo y Yocasta. La joven tenía dos hermanos varones, Polinice y Etéocles, y una hermana menor que ella, llamada Ismene. Antígona había acompañado al destierro a su padre, anciano y ciego, a quien había servido de lazarillo y permanente compañía durante los años que duró aquel forzado exilio. Muerto aquel, luego de una penosa enfermedad, Antígona regresó a Tebas, donde intentó, por todos los medios, evitar un enfrentamiento armado entre sus dos hermanos Etéocles y Polinice. Ambos jóvenes estaban duramente enconados por diferencias en el reparto de la herencia dejada por su padre. Polinice, el primogénito, no sólo pretendía el trono, también la hegemonía sobre los reinos vecinos y otras comarcas sujetas al dominio de Tebas. Su hermano Etéocles no estaba de acuerdo y se fortaleció en la ciudad, dispuesto a defenderla de cualquier asalto. El primogénito tenía de su parte al ejército de Argos, cuyos jefes los argivos, habían prometido ayudarlo a cambio de ciertas prebendas. Las murallas de Tebas tenían ocho puertas, con sus respectivos bastiones defensivos. Durante el asedio. Polinice encomendó a siete príncipes de la Argólida el ataque a otras tantas puertas, reservándose la octava para sí mismo. Al acercarse al sitio previsto para el ataque, alcanzó a divisar, sobre el baluarte, a su propio hermano Etéocles. Polínice, enardecido, a los gritos, retó a su hermano para que descendiera de la muralla y se batiera con él en campo abierto, cosa que aquel aceptó. Durante el combate, que fue muy reñido, ambos se ensartaron mutuamente con sus lanzas, falleciendo de inmediato. Viendo muerto a su caudillo, los argólidas abandonaron el asedio de la ciudad y se retiraron en silencio durante la noche. Al amanecer del día siguiente los tebanos vieron que los atacantes habían levantado sus campamentos. Las tiendas de campaña, las máquinas de guerra y otros elementos de asedio, habían desaparecido. Aunque aminorada por la muerte de su jefe, la euforia de los defensores no se hizo esperar. Sin embargo, muertos los dos hermanos, el poder recayó en Creonte, hermano menor de Edipo y tío de los fallecidos. Era éste un hombre cruel, dueño de un carácter duro e irreductible. Su primer acto de gobierno fue ordenar exequias reales para Etéocles, como héroe y defensor de Tebas. Su hermano Polinice había sido acusado de alta traición por atentar contra Tebas al frente de un ejército extranjero. Creonte dio orden de que dejaran su cadáver en el campo de batalla, para que lo profanaran los animales carroñeros, un terrible castigo, que suponía la desaparición del alma y la imposibilidad de ingresar en el reino de ultratumba. Para los griegos y otros pueblos antiguos, era el peor castigo que pudiera sufrir cualquier ser humano. Antígona no estuvo de acuerdo con aquella cruel resolución de su tío, a la que consideraba un verdadero sacrilegio. Pensaba que toda persona por más errónea, que fuera su actitud en vida, merecía el perdón después de la muerte. Decidida a dar sepultura a su hermano, primero le pidió ayuda a su hermana Ismene, pero como ésta no se atrevió, se dispuso a ir sola. De noche se dirigió con una pala al campo de batalla, pero cuando estaba cavando la sepultura de su hermano, fue descubierta por unos guardias. Antígona intentó debatirse, acusando a los soldados de complicidad en un acto contra las leyes sagradas. Arrastrada a la fuerza, fue llevada ante la presencia del cruel Creonte, quien ordenó que la encerraran viva en una oscura caverna, hasta que muriera de hambre y sed. Para evitar aquel lento suplicio, Antígona se ahorcó en su celda, colgándose con su ceñidor. Creonte tenía un hijo llamado Hemón. Este joven era el orgullo de Creonte, el heredero en quien depositaba todas sus ambiciones y a quien tenía por continuador de su saga. Pero Hemón estaba enamorado de Antígona. La amaba en silencio, aunque nunca había dicho nada para no contrariar a su padre. Cuando Hemón supo la tragedia de Antígona, se suicidó de la misma manera que su amada. La terrible acción de Creonte tuvo así el justo castigo de los dioses.

ANTÍOPE: Divinidad secundaria del Olimpo. Fue venerada en Tesalia. La tradición le asigna un lugar de culto en un espacio arqueológico llamado Dion, cerca de la actual ciudad de Katherine. Existían otros santuarios dedicados a ella en las inmediaciones del puerto de Karitsa, sobre el golfo Sarónico. Antíope era hija del dios fluvial Asopos, venerado antiguamente en la cumbre del monte Ossa, una elevación que domina el amplio valle del Tempe, actual río Peneiós. Otra leyenda de la ciudad de Tebas, al noroeste de Atenas, afirma que su verdadero padre era Nicteo, regente de aquella ciudad. El dios Zeus se enamoró de ella y transformado en Sátiro, la rapto. Antíope quedó embarazada y tuvo dos hijos gemelos del aquel dios, Anfión y Zeto. Temerosa de la ira de su padre, Antíope nunca regresó a su hogar. Los campesinos de Beocia contaban que creían verla vagando por los bosques con su dos gemelos. Cuando los gemelos llegaron a la edad adulta, regresaron a Tebas y derrocando al rey que entonces gobernaba la ciudad, recuperaron el trono que les pertenecía.

ANTRO CORICIO (Korýeio Antros): Caverna del culto del monte Parnaso, situada a 1.360 metros de altitud, frente al golfo de Corinto y en las proximidades del santuario de Delfos. Su existencia aparece profundamente relacionada con las raíces más profundas de la mitología helénica. Los campesinos y pastores de la región de Arachova, en la Fócide, creían que en esa enorme gruta se realizaban ceremonias nocturnas, a las que asistían musas y sátiros. El Museo Arqueológico de Delfos, que conserva una de las más ricas colecciones del arte griego antiguo, guarda estatuillas de cerámica y bronce, inspiradas en motivos legendarios. En una curiosa pieza de esa colección [llamada kernos], se ven las nueve musas en torno al dios Pan tocando la siringa. Una tablilla de alfarería con engobe negro, reproduce las figuras de varios sátiros. La existencia del antro se conoce desde la remota antigüedad, en ella se han encontrado pinturas rupestres y otros vestigios de las creencias mágicas y religiosas de épocas arcaicas.

APOLO: [Febo] Deidad lumínica, uno de los personajes más representativos de la mitología griega. Hijo de Zeus y Leto. Tuvo por hermana a la diosa Artemisa. Su carácter se inclinaba hacia la magnanimidad, la música y los juegos adivinatorios. Pertenecía a la segunda generación de los “Dioses Olímpicos”, hijos dilectos de las deidades fundadoras. Apolo también se destacó en su condición de paladín de los desvalidos. Entre sus actos heroicos se cuenta haber dado muerte de un flechazo a la enorme serpiente Pitón par librar de su amenaza a la isla de Delos, en el archipiélago de las Cícladas. Su condición de héroe dio lugar a la creación de los renombrados “Juegos Píticos”, que se celebraban cada año en su honor. De allí su sobrenombre de “Pitio” y por ello, también se llamaba así a las sacerdotisas de su culto que anunciaban las profecías en el oráculo de Apolo. Pero el arte tampoco fue ajeno a sus inquietudes. En lo alto del Olimpo, el monte sagrado, dirigía con mano maestra el coro fantástico de las nueve musas, que alaba Arsinoe. En la literatura, su bella figura adquiere dimensiones magníficas como dios del Sol, donde cada día guiaba el carro solar desde el amanecer hasta el crepúsculo. Los antiguos creían que aún en días lluviosos cabalgaba sobre las nubes y que sólo descansaba en los días de negra tormenta. Los campesinos de Misolonghi, en el golfo de Patras, decían que cuando tronaba, era porque el carro de Apolo venía desde Corinto transportando el rayo de Zeus.

AQUÉMENO: Héroe ático, hijo del rey Egeo, de Atenas. Varias narraciones míticas lo citan como hermanastro de Teseo, conquistador y aventurero entre los medos de Ecbatana. Un oráculo le anunció que lucharía contra las quimeras de Elam, además debía desentrañar una extraña charada de la esfinge de Kanish, y finalmente retornaría sano y salvo a su tierra, gracias a un elefante sagrado. Otra leyenda asiática, referida por Apolófanes[12], afirma que Aquémeno dio su nombre a una región de Persia.

AQUERONTE: Mito fluvial. Personificación de un elemento geográfico relacionado con la muerte. Una fábula de Epiro cuenta que el dios Zeus lo convirtió en un pantano de aguas pestilentes y cenagosas, en castigo por haberle dado agua a sus enemigos, los Titanes, cuando estos asediaron el Olimpo. Cerca de unas vertientes del río Aqueronte, en la costa de Tesprotia, sobre el mar Jónico, existía un monolito de piedra negra, que según los antiguos señalaba la entrada a los dominios subterráneos de Aqueronte. En su interior decían que existía una extensa red de cavernas y túneles que llegaban hasta la subterránea laguna Estigia, donde Aqueronte esperaba a los difuntos para transportarlos hasta el reino de los muertos. El escritor frigio Diogeniano [13] describe en una de sus obras las características geográficas, la referencias históricas y las leyendas relacionadas antiguamente con los ríos, lagos y manantiales de Grecia. En el tema de Aqueronte, la tradición mítica decía que las almas de los fallecidos debían pagar al barquero una contribución monetaria para poder ganar el derecho de ser llevados a su destino final. Por eso era costumbre entre los antiguos poner una moneda de plata bajo la lengua de los muertos antes de sepultarlos. El ritual se mantuvo durante muchos siglos, para beneficio de los sepultureros, que se quedaban con aquellas monedas en cuanto los deudos se retiraban. En el siglo XVIII la dominación turca acabó con esa práctica. La palabra Aqueronte significa dolor, aflicción. Algunos autores lo identifican con el barquero Caronte.

AQUILES: Héroe de Tesalia, hijo del rey Peleo y la bella Tetis, diosa del mar. Según la tradición, su madre lo transformó en un ser invulnerable, sumergiéndolo durante el plenilunio en las aguas del mar Tracio. Para ello, lo sujetó por el talón del pie derecho, y fue esa parte la única de su cuerpo que no quedó protegida. Ese punto débil, una significativa expresión que ha perdurado hasta el presente, sería con el tiempo la causa de que una herida le produjera la muerte. Aquiles, como otros héroes de su época, fue educado por el centauro Quirón, bajo cuyas enseñanzas adquirió fortaleza física y sabiduría. Al llegar a la adolescencia, su madre le dio a escoger entre una larga y sedentaria, o una vida corta pero signada por la gloria. Sin dudarlo, Aquiles eligió esta última. Muy joven aún, se caso con Deidamia, con quien tuvo dos hijos. Al principio, Aquiles se hallaba enemistado con Agamenón, porque aquel rey, tiempo atrás le había robado una esclava, de muy buen ver, llamada Briseida. Poco después, Aquiles supo que los defensores de Troya habían matado a Patroclo, su mejor amigo. El deseo de vengar la muerte de aquel compañero de su infancia, le dio el impulso que necesitaba para alistarse al lado de los espartanos y partir a luchar en la guerra de Troya. Olvidando los viejos rencores, se reconcilió con Agamenón y pronto viajó al frente de batalla como jefe del escuadrón de los mirmidones. Durante los años que duró el trágico asedio, Aquiles dio muestras de un inquebrantable valor, batiéndose y derrotando a Héctor, uno de los jefes defensores de Troya, a la ruda Pentesilea, reina de las amazonas y a Memnón, rey de Etiopía. Cabe aclarar que en aquella época se denominaba difusamente Etiopía a las colonias de Cirene, Apollonia, Danis o Tankira, situadas a poca distancia de las regiones costeras del Mediterráneo oriental, en la actual Libia. La valiente actuación de Aquiles habría continuado durante el resto de la contienda. Pero París, desde lo alto de la muralla, le disparó una flecha guiada por Apolo, que lo hirió mortalmente en el talón derecho, su único lugar vulnerable.

AQUILÓN: Deidad menor de los vientos. Hijo de Eolo y la Aurora. Los navegantes del mar Egeo lo conocían con el nombre de Boreas (viento del norte). Las tradiciones marineras del Thrakikón Pélagos (mar de Tracia) narran que Aquilón era un personaje alado cuyo soplo era capaz de mover las nubes y generar vientos huracanados. Aparece citado en la Historia de Thasos, una isla situada frente a la costa de Macedonia y Tracia.

ARABO: Deidad benigna, hijo del dios Apolo y una princesa llamada Babilónida. Fue la divinidad protectora de los médicos o sanadores de la antigüedad. El historiador Plinio cuenta que Arabo fue considerado por los cronistas antiguos como el precursor del arte de curar en Grecia. Sus conocimientos sirvieron de base para el posterior desarrollo de la medicina.

ARACNE: Era una mujer bella y habilidosa, que vivía en Efeso, en la costa de Lidia. Su profesión era bordadora. La habilidad que había adquirido para tejer telas de brillantes colores, con maravillosos diseños, era conocida en todo el mar Egeo. Desde Samos, Lesbos Eubea, Ática y Beocia, llegaban al puerto, naves con mercaderes deseosos de adquirir sus diseños. Se contaba en aquellos tiempos, que no había reina o princesa que no deseara tener un manto, una túnica tejida por Aracne. La diosa Atenea, le pidió que tejiera un manto donde se representara su disputa con Poseidón por el nombre de Atenas. Aracne tejió una fina tela, donde luego bordó las figuras de los dos contendientes, pero en ella aparecía como vencedor Poseidón, cuya imagen era más grande y estaba bordada con más colores que la de Atenea. La diosa ática, en un rapto de celos por lo que consideraba una afrenta, rasgó la tela y convirtió a la pobre Aracne en una pequeña araña tejedora. En la vertiente norte de la acrópolis de Atenas, junto al primitivo santuario de Afrodita había un bosquecillo de pinos. Entre las ramas de uno de esos árboles, una arañita tejía todos los días una tela, que al amanecer, con las gotas del rocío, brillaba como enhebrada con miles de diminutos diamantes. Los antiguos creían que era el alma de la pobre Aracne, intentando tejer el manto de Atenea.

ARAS: Personaje poco conocido. Se le supone un héroe de la mitología arcaica. En la literatura homérica aparece como fundador de la mítica ciudad de Arantia, en el Peloponeso. Según una antigua tradición de Arcadia, Aras escaló en solitario el monte Cileno y arrojó la estatua de un ídolo al fondo del lago Estínfalo.

ARCADE: Joven virtuoso, hijo de Zeus y la ninfa Calisto. Su figura legendaria fue el numen  inspirador de la Academia de Buenas Letras y Ciencias de los Árcades, en Roma.

ARES: [Marte] Dios de la guerra, hijo de Zeus y Hera. Aparece en las estatuas y pinturas, casi desnudo, armado sólo con un vistoso yelmo, escudo redondo y lanza. No usa coraza, lo que se interpreta como una señal de valor y desprecio a la muerte.

Las tradiciones afirman que donde hubiera una batalla, allí estaba presente el dios Ares, militando en uno u otro bando, a veces mezclado con la tropa, mimetizado entre la fiera soldadesca, azuzando a los valientes y denostando a los cobardes. Por eso no parecía tener preferencias por ningún pueblo en particular. Era creencia popular que Ares sólo apoyaba la valentía, la decisión y el coraje en la lucha. En Tebas, la antigua ciudad de Beocia lo veneraban como ancestro glorioso de sus reyes. Se decía que Harmonía, la esposa de Cadmo, soberano de aquel reino era descendiente de los amores entre Ares y Afrodita.

Apolo tuvo varios hijos, destacando entre ellos: Asclepio, el patrón de los médicos; Diomedes, que fue rey de Tracia y Cicno que se transformó en cisne

ARGIA: Joven griega, esposa de Polínice, y nuera por tanto de Edipo y Yocasta. Cuando su amado murió en la guerra contra Tebas, Argia se reunió con su cuñada Antígona y ambas celebraron públicamente una procesión multitudinaria con honras fúnebres por el alma de Polínice. El tirano Creón, enemigo del fallecido condenó a muerte a Argia. Los dioses compadecidos de su sufrimiento, la convirtieron en un manantial de agua cristalina. En las cercanías del actual Limne Hytíque (Lago Copais), en Beocia, existía hasta el siglo XIX una fuente con ese nombre, hoy desaparecida.

ARGOS [navío]: Nombre de la nave legendaria que transportó a los argonautas hasta las regiones de la Cólquida, en busca del ansiado “vellocino de oro”, símbolo del poder y la riqueza. La expedición estaba al mando del héroe Jasón. Argos era también el nombre del constructor de aquella nave.

ARGOS [perro]: En “La Odisea” se cuenta que Ulises tenía un can con este nombre, que murió de la alegría cuando vio regresar a su amo de Troya después de veinte años de ausencia.

ARIADNA: Princesa de Creta, hija de Minos. Se enamoró de Teseo y le dio un ovillo de hilo con el propósito de que el héroe se pudiera orientar para salir del laberinto del Minotauro. Después de su aventura, Teseo llevó a Ariadna con él en la travesía de regreso a Atenas. Mientras navegaban en el mar de Creta, se apareció Palas Atenea sobre la cubierta del navío, ordenando a Teseo que desviara su ruta hacia la isla de Naxos y dejara a Ariadna allí. Así lo hizo Teseo, porque se hallaba bajo la protección de la diosa. A ella le debía la vida y no podía contrariarla. Ariadna quedó sola, llorando en la playa viendo alejarse a Teseo. Afrodita se apiadó de ella y mandó a Dionisos para que la consuele.

ARICIA: Personaje femenino en los dramas de la antigüedad. Fue la última descendiente en la dinastía de los Palantidas. Sus desgraciados amores con Hipólito inspiraron el argumento de varias piezas del teatro griego.

ARIÓN: Poeta legendario, natural de Méthymna, ciudad de la isla de Lesbos, frente a la costa de Frigia, actual Turquía. Algunos autores afirman que se trata de un personaje real, que vivió hacia el siglo séptimo antes de Cristo. Se cree que fue el inventor del ditirambo, una forma poético musical, de carácter narrativo y tono laudatorio, que normalmente se escribía e interpretaba en honor del dios griego Dionisos, llamado Baco por los autores latinos. En su juventud, Arión vivía holgadamente del arte y de su lira, en la ciudad de Corinto. Alejado de la corte del tirano Periandro, se dedicó a viajar por distintos lugares del mundo helénico, cantando y recitando como un enviado de los dioses.  Cierta vez, cuando regresaba a su isla natal, navegando a través del mar Egeo, los barqueros que lo transportaban, convencidos por su aspecto elegante y refinado de que llevaba mucho dinero en sus alforjas, lo arrojaron por la borda, creyendo que moriría ahogado y así podrían repartirse el supuesto tesoro. Pero el poeta sólo poseía el sonido de aquella lira y el inspirado canto que nacía de su espíritu. Un airoso delfín que bogaba junto a la proa del barco lo salvó y lo llevó sano y salvo a tierra firme. En las islas Cícladas y Espóradas se cuentan diversas leyendas sobre su vida y se le atribuyen numerosas melodías, estrofas poéticas y un himno en honor de Poseidón. La leyenda de este poético personaje aparece también en el arte y la literatura del periodo latino. En el Museo Arqueológico de Esparta existe una bella colección de mosaicos romanos de los siglos IV y V antes de Cristo. Uno de ellos representa la figura del poeta Arión, con su lira, cabalgando airosamente sobre el mítico delfín.

ARISTEO: Personaje legendario, protector de las faenas agrícolas. Aparece en el argumento de las “Geórgicas” del poeta latino Virgilio (70-19 a.J.C.). Según la tradición griega, Aristeo era hijo del dios Apolo y la ninfa Cirene o Cirena. Enseñó a los campesinos griegos los secretos de la apicultura y la cría del ganado vacuno. La figura de Aristeo es un mito relacionado con los primitivos pueblos sedentarios que habitaron la península helénica.

ARISTODEMO: Conquistador legendario de la península del Peloponeso. Pertenecía a la familia de los heráclidas, y vivió, presumiblemente hacia el siglo duodécimo antes de la era cristiana. Al frente de los dorios, conquistó la Argólida, la Élida y la Arcadia. En su aspecto histórico se cuenta que recibió en herencia el reino de Laconia. Sus dos hijos, Procles y Eurístenes, fueron reyes de Esparta. Una tradición lacedemonia cuenta que Aristodemo blasfemó contra Zeus y éste, ofendido, le envió un rayo mortal. Un antiguo poema, narrando este hecho, fue atribuido al sabio Pitaco[14].

ARISTÓMACA: Princesa de Troya. Una de las hijas del rey Príamo, su último monarca. La leyenda cuenta que tenía una habilidad fuera de lo común para componer cantares que acompañaba con una lira de doce cuerdas. Su música para ofrendas, poemas de encantamientos y oraciones a los dioses, se cantaba en todas las celebraciones de la Troada, incluso en Frigia y en la lejana Lidia. En el folclore musical de la región de los Dardanelos, existe un baile popular, conocido con el nombre de “Danza de Aristómaca”. Las faldas del antiguo monte Ida, hoy conocido con el nombre de Kaz Dag, guardaban un monumento dedicado a su memoria.

ARPÍA: Figura mitológica, con afiladas garras, cuerpo de ave de rapiña y cabeza de mujer. Las leyendas sobre este engendro fabuloso se extienden por toda Grecia y el mar Egeo, desde las montañas de Epiro hasta las costas de Frigia y Lidia. Por el sur, las referencias sobre Arpías aparecen con diferentes nombres, en la península del Peloponeso (Argólida, Arcadia, Lacedemonia) y también en la isla de Creta. Su personificación demoníaca aparece en tiempos de guerra, acompañando a las epidemias y el hambre. Es posible que la idea de este mito haya surgido en los antiguos al ver los buitres volando a gran altura, en círculos, sobre los campos de batalla, sembrados de cadáveres.

ARTEMISA: [Diana] Hija de Zeus y Leto. Era una de las doce deidades mayores del Olimpo. Diosa cazadora. Protectora de la naturaleza y en particular, de los bosques. Sus dominios se extendían a través de los espacios silvestres de la Arcadia, en el centro del Peloponeso. En su cortejo estaban la ninfa Calisto y las amazonas. Algunas culturas primitivas relacionaban a esta diosa tutelar con el mito de Selene, la luna. Desde la antigüedad se le rendía culto mediante ofrendas de carácter agrario. Su hermano gemelo era el dios Apolo. Junto a él, fue protagonista de numerosas leyendas. La tradición de su virginidad la acerca a los ritos del casamiento. También suele aparecer escrito el nombre Artemis. Entre las creaciones artísticas más celebradas de la antigüedad destaca la obra de Apeles [15] llamada “Venus Andrómeda”, una graciosa alegoría de la diosa griega Artemisa, inspirada en la imagen de la cortesana Friné.

ASCÁFALO: Guardián de los jardines de Hades, la residencia del señor de la muerte. Conservaba con esmero las plantas más bellas y raras, cuyos gajos y semillas recogía en la noche para sembrarlos al amanecer. Su flor preferida era el jasminum polyanthum, con cuyas ramas y hojas confeccionaba las coronas para los muertos. Ascáfalo era hijo del barquero Aqueronte. Una vez sorprendió a Perséfone comiendo las frutas del jardín de Hades y la delató al dios. Deméter lo castigó transformándolo en lechuza por aquella infidencia que impidió a Perséfone regresar al mundo de los vivos. Desde entonces, estas aves de hábitos nocturnos fueron un símbolo de mal presagio.

ASCANIO: Poeta griego legendario, hijo de Eneas, el último príncipe de Troya. Varias referencias a su nombre aparecen en los primeros cantos mitológicos de Etruria, región de Italia situada entre los ríos Arno y Tiber. Ataviado con una exómida púrpura, Ascanio es el protagonista principal en distintas leyendas románticas de origen grecolatino, en las que se funde la realidad con lo imaginario. La mayoría de sus obras han desaparecido, aunque no el prestigio que las acompaña. Se dice que tenía una gran disposición para el arpa y que sus poemas melódicos, de un notable valor rítmico, se cantaban en los templos.  Uno de esos poemas estaba dedicado a la diosa Palas Atenea, encarnada en la figura del desaparecido Paladión, al que según el poeta había rescatado Eneas, evitando que se perdiera con la caída de Troya. Otra pieza lírica, atribuida a la sensibilidad de Ascanio, cuenta las vicisitudes de su padre entre los príncipes etruscos, quienes consideraban extraños y enemigos a los inmigrantes troyanos, aunque la tradición familiar de aquellos héroes procedía de las tierras itálicas.

ASCLEPIO: [Esculapio] Dios protector de la medicina. Hijo de Apolo y Arsinoe. Algunos autores antiguos afirmaron que su madre era Corónide. Fue educado por el centauro Quirón, quien le enseñó la ciencia de la curación de los males del cuerpo y el conocimiento de la anatomía. Su esposa Epíone le dio dos hijos: Macaón y Podalirio, que también fueron grandes médicos. Cuando Asclepio falleció, Orión lo llevó al cielo y puso su alma presidiendo la constelación de Ofidio, por eso en su símbolo aparece una serpiente. Ubicado en el centro del Peloponeso, se encuentra el Asclepion o Asklepieion, un famoso santuario y lugar de peregrinación de la antigüedad, donde se decía que el sabio se reunía para sanar a los lugareños. El recinto también comprende los cimientos de un templo del siglo IV antes de la era cristiana. Las ruinas de este santuario se encuentran en las proximidades de la profunda garganta del arroyo Lusios o Loúsios, un tributario del río Alfeo.

ASOPOS: Deidad fluvial, protectora de la pesca y el agua dulce. Padre de la diosa Antíope. Existían lugares dedicados a su culto, en el antiguo valle de Tempe (Tesalia), cerca de una singular mesopotamia formada por los meandros de los ríos Peneiós y Titaresios. En las estribaciones del monte Osa (Ossa Oros) existía un templete, hoy destruido.

ASTARTÉ: Divinidad de origen fenicio, representada por la imagen de la estrella del alba. Para los pueblos cicládicos de la antigüedad fue la diosa mitológica de la belleza femenina y el amor. Tuvo santuarios en la Grecia insular, donde su culto fue difundido por los navegantes procedentes del cercano Oriente. Los pueblos del Peloponeso, Ática, Beocia, Tesalia, el Epiro, Macedonia, Tracia y Frigia, la conocieron desde épocas antiguas con el nombre de Afrodita. Era la Venus de los romanos.

ASTERIÓN: Rey de Creta que tomó por esposa a la princesa Europa, hija del rey fenicio Agenor. El mito aparece reiteradamente en la antigua Grecia, algunas veces con el nombre de Asterio “el estrellado”. Es el símbolo de la energía y la fuerza creadora, encarnada en un animal vigoroso y noble. La relación amorosa entre Asterion y Europa es posterior al conocido episodio del rapto protagonizado por el dios Zeus. Algunas leyendas anteriores al periodo clásico describen a Asterion con cuerpo humano y cabeza de toro.

Esa doble naturaleza, relacionada con la figura del Minotauro, está íntimamente ligada a los primitivos mitos del Mediterráneo oriental. En el Museo de Herákleion hay una cabeza de toro  tallada en esteatita, un mineral verdoso y delicado que se empleaba antiguamente para fabricar máscaras ceremoniales. En la isla de Creta se llevaban a cabo diversas ceremonias rituales dedicadas a esta divinidad, inspiradora de la tauromaquia. Su doble naturaleza hace pensar en un ejemplo de transculturación con otros mitos atípicos, como el dios enki de los sumerios, llamado el “toro salvaje de la tierra y los cielos”.

ASTIANAX: Adolescente legendario, protagonista de numerosas narraciones. Era hijo del héroe Héctor y la princesa Andrómaca. Algunos textos lo confunden con Escamandrio. Se ignora si se trata del mismo personaje, porque los autores antiguos no lo explican. Tras la derrota de Troya, para evitar que muriera a manos de los vencedores, su madre los escondió bajo la lápida de un antiguo sepulcro. Allí lo encontró Ulises, quien al principio tuvo el impulso de salvarlo. Pero un oráculo le predijo que Astianax volvería a reconstruir Troya y sería su futuro gobernante. Temiendo otra guerra de venganzas si aquello sucediera, Ulises arrojó a Astianax desde lo alto de la muralla. La segunda parte de esta leyenda frigia afirma que el adolescente no murió. Hades rescató su cuerpo exánime y con un soplo le devolvió la vida, bajo la promesa de no alzar jamás sus armas contra Grecia.

ASTREA: Figura mitológica identificada con Virgo en el antiguo zodíaco griego. Representaba la justicia, la paz y el trabajo. Las tradiciones astrológicas de esa época aparecen en las narraciones de Hesíodo y Homero. Entre los griegos, la costumbre de guiarse por tales predicciones procedía de Asia Menor. En el Museo Británico existe una colección de tablillas de barro cocido con observaciones astrológicas derivadas de la observación de las fases lunares. Algunas piezas datan del séptimo siglo antes de Cristo. En los tiempos posteriores al periodo clásico, los atributos divinos de Astrea eran la balanza romana, como símbolo de equidad y las espigas de trigo, cuyo significado remite a la prosperidad derivada del esfuerzo pacífico. Cuando se engendró por primera vez la violencia en la tierra, Astrea ascendió al Olimpo para ayudar a Zeus a juzgar a los culpables de crímenes contra sus semejantes. Algunas crónicas históricas le asignan una existencia real, de allí que a su tiempo lo llamaban “la época de Astrea”.

ASTREO: Célebre Titán, irreconciliable enemigo del dios Zeus. Era hijo del gigante Crías y la enorme doncella Euribia. Su altura era tal que podía compararse con las altas cúspides de los montes Pindo. En las tradiciones folclóricas de Tesalia se cuenta que era progenitor de varias estrellas y señor de los vientos del norte. En las representaciones escultóricas antiguas, aparece jineteando un dragón alado, con una lanza en la mano. Se enamoró de la diosa Eos, la Aurora, con quien engendró los vientos cardinales: Céfiro, Bóreas, Noto y  Euro. Una leyenda de Bizancio le asigna a Astreo la paternidad de Eósforo (la estrella matinal), adorada desde la antigüedad por diferentes civilizaciones. Aunque sus nombres son iguales, algunos cronistas antiguos niegan que fuera padre de Astrea, dada la animosidad que existía entre este personaje y la suprema deidad del Olimpo.

ATALANTA: Joven nacida en la región de Argos, Arcadia. Su fama de heroína trascendió el Peloponeso, llegando a los remotos confines de Grecia. Se la tiene por una virgen cazadora, virtudes muy apreciadas en la antigüedad. Hija de Jasos y Climene, se dice que su padre la abandonó, recién nacida en un bosque, donde la crió una Osa, salvándola de una muerte segura. Al encontrarla llorando en la floresta, el animal la cogió suavemente por el cuello y la llevó a su cueva, junto con sus cachorros. Cuando aprendió a valerse por sí misma llegó ser una hábil cazadora. Participó en numerosas hazañas que le valieron el mote de heroína. Entre sus triunfos se cuenta la muerte del jabalí de Calidón, un animal salvaje que atemorizaba a los aldeanos de aquella comarca del golfo de Patras, en la Grecia Central. El príncipe Meleagro, hijo del rey de Calidón, se enamoró de ella y le regaló un artístico abrigo hecho con la piel y la cabeza de aquel animal. En torno a este episodio se escribieron varias leyendas en la antigüedad. Una de ellas cuenta que unos forajidos, llamados “testios” –descendientes o hijos de Testio- envidiando la valentía y la fama de Atalanta, le robaron el preciado obsequio de Meleagro. El príncipe, sin dudarlo, persiguió a los ladrones, los abatió y recuperó la piel. Sin embargo, Atalanta no aceptó los requerimientos del enamorado Meleagro, inclinando sus favores hacia Hipómenes, un atleta a quien la joven no pudo vencer en unas justas deportivas. Casada con este joven, a quien algunas narraciones llaman Melanión, Atalanta tuvo un hijo al que llamó Parténopes. Otra leyenda cuenta que un día Atalanta e Hipómenes entraron en el templo de Ceres. La diosa, hija de Cronos y Cibeles, los descubrió cuando estaban entregados a su pasión amorosa detrás del altar. Enfadada por la profanación, Ceres transformó a los amantes en una pareja de leones. En el arte antiguo, la figura de Atalanta suele aparecer ataviada con una breve túnica, el rubio tocado con trenzas y la cabeza de un jabalí en la mano izquierda, mientras con la derecha sostiene una lanza. En las ruinas de Pompeya se hallaron varias representaciones y en el Museo del Vaticano se conserva una figura de mármol del periodo Clásico. Tal vez, la estatua más bella de esta heroína, sea la “Atalanta arrodillada” que se encuentra en el Museo del Louvre. Es obra del escultor francés Jaime Pradier (1792-1852).

ATAMÁS: Mítico monarca de Orcómene, Beocia, cuyas aventuras inspiraron varios dramas teatrales en la antigüedad. Atamás era hijo del dios Eolo. Su esposa fue Nefela, deidad de las nubes y los días tormentosos. Instigado por Inos, una amante secreta, Atamás intentó asesinar a su familia, pero Nefela, ayudada por Zeus, destronó a su indigno esposo y lo desterró a la región de Cólquida. Atamás huyó montado en un enorme carnero del cual se afirmaba que nacía el “vellocino de oro”. Durante esos trágicos episodios, se produjo la muerte de su hija Hella, al precipitarse en el mar en un lugar del estrecho de los Dardanelos, que desde entonces se llamó Helesponto. Para castigar las malas acciones de Atamás, la diosa Juno lo condenó a padecer una locura frenética, en uno de cuyos accesos intentó asesinar a Inos y a los tres hijos que había concebido con su amante. Sobre el fin de este extraño personaje, existen dos leyendas diferentes. Una de ellas, cuenta que Atamás, ya loco del todo, fue transformado por Zeus en un arroyo de aguas oscuras y  turbulentas. La otra, dice que logró curarse y emigró a Egipto, a un lugar pedregoso y árido, que entonces se dio en llamar Atamania. El lector puede elegir la versión que más le guste.

ATÉ: Diosa de los maleficios, hija perturbada de Zeus. El dios de dioses la expulsó al desierto de Lidia, en Asia Menor, pero la deidad siempre regresaba para causar perjuicios a los mortales. Ora aquí, ora allá, se producían desgracias, ocasionadas por la perversa intervención de Até. Los desventurados campesinos de Tesalia encendían varillas de incienso en el altar de Zeus, rogando para que la mantuviera alejada de los pueblos, pero todo era en vano, porque ella siempre regresaba con sus adversidades. Según los antiguos mitos, Até solía esconderse de día, junto con los murciélagos, en unas oscuras cavernas de los montes Pindos, para salir durante la noche, volando bajo, a la altura de la cabeza de la gente. Su padre, Zeus, un día montó en cólera y aferrándola fuertemente por los cabellos la revoleó con tal fuerza que la envió a los confines más lejanos del cielo. Fue tan violento el impulso que Até cayó del otro lado del Mar Egeo, en la costa de Frigia, justo en el lugar donde después se levantaría la ciudad de Troya. También aparece escrita la forma Athe.

ATENAS: La capital griega fue escenario de innumerables anécdotas e historias, reales o imaginarias, que cumplen un papel destacado en la literatura universal. Indudablemente, el punto vital de ese conglomerado de imágenes es la Acrópolis, núcleo fundador de la ciudad ática y elemento preponderante en todas y cada una de sus épocas de esplendor. La mítica escena transcurre en un tiempo remoto, sobre la explanada de la colina sagrada, entonces un recinto amurallado sin nombre.

Poseidón y Palas Atenea, se enfrentan para ver quien de los dos realiza el mejor prodigio, un regalo de las divinidades del Olimpo para la naciente población. El dios del mar golpea una gran roca con su tridente y de inmediato brota un manantial de agua fresca y cristalina. Los murmullos de los pobladores se transforman en loas y gritos de admiración. Ambos se disputan el éxito para ver con qué nombre denominarán a esa ciudad a la que desean poner bajo su sabia protección. Atenea, pensativa, se concentra unos instantes y luego golpea el suelo con su pie descalzo. Entonces, del suelo áspero y seco, surge lentamente un olivo -el primero del mundo- nunca había existido antes un árbol tan útil y resistente a la inclemencia del tiempo y la dureza del sustrato donde clava sus raíces. Cuenta Homero que desde entonces los griegos usaron la madera de olivo para múltiples labores, mangos de armas o instrumentos de labranza. Estaba prohibido quemarla en lugares profanos, el aceite de la oliva era esencial para las unciones sagradas y las ramitas recién retoñadas para confeccionar las coronas de los héroes y campeones olímpicos. La sentencia de Cécrope fue inapelable. Atenea había ganado la apuesta y desde ese día la ciudad se llamaría Atenas en su honor. Cuenta la tradición que aquel primer olivo fue incendiado por los invasores persas en el siglo quinto antes de Cristo, pero una y otra vez renació en el mismo lugar. Y afirma esa leyenda, con mística convicción, que el árbol que aún está en ese rincón de la Acrópolis, junto al templo de Atenea Niké, es el mismo que hizo surgir la diosa hace tanto tiempo.

ATENEA: [Minerva]. Un día, hace de esto ya muchos siglos, Gea y Urano, los padres del dios Zeus, le confiaron a su hijo unas palabras del oráculo. Esa premonición decía que de su unión con la hermosa Metis, hija de Océano y Tetis, nacería una mujer, inteligente y valerosa, tan bella como la mejor de las diosas. El oráculo continuaba diciendo que esa mujer se llamaría Atenea y que sería tan poderosa como su padre. Y que ésta, a su vez, tendría un hijo, un nieto de Zeus, descendiente directo del dios de los dioses, un niño que al llegar a la plenitud, superaría a su abuelo en fuerza y sabiduría. Para evitar que se cumpliera la predicción del oráculo, Zeus se tragó a su mujer embarazada, ocultándola para siempre en los vericuetos del pensamiento. Al llegar el momento del parto, Zeus se puso de rodillas frente su altar votivo y pidió a Prometeo que le abriera la cabeza con un golpe de sable. El titán, hijo de Japeto, se quedó mudo de asombro y no supo que hacer. Entonces Zeus, decidido, puso el arma en sus manos, le cerró fuertemente los puños, y dijo: ¡Corta!. Conminado de esa forma por el señor del Olimpo, Prometeo levantó el sable y descargó un fuerte golpe en la frente de Zeus.

En ese instante surgió Atenea, de la cabeza de su padre. Cuando nació, la diosa ya era una mujer adulta, vino al mundo vestida y armada con su lanza, su yelmo y el historiado escudo. La túnica, impecable, apenas ocultaba sus formas esculturales, tal como la vemos en la Atenea de Varvakio, la copia romana en mármol de la gigantesca estatua de oro y marfil, obra de Fidias, y hoy desaparecida, que se hallaba en el interior del Partenón. A pesar de sus atributos marciales, Atenea, era una deidad pacífica. Inteligente y conocedora del alma humana, reinó sobre su pueblo otorgando la gracia de sus dones a quienes lo merecían. Dio su fuerza y confianza en sí mismos a héroes dilectos de la magna Grecia, como Ulises, Aquiles y Perseo. Amó a muchos hombres por su valores morales, pero su querer siempre fue platónico, decidida a conservar la virginidad hasta los extremos misteriosos de la eternidad. De su madre Metis, nunca supo nada… tal vez no le perdonó a su padre que la extraviara en algún recóndito lugar de la mente. El caso es que jamás supo de ese amor maternal que ansiaba conocer. Por eso no eligió su amor definitivo, ni en el Olimpo de los dioses y ni en la tierra de los héroes.

El célebre escultor Timárquides[16] realizó para el templo de Atenea Cranaia, una de las estatuas mejor logradas de la diosa. La obra de ese artista del cincel destaca tanto por la perfección de las proporciones, como por la intensidad de los sentimientos reflejados en su expresión. Existe una excelente copia romana en el Museo del Vaticano.

ATHIS: Deidad pastoril, cuya leyenda es originaria de Asia Menor. Tenía santuarios en la Troada y en Lidia. Su rito, que  estaba relacionado con la diosa Cibeles, pasó luego a Tracia y Tesalia, donde alcanzó una gran popularidad entre los poetas y glosadores de la antigüedad. La figuración alegórica cuenta que Cibeles estaba enamorada de Athis, un doncel de bella estampa, conocido por su valor y decisión. Pero el pastor traicionó el amor de la diosa casándose con una princesa mortal como él. Esta joven era hija del rey Sángaro, quien le prometió una parte de su reino como regalo de esponsales. Cibeles, despechada le envió un aguijón que penetró por el oído causándole la locura. Con la mente extraviada, Athis se hirió a sí mismo gravemente, muriendo desangrado. Al verlo fallecer así, Cibeles lloró con amargura porque aún lo amaba. Entonces, para que viviera eternamente, lo transformó en un pino, que derrama lentamente su sangre de resina cuando alguien le causa una herida.

ATLANTE: También llamado “el gigante Atlas”. Ser fabuloso, cuya leyenda se remonta al principio de los mitos cosmogónicos de la antigua Grecia. Según las narraciones del manuscrito de Tespias, en Beocia (siglo VI d.J.C.), Atlante era un gigante que sostenía las columnas del cielo. Su cabeza estaba a la altura de las estrellas y sus pies en el fondo del mar. Hermano de Prometeo, e hijo de Japeto y Climea, este ser gigantesco sólo podía ser visto al amanecer entre las brumas del horizonte. Su corona de oro pulido era tan brillante que quien lo viera quedaba ciego. Este aspecto del mito podría referirse a la visión directa del sol. Los áticos creían que Atlante había sido condenado por Zeus a sostener todo el peso de la tierra con la espalda, en castigo por haber participado en la lucha de los Titanes contra los dioses del Olimpo.

ATLÁNTIDAS: Nombre de una serie de constelaciones conocidas por los griegos desde la antigüedad. La leyenda cuenta que el poderoso gigante Atlas -o Atlante- tuvo multitud de hijas, todas mujeres. Estas, para conversar con su padre en las alturas del cielo, se transformaron en estrellas. Sus nombres eran las Pléyades, las Híadas y las Espérides.

ATREO: Rey de Micenas. Era padre de Agamenón, el comandante de la expedición griega que invadió Troya. Su figura histórica alcanzó popularidad al descubrirse el célebre monumento micénico del siglo XIV a.J.C., conocido como el “Tesoro de Atreo”. El túmulo real está formado por un gran espacio circular llamado tholos, con una gran bóveda cónica y un amplio camino de entrada, el dromos. Atreo forma parte de la mitología griega a través de numerosas leyendas que lo relacionan de distintas formas con su abuelo Tántalo, con su padre Pélope y sus hijos Agamenón, Menelao y Plístenes, todos miembros de la saga llamada de los Átridas o Pelópidas. Cuando eran jóvenes, Atreo y su hermano Tieste, mataron a un hermanastro Crisipo. Para huir de la furia de Pélope, que sentía debilidad por el pequeño Crisipo, ambos hermanos huyeron de la mansión paterna refugiándose en los dominios de Estenelo, entonces monarca de Micenas, quien los protegió y les concedió las manos de dos de sus hijas. Cuando aquel rey murió, Atreo y Tieste heredaron el trono de Micenas. Una leyenda dice que para ello debieron desembarazarse primero del legítimo sucesor Euristeo. El caso es que llegados al poder los dos hermanos empezaron las diferencias e intrigas entre ellos mismos. La causa de este encono se debía a que Estenelo había ocultado en algún lugar del palacio la estatua de oro de un cordero sagrado, símbolo del poder real. Quien lo poseyera sería el legítimo rey. Atreo lo halló escondido bajo el suelo de un tholos y se proclamó rey despojando a Tieste y sus hijos de todo derecho real. Para vengarse de su hermano, Tieste, sedujo a su cuñada Aeropa. Ambos en complicidad tendieron una trampa en la que cayó Atreo viéndose despojado del trono por su propia mujer y su hermano. Pero la victoria les duró poco porque Zeus, decidido a enmendar el entuerto, cambió la dirección del sol e iluminó el motivo de la conjura. Tieste y Aeropa, al verse descubiertos, huyeron de Micenas llevándose con ellos a Plístenes el hijo de Atreo, que entonces era sólo un niño. Pasados unos años Tieste envió a Plístenes a Micenas para que matara a Atreo, pero éste desconfió del forastero y lo hizo envenenar, sin saber que se trataba de su propio hijo. Por su parte Plístenes tampoco sabía que era hijo de Atreo, porque Aeropa siempre le había hecho creer que Tieste era su padre y que ambos habían sido traicionados por el monarca. Al saber la verdad sobre aquella gigantesca conjura, plagada de intrigas y venganzas, Atreo planeó un castigo ejemplar. La leyenda dice que envió un recado a Tieste y Aeropa fingiendo desear una reconciliación y pidiéndoles que asistieran a un gran banquete para celebrar el fin de la discordia. Entre las exquisitas viandas de aquella cena, Atreo hizo que Tieste y Aeropa comieran sin saberlo la carne de Plístenes creyendo que era cordero. A la hora de los postres Atreo desveló la verdad. Muertos de asco y remordimiento Tieste y Aeropa huyeron enloquecidos del palacio, maldiciendo para toda la vida a la estirpe de los Átridas. Aeropa, dominada por la locura, se arrojó al mar desde un acantilado, muriendo destrozada contra los arrecifes. Esta historia de espantos trascendió y permaneció por mucho tiempo en la memoria de los antiguos griegos. Durante siglos se conoció una roca abrupta, junto al golfo argólico, como la punta de Aeropa. Finalmente, Atreo murió violentamente a manos de Egisto, otro hijo de Tieste, en medio de una serie de episodios sangrientos que no tuvieron precedentes en Micenas. La leyenda dice que el carro de Apolo detuvo su camino estelar horrorizado ante aquella tragedia de los Átridas. Para castigar la inmoralidad de aquellos primitivos reyes micénicos, los dioses enviaron a la Argólida una epidemia de peste que duró muchos años.

AUTÓLICO: Personaje de fábulas identificado con la actividad de los ladrones. Su nombre significa “hombre con piel de lobo”. Los bandidos y asaltantes de caminos, lo tenían por su genio protector. Las tradiciones de la Argólida cuentan que Autólico era un hijo descarriado del dios Mercurio. El dato de que podía hacer invisible todo lo que tocaba se refiere obviamente a la desaparición de un objeto debida al hurto. Entre sus fechorías más conocidas se encuentran el robo de las terneras de Eurites y el casco de oro de Amintor. Heracles lo persiguió y le dio muerte en castigo por todos los males que había causado.

AUTOMEDONTE: Conductor del carro de Aquiles. Llevó a Troya la espada del héroe. Su dominio de la cuadriga era insuperable. Sirvió también a Pirro como ayudante y porta escudo. Este antiguo mito griego subsistió en Turquía y en los Balcanes hasta la baja Edad Media, cuando su recuerdo aún persistía como protector de los escuderos. Fue una de las numerosas leyendas que llenaron de inspiración a escritores y narradores griegos durante los siglos anteriores a la era cristiana. En la “Arqueología” de Tucídides [17] se narran los momentos decisivos de aquella guerra, donde no faltaron episodios de notable heroísmo. 

AVENTINO: Personaje legendario, hijo de Heracles, sobre cuya figura se han imaginado distintas fábulas. El poeta Virgilio habla de él en “La Eneida”. Su madre, la sacerdotisa Rhea, le dio el poder de la adivinación. Emigró primero a Siracusa y luego a Sabibia, en el centro de Italia, la antigua patria de los sabinos, donde fundó un templo y estableció un célebre oráculo. Los fundadores de Roma denominaron una de las siete colinas con su nombre.

AXILO: Príncipe de la Troada, hijo de Teutras, rey de Arisbe. Este personaje era considerado imbatible por lo certero de su arco y la rapidez de sus caballos alados. Fue muerto por Diómedes, guerrero tebano que realizó notables proezas frente a las murallas de la ciudad sitiada. Una predicción de la sacerdotisa de Argos había vaticinado que Axilo moriría a manos de quien lograra apoderarse del Paladio, imagen sagrada de la que según la leyenda dependía la salvación de Troya. Efectivamente, la estatua fue robada por Diómedes poco antes de su sangriento encuentro con Axilo.

ÁYAX: Héroe natural de Salamis, actual isla de Salamina, en el golfo Sarónico o de Egina. Era hijo de Telamón y Peribea. En algunas traducciones fonéticas aparece citado con la forma Ajax. Fue uno de los legendarios guerreros de Troya, gozando de una justa fama de valiente, junto con su compañero Aquiles. Ambos protagonizaron numerosas batallas. Las tradiciones cuentan que Áyax era de alta estatura, cuerpo vigoroso y gallarda estampa. Mantuvo un rudo combate con el intrépido Héctor, defensor de la ciudad frigia. Aquel encuentro terminó en empate, con ambos contendientes intercambiando sus armas, en un gesto de respeto al valor del enemigo, que los antiguos griegos tenían por elevada virtud. Una antigua leyenda ática cuenta que, tras la muerte de Aquiles, caído en combate frente a los muros de Troya, Áyax disputó con Ulises los avíos guerreros de su jefe. En la antigüedad se creía que las armas de los héroes fallecidos conservaban el valor de sus antiguos dueños. Ambos debían glosar sus hazañas, y el que mejor declamara se llevaría la mítica coraza, el escudo, el yelmo y la lanza de Aquiles. Pero el destinatario de tan preciado regalo fue Ulises. Áyax, contrariado e iracundo, se volvió loco y atacó a un rebaño de ovejas. Cuando recuperó la razón, fue tanta su vergüenza por haber faltado a la dignidad frente a sus propios soldados que se suicidó clavándose la espada de Héctor. El oráculo de la Troada, había anunciado días antes que Áyax moriría atravesado por una espada troyana, lo que el vaticinio no aclaró era que sería por su propia mano.

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BALIOS: Uno de los perros rastreadores del cazador Acteón. Junto con Aellos y Aetos, protagonizaron varias leyendas donde se pone de manifiesto el espíritu de estos animales, fieles compañeros del hombre. El mítico pastor Esinio los hace dialogar sobre el carácter de los seres humanos, en una de sus narraciones originaria de la región griega de Trica, al pie de los montes Pindo. Los otros animales se llamaban Ciprio, Canacho y Caropos.

BAUCIS Y FILEMÓN: Mitológica pareja de la antigua Grecia, cuya historia simboliza la unión eterna bajo el símbolo del amor. El mito se refiere a la antigua costumbre de la hospitalidad. Una virtud apreciada por los viajeros, en esos tiempos en que no existían hosterías ni posadas donde  pudieran albergarse los caminantes. Zeus, fundador de la conciencia hospitalaria, solía recompensar con esplendidez a todos aquellos mortales que hacían honor a esa virtud. Ovidio, el gran poeta latino, narra esta historia en el libro séptimo de sus “Metamorfosis” y  Charles Gounod compuso la ópera “Filemón y Baucis” inspirado en la misma leyenda. El argumento transcurre en Frigia. Zeus y Hermes transformados en simples mortales caminaban rumbo a la Troada cuando, al llegar al pie del monte Ida, los sorprendió la noche. Como no había ciudades ni aldeas en las cercanías, cansados y cubiertos por el polvo de los caminos, ambos trataron de buscar refugio en algunos de los cortijos que había diseminados en la región, pero de todos fueron rechazados con desprecio, visto el sucio y pobre aspecto que presentaban. Finalmente llegaron a una humilde vivienda, donde habitaba una pareja de ancianos -Baucis y Filemón- quienes los recibieron con suma hospitalidad, ofreciéndoles las pobres viandas que disponían y cediéndoles su propio lecho para que los viajeros descansaran. Al llegar el día siguiente, los dioses se dieron a conocer y antes de la despedida, recompensaron a la pareja transformando su pobre vivienda en un gran palacio. Para castigar a todos aquellos que le habían negado albergue, Zeus y Hermes, hicieron desbordar el río Escamandro, formando una gran inundación que dejó bajo las aguas a toda aquella región de la antigua Frigia, salvo la colina donde estaba asentado el nuevo palacio de Baucis y Filemón. La pareja le manifestó a los dioses que no deseaban riquezas, que su único deseo era vivir juntos eternamente enamorados. Para cumplir también ese último deseo, Zeus transformó a los dos ancianos en un par de hermosos árboles, uno junto al otro, con las raíces unidas bajo la tierra y las verdes ramas acariciándose mutuamente al soplo del viento. En las cercanías de aquellos dos árboles, los habitantes de la Troada elevaron un templo de mármol, dedicado a la veneración de las deidades bienhechoras de la humanidad.

BELEROFONTE: El héroe y su corcel. Un ejemplo interesante y descriptivo de esta secuencia de mitos y leyendas encadenadas a la acción narrativa es la antigua tradición del héroe griego Belerofonte. Su representación aparece asiduamente montado sobre Pegaso, el caballo alado, personaje secundario en infinidad de fábulas y argumentos literarios. Si atendemos a las tradiciones arraigadas entre los pueblos del Mediterráneo oriental, Belerofonte era hijo de Poseidón y había heredado algunas de sus virtudes, entre ellas el arrojo y la lealtad. Su nombre proviene de un acto de valor, la muerte de un fiero personaje llamado Belero. La gesta libertaria es un elemento básico de la antigua narración oral que aparece con bastante asiduidad en la literatura helénica.

Luego de acabar con el déspota, Belerofonte tuvo que exiliarse de la patria donde nació. Las tradiciones hablan de Samos y de Herea, desde donde parte en su periplo por los mares de Grecia. Estos viajes aparecen en varios poemas y novelas. Vemos aquí, una vez más cómo la narrativa se nutre constantemente de hechos mitológicos.

En uno de esos viajes, arribó Belerofonte a las tierras de Tirinto, el fantástico reino de Preto, donde fue acogido con fortuna. Sin embargo, la esposa de aquel monarca -Antea- se enamoró perdidamente del joven Belerofonte, pero éste no correspondió a sus requerimientos, porque su sentido del honor se lo impedía y no deseaba traicionar a su anfitrión. Despechada y con deseos de vengarse por el rechazo, la reina acudió a la presencia de su esposo, denunciando falsamente a Belerofonte de haberla ofendido de palabra y de hecho. Disconforme con ello, Antea exigió a su esposo que el joven fuera condenado a muerte por aquel supuesto delito contra su real persona. Preto creyó los embustes de su mujer, pero como las normas griegas de la hospitalidad le impedían ordenar personalmente la pena capital, decidió enviarlo al país de Licia, donde reinaba su suegro, el anciano rey Yóbates, padre de Antea. El mensaje secreto que llevaban los guardias acompañantes de Belerofonte era entregar al monarca de Licia cierta carta cerrada con un mensaje secreto, en el que le pedía que apresara al muchacho y lo condenara a muerte sin más trámites, por el derecho que le correspondía como padre de la presunta ofendida. Al principio, Yóbates no leyó la carta y acogió a Belerofonte, con los honores de un emisario real, alojándolo durante nueve días en su propio palacio. Durante esas jornadas se realizaron actos y fiestas en las que se llevaron a cabo los sacrificios rituales de nueve toros. Justo a los diez días de la llegada de Belerofonte al reino de Licia, Yóbates se decidió a leer aquella carta sellada que le enviaba su yerno. El monarca quedó muy sorprendido ante aquella extraña noticia, porque durante los días pasados en su compañía, había llegado a apreciar al joven.

Conociendo los devaneos de su propia hija, Yóbates no daba crédito a lo que se decía en la misiva, por ello decidió no implicarse directamente en un crimen. Para evitar aquel trance envió a Belerofonte a los dominios de la Quimera, un monstruo terrible y sediento de sangre humana, dejando que la suerte y los dioses decidieran sobre la vida del joven. Era aquella una misión arriesgada, donde seguramente perdería la vida y Yóbates saldría bien parado de la alternativa a la que debía enfrentarse a disgusto. Si Belerofonte lograba salvarse de las garras de la Quimera, sería el veredicto de los dioses y todos conformes. Al llegar el héroe a los dominios de aquella bestia abominable, se dio cuenta de lo ardua y desigual que sería su lucha. El riesgo más grave eran las enormes llamaradas que salían de su boca. Fue entonces cuando apareció Pegaso, que desde entonces fue su fiel compañero de aventuras.

Jineteando hábilmente al corcel alado, Belerofonte se elevó hasta una altura considerable, desde donde pudo arrojar un mortal flechazo a la Quimera. Vuelto a Licia vencedor, el joven fue aclamado por los súbditos de Yóbates, que se hallaba ante un conflicto con su propia conciencia.

El viejo rey estaba convencido de la inculpabilidad de Belerofonte, había consultado el oráculo, tenía la prueba irrefutable de su triunfo ante la Quimera, sabía que era inocente… Pero su hija y su yerno Preto seguían insistiendo en la muerte del joven.

Sin saber, a ciencia cierta cómo proceder, Yòbates decidió una vez más desentenderse del problema, mandando a Belerofonte al país de los Sólimos, un pueblo guerrero y sanguinario, muy desconfiado con los extranjeros. Tras derrotar a los belicosos salvajes, fue enviado nuevamente a luchar contra las Amazonas, a las que también dejó muy malparadas. Ya sin pensar qué hacer, y agotados sus recursos ante la insistencia de sus parientes, Yóbates no tuvo más remedio que maquinar una trampa para librarse de su incómodo huésped, una celada de la cual no pudiera salir airoso como en las anteriores oportunidades. Debido a su valeroso temperamento y en especial a la ayuda de su inseparable corcel Pegaso, Belerofonte volvió a vencer a sus oponentes regresando sano y salvo ante su anfitrión. Preto, derrotado y además totalmente convencido de la inocencia del héroe, le confesó su dilema pidiéndole perdón mientras le mostraba la terrible carta de su yerno. Decidido a reparar su error el rey de Licia le rogó a Belerofonte que se quedara en su reino y le ofreció la mano de su hija, la princesa Filonoe. El término de esta historia tiene un desenlace recurrente en todas las tragedias, la muerte del héroe. En el final de la narración Belerofonte sube al cielo montado en Pegaso y quiere entrar en el Olimpo para ver en persona al dios Zeus. A las puertas de los Campos Elíseos, manifiesta su deseo de ingresar a la Asamblea de los Dioses.

Disgustado ante la osadía de Belerofonte, que era sólo un héroe y no un dios, Zeus lanzó un dardo picante a las ancas del caballo alado. El animal herido corcoveó inesperadamente y Belerofonte se precipitó desde las alturas celestes, muriendo en la caída. Pegaso se quedó para siempre en el Olimpo al servicio de los dioses. Su principal cometido fue ayudar a Eos, deidad de la Aurora, en su tarea de traer la luz cada amanecer.

BENDIS: Portadora de las sagradas lanzas de Triconis, la virtuosa Bendis fue considerada desde la remota antigüedad, como una deidad amiga de los cazadores. En la mitología de Macedonia y Tracia, en el norte de Grecia, era una diosa lunar. Algunas tradiciones latinas la relacionan con Artemisa, la Diana cazadora de los romanos.

BIA: El mito del dios Prometeo la presenta como una divinidad unida a multitud de episodios violentos. Según la leyenda, tenía un carácter irascible y pendenciero, siempre dispuesto a participar en altercados y trifulcas. Bia, que era hija del Titán Palas y había nacido en el fondo de la laguna Estigia, vivía en constante rivalidad con sus tres hermanas, la Violencia, la Adversidad y Opresión. Sin embargo, por voluntad del dios Zeus, todas se unieron a Vulcano para capturar al titán Prometeo, a quien encadenaron a una roca del Cáucaso. Una breve pieza literaria, atribuida al erudito y polígrafo latino Varrón[18], describe ese carácter en forma de hipérbole.

BÓREAS: El viento del Norte, llamado Aquilón por los autores latinos. La leyenda le asigna forma humana, con un tamaño descomunal y la capacidad de producir con la boca un soplo muy fuerte y frío. Bóreas era hijo del titán Astreo. La narración griega sitúa sus andanzas en la región costera del Propóntide (mar de Mármara) en la actual Turquía europea y en la península Ática. Según esta historia Bóreo, enamorado de Oritia, hija de Erecteo, rey de Atenas, decide raptarla y huir con ella a un lugar maravilloso, ubicado en los confines de Tracia, en cuyos paisajes algunos cronistas creen reconocer las idílicas riberas del Bósforo. Consumado el hecho, Bóreo decide hacerla su esposa, con la que tiene varios hijos, entre ellos Zetes, Cione y Cleopatra. Estos, a su vez, prolongan la historia de la zaga familiar dando lugar a una serie de enredos y situaciones cómicas.

BÓREO: citado en las tradiciones legendarias de Grecia, era un rey de Tracia. Su historia aparece llena de aventuras amorosas y lances propios de un caballero paleocristiano. Algunos autores creen que su vida, aunque ambientada en tiempos remotos, corresponde a la de un personaje histórico del Imperio Bizantino.

BRAECIA: Princesa de Chipre, protagonista de una intensa leyenda, recogida en la antigüedad por el escritor cretense Epiménides[19]. Braecia era una de las hijas del rey chipriota Ciniro. El argumento isleño, en su fondo, resulta similar a otras historias fabulosas de la Grecia continental. La leyenda chipriota cuenta que Braecia se atrevió a comparar su propia hermosura con la de Afrodita, deidad natural de la isla. La diosa, indignada por el pretencioso atrevimiento de aquella simple mortal, la persiguió por toda la abrupta geografía de Chipre, obligándola finalmente a refugiarse en Egipto. La primera parte de esa extensa narración, transcurre en lugares de la isla de Chipre que se reconocen como la colina rocosa del actual cabo Plakóti, unas grutas calcáreas, existentes en el cabo Zevghari, hoy anegadas, y el monte Troödos, que domina el centro de la isla. 

BRITOMARTIS: Mito prehelénico que se prolonga a través del tiempo en las artes y las letras. El nombre significa “diosa grácil, dotada de suavidad”. En algunos pueblos era la deidad generadora del universo. En la isla de Creta se la representaba como una ninfa cazadora, temida por las bestias salvajes. El rey Minos la vio y se enamoró de su belleza, pero ella lo rechazó. El poderoso monarca intentó capturarla para poseerla por la fuerza, pero ella huyó durante nueve meses seguidos, hasta que llegó al fin de la tierra. Al sentirse acorralada, Britomartis se arrojó por un acantilado. En el Akroterion Spátha, un cabo situado al noroeste de Creta, existió durante muchos años un santuario dedicado a esta divinidad.

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CALENDARIS: Nombre de origen romano. Fue utilizado también en Grecia para designar a la diosa Hera (Juno), una de las divinidades primordiales del Olimpo, hermana de Zeus y reina de la luz celestial. La figura de Calendaris -que representaba los ciclos lunares- recibía la consagración de los campesinos griegos y latinos durante las calendas mensuales que determinaban los sacrificios rituales, dedicados al periodo de las siembras, las cosechas, las épocas de parición del ganado, el régimen de los tributos, etc. El apodo aparece consignado de esa forma en varios escritos de la antigüedad, entre ellos la Apoteosis del filósofo Crisóstomo [20].

CALESIO: Personaje de la guerra de Troya, célebre por su valor. Era el conductor de una cuadriga de oro. tirada por caballos alados, en la que portaba las armas y el escudo sagrado de Axilo, príncipe de la Troada.

 

CALETOR: Héroe troyano que murió durante el sitio de aquella ciudad, derrotado por las armas de Ayax, cuando se disponía a prender fuego a los navíos aqueos anclados cerca de la costa de Ilion. Protesilao, comandante de una de aquellas naves, dio la voz de alarma gracias al aviso de una gaviota nocturna. Repelidos de inmediato por Ayax y sus hombres, los atacantes troyanos fueron vencidos y puestos en fuga. Caletor era hijo de Clytio, uno de los hermanos del rey Príamo. 

 

CALIADNE: Ninfa de Epiro, dotada de singular inteligencia y belleza. En su tierna adolescencia fue dada en matrimonio a Egipto, hombre prudente y valeroso, quien la tomó por esposa sobre las gradas del templo de Apolo, en Delfos. Viuda muy joven, tras la muerte de su marido, adquirió los hábitos de sacerdotisa del dios del fuego solar, llegando a ocupar el cargo de pitonisa en aquel centro de pregrinación situado en la Fócida, al pie del monte Parnaso. Al parecer, Caliadne siempre se negó a vaticinar sobre hechos violentos o asuntos de guerra. Sus visiones solían estar relacionadas con la actividad solar, el trabajo, las cosechas y la vida conyugal. Tenía un pequeño templete con su efigie en un rellano de la escalera tallada en piedra que asciende hacia las vertientes de la fuente de Castalia, situada en las proximidades de Delfos. Antiguamente se decía que el agua de ese manatial poseía la sabiduría y el espíritu ponderado de Caliadne. En uno de sus escritos, el sabio Apolodoro [21] narra la vida de esta mujer y los sentimientos que la impulsaban.

CALIARA: Hija de Odedocos y Laonomo. Fue una célebre reina que, en la ausencia de su hermano Caliaros –heredero del trono- supo gobernar a su pueblo con prudencia y en la estricta observancia de las leyes. En su homenaje, llevaba ese nombre la antigua ciudad griega de Caliano, situada en la Fócida. Algunos autores antiguos afirman que esa población era en realidad Calidón, situada sobre la ribera norte del golfo de Patras. Apoya esa suposición el hecho de que cerca del río Évinos, afluente de ese golfo, existían unas viejas ruinas, en uno de cuyos muros aparecía grabado el nombre de Caliara.

CALIAROS: Hermano mayor de Caliara. Su corta vida aparece citada en narraciones costumbristas de la región griega de Tesalia. Un relato popular lo refiere primero como tripulante y posteriormente como capitán de un navío que parte del golfo de Terme, sobre el mar Tracio. El barco es bautizado con el nombre de Pelión, en homenaje al monte donde los expedicionarios depositaron sus ofrendas pidiendo la ayuda del dios Poseidón. El extraño periplo de Caliaros -coincidente en algunos aspectos con el viaje de los Argonautas- sufre curiosas aventuras en el archipiélago de las Espóradas y en la isla de Cárpatos, arribando posteriormente a las costas de Creta, desde donde parten de regreso hacia Tesalia luego de afrontar varias peripecias en la región de Cidonia. Parte del viaje final se realiza por tierra, porque el Pelión naufraga frente a las costas de Léucade. El héroe muere al llegar a su tierra, aunque tiene la satisfacción de volver a abrazar a sus padres y hermanos, a quienes no pudo ver durante largos años. En el transcurso de esos años, Odedocos parte en un arriesgado trayecto hasta la Fócida para consultar el oráculo de Delfos. La respuesta para aquella pregunta es un complejo galimatías que finalmente tiene su explicación con el regreso de Caliaros.

CALIAS: Príncipe, hijo de Temeno, perteneciente a la primera dinastía del reino de Argos en el Peloponeso. Su historia fue una expresión legendaria de la envidia y el antagonismo. Celoso del cariño que Temeno profesaba a su hermana Hynetho y al esposo de ésta, Deifonte, convenció sus otros hermanos con el propósito de confabularse para matar a su padre.  

 

CALIBA: Sacerdotisa griega, cuidadora de uno de los templos de la diosa Juno en la Tróada. Ya anciana, caminaba siempre apoyada en un cayado de metal bruñido. Se decía que en ese curioso bastón guardaba toda su sabiduría, fruto de la experiencia adquirida en sus largos años de vida y también debido a una gracia que le había sido concedida en su juventud por la deidad protectora de la mujer y el matrimonio. Basada en un principio de justicia, Caliba otorgó la victoria al príncipe troyano Eneas y a su gente cuando huyendo de Troya fueron asediados en Italia por una coalición de caudillos etruscos. En la mitología griega también existieron otros personajes femeninos con ese nombre. Uno de ellos era la madre de Bucolión y esposa de Laomedonte, protagonista de varias leyendas relacionadas con las creencias cosmogónicas en la antigua Grecia.

CALÍOPE: Musa de la poesía épica y la elocuencia. En los tiempos legendarios, la poesía griega aparece expresada de dos maneras distintas, aunque coherentes en el meollo de sus motivos conceptuales. La primera, llamada “forma libre” por los escritores de la antigüedad, aparece naturalmente inspirada en las narraciones de Calíope. Esta orientación poética, más tarde será el origen de la lírica medieval. A ella pertenecen, entre otras formas, el treno, una forma de lamento poético; el pean o himno en honor del dios Apolo y las letras para los cantos heroicos, etc. Pean era una denominación general que los antiguos autores daban a ciertos cantos guerreros que solían entonar las milicias helénicas antes de entrar en combate. A las voces masculinas se sumaban las de numerosas mujeres que acompañaban a los combatientes, dándoles ánimo en el campo de batalla. En el siglo quinto antes de Cristo, el historiador militar ateniense Jenofonte, cuenta que también había una forma de pean dedicada a honrar la figura del dios Apolo. La entonaban las falanges griegas, con versos exaltados, para festejar sus victorias. De esta última, surgió posteriormente la poesía épica, puesta bajo la advocación de Calíope. La historia del Olimpo señala que Calíope fue esposa de Apolo y madre de Orfeo. También cuenta que tuvo otros hijos, llamados los “coribantos” o “héroes cantores”, aunque la antigua narración no los identifica con nombres propios.

CALIPSO: Deidad marina. Algunos tratados la identifican como una ninfa acuática, hija de la diosa Tetis y el dios Océano. Los historiadores latinos, la nombran como hija de Atlas, nacida del talón de un pie del gigante, que estaba inmerso en las aguas del mar. En una de las narraciones antiguas dedicadas a la vida de Ulises, se cuenta que el viajero arribó a una playa de la antigua Kitera (actual isla Kythira), donde conoció a Calipso. Algunas versiones hablan de la isla de Ogigia. Ambos se enamoraron un tiempo, pero Ulises debía partir, porque sabía que Penélope lo seguía esperando en Itaca, su patria.

Calipso, afligida, le ofreció la inmortalidad a cambio de que se quedara para siempre con ella, en aquella isla del mar de Creta. Ulises no aceptó, pero Calipso aún lo retuvo durante siete años, hasta que, por intervención de Hermes, el héroe finalmente pudo liberarse del influjo de la ninfa y hacerse a la mar en busca de su propio destino.

CALISTO: Según una fábula de la región de Etolia, en las inmediaciones del lago Trichonis (Grecia central) vivía la ninfa Calisto, joven que pertenecía al cortejo de la diosa Artemisa, en cuyo honor había hecho votos de guardar su castidad. Pero, enamorada por Zeus, terminó cediendo a los requerimientos amorosos del dios. Al enterarse Artemisa, se enfureció y la transformó en una osa. Dice Antístenes [22] que de su unión con el Gran Olímpico nació Árcade.

CANÍCULA: Perro faldero que el dios Zeus entregó a Europa para que lo guardara. Una antigua leyenda minoica dice que en realidad era una joya mágica. Otra versión de Chania en el occidente de la isla, cuenta que canícula era el nombre de un prendedor de corpiño, tallado en marfil con la cabeza de un perro, guarniciones de oro y piedras preciosas. La célebre hija del rey fenicio Agenor, estaba casada con Asterión, monarca de Creta, cuando Zeus la raptó. Al dejarla en libertad, le entregó aquella alhaja como prenda de su silencio. El nombre canicula procede de una versión latina del siglo II antes de Cristo. Según Plinio[23] caniceps significa cabeza de perro. Minos, el rey de Creta, se apoderó de esa mítica joya y la regaló su amante Procris, la veleidosa princesa, hija de Erecteo. Finalmente, esa pieza de orfebrería terminó en las manos de Céfalo, el marido engañado de Procris. Cuando aquel la mató de un flechazo en el bosque de las montañas Parnes, se apoderó de la joya y la retuvo en resarcimiento por las numerosas afrentas que había sufrido.

CARIÁTIDE: Figura femenina que servía como modelo para un tipo de estatuas antropomorfas. Normalmente representaba a una ninfa ataviada con el peplo, una fina túnica ceñida en la cintura. El ejemplo más conocido de este estilo arquitectónico es el “pórtico de las Cariátides” del templo Erecteón, en la Acrópolis de Atenas.

El escritor y arquitecto romano Marco Vitruvio dice que el vocablo Cariátides proviene de Caria, antigua ciudad del Peloponeso, donde las mujeres jóvenes danzaban en honor de la diosa Artemisa Cariátide. Estas seis figuras, que en un tiempo se llamaban las “korai” (muchachas), están directamente asentadas sobre un muro bajo llamado barbacana. Cada una sostiene sobre su cabeza un cesto decorado con ovas, que cumple la función de los capiteles normales.

Se han escrito muchas leyendas sobre el origen divino de las Cariátides. Una de ellas narra que Erecteo se enamoró de una de ellas y la llevó consigo a la Acrópolis de Atenas. Era tal su belleza que incentivó la inspiración de los arquitectos encargados de las obras del templo.

CARIBDIS: Monstruo de la mitología griega. Algunos autores creen reconocer en él a una ballena. La leyenda cuenta que tragaba tres veces al día una gran cantidad de agua de mar, devorando a todo lo que caía en el interior de su enorme boca, y arrojando el resto en un fuerte chorro que expulsaba sobre su cabeza. Caribdis aparece en “La Odisea” de Homero, donde el autor cuenta que tenía su refugio cerca de las Simbligades (rocas chocantes) en el estrecho de Mesina. Justo frente a ese lugar, se hallaba la gruta donde se ocultaba Escila, otro engendro marino, mitad dragón o serpiente y mitad mujer, que devoró a los compañeros de Ulises.

CÁRITES: [Las tres gracias] Figuras imaginarias de doncellas que simbolizaban la seducción, la belleza y el encanto femenino. Compartían con el dios Apolo el cortejo juvenil del Olimpo. Según las creencias de la antigüedad, las tres gracias fueron creadas por Afrodita para alegrar con su presencia la vida de los mortales. Junto con las nueve musas, formaban el coro de las voces blancas, un grupo coral pleno de tonalidades celestiales.

CASANDRA: Hija de Hécuba y Príamo, rey de Troya. Gozaba del don de la profecía que le había otorgado el dios Apolo, quien luego, enamorado de ella, requirió sus amores. Al negarse la doncella, Apolo transformó sus predicciones en hechos falsos, con lo cual Casandra perdió toda credibilidad.

Poco antes de la guerra de Troya, Casandra predijo la caída y destrucción de la ciudad tras un largo y doloroso asedio. Pero nadie le creyó. Cuando la ciudad frigia cayó en poder de los atacantes, Casandra se refugió en el templo de Atenea, donde el héroe Áyax la encontró y la sometió brutalmente. Durante el forcejeo que precedió a la violación, Casandra intentó liberarse de Áyax, con tan mala suerte que hicieron caer al suelo una estatua de mármol de la diosa, que se rompió en pedazos. Ambos fueron sometidos a un juicio militar por aquel acto impropio en un lugar sagrado. En el reparto del botín de guerra, Casandra le correspondió a Agamenón, quien la transformó en su esclava y al regresar de Troya se la llevó a su palacio de Micenas. Casandra también vaticinó la muerte violenta de Agamenón, pero éste tampoco creyó en sus palabras. Transcurrido un tiempo la joven esclava pasó a ser la concubina preferida del rey. Presa de una crisis de celos ante la juvenil belleza de Casandra y temiendo que con el tiempo llegara a suplantarla, Clitemnestra, la mujer de Agamenón, hizo asesinar a la muchacha. Esto desencadenó una serie de crímenes que conmovieron el reino micénico, durante los cuales también pereció Agamenón, tal como lo advirtió Casandra.

CASIOPEA: Esposa del Cefeo, rey de Etiopía y Eritrea. Se jactó de ser más bella que la diosa Juno, incluso más que todas las deidades del Olimpo. Sus palabras, recogidas del viento por las Nereidas, llegaron a oídos de Poseidón. Éste para castigar la osadía de Casiopea, provocó un diluvio que inundó su reino. En esa aventura estuvo en peligro la vida de su hija Andrómeda.

CÁSTOR: Hermano de Pólux. Ambos protagonistas de una curiosa fábula: Leda tuvo un encuentro sexual con el dios Zeus y esa misma noche, lo hizo también con su marido, un mortal llamado Tindáro, que era rey de Esparta. Se percibe en estas narraciones una profunda simbología, cuyo argumento está inspirado en antiguas leyendas de la región lacedemonia. La narración prosigue diciendo que de esas uniones promiscuas, Leda quedó doblemente embarazada y al cabo de nueve meses puso dos de huevos distintos, uno que parecía de plata y otro de color dorado. Del primero, cuyo padre era Tíndaro, nacieron Cástor y Clitemnestra, y del otro, fecundado por Zeus: salieron Pólux y Helena. Con el tiempo, Cástor y Pólux crecieron y llegaron a ser dos héroes, llamados los Dioscuros, entre los pueblos dorios de la región. El vocablo griego Dioscuros (Theokuroi) se interpreta como jóvenes o retoños de Dios, por su padre Zeus.

CÉCROPE: Serpiente sagrada, enviada por Zeus, para dirimir disputas y actuar como divino jurado. Sus fallos eran inapelables. Cécrope aparece reiteradamente junto a las estatuas y otras representaciones de Palas Atenea. Algunos tratados sobre mitología griega, asimilan esta imagen fabulosa a la figura de Cecrops, héroe griego, primer rey del Ática y fundador de Atenas.

CÉFIRO: Deidad de los vientos, que aclaraba los cielos e impulsaba los vientos. Junto con su hermano Bóreas, llamado “el raudo viajero”, acompañaba a los bajeles con buen tiempo y viento en popa hasta sus respectivos puertos. Céfiro sólo exigía una condición a los navegantes encomendados a su protección: que interrumpieran sus singladuras y echaran anclas en la pequeña isla de Serifopoulon[24], donde había un altar dedicado a los buenos vientos. Allí debían ofrecer un acto de devoción a la divinidad para que los acompañara a través de los mares. Es posible que Céfiro sea una transliteración del nombre de la isla Sérifos, también denominada con los nombres Serfanto, Seriphos o Serfos. Esta isla fue colonizada desde épocas tempranas por navegantes jonios.

CEIX Y ALCIONE: Antigua leyenda marina de las islas Cícladas. Deseosos de parecerse a los dioses, Ceix y Alcione, navegaban por el mar de Mirto, en una barca decorada con ramos de flores, espigas y cráteras de oro. En cada isla que abordaban decían ser el dios Zeus y su esposa Hera. Los isleños, maravillados y sorprendidos por aquella inesperada y real visita, los recibían espléndidamente, colmándolos de atenciones y regalos. Al entrarse Zeus de que aquella extraña pareja estaba usurpando sus nombres, los transformó en gaviotas, condenadas para siempre a seguir los barcos pescadores, alimentándose de los despojos que los marineros arrojaban al mar.

CENTAURO: Personaje de leyenda, mitad hombre y mitad caballo. El torso, la cabeza y los brazos eran los de un hombre normal, pero el resto correspondía al de un cuadrúpedo. Las más antiguas descripciones mitológicas dicen que el primer centauro era un hijo monstruoso de Ixión, rey de los Lapitas y de una yegua. Este personaje dio lugar a una célebre dinastía de centauros. Algunos de ellos demostraron ser justos e inteligentes, como el célebre Quirón, que fue maestro y preceptor, entre otros, de Heracles y Esculapio.

CERBERO: Animal terrorífico de la mitología griega. Custodiaba la entrada de reino de Hades, la morada de los muertos. Todas las leyendas que lo citan, coinciden en que tenía un tamaño descomunal, tres cabezas, grandes ojos negros que hipnotizaban a sus víctimas y filosos colmillos con los que desgarraba sus carnes.

CIBELES: Madre de divinidades. Célebre diosa de la fertilidad. Su culto era originario del Asia Menor. Desde épocas remotas, tuvo un bello santuario en la antigua ciudad teocrática de Pesinonte, a orillas del río Sangar o Sangario. Sus primeros adeptos fueron los Tectósagos, una tribu de la región de Galacia, hoy Capadocia (Turquía). Aún se pueden ver las ruinas de aquel primitivo templo dedicado a Cibeles. En el Museo Arqueológico del Pireo se encuentra la estatua sedente de esta diosa, cuyo modelo sirvió de inspiración a numerosas versiones neoclásicas.

CÍCLOPES: Genios de las tempestades, hijos de Gea y Urano, los dioses originarios del panteón griego. Sus nombres eran Estéropes (el relámpago), Arges (el rayo) y Brontes (el trueno). Poseían enorme estatura y un solo ojo en medio de la frente. Tuvieron descendencia con ninfas del bosque y con el tiempo se diseminaron por el mundo. Sus descendientes aparecen en multitud de fábulas y narraciones de aventuras, como “La Odisea” de Homero. El poeta Teágenes[25] fue uno de los autores que indagaron en profundidad sobre aquellas lejanas tradiciones, cuyos argumentos fluctúan constantemente entre el mito y la realidad. 

CICONES: Tribu de las costas de Tracia en el norte de Grecia. También llamados ciconos, eran aliados de los troyanos. Ulises arribó a sus playas cuando la nave en que viajaba se desvió, tras una fuerte tormenta que lo distanció del rumbo que llevaba la flota comandada por el rey Agamenón. Al saber que los náufragos eran griegos, los cicones reaccionaron con hostilidad. Eso motivó una lucha en la cual Ulises y sus compañeros, derrotaron a los nativos saqueando su población, llamada Ismaro. El único que se salvó de aquella represalia fue el sacerdote Marón, encargado del culto al dios Apolo, quien por haber salvado la vida y como símbolo de paz, le obsequió a Ulises doce odres de vino consagrado.

CINIRAS: Padre de Adonis. Fue un personaje legendario cuya vida estuvo plagada de aventuras. Poseía inmensas riquezas. Siendo rey de Chipre, se dice que ayudó al ejército de Agamenón durante la guerra de Troya. En castigo, fue destronado por los griegos. Se casó con Mirra, ignorando que era su propia hija. Se suicidó.

CIRCE: Célebre hechicera de la antigüedad. Igual que su hermana Pasifae y su sobrina Medea. Dominaba los fenómenos atmosféricos y podía convertir a los hombres en animales. Se la conoce como una maga un tanto despiadada, aunque su corazón era capaz de enamorarse, perdonar y aceptar el mandato de los dioses. La leyenda de Circe siempre aparece unida a la de Ulises, por la narración de Homero. La narración dice que era hija de Helios, el Sol y la ninfa Perseis. Algunos escritores, coincidiendo con la descripción de Homero creen que era oriunda de la isla de Ea. Su morada se hallaba en las estribaciones de un elevado promontorio, aún hoy llamado Circeo, (la cueva de la maga Circe), en el golfo de Gaeta, sobre el mar Tirreno. Circe se enamoró del protagonista de “La Odisea” y lo retuvo a su lado mientras pudo. También aparece en algunas versiones de la expedición de los argonautas.

CLIMENA: Madre de Homero. En la mitología helénica existen varios personajes femeninos con este nombre:

1] Hija de Océano y esposa de Apolo. Tuvo cuatro hijos del dios del sol: Fetusa, Lampetusa, Lampesia y Faetón, protagonista este último de varias leyendas relacionadas con Apolo.

2] Madre de la doncella Atalanta, deidad cazadora de la Arcadia.

3] Nereida, a quien el prolífico Zeus hizo madre de la ninfa Mnemosine.

4] Una de las aguerridas amazonas que intervinieron en innumerables batallas con héroes y dioses.

5] Esposa de Japeto, que fue madre de Atlas, Menesio, Prometeo y Epimeteo.

6] Amiga y confidente de Helena, a quien acompañó en su viaje a Troya, en compañía de París.

Aún hay otras Climenas, a quienes sólo se cita de manera circunstancial. En algunas traducciones aparece el nombre Climene.

CLITEMNESTRA: Personaje femenino de un drama mitológico. Era la esposa del rey Agamenón de Micenas. Cuando su esposo estaba luchando en la guerra de Troya, Clitemnestra se enamoró de un personaje seductor y perverso llamado Egisto. Ambos tramaron la muerte del rey micénico. Cuando Agamenón regresó de Troya fue asesinado por Egisto, quien además usurpó el trono de su víctima. Un hijo del difunto monarca, Orestes, al conocer la verdad vengó a su padre, condenando a muerte al asesino y a la instigadora, su propia madre. Clitemnestra, era hija de Tíndaro y Leda, dos personajes ligados a otras narraciones legendarias. Un pasaje de esta historia dice que Clitemnestra había actuado de esa manera para vengarse de Agamenón por haber consentido la muerte de una hija de ambos llamada Ifigenia.

CLORIS: Deidad de las flores. Diosa, semidiosa o ninfa, según el origen de la fábula. No lo aclaran los textos antiguos. Sólo hablan de su carácter tutelar de los jardines. Era una eterna enamorada de la belleza, los aromas y los colores.

CLOTO: Deidad maléfica, hija de la Noche, con sus dos hermanas, formaba el grupo llamado de “las tres parcas”. Representaba la fatalidad de la muerte. Su nombre significa “hilandera”. Con su rueca iba hilando el destino de los hombres. Llegado el momento, se envolvía en su negra capa y salía a buscar al moribundo para anunciarle su último momento. Luego llevaba su alma hasta la barca de Caronte para cruzar la laguna Estigia.

CNISMO: Danza helénica relacionada con una antigua leyenda sobre el origen de la flauta y los sonidos musicales. Según ciertas tradiciones folclóricas de Tracia, la danza del Cnismo llamaba a la diosa de la fortuna. Su sonido acompañado de movimientos cadenciosos daba comienzo a una ceremonia ritual donde se mezclaban rituales arcaicos con elementos de la liturgia cristiana. Durante la dominación turca la creencia aún seguía viva entre los montañeses de la región de Falakrón, en la frontera con Bulgaria.

CNOSIA: Nombre de varios personajes femeninos en la mitología griega. La más conocida fue una ninfa, amante del rey Menelao. Acusada de brujería fue condenada a muerte y arrojada desde un despeñadero en las montañas de Lusio. Tiempo después regresó del oscuro abismo para vengarse de sus verdugos, pero en el camino hacia Micenas conoció a un pastor, hijo natural de Hefesto, dios del fuego, de quien se enamoró y por la virtud de ese querer olvidó su deseo de venganza, perdonando a los asesinos a cambio de obtener el amor eterno. En torno a su enigmática figura se urdieron curiosas fábulas cuya esencia forma parte del folclore del Peloponeso.

CORIMBÍFERO: Apodo del dios griego Dionisos. La poetisa Corina [26] lo cita con este nombre en una de sus obras. El nombre proviene de corimbo, calificativo que se daba antiguamente a los frutos agrupados y las umbelas de las flores. La corona de Dionisos se caracterizaba por los racimos de bayas de hiedra.

CORINTIA: Sobrenombre de la diosa Afrodita. Tuvo su origen durante la guerra contra los invasores persas. Mientras sus hijos y esposos se batían en el frente, las mujeres de Corinto, Micenas, Sición y Estínfalo encabezaron una larga procesión hasta el santuario de la diosa, para pedirle que preservara la independencia de sus ciudades y las demás nomarquías del Peloponeso. Escuchó Afrodita sus ruegos y los griegos lograron derrotar a los persas. Desde entonces, todas las poblaciones de la región celebraron la victoria con fiestas y danzas en honor de la Afrodita corintia.

CRESO: Hijo de Gea [la Tierra], célebre por haber erigido el primer templo en Grecia, dedicado al culto de la diosa Artemisa. En su figura se confunden el mito y la historia real. Algunas versiones populares atribuían a ese origen divino sus enormes riquezas y poder. Las narraciones de Herodoto[27], ricas en detalles anecdóticos, no resuelven las dudas sobre este personaje a mitad de camino entre la fantasía y la realidad.

CRINIS: Nombre de un personaje mítico de Beocia. Con sus propias manos construyó un santuario, dedicado a honrar la figura del dios Apolo. Piedra a piedra, lo fue construyendo hasta que llegó al tejado y finalmente puso fin a la obra. Pero quedó tan agotado por el esfuerzo que se quedó dormido. Cuando despertó, se fue a trabajar en sus campos, cuyas sementeras habían quedado desatendidas. Abocado a la faena de recuperar sus cultivos, Crinis olvidó colocar una estatua del dios en el santuario que había erigido, y tampoco le puso un nombre. Para castigarlo por su omisión, Apolo envió una plaga de ratones que asolaron los sembrados.

Azorado ante aquella plaga, Crinis corrió al santuario y terminó su trabajo. Apolo, considerando que la pena había sido suficiente, mató a flechazos a todos los roedores.

CRONOS: [Saturno] Una de las deidades más curiosas e  interesantes del panteón griego. Cronos, esposo de Rhea y padre de Zeus, es la personificación simbólica del tiempo. Según la tradición, era hijo de Urano y Gea. Poseía los atributos de lo efímero y también de la eternidad. Regulaba constantemente el paso de los días, los meses y los años, dando a cada cual su aspecto según el tiempo transcurrido. Defendió a su madre de los abusos del sádico Urano, condenándolo al eterno exilio. Éste antes de irse maldijo a Cronos y le vaticinó que sería destronado por uno de sus hijos. Con el objeto de evitar que se cumpliera aquel maleficio, escondido en las palabras iracundas de Urano, Cronos devoraba a sus vástagos cuando ellos iban naciendo. Este curioso simbolismo se refiere al transcurso inexorable del tiempo. Cada hora que pasa es una hora menos en el lapso de la vida. Para evitar que el voraz Cronos se engullera también a Zeus, Rhea apeló a un recurso extremo, envolvió una piedra con forma de niño en varios pañales y se lo entregó al padre. Cronos se atragantó y no pudo seguir comiendo a sus hijos. Cuando Zeus creció y llegó a la adultez, preparó un hechizo con el que logró que el padre devolviera a todos los niños que había devorado. Cuando estos crecieron le declararon la guerra y luego de diez años derrotaron a Cronos. Este fragmento de la historia se refiere al tiempo que no tiene principio ni fin, porque renace constantemente y la inmortalidad de los dioses, para quienes el tiempo no cuenta.

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DAEVA: Espíritu del mal. Era un antiguo mito del Asia Menor que pasó a Grecia bajo la personificación mitológica de Hibris. Aparecía indistintamente como hombre o mujer. Su figura original tenía la forma de una doncella alada, con una cadena entre las manos. Se cree que esta leyenda está relacionada con una primitiva deidad de los persas. Algunos descubrimientos arqueológicos permiten suponer que su origen estaría en la lejana Sumeria. Al parecer, el culto secreto de Hibris se expandió con el Imperio de Hammurabi en el siglo decimoctavo antes de la era cristiana, llegando hasta Lidia y las islas del mar Egeo con las invasiones hititas. Temida por los griegos desde la antigüedad, fue la personificación de ciertas debilidades morales, como la envidia y la insolencia. En algunas leyendas fenicias aparece formando una pareja maléfica, que se transforma en un solo personaje (Aèshma-Daêva).

DAFNIS: Pastor de Arcadia que fue al reino de Litiersis para rescatar a su amada Pimplea. El monarca lo hizo capturar, reduciéndolo a la esclavitud. Heracles derrotó a Litiersis y liberó a la pareja.

DÁNAE: Princesa de la Argólida, hija del opulento rey Acrisios. En aquellos tiempos, Argos, era uno de los nomos más poderosos del Peloponeso. Un día, el antiguo oráculo de Tirinto advirtió al monarca que sería asesinado por su propio nieto. Como Acrisios sólo tenía esa hija, Dánae, dedujo que de ella nacería aquel que después le arrebataría la vida.

Para burlar la predicción del oráculo, el monarca encerró a Dánae en una elevada torre vigía, que alzaba su estructura de piedra en la costa de Lerna, sobre el golfo Argólico. Al padre le dolía tener que tomar esta determinación, pero la justificaba, porque le iba en ello la vida. Estando así, aislada de todo contacto humano, su hija jamás podría quedar embarazada.

Para mayor seguridad, Acrisios ordenó tapiar a cal y canto todas las puertas y ventanas de la prisión, dejando en el techo un pequeño ventanuco en forma de ranura, por donde los esbirros encargados de cuidarla, le pasaban la comida.

El incansable y enamoradizo Zeus se transformó entonces en lluvia de oro y penetró por esa abertura. Una vez adentro de la celda recuperó su gallardo aspecto y mantuvo una apasionada relación carnal con la prisionera. De aquel contacto nació un niño, al que la joven llamó Perseo.

Al enterarse de que Zeus había burlado sus designios, Acrisios reaccionó violentamente, ordenando que encerraran a Dánae y el pequeño Perseo en un cofre, junto con unas pesadas piedras, y lo arrojaran al mar de Mirto. Así lo hicieron los esbirros, pero tal vez por olvido, o tal vez por compasión, omitieron poner las piedras dentro del cofre. El caso es que aquella arca, con su preciosa carga humana, se mantuvo a flote.

Empujado por el viento y las corrientes marinas, el cofre encalló en una bahía de la isla de Sérifos o Serfanto, donde los náufragos fueron salvados por unos pescadores. Polidectes, rey de aquella ínsula, alojó a Dánae y al pequeño en su palacio de Livadion. Perseo creció en aquella isla, lejos de los designios de su abuelo. El tiempo pasó. Polidectes prendado de la madre, intentó mantener relaciones con ella, pero Dánae siempre se negaba. Como Perseo, ya un robusto adolescente, era un obstáculo para los propósitos de Polidectes, éste con el objeto de mantenerlo alejado de Sérifos, le ordenó que partiera en una expedición en busca de la Medusa y que le trajera su cabeza cercenada. Así lo hizo el joven, corriendo durante varios años peligrosas aventuras en el mar de Eritrea. Cuando Perseo regresó y se enteró de que durante su ausencia Polidectes había ultrajado a su madre, tuvo un rapto de ira. Entonces se dio cuenta de la fuerza interior que había heredado de Zeus, porque transformó a Polidectes y a su corte en estatuas de piedra calcárea. Durante muchos siglos existieron en esa isla unas extrañas formaciones rocosas, con aspecto de estatuas, torturadas y desgastadas por los vientos. Los nativos les rendían culto y las llamaban “Polidectes y sus nobles”. Cuando, en el siglo XVI, los turcos conquistaron la isla e impusieron la religión islámica, las destruyeron por considerarlas objeto de idolatría.

DANAIDES: Alegres ninfas de los manantiales de la Argólida. Los caminantes de las comarcas de Tirinto, Micenas y Nauplia creían verlas danzando al amanecer, en los claros de los bosques que antaño existían en las márgenes el río Inaco. Pero cuando alguien se acercaba, ligeras como el viento, desaparecían entre los árboles. Tenían su santuario en Frigia, Asia Menor. Su madre, Belona, era hija del dios Belo o Bi’lu de los Asirios. Una leyenda micénica, recogida por Ferécides[28], dice que las danaides fueron cincuenta, aunque este número era simbólico, porque nunca nadie las había podido contar. Según otra mitografía, las danaides eran hijas de un personaje llamado Danao. En Frigia las llamaban Bélidas, por sus ancestros, sacerdotes de Belos, también conocidos como belonarios, porque rendían culto a la diosa Belona, divinidad gestora del valor personal en el campo de las armas. El mito nació en Babilonia, en épocas muy antiguas. Los asirios lo llevaron con sus conquistas a tierras helénicas. Aparece citada en los clásicos griegos. Los romanos también la adoraron con el nombre Belus. Danao ocupaba el trono de Argos luego de vencer al rey Gelanor. Años antes, había emigrado a Grecia huyendo de la venganza de su hermano Egipto. La versión griega dice que los cincuenta hijos de Egipto quisieron casarse por la fuerza con las cincuenta danaides. Ellas fingieron aceptar, pero en la noche de las bodas los mataron a todos con el veneno de cincuenta serpientes. Este hecho espeluznante aparece también en antiguas fábulas de Libia. Sólo un hijo de Egipto, llamado Linceo, salvó la vida, porque su elegida, la danaide Hipermnestra, no tuvo valor para suministrarle el veneno. En un descuido de sus hermanas arrojó la mortal bebida al suelo y la cambió por una copa de ambrosía. Al conocer la verdad de lo ocurrido, Linceo, presa del odio, mató a Danao y a las otras danaides, salvó la vida de Hipermnestra y se adueño del trono de Argos.

DÁRDANO: Su nombre equivale a “troyano”. De allí también procede el vocablo Dardanelos aplicado al estrecho que une los mares Egeo y de Mármara, entonces llamado Propontide. Según la tradición frigia, fue el fundador de la primera ciudad de Troya. Se dice que este personaje mitológico, hijo de Zeus y Electra era originario del Peloponeso, pero mató a su hermano Jasión y se vio obligado a huir de la Arcadia, estableciéndose en la isla de Samotracia. Su padre lo ignoraba, pero su madre, una de las Pléyades, le otorgó poderes sobrenaturales. Era descendiente del gigante Atlas, por línea materna. En Samotracia inició el culto a los dioses del Olimpo, fundando un templo cuyo tesoro más preciado era el Paladión, un enorme escudo de madera, con la imagen tallada de Palas Atenea, que la tradición ática decía haber descendido del cielo[29]. Más tarde, Dárdano abandonó su tierra natal y se estableció en la región de la Troada, en Asia Menor, donde fue acogido por el rey frigio Téneros, quien le concedió la mano de su hija Bateia y le prestó ayuda para erigir la mítica ciudad de Dardania en las cercanías del monte Ida. La vida de Dárdano está llena de misterios que se pierden en la oscuridad del tiempo. De su unión con la princesa Bateia tuvo numerosa descendencia. Muchos de sus hijos, nietos y bisnietos, fueron también personajes célebres, a mitad de camino entre la historia real y la fábula. Entre los descendientes de Dárdano, puede citarse al rey Príamo y al héroe Eneas. Un defensor de Troya, que llevaba el mismo nombre del fundador de la dinastía, murió a manos de Aquiles junto a las murallas de la ciudad.

DEUCALIÓN: Otro mito universal, cuyo origen incierto está ligado a otras versiones similares en Asia Menor, Palestina, la Mesopotamia e incluso en las escrituras de la religión cristiana.

La interpretación griega de la leyenda dice que Deucalión era hijo del titán Prometeo y la ninfa Climena. Esta leyenda del primer milenio antes de Cristo, habla de un diluvio, del que sólo pudo salvarse Deucalión y su esposa Pirra. Para lograrlo construyó una nave en la que permanecieron nueve días, hasta que el aguacero cesó y pudieron descender en la Fócida, sobre la cima del monte Parnaso. En la mitología helénica existen varios personajes con este nombre. Uno de ellos era el hijo de Heracles y una de las ninfas testiades. Otro fue el segundo rey de Creta en la cronología minoica. También llevaba este nombre un promontorio de Tesalia, situado sobre el mar Egeo. 

DÉDALO: Inventor, arquitecto y escultor legendario. Creador del primitivo sentido helenístico de la estética, su arte sirvió de guía u orientación, sentando las bases y mostrando el camino hacia el desarrollo de las bellas artes en Grecia. La historia le atribuye una existencia real y se suponen de sus manos varias estatuas de dioses pertenecientes al periodo arcaico. Virgilio habla de él con palabras elogiosas, aunque sin establecer diferencias entre el mito y la realidad. Las referencias sobre su patria de origen son confusas cuando no contradictorias. Atenas, Creta y hasta Sicilia, parecen ser los posibles lugares donde pudo haber nacido este personaje legendario, presumiblemente en el siglo séptimo antes de Cristo. Las narraciones mitológicas aseguran que era descendiente de Zeus. En Creta adquirió notoriedad por el diseño y construcción del célebre Laberinto del Minotauro, cuya planta aparece en las monedas de Cnosos.

DEIFILA: Nombre de una princesa de Argos, esposa del cazador Tideo y madre de Diómedes. Cuando era una adolescente, el oráculo de Delfos dijo en su profecía que Deifila debía casarse con un jabalí. Todos sus parientes echaron a reír y nadie creyó en esa fábula. Años más tarde supieron que el símbolo de Tideo, su prometido, era justamente una cabeza de jabalí, que el regalo de bodas sería un collar hecho con los colmillos de ese animal y que, para cazar, Tideo solía cubrirse con una gruesa capa de pieles de jabatos.

DEIDAMIA: Nombre de varios personajes femeninos en la mitología griega:

1) Princesa de Esciro, protagonista de una romántica leyenda de amores con Aquiles. El héroe griego había llegado a los dominios del rey Licomedes -padre de Deidamia- huyendo, disfrazado de mujer, y con el supuesto nombre de Pirra. De aquella relación nació un niño al que llamaron Pirro.

2) Doncella de Atenas, nieta del dios Poseidón e hija Belerofonte, presente en varias narraciones relacionadas con la vida del héroe de Samos.

3) Esposa de Piritoo, rey de los lapitas. Una antigua leyenda de ese pueblo guerrero recuerda su boda y la batalla con los centauros. Los hechos ocurridos durante aquellos esponsales aparecen reflejados en varias metopas del Partenón.

DEIFOBEA: Maga y adivina de Cumas, región de Italia en la costa de Campania, donde ejercía la profesión de un oráculo, célebre también en el mundo helénico. Cercano a ese lugar, situado al norte del promontorio Miseno, se halla una gran caverna, dividida en tres niveles, conocida desde la remota antigüedad como “el antro de la Sibila”, nombre con el que también se conocía a Deifobea. La tradición afirma que en esa enorme gruta predijo el destino de Eneas y desde allí lo guió ella misma hasta el reino de Hades. Otra leyenda cuenta que Deifobea vivió mil años, aunque envejeció lentamente consumida por su amor al dios Apolo, quien le había dado la gracia de vivir tantos siglos, pero sin corresponder jamás a sus amores marchitos.

DEÍFOBO: Hermano menor del héroe Héctor. Ambos eran hijos de Príamo y Hécuba reyes de Troya. Durante el recio combate que Héctor y Aquiles libraron frente a las murallas de Troya, la diosa Atenea se transformó en la figura de Deífobo e incitó a Héctor a resistir los embates de Aquiles hasta el final, hecho que terminó costándole la vida. Después de la muerte de París, Deífobo, intentó consolar a Helena y se la llevó a vivir con él. Al caer la ciudad en manos de los atacantes, Menelao asesinó y mutiló los genitales de Deífobo, incendiando su palacio.

DEIFÓN: Dos personajes principales en la mitología griega llevaron este nombre:

1) Príncipe de Eleusis, hijo del rey Triptolemo y la reina Meganira. Era amante de la diosa Deméter (Ceres). Ésta quiso volverlo inmortal y para ello sometía su cuerpo cada día a la acción del fuego purificador. Un día, la reina madre sorprendió a Ceres en medio de su rito purificador y creyendo que estaba torturando a su hijo, lanzó un grito desgarrador y corrió despavorida. Turbada, Deméter montó en su carro y salió tras ella para explicarle sus buenas intenciones, que no estaba quemando a Seifón. Pero en la desesperación olvidó al muchacho en el fuego y aquel murió abrazado por las llamas.

2) Rey de la Argólida. Al tomar en matrimonio a la princesa Hirneto de Argos, heredó también el trono de su suegro, el anciano rey Temeno. Los hijos de monarca, que se sentían legítimos herederos del trono, al saber que habían sido traicionados, mataron a su padre. Derrotados y apresados por los leales a Deifón ambos fueron condenados al destierro.

DEILEÓN: Derivado de Deileo. Denominación simbólica tomada de antiguas tradiciones romanas, algunas del siglo segundo antes de Cristo, donde suele aparecer la forma latina (Dei=Dios/leo=león). El personaje más conocido con este nombre fue un héroe griego que acompañó a Heracles en su lucha contra las amazonas. Tuvo una intervención destacada en aquella expedición, dando en muchas ocasiones muestras de sobrado valor, pero abandonó la lucha cuando se enamoró de Hipólita, la reina de aquellas aguerridas mujeres. Una leyenda popular que narra sus hazañas dice que Deileón nació en Beocia.

DEIPNÓFORAS: Sacerdotisas de un culto mítico que fue instaurado en Grecia por el legendario héroe Teseo, cuando regresó de la isla de Creta después de matar al Minotauro. La deipnoforias eran celebraciones acompañadas de festines, que se llevaban a cabo anualmente como expresión de júbilo por el éxito de aquella expedición. El término deipnophoria [que se refiere al acto de servir un festín] tenía un carácter de ofrenda y agradecimiento a los dioses por la buenaventura.

DEIPILA: Legendaria princesa de Argos, hija del rey Adrasto. Su nombre aparece en varias tradiciones folclóricas de Arcadia y la Argólida. Una de ellas cuenta que su verdadero nombre se perdió cuando tomó el de Diosa de Epila, la mítica ciudad etolia donde reinó, luego de su boda con el rey Tideo. Ambos tuvieron un hijo, llamado Diomedes, quien más tarde fue uno de los comandantes de la expedición a Troya y fundador del reino itálico de Apulia.

DEIPIRO: Héroe mitológico griego, distinguido en la guerra de Troya y venerado como un héroe por las huestes aqueas. Durante la sangrienta contienda resultó muerto por el príncipe Heleno, hijo del rey Príamo. Su brillante armadura  fue clavada sobre una pica frente a las puertas de la ciudad sitiada. El reflejo del sol en el pectoral de la coraza impedía a los defensores ver los movimientos de las tropas atacantes, por ello cundió la leyenda de que Deipiro, aún después de muerto seguía ayudando a los griegos.

DEIPNON: Deidad de los festines sacramentales y otras ceremonias religiosas, donde el principal objeto era la comida y la bebida. Esta curiosa divinidad -cuyo culto perduró hasta el periodo romano- tenía un carácter popular, coincidente en muchos aspectos con el que se acostumbraba rendir al lúdico dios Baco, con quien se le suele confundir en algunos tratados sobre mitología helénica. El término deipnon procede del griego theopnon, que significa “cena sagrada”.

DEMÉTER: [Ceres] Divinidad de las cosechas y la fecundidad de la mujer. Fue una diosa primitiva, relacionada por los antiguos griegos como la encarnación de la madre Tierra. Entre los latinos, heredó este don de la diosa Gea. Las creencias helénicas afirmaban que era hija de Cronos y Rhea. En las representaciones artísticas aparece adornada con frutos y espigas. Era la protectora de las tierras de cultivo. Una de las fábulas más conocidas de esta deidad cuenta como Deméter bajó del Olimpo para recuperar a su hija Perséfone, raptada por su tío Hades, gurdián del mundo de los muertos. Zeus, padre de la joven raptada  orientó a Deméter para hallar a la joven y regresar con ella a los Campos Elíseos. La diosa se había enamorado del mortal Deifón, príncipe de Eleusis, pero en un descuido lo dejó abrasar en el mismo fuego que debía otorgarle la inmortalidad. Por ello, en las noches de plenilunio se ve a Deméter vagando sin rumbo en el cielo estrellado, preguntando a cada astro dónde está su amado. Su culto se extendió a través del Mediterráneo hasta Italia e Iberia. En la antigua ciudad de Enna (Sicilia) tenía un hermoso templo, llamado de Deméter-Koré, la diosa Ceres campesina. Allí, comenzó bajo su advocación, la rebelión de los esclavos griegos contra el dominio de Roma, en el siglo segundo antes de Cristo.

DEMÓDOCO: Cantante y poeta lírico de la antigua Grecia, célebre por su voz blanca. Las musas, en un acto irreflexivo lo dejaron ciego para que cantara mejor. Erato y Euterpe se opusieron, pero ante la insistencia de sus hermanas, terminaron por ceder. Y así fue como entró para siempre en las tertulias musicales del Olimpo, pero su canto desde entonces se volvió tan triste que quienes lo escuchaban eran invadidos por una profunda melancolía y no podían dejar de llorar. Su leyenda está relacionada con la historia de la música helénica. Se dice que Demódoco fue el creador de la eumelia, vocablo que los griegos y latinos usaban para definir la máxima perfección en el arte del canto. Elogiado por Cástor y Pólux, su imagen aparece portando una lira en diotas y ánforas ceremoniales.

DICTINA: Deidad rescatada de las aguas. Su historia parece que es originaria de las islas Kythera y Antikytheta, al sur del Peloponeso. Según esta fábula marinera, recogida en una población isleña llamada Kizera, Dictina no era otra que la ninfa cazadora Britomartis, natural de la isla de Creta. Huyendo de la persecución del rey Minos, se arrojó a las aguas desde un acantilado y fue rescatada por un pescador de nombre Poríon. Éste la llevó a un islote en el canal de Cérigo, donde su diadema servía de faro a los navegantes. El culto a Dictina subsistió hasta el siglo séptimo después de Cristo.

DIDO: Hija de Belo, sacerdote y rey de Tiro, fue la fundadora de Cartago. Al llegar al lugar donde quería establecer la ciudad intentó comprarle un centenar de estadios al rey del lugar, llamado Jarbas, pero éste, luego de consultar a su oráculo, sólo accedió a venderle el espacio que ocupara una piel de toro. Para superar aquel impedimento Dido aguzó su ingenio sin dejar de cumplir el sagrado dictamen. Para ello hizo cortar la piel de un toro en finísimas tiras, anudándolas y formando con ellas una cuerda de más de mil brazas. Con ella rodeó un círculo tan grande, que dentro de su circunferencia cupo perfectamente toda la ciudad. El rey Jarbas no pudo entonces negarse porque las palabras del oráculo no decían cómo debía colocarse la piel. La ciudad progresó rápidamente, poblándose de palacios y templos. Desde sus altas murallas se divisaba el mar Mediterráneo y los lejanos montes del Austro. Próximo de ese lugar había un cauce de aguas cristalinas que en verano alimentaba el oasis cercano. Todos los habitantes de la nueva ciudad trabajaron con ahínco, contribuyendo al rápido engrandecimiento de su ejido. Pero el ambicioso Jarbas sintiendo celos de aquella ciudad y de su reina, intentó establecer una alianza, desposándola, pero ella no aceptó. Temiendo que el deseo extremo de aquel rey pusiera en peligro la paz  de su ciudad, Dido prefirió quitarse la vida.

DIODORO DE ARGOS: Símbolo del valor. Personaje legendario, hijo de Sofax y nieto de Heracles. Se decía de él que había heredado la fuerza y el noble carácter de su insigne abuelo. Considerado un guerrero invencible, su nombre fue mentado con admiración por los cronistas de la antigüedad. Según la leyenda Diodoro, al frente de un poderoso ejército griego sometió a las colonias de África fundadas por su abuelo con aventureros de Micenas.

DIOFORO (Monte Agion): Divinidad arcaica de la fuerza muscular. Fue adorada primitivamente en Urartu, una región de lagos, situada al norte de Asiria, junto al Asia Menor. El mito llegó a Grecia con las invasiones persas. Dioforo tenía santuarios en Lampsaco, sobre el estrecho de los Dardanelos y en los montes Ródope, cerca de Anfípolis, una antigua ciudad que alcanzó notable influencia en Tracia y la Anatolia Oriental. La leyenda helénica dice que Dioforo era hijo de la diosa Gea, venerada desde épocas remotas en cultos asociados a la Madre Tierra. Envalentonado por su fortaleza descomunal, Dioforo desafió a su madre a una lucha cuerpo a cuerpo. En castigo por semejante osadía, los dioses del Olimpo, lo convirtieron en un peñasco, fuerte y duro, pero incapaz de hablar y de sentir. Según los nativos de la península de Agion Oros (el monte santo), la roca de Dioforo aún se encuentra junto a un acantilado del Cabo Pinnes, en el extremo sur del impresionante Monte Athos.

DIOGENIA: Figura femenina que simboliza los peligros de la curiosidad. Era hermana de Triptólemo, un joven que ambicionaba poseer la vida eterna, como las divinidades del Olimpo. Su padre era Celeo, rey de Eleusis, legendaria ciudad, situada al norte de Atenas, sobre el golfo de Egina. A cambio de poseer su alma en la eternidad, la diosa Ceres le había concedido el preciado don de la inmortalidad. Para ello debía cubrirse cada noche con un sudario de fuego. Esa mortaja estaba confeccionada con las llamas del dios Helios, que renovaban cada noche su imagen terrenal. Triptólemo guardaba con el mayor celo aquel impresionante secreto. Diogenia, viendo que su hermano no cambiaba de aspecto, ni envejecía, sospechó que algo extraño ocurría y no vaciló en contárselo a su padre. Ambos se dirigieron a los aposentos del Triptólemo y violando la cerradura, penetraron en la cámara donde aquel dormía, suspendido en el aire y envuelto en un fuego azulado. Fue tal la impresión causada por la visión de aquel espectáculo dantesco, que ambos murieron en el acto. Al despertar Triptólemo de su sueño ígneo, encontró a su hermana y a su padre muertos al pie del lecho.  Ceres le había advertido que cualquier mortal que viera aquella escena no viviría para contarlo. Como Triptólemo había olvidado aquella advertencia, se sintió culpable de la muerte de sus seres queridos y no pudiendo soportar el cargo de conciencia se suicidó, rompiendo para siempre con el hechizo.

DIOMÉDEAS: Leyendas del mar Adriático. Transcurren en un grupo de islas, donde según las tradiciones marineras, halló la muerte el mítico Diomedes de Apulia. En una de ellas (Diomedeae insulae) se hallaba la tumba del héroe de Troya, convertida en santuario. También en ese archipiélago transcurre una ficción alegórica que narra cómo fueron transformados en aves marinas todos los tripulantes del navío en el que viajaban, al encallar éste en los arrecifes.

DIOMEDES DE APULIA: Hijo de Tideo, monarca de Etolia y nieto de Adrasto, rey de Argos. Al morir su abuelo, Diomedes asumió el trono de Argos. Las composiciones literarias del periodo helénico lo citan como integrante de la expedición a Troya. Cuenta ese pasaje que Diomedes tenía bajo su mando a ochenta navíos donde viajaba un numeroso contingente de guerreros procedentes de nueve reinos helénicos. Después de varias aventuras regresó a Grecia, donde sufrió las infidelidades de su esposa Egialea. Impulsado por el destino, Diomedes pronto debió alejarse de su amada Grecia, estableciéndose en el sur de la península itálica. Allí fundó una nueva ciudad, capital de un reino floreciente, llamado Apulia (Apuglia), en el sureste de Italia, a la cual gobernó con sabias decisiones, hasta una edad muy avanzada.

DIOMEDES DE TRACIA: Rey mítico de Tracia, hijo de Ares, el dios Marte de los romanos. Los súbditos de este monarca se llamaban bistones y aparecen citados por su fiereza en varias fábulas de la antigüedad. Según una tradición local, Diomedes de Tracia poseía una manada de caballos salvajes que tiraban sus carros de guerra. Para estimular su coraje, el rey los alimentaba con la carne de sus enemigos. Es el único caso conocido de corceles carnívoros. El castigo de su crueldad, llegó de la mano de Heracles, quien derrotó y mató al sanguinario Diomedes, arrojando el cuerpo a sus propios caballos.

DIÓN: Legendario monarca del Peloponeso, que reinaba en una opulenta corte de Lacedemonia. Su inmenso palacio era una de las residencias donde el dios Apolo se albergaba durante sus viajes por Grecia. Como premio por el regio hospedaje, Apolo le concedió a sus tres hijas el maravilloso don de la adivinación. La única salvedad que el dios de la luz puso, para que las muchachas practicaran sus nuevos poderes, fue que nunca debían revelar los secretos de los dioses. La menor de las hijas, llamada Caria se enamoró de Dionisos, pero sus dos hermanas interfirieron en aquel amor con infidencias y habladurías, cuyas palabras afectaban a la deidad del Olimpo. Apolo, en castigo, les quitó el don del habla y convirtió a las tres muchachas en bellos componentes de su jardín en el Olimpo, un espacio bonito y relajante para la vista, pero incapaz de hablar. La mayor fue un lago tranquilo y silencioso, cuyas aguas espejaban las esbeltas figuras de las musas. A la hermana del medio, la transformó en una roca de artísticas formas, pero muda como todas las piedras, y la menor quedó convertida en un hermoso nogal, cuyos frutos, las nueces, alegraban el paladar de los dioses, pero tampoco podían hablar. Hubo otro personaje mitológico de nombre Dión, la leyenda cuenta que era natural de la isla de Chios o Kéa, en el mar Egeo, y que se destacó como ejecutante de la cítara. Según Ateneo, fue uno de los creadores de los cantos libatorios, populares también entre los antiguos romanos. Los autores latinos dicen que esas creaciones líricas estaban dedicadas a cantar loas a la figura del dios Baco (Dionisos).

DIONISIDOTO: Nombre que daban los antiguos habitantes de Ática al dios Apolo. Varias fábulas situadas en la primitiva Atenas, tienen como protagonista a una deidad venerada en los altares domésticos. Dios de la luz, la figura del dios aparecía personificada por un efebo de extraordinaria belleza. Según esas narraciones, Dionisidoto era descendiente de Zeus y Latona (Leto).

DIONISOS: [Baco] También Dioniso. Llamado “el salvado del fuego”. Dios del vino, la alegría, el canto y las danzas. Era originario de Tebas. El sentido de esta deidad fue objeto de las más variadas interpretaciones. Desde las ideas más profundas y místicas, hasta apreciaciones superficiales y desprovistas de objetividad histórica, en las que intervienen la magia y el misterio. Su religión respondía el propósito de combatir la soberbia de los hombres, abrir la mente a la razón, a través del éxtasis y la liberación los instintos naturales del ser humano.

La leyenda tebana cuenta que Dionisos fue el resultado de los amores adúlteros de Zeus con Sémele, joven mortal, hija de un rey de Tebas. Su esposa Hera, celosa por tantas infidelidades, sintió un impulso de odio irrefrenable. Al enterarse que la joven rival estaba embarazada, concibió la idea de matarla y a la vez, quitar la vida al pequeño que aquella gestaba en su vientre. Fingiendo no importarle lo que ocurría con su esposo, Hera le sugirió a Sémele que intentara ver a Zeus en todo el esplendor de un dios de dioses, montado en su carro triunfal, rodeado de nubes doradas y brillantes relámpagos, con el rayo en una mano y las bridas de oro en la otra. Tal como en otros tiempos se había presentado ante Hera, para impresionarla y pedir su mano.

Sémele quedó conmovida con aquella majestuosa visión, tanto que no vaciló, en pedirle a su amante, exigirle una y otra vez, como prueba de amor, que apareciera ante ella ataviado de tal guisa. Al principio Zeus se negó rotundamente, intentando disuadirla de semejante idea, pero ante la tenaz insistencia de la joven, y aunque a regañadientes, terminó por acceder. Esa noche, cuando Sémele lo esperaba en el lecho, envuelta tan sólo en su túnica transparente, Zeus apareció de pronto, con aquel esplendor de fuegos de artificio, impresionante, con sus rayos y centellas, pero con tan mala suerte que de inmediato se desató un incendio en aquel palacio. El fuego se propagó inmediatamente por los cortinados, las paredes recubiertas de brocados, las alfombras, los mantos y las columnas de sándalo. Mientras Zeus intentaba en vano detener a los caballos desbocados, el techo artesonado se desplomó sobre Sémele, matándola al instante. Para impedir que la venganza se consumara totalmente, Zeus abrió el vientre de la infeliz madre, retiró al feto nonato y lo guardó en su muslo hasta que terminaran los tres meses de gestación que le faltaban. Cuando Dionisos nació, Zeus envió al pequeño a un lejano reino de la Capadoccia, llamado Nisa, lejos de la ira de su esposa.  Allí creció aquel niño, bajo el cuidado de una nodriza, ignorante del tremendo drama que había suscitado su nacimiento y cuán cerca había estado de la muerte. En aquel país legendario pasó Dionisos su niñez y adolescencia. Allí descubrió también la manera de hacer una bebida alegre y espirituosa con el fruto de la vid. Por eso se le atribuye la invención del vino. Un día, sus ayos le confiaron la triste historia, advirtiéndole sobre el peligro de la rencorosa Hera. Temiendo aquella venganza, el joven se dio a vagar sin rumbo por el mundo, hasta que su abuela, Rhea, liberó sus miedos borrando de su mente los malos pensamientos. Ya transformado en un hombre maduro, regresó a Tebas con la apariencia de un ser mortal y con el propósito de crear un lugar dedicado al culto de los sentidos. Su acompañamiento estaba integrado por tañedores de liras, flautistas, ninfas y silenos. El ditirambo, himno a la alegría, es la forma poética y musical que mejor describe el pensamiento filosófico del culto dionisíaco.

DIVINIDADES ALEGÓRICAS: Dioses y diosas de la antigüedad que regían las diferentes circunstancias de la vida, particularmente aquello que era intangible, pero ejercía un poder omnímodo en las personas. Algunas personificaciones eran benéficas y estaban relacionadas con las virtudes humanas. Entre ellas cabe citar a la verdad, el entendimiento, la amistad. Otras divinidades alegóricas eran indiferentes e inexorables, como el tiempo, encarnado en la figura del dios Cronos. También ocupaban un lugar destacado las deidades alegoricas del mal, porque formaban parte de la vida, como la venganza, el odio, el engaño, la muerte, etc.

DIVINIDADES CTONIANAS: Simbolismos de la maldad. Alegorías poéticas de las perturbaciones psíquicas, la guerra, la destrucción y las epidemias. En la Grecia arcaica, formaban parte del cortejo de Hades, el dios de las sombras y los muertos. El nombre está relacionado también con un epíteto aplicado a varias deidades, relacionadas desde la más remota antigüedad con las fuerzas negativas que acechan a la vida humana: Hades, Hecate, las Erinias o Furias, etc.

DÓLOPE: Gigante legendario, natural de un pueblo montanés del norte de Grecia. El mito dice que los dólopes existían desde los comienzos del mundo, creados por las fuerzas ocultas de la naturaleza. Una fábula de la Troada cuenta que el primer gigante Dólope -hijo de Erebo y la Noche- había nacido junto con la luz del día, por eso era un espíritu benéfico. La leyenda prosigue contando que aquel enorme ser logró abrir con un solo golpe de su mazo el estrecho de los Dardanelos, permitiendo la circulación de los barcos entre el mar Egeo y el Propóntide (mar de Mármara) En la región coexistieron varios pueblos de pastores seminómadas, que llevaban esa denominación gentilicia. Las referencias sobre los dólopes se prolongaron hasta el siglo XV, con la llegada de los invasores otomanos. Las tradiciones locales les atribuían la descendencia de aquellos gigantes. Según Plinio, los dólopes habitaban en el país de Dolopia, lugar que la geografía antigua ubica en la región de Tesalia.

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ÉACO: Entre los primitivos habitantes de la isla de Creta, fue uno de los tres jueces de Hades, el mítico reino de los muertos en la antigua Grecia. Su vida estaba relacionada con numerosas fábulas de la antigüedad. Una de ellas, dice que Éaco era hijo del dios Zeus y la ninfa Egina, cuyo nombre se dio a la isla y el golfo, cuyas aguas bañan las costas del Pireo. Hera, la esposa de Zeus, símbolo legendario de los arranques de celos, al enterarse de las circunstancias de su nacimiento, envió una epidemia de peste a la isla de Enopia, que entonces se llamaba así el lugar donde residía Egina con su pequeño hijo. De aquel terrible flagelo, sólo sobrevivió Éaco, merced a una serie de encantamientos que realizó su padre para salvarlo de la muerte. Como la isla quedó despoblada, Zeus transformó a todas las hormigas en seres humanos, personas de piel cetrina y cabellos negros, laboriosos y ordenados como aquellos insectos. Desde entonces, los habitantes de la isla se llamaron mirmidones (hormigas). Cuando Éaco creció y se hizo un hombre, llegó a ser el rey de los mirmidones. Una tradición frigia habla del héroe llamado Éaco, quien junto con los dioses Apolo y Poseidón, construyó la más alta de las nueve murallas de Troya.

EDIPO: Una de las leyendas más dramáticas de la mitología griega tradicional. Narrada por Sófocles[30] en su obra “Edipo Rey”, esta tragedia fue objeto de innumerables estudios críticos, filosóficos y psicológicos. La historia gira en torno a la terrible predicción que el oráculo de Delfos había hecho a los reyes de Tebas, Layo y Yocasta, en el día de su casamiento. Según aquella profecía, el hijo que ambos tendrían, le quitaría la vida a su padre y tendría relaciones maritales con su propia madre. Ante semejante monstruosidad, los esposos acordaron burlar al destino deshaciéndose del vástago. Cuando Yocasta dio a luz un varón, el rey Layo mandó que le perforaran los pies para que se desangrara y lo dejaran abandonado en las frías y desoladas estribaciones de una lejana montaña. Sin embargo, el recién nacido no murió, porque un pastor lo recogió, le vendó los pies y se lo llevó consigo a la ciudad de Corinto, entregándoselo a Pólibo y Mérope, los monarcas de aquella ciudad, quienes lo adoptaron y le pusieron por nombre Edipo. Pasaron los años, el pequeño curó las heridas de sus pies y se transformó en un robusto joven, siempre creyendo que era hijo de los reyes corintios, porque aquellos nunca se habían atrevido a contarle la verdad. Cierta vez, durante una celebración religiosa, uno de los invitados tuvo cierto gesto desagradable con Edipo, y en la discusión le dijo que realmente él no conocía su terrible destino. Sorprendido ante aquella extraña revelación, el joven marchó al oráculo de Delfos, donde la pitonisa le repitió lo mismo que antes había dicho a Layo: que el joven mataría a su padre y se acostaría con su madre. Edipo, creyendo que Pólibo y Mérope eran sus verdaderos padres, se alejó en silencio de Corinto, dispuesto a no volver nunca más, pensando que de ese modo lograría desbaratar la fuerza del destino. Muy afectado y nervioso por todo aquello, Edipo iba camino de Tebas cuando tropezó con un desconocido, aquel lo increpó y en medio de la discusión, Edipo perdió el dominio de sí mismo y lo mató. Pero el destino había tejido sus redes muy certeramente.

¡Aquel personaje anónimo era Layo, su propio padre! Sin saber lo que había hecho, Edipo se alejó del lugar, corriendo sin rumbo fijo, hasta que de pronto se vio ante las murallas de Tebas. En aquellos días, la capital beocia era sometida por las atrocidades de la esfinge, un monstruo con cuerpo de león, enormes alas y cabeza humana, que esperaba paciente a las puertas de la ciudad para devorar a los caminantes desprevenidos. Cuando el joven llegó ante la esfinge, ésta le recitó un acertijo. Si Edipo lograba desentrañar su significado se salvaría y podría seguir su camino.

La pregunta decía lo siguiente: -¿Qué animal tiene cuatro patas a la mañana, dos al mediodía y tres al atardecer? Edipo, que era ciertamente lúcido y hábil para esas cosas, meditó un instante, y rápidamente le respondió: -El animal que tu dices es el hombre, que gatea en la infancia, camina con sus dos piernas en la juventud y se apoya en un cayado cuando llega a la vejez… La esfinge, viéndose superada por la inteligencia de un ser humano, echó a volar y se alejó para siempre de Tebas. Una versión agrega que, amargada por la derrota, se arrojó a las aguas del golfo Euboico, pereciendo ahogada. Libres de aquella maldición, los ciudadanos de Tebas, recibieron a Edipo como un salvador, otorgándole la categoría de héroe. Tiempo después, el consejo del reino le confió que la monarquía de Tebas se hallaba en peligro, que estaban sin rey, porque según ellos creían, Layo había muerto fuera de la ciudad, a manos de la esfinge.

Como necesitaban un héroe prestigioso que fuera el nuevo monarca de Tebas, le pidieron a Edipo que aceptara casarse con la reina viuda. Sin sospechar que Yocasta era su verdadera madre y que los entresijos del destino se iban cumpliendo paso a paso, Edipo aceptó el casamiento y la corona de Tebas. Así transcurrieron varios años durante los cuales Tebas volvió a resurgir, alcanzando pronto un nuevo período de esplendor. Aunque Yocasta se hallaba cerca de la madurez, se comportó airosamente con su nuevo marido. La pareja real tuvo entonces cuatro hijos, dos niñas: Antígona e Ismene y dos varones: Polínices y Etéocles.

El tiempo siguió transcurriendo sin sobresaltos, hasta que en cierta época se produjo una gran sequía, los cultivos se estropearon y las despensas se fueron agotando. Cuando ya no quedaba ni un grano en los silos comunales, sobrevino el hambre y con él, otros padecimientos, litigios entre los mismos tebanos, especulación, descontento, enfermedades. En un momento tan aciago, Edipo decidió volver a consultar al oráculo de Delfos, respecto a cuál sería la solución para el castigo que estaba sufriendo Tebas. Otra vez, la respuesta de la pitonisa encerraba un enigma. La voz del sacerdote délfico tradujo aquellas palabras sagradas, asegurando que las desgracias acabarían cuando se descubriera al verdadero asesino del rey Layo.

Sin saber en realidad a quien buscar después de tantos años, Edipo se puso a investigar, dispuesto a encontrar al asesino, sin sospechar que era él mismo. Lo buscó durante mucho tiempo, hasta que Tiresias, el famoso adivino ciego, le rebeló la verdad. El anciano también le dijo el nombre del pastor que lo había salvado. Desesperado ante aquella tragedia, Edipo se arrancó los ojos para no ver lo que había hecho, abandonó Tebas para siempre y terminó su vida como un mendigo ciego. Trémula de pavor, Yocasta, puso fin su vida ahorcándose en el palacio real de Tebas.

EEAS: Nombre de un poema mitológico de Hesíodo, dedicado a narrar en forma de verso los fantásticos amores de los dioses del Olimpo. El poeta comienza invariablemente los párrafos de sus cantos con las palabras E oies, que en griego significan algo así como “Tal aun…”. Aunque sólo han llegado hasta nuestros días algunos fragmentos de esta obra, el texto permite admirar la técnica metafórica de Hesíodo y su habilidad para explicar de una manera simbólica la profunda significación de las leyendas.

EGINA: Ninfa del agua, según antiguas creencias del valle de Tempe, al sur del monte Olimpo. Una ficción mitológica de la Grecia Central, dice que Egina nació bajo las aguas del lago Copais. Era hija de un dios acuático, encarnación alegórica de alguno de los ríos que bañan la llanura de Tesalia entre los montes Pindos y las estribaciones del Antichasia. Zeus, que la observaba desde las alturas del Olimpo, quedó prendado de su hermosura virginal. Siendo apenas una adolescente, la ninfa fue raptada por el dios, quien la escondió en una isla del golfo Sarónico, para su disfrute personal. Esa isla hoy lleva el nombre de Egina. Allí habitó la joven, protegida por el dios, hasta su mayoría de Edad. Durante ese tiempo dio a luz un niño llamado Éaco. Un día, Zeus la dejo partir, cansado del llanto del infante cada vez que él la visitaba en la isla. Ella regresó a su tierra de Tesalia, donde se enamoró de Actor, un mortal con quien tuvo un segundo hijo, llamado Menecio o Menesios.

EGISTO: Personalidad compleja de la mitología griega. Hijo de Pelopea, Egisto había nacido de una relación incestuosa entre su madre y su abuelo. Tieste, padre de Pelopea, había enviado a su hija a un templo dedicado a Palas Atenea, para ello, la joven debía atravesar un bosque de pinos. Tieste esperó a su hija escondido en un lugar oscuro y la poseyó por la fuerza. De esa horrible violación, nació Egisto. Pelopea, avergonzada por aquella desgracia dejó al recién nacido abandonado a su suerte en medio del bosque. El niño sobrevivió, amamantado por una cabra silvestre. Cuando llegó a la edad juvenil abandonó la vida en el bosque y se reunió con su madre. A partir de entonces la vida agitada de Egisto transcurrió en distintos lugares hasta que sucumbió a manos de Orestes, hijo del rey micénico Agamenón.

EIRENE: Diosa de la concordia. Los antiguos griegos se encomendaban a ella en busca de la Paz Eterna un sentimiento sagrado, que todos deseaban, pero nadie podía hallar. En sus representaciones aparece con una rama de olivo y una paloma, símbolos que han prevalecido a través del tiempo.

ELATO:  Poderoso centauro de Tesalia. Era un ser enorme, tan alto como un hecatonquiro, de quien se cuenta que tenía una alzada descomunal y cuando galopaba, el ruido de sus cuatro patas se podía escuchar a gran distancia. Hábil con el arco, la jabalina y el garrote, fue un rival temible hasta para el mismo Heracles, quien sólo logró vencerlo luego de atravesarle el brazo derecho con una flecha envenenada. Los descendientes de Elato recibieron el apodo de “Elateios”. El más conocido de ellos fue Ceneo, un joven centauro que emigró a la isla de Halonnésos, en el archipiélago de Spóradas (hoy llamada Skópelos). Allí Ceneo construyó un templete sobre la cima de un monte, en memoria de su padre.

ELATOS: Monarca de Lidia, aliado de Troya. Había respondido al llamado del rey Príamo para que acudiera  en su ayuda cuando sucedió la invasión de los griegos. Pero Elatos tuvo mala suerte y fue mortalmente herido en una escaramuza mandada por el mismo Agamenón. Príamo juró a los hijos de Elatos que vengaría la muerte de su amigo, aunque no llegó a cumplir esa promesa, porque durante los días siguientes se produjo la caída de Troya, muriendo el rey durante el ataque. Algunos tratados dicen que el reino de Elatos era Satnion. No se han hallado referencias arqueológicas ni antecedentes históricos concretos sobre la existencia de ese reino. La biografía de Eldibert -reproducida en el volumen XIX de la Enciclopedia Espasa Calpe- coincide con el relato original en el episodio de la muerte del rey Elatos a manos de Agamenón.

ELECTRA: El nombre significa “cabellos dorados como el ámbar”. Electra, hija del desgraciado rey Agamenón, es la protagonista de una de las tragedias clásicas, que recogieron los autores dramáticos de distintas épocas. Hija mayor de Clitemnestra, ella y sus hermanos, Ifigenia y Orestes, habían sido testigos del terrible drama ocurrido. Los amores de su madre con Egisto y el asesinato de su padre. Electra salvó a Orestes de correr la misma suerte y lo convenció de que debían vengar aquella muerte. Así lo hizo el desgraciado joven, matando a su propia madre y al pérfido amante. En la mitología griega hubo otros personajes femeninos que tenían por nombre Electra. La principal entre ellas fue una de las Pléyades, a quien Zeus amó locamente y con quien tuvo cuatro hijos: Dárdanos, Harmonía, Jasón y Cenio. El desgraciado Edipo tuvo una hija que respondía a ese nombre. También se llamaban así una de las Danaides y la hermana del héroe Cadmo, en cuyo honor se denominó Electra a una de las puertas de la ciudad de Tebas.

ELECTRIÓN: Rey de Micenas, llamado “el brillante”. Desposó a su propia sobrina Anasaso, o Anaxoi, según otras fuentes. Electrión era hijo de Perseo y Andrómeda. Con Anasaso tuvo una hija llamada Alcmena, que con el andar del tiempo fue la madre de Heracles.

ELEPNOR: Personaje de “La Odisea”. Cuenta Homero en un pasaje de esta obra, que la hechicera Circe lo transformó en cerdo, pero luego lo devolvió a su aspecto humano. El día acordado para alejarse de aquel lugar, siguiendo el periplo rumbo a su isla de Itaca, Elepnor dormía intensamente, luego de haber bebido en exceso. Los gritos de sus compañeros lo despertaron tan bruscamente que perdió el equilibrio y cayó desde una gran altura. Su alma descendió a los dominios de Hades, donde tiempo después se encontró con Ulises. Algunos autores latinos creyeron descubrir el lugar donde se hallaba el palacio de Circe. Lo ubicaron en el monte Circeo, en el golfo de Gaeta, sobre el mar Tirreno. A poca distancia de la costa existe un lugar al que los lugareños llaman “Gruta de la maga Circe”. En algunas traducciones antiguas, el nombre de este extraño personaje aparece escrito Elpenor.

ELIÓN: Epíteto de “el Altísimo”. Tradición muy antigua sobre el principio de la vida y la creación del universo, cuyos orígenes se remontan a las primeras culturas que poblaron los valles de Asia menor y Oriente Próximo. Según la versión griega de esta leyenda, Elión era el ser primigenio, único creador de todo lo existente, padre de Urano (el cielo) y de Gea (la tierra). Del semen fecundo de Elión surgieron todas las razas humanas que luego poblaron el mundo entonces conocido. El profundo simbolismo de esa creencia parece haber estado muy extendido en la antigüedad, porque el nombre de Elión se repite en diferentes lenguas, desde los valles de los ríos Tigris y Éufrates hasta las islas del mar Jónico (Elón, Elán, Elhan, etc.). Algunos tratadistas especializados en mitología griega relacionan a Elión con una divinidad llamada Hispistos, cuyo significado es “Muy Alto”[31]. Es posible que este mito de la creación -tan lejano en el tiempo- fuera asimilado por otros pueblos como los medos y los persas, porque entre sus tradiciones remotas existen historias muy similares. Los etruscos adoptaron el motivo, de donde surgió derivado el nombre latino de Elicio, deidad creadora del cielo y la tierra, asimilada al culto romano del dios Júpiter. Con ese sobrenombre lo conocían los pueblos de la península itálica, que le rendían culto anual durante la estación lluviosa. El poeta lidio Mimnermo también cantaba loas a la divinidad de Elión, diciendo que el espacio destinado a la procreación de los hombres y las mujeres era una dádiva generosa del “Altísimo”. El canto primero dice que de su sangre surgió la Tierra. El líquido, coagulado y endurecido, se transformó luego en basalto y la saliva originó el agua de los mares. Después Elión engendró a Urano para que cubriera a la Tierra por las noches, formando un brillante manto de estrellas: “…y así, mandó a Urano, su hijo predilecto, para que protegiera a Gea con los pliegues de la capa…[32].

Esos ritos primitivos, de carácter agrario, estaban dedicados a propiciar la fertilidad de las sementeras mediante sacrificios de animales domésticos, cuya sangre simbolizaba la materia de un dios supremo hacedor de todo lo que existe. La profunda relación de Elión con los misterios del cielo y la tierra, explicados de distintas maneras por los pueblos de la antigüedad, concuerda con las creencias de los etruscos, respecto a un conjuro divino que descendía del cielo para beneficiar las cosechas.

ELIMIÓTIDE (Sendero de): Es una leyenda originaria de las antigua Macedonia. El sendero de Elimiótide era una angosta trocha de montaña que partía desde el norte de Tesalia y llegaba hasta las altas cumbres de la cadena del Olimpo. La tradición popular cuenta que, luego de transcurrir un tortuoso trayecto a través del valle del río Aliákman, en las inmediaciones de Dió (antigua Dium) el camino de bifurcaba, partiendo de allí un abrupto sendero ascendente, de piedra calzada, que poco a poco se iba internando en las estribaciones de la vertiente noreste de aquella montaña, sagrada para los griegos. En esa encrucijada había un templete dedicado a Hécate, la diosa protectora de los espíritus de los fallecidos. Al llegar a la mitad de la ladera, el camino se transformaba en un estrecho desfiladero tallado en la roca, cuyos escalones se perdían entre las brumas de la mítica cumbre, donde todos creían que se hallaba la morada de sus más preclaras divinidades. Ningún mortal había podido entonces acceder a ese agreste sendero custodiado por los Grifos, animales fabulosos, con cuerpo de león y pico de águila. Sin embargo, por allí ascendían sin obstáculos las almas de los héroes muertos en combate, o en defensa del honor, para que su valor fuera premiado por el dios Ares (Marte) con la corona de Olivo y la vida eterna en el más allá. También se decía que a través de ese mismo sendero solían descender aquellos dioses cuando debían intervenir en la vida o las acciones de los seres mortales.

ELITEIA: Divinidad protectora de los nacimientos. En la antigua Grecia era considerada la patrona de las parturientas. Cuando un niño acababa de nacer, Eliteia ayudaba a cortar el cordón umbilical, depositaba al recién nacido sobre el pecho de la madre y daba por terminada su función. Una compleja ceremonia servía para encomendar la existencia del nuevo ser a las fuerzas ocultas de los dioses. Ese era el momento crucial. Entonces Eliteia llamaba a las Moiras, o Parcas, para que ellas comenzaran a hilar y devanar el hilo de la nueva existencia.

EMENE: Doncella nacida en la ciudad de Troya. Su figura forma parte de varias leyendas áticas, donde según parece había vivido. Sin llegar a ser tan célebre como Elena, las tradiciones populares de la antigüedad le adjudican conmovedoras escenas. Una relato histórico cuenta que Emene participó solidariamente en la guerra entre Atenas y Esparta, transportando agua y alimentos al frente de batalla. Se dice que atendía a los heridos después de los combates, enjugándoles la sangre con el faldón de su túnica. Tras su muerte, fue elevada al rango de heroína y divinizada por el pueblo llano, se le erigió un templo en la misma ciudad de Atenas.

EMBASIO: Deidad marina popular en el mar Egeo. Fue una divinidad menor, cuya efigie era venerada por los marinos, encomendándole su alma antes de embarcarse. Algunos estudios sobre la historia y la mitología griega adjudican el origen de este mito a uno de los tantos ritos del culto dedicado a la divinidad de Apolo. Según el poeta Estesícoro, el nombre se refiere a “la entrada de los cuerpos de los muertos para ser purificados en los sagrados dominios del dios de la luz[33]. Ciertos tratados arqueológicos también coinciden en afirmar que Monembasia, histórica ciudad costera del sur del Peloponeso, debe su nombre [única entrada] a esa antigua tradición. Durante más de dos siglos, esta ciudad -llamada “la Gibraltar griega”- fue una isla, debido a que un terremoto la separó de la península en el año 375 d.J.C. En el siglo VI se construyó un terraplén elevado que volvió a unirla a tierra firme. En las inmediaciones de la puerta oriental de las murallas de Monembasia -construidas durante el periodo bizantino- existía un antiguo cementerio, en una de cuyas losas sepulcrales se hacía mención al rito de Apolo-Embasio.

ÉMICO: Gigante del país de Bitinia, un extenso territorio situado al noroeste de Asia Menor, limítrofe con el mar de Mármara, entonces llamado Propontide o Sinus Propontidae.  Según una leyenda frigia, Émico fue un rey de la Troada. Hacia el siglo XIII a.J.C., había llegado a dominar por la fuerza a Bitinia y a otros territorios colindantes. Se cuenta que no sólo amedrentaba a sus vasallos, también desafiaba a cuanto extranjero se atreviese a penetrar en sus amplios dominios. En este punto, las referencias históricas se mezclan con los complementos fabulosos. El historiador Diodoro[34] lo menciona como monarca de un reino que ya existía muchos siglos antes de la era cristiana. Prosigue la leyenda que a la llegada de los Argonautas, el héroe Pólux libró un furioso combate con Émico, quien terminó derrotado por el griego. Otra leyenda, recogida en la población turca de Erdek, cercana a las antiguas ruinas de Kýsikos, cuenta que Pólux no mató al gigante, pero le hizo jurar que nunca más atacaría a los forasteros que llegasen a su tierra en son de paz. En algunos tratados de mitología griega aparece con el nombre Ámico.

EMILIA: Doncella etrusca, hija del héroe troyano Eneas y la princesa Lavinia. Su leyenda está integrada en el contexto de la mitología griega como un elemento tutelar en la vida de los héroes. Existen varias tradiciones sobre este controvertido personaje femenino, algunas ciertamente opuestas. Una narración originaria de Epiro -la más difundida- cuenta que esta joven había sido seducida por el dios Ares (Marte) y como consecuencia de esos amores ilícitos fue madre de Rómulo y Remo, los fundadores de Roma. Para expiar su culpa, Emilia peregrinó hasta las fuentes del río Aqueronte donde fue purificada por el dios Aquilón, quien la transformó en un viento, bajo cuya forma pudo regresar a sus tierras de Etruria. Años después, llena de aflicción por la muerte de Remo, decidió quitarse la vida. Al llegar a las costas del aquel oscuro afluente -llamado “río del dolor”- Emilia le suplicó a Caronte, el barquero, que la transportara a los dominios del dios de la muerte, pero éste se negó a embarcarla porque había omitido llevar una moneda bajo la lengua, como era la costumbre. Por ese olvido Emilia fue condenada a vagar durante cien años en las riberas de la mítica laguna Estigia, debiendo beber sus aguas amargas. Otra versión dice que la doncella sólo engendró a Rómulo, mientras que Remo nació de una lágrima de Ares al despedirse de Emilia para regresar a ocupar su puesto en las alturas del Olimpo. Ese curioso simbolismo entre el motivo sensual de la lágrima y la gota de semen parece insinuar el origen de las diferencias entre ambos hermanos y el verdadero motivo que causó la trágica reyerta entre Rómulo y Remo.

EMÓCARES: Divinidad de la guerra, asimilada a la figura de Ares (Marte). El nombre significa literalmente: “el que ama la sangre”. Su figura, protectora de las armas, solía aparecer representada de perfil en escudos y pomos de espadas. Por su carácter sanguinario, Emócares fue identificado durante la Edad Media como uno de los cuatro jinetes del Apocalipsis. Algunas narraciones y obras pictóricas lo describen cabalgando sobre un campo de batalla plagado de cadáveres, con el sable en alto y la túnica ensangrentada.

EMONIA: Nombre de un reino mítico de Grecia, que aparece en muchas leyendas como la patria del centauro Quirón. Por las descripciones de los autores antiguos parece identificarse con la llanura de Tesalia, salpicada de formaciones rocosas de formas extrañas, como las de Metheora, cerca de Kalampáka. De hecho, los poetas griegos así la llamaron en sus cantos épicos, tal vez por coincidencia paisajística, o porque realmente los antiguos tesalianos usaban ese nombre para definir a su tierra. El legendario héroe de Tesalia, Jasón, capitán de los Argonautas, tenía el apodo de Aemonis juvenis (joven emoniano). Y los autores latinos, haciéndose eco de aquel bello nombre, llamaron Aemonii arcus a la constelación de Sagitario que guiaba a los marinos egeos. El poeta Ovidio[35] también denomina Aemoniae Artis a una serie de raros conocimientos en el arte de la magia, atribuidos a los sacerdotes de Tesalia.

ENDIMIÓN: Figuración mitológica del sueño. Una leyenda originaria de la región de Olimpia, en el Peloponeso, dice que era un joven de bella estampa, dotado de valor y astucia para la caza. Una noche en que salió a perseguir a un ciervo herido, Selena -la diosa lunar- lo vio y se enamoró de él. Endimión correspondió a ese amor y de su unión nacieron cincuenta hijas, que fueron otras tantas estrellas. Aquí nos encontramos otra vez con el mítico número cincuenta, que sin duda empleaban los antiguos como sinónimo de infinito o innumerable. Cerca de la actual población de Killene, en la costa de la Élida, existía antiguamente un santuario de mármol y basalto, dedicado a honrar la memoria de Endimión[36]. Las artes plásticas, especialmente la escultura, hallaron en el Renacimiento uno de los periodos más plenos en lo que atañe a la actividad creativa. La personalidad de este nieto del dios Zeus sirvió de inspiración a numerosos artistas de la antigüedad. La obra mejor lograda, en lo respecta a la expresión del personaje, es un altorrelieve de autor anónimo, titulado “El sueño de Endimión”, que se encuentra en el museo capitolino de Roma. La influencia del mito ejerció un influjo notable en todas las épocas. Una tradición homérica, recogida en las tierras altas de Macedonia Occidental, cuenta que “el abuelo Zeus ofreció a su nieto Endimión acceder a los palacios del Olimpo, como un dios de pleno derecho, pero fue expulsado de aquel paraíso cuando intento seducir a Hera[37]. Este dato por sí mismo demuestra lo confusas que suelen ser algunas leyendas. Según estas palabras, Endimión -hermoso mancebo- quiso abusar de su propia abuela. Aunque tal magnitud, suena bastante extraña, en el ámbito divino del Olimpo parecían no existir esos pruritos, porque Zeus estaba casado con su propia hermana, en un flagrante caso de incesto. En la misma vida licenciosa del dios supremo hallamos multitud de situaciones similares. La explicación filosófica y antropológica de esa, y otras leyendas similares, es que en la antigüedad, el hombre no tenía aún muy claras las consecuencias físicas y morales de ciertos hechos o actitudes que hoy son reprobados y condenados incluso como delitos. Además muchas de esas historias sólo representan ideas o expresiones simbólicas, que en realidad apuntan a la suma de muchos hechos y vidas relacionadas por un destino común, como es el caso de las cincuenta hijas de Endimión, transformadas en estrellas. Cuando el mito se confunde con la historia -o viceversa- resulta aún más difícil establecer los límites de la realidad. La tradición histórica cuenta que Endimión fue el duodécimo monarca gobernador de la Élida, nomo de Grecia situado a la vera del mar Jónico. Habiendo perdido el trono y casi la vida durante una revuelta popular, huyó de la ciudad de Olimpia, refugiándose en una caverna del macizo montañoso de Glarentza, llamado antiguamente Kelonatas. Es aquí donde hallamos un nexo que une ambas versiones, el mito y la realidad. Un oscuro manuscrito medieval dice que el rey Endimión -recluido en aquella montaña entonces solitaria- se dedicó a estudiar la bóveda celeste, describiendo los movimientos de los astros en unos escritos donde recogió todas sus observaciones. Llevada su vida real al terreno de la leyenda, ésa pudo ser la explicación de sus amores con Selena. El mito de Endimión cobra vida invadiendo los límites de la realidad con la figura del sol poniente, las horas del sueño nocturno y el romance lunar, cuyo fruto son las numerosas estrellas, cincuenta como una cifra simbólica, muchas veces utilizada en la medición del tiempo[38]. Vista así, la relación entre el mito y la realidad resulta más evidente. Por ello sorprende la frondosa imaginación que ponían de manifiesto los antiguos griegos para tratar de dar respuesta a todo aquello que veían, pero no podían comprender, porque entonces no existían libros donde hallar una explicación científica para sus dudas.

ENEAS: Personaje de “La Eneida” de Homero. Su madre era Afrodita y su padre Anquises, rey de Dardania, ciudad de Frigia, a la que algunos autores llaman “la ciudad de Dárdano” y otros afirman que era la primitiva Ilión. Eneas era yerno de Príamo, el rey de Troya. Estaba casado con su hija menor, Creusa, con quien tuvo un hijo, llamado Ascanio. En su infancia, Eneas gozó de una educación esmerada. Como discípulo del sabio centauro Quirón, aprendió todas las artes y ciencias de su tiempo, además de ejercitarse en las armas, adquiriendo fuerza física y destreza, alcanzó la espiritualidad propia de los héroes. Tenía el concepto más elevado del honor y un gran sentido común. Cuando Paris raptó a Helena, predijo las terribles consecuencias de aquel hecho. Su consejo fue devolverla lo antes posible al ultrajado marido, y pagar el precio que fuera menester con tal evitar una guerra, pero los amantes no quisieron atender su opinión. Aunque no estuvo de acuerdo con aquel acto -al que consideraba una grave falta al honor- cuando se produjo la invasión de los griegos, no dudó en luchar heroicamente en defensa de Troya. Poco antes de la caída de la ciudad, recibió un mensaje de Afrodita, quien le pidió que abandonara la ciudad, salvando también a su anciano padre Anquises. Así lo hizo Eneas, abandonando Troya con su familia, para buscar refugio en las tierras de Etruria. Eneas regresó así a sus orígenes, no sin librar antes una dura lucha por la subsistencia de su clan familiar y de él mismo. Durante la prolongado trayecto que sucedió a la huida de Troya, la diosa Cibeles, partidaria de los invasores griegos, los persiguió y logró arrebatarle a la desgraciada Creusa, arrastrándola consigo. Eneas, que llevaba a su padre inválido sobre los hombros, no advirtió el hecho y la perdió. En el Museo de Arte de Villa Borghese, Roma, existe un grupo escultórico, atribuido al escultor Bernini[39], que representa esta escena.

ENEO: Rey de Calidón. Hijo de Éurite y Portalón. Tuvo dos esposas: Altea y Peribea. Era un buen monarca que ayudaba a los campesinos a mejorar sus sembrados. El dios Dionisos lo premió con el conocimiento del cultivo de la vid. Reinaba tranquilo en su dominios, pero olvidó realizar sacrificios en honor de Artemisa. Para castigar esa afrenta, la diosa le envió un gigantesco jabalí, de largos colmillos e instinto irritable, que durante mucho tiempo sembró el terror en las comarcas cercanas. Uno de los hijos de Eneo, llamado Meleagro, encabezó una partida con el propósito de darle muerte. Esta leyenda, que corresponde a la historia de Heracles (Hércules), se conoce con el nombre de “la cacería de Calidón”.

ENIO: Diosa de la guerra, también conocida con el nombre de Belona. Su imagen personificada representa la muerte en las batallas, la destrucción de las propiedades, la violencia y el pillaje. Era dueña de una belleza extraordinaria, pero su vida estaba formada por una galería de imágenes horribles, propias de los pueblos invasores. Según una antigua narración de los pueblos navegantes de las islas Espóradas meridionales, al sureste del mar Egeo, la diosa Enio, o Belona llegó desde los mares de oriente a bordo de un navío tripulados por hordas de invasores. Para no ser descubierta, se amarró a la nave y viajó mimetizada como un mascarón de proa. La tradición cuenta que fue nodriza de Ares, divinidad fáctica de la guerra entre los antiguos griegos (el dios Marte, de los romanos). En la ciudad de Atenas tenía un oratorio dentro del templo de Ares, obra de Praxíteles [40].

ENNEA: Nombre que se daba antiguamente a la diosa Deméter (Ceres) debido a la peregrinación que hacían sus devotos cada año a la ciudad de Ennea, en la isla de Sicilia, donde los colonos griegos le habían erigido un bello templo, en el que se le rendía culto como deidad protectora de los sembrados y la fertilidad de la mujer. En el Museo del Vaticano existe una hermosa estatua en mármol blanco, del periodo romano, que representa a Deméter Ennea, vestida con túnica y peplo, sosteniendo un cayado con la mano derecha, mientras que con la izquierda ofrece los frutos de la tierra. La interpretación de ese símbolo, según el psicoanalista Carl Jung, es el espíritu de su hija Koré, perdida en las profundidades del averno, cuando fue raptada por Hades, divinidad oscura encargada de custodiar el mundo de los muertos. Zeus logró que la joven raptada pudiera volver cada año a la superficie para estar con su madre durante la primavera, cuando la savia renueva a las plantas y transforma a las semillas en frutos. El regreso anual de la joven, representaba el fruto de las cosechas anuales, que devolvían cada año el producto de la tierra.

 

ENNICE: Una de las leyendas más tremebundas del folclore helénico, relacionada con la historia de las parcas. Ennice era el nombre de una de las tres Gorgonas. En algunos dialectos de Grecia continental y la costa de Asia Menor aparece con los nombres de Euríale o Ennice[41]. Generalmente se la describe con ojos centelleantes, cabeza y torso de mujer, pero sin piernas, ocupando su lugar una larga cola de dragón, cubierta de escamas verdosas. Tal como sus hermanas Esteno y Medusa, Ennice era un ser maléfico al que las antiguas tradiciones marineras asignaban poderes sobrenaturales, como causar la muerte a quien las mirara a los ojos, o lanzar vómitos de fuego y lava por la boca. Esteno y Ennice eran inmortales, no así la mayor de las Gorgonas -Medusa, la de los cabellos de serpientes- quien debido a un error en el conjuro que las había hechizado al nacer no había podido alcanzar la inmortalidad y fue muerta por el héroe Perseo. Los navegantes del mar Egeo creían que el genio perverso de Ennice era responsable de las tormentas, vendavales y trombas marinas, que ponían en peligro sus vidas y embarcaciones. Esas mismas leyendas afirmaban también que tal engendro habitaba una oscura caverna de la isla de Icaria, un antro infernal del que sólo salía durante las oscuras noches sin luna para dominar a su antojo las olas y los malos vientos. Ennice, hija de Forcis y Ceto, no podía ser vista por ninguna persona, porque su aspecto era tan horrible que quien la viera podía morir de terror.

 

ENÓMAO: También llamado Enomaor. Noble nacido en la colonia griega de Pixos, en la costa del mar Tirreno. En algunas versiones aparece el vocablo Pisa, en lugar de Pixos, pero parece un error de traducción. Era hijo de Ares y Harpina. Tenía una bella hija llamada Hipodamía. A la joven no le faltaban pretendientes, pero Enómao no permitía que se case, porque un oráculo le había advertido que sería asesinado por su propio yerno. Para encubrir el verdadero motivo de su oposición, desafiaba a cada pretendiente a una carrera de cuadrigas en la que él mismo intervenía con unos caballos imbatibles. El trato era que si los jóvenes aspirantes triunfaban obtendrían de inmediato la mano de Hipodamía, pero si perdían, serían muertos por Enómao. Ante esa disyuntiva, muchos jóvenes se retiraban de la competición. Mientras que otros, los más arriesgados, que aceptaban el reto, perdían y eran muertos por el terrible padre. Ya había desanimado a más de cincuenta pretendientes y asesinado por lo menos a una docena, cuando apareció en escena Pélope, un apuesto joven, de quien Hipodamía se había enamorado. Para poder correr y evitar ser muerto si perdía, con la ayuda de la propia Hipodamía y su amigo Mírtilo, que trabajaba en las caballerizas de Enómao, la noche anterior a la carrera serrucharon a medias el eje del carro del malvado. En la mitad de la carrera, el eje se partió, Enómao rodó por el suelo y murió aplastado por los cascos de sus propios corceles. De esa manera, se cumplieron las palabras del oráculo.

ENONE: Deidad menor, cuyo mito es originario del sur de Tracia. La leyenda dice que era hija del dios del Propóntide (mar de Mármara) y una de las ninfas Oceánidas. Poseía la virtud de curar las heridas con sales marinas y algas. Perdidamente enamorada del apuesto París, príncipe de Troya, sintió unos celos irrefrenables cuando supo que aquél había raptado a Helena, la mujer del rey Menelao, llevándola consigo a la ciudad frigia. Tiempo después, en plena guerra con los griegos, París fue herido por un venablo de Filoctenes, pero ella, aún enfadada, se negó a curarlo. No obstante, aunque permanecía oculto por el despecho, su amor por París seguía latente, porque al saber que había muerto, corrió a las ruinas de la ciudad asediada y se arrojó a la pira funeraria, para morir abrazada al que había sido su amor imposible.

EOLO: Dios del viento. La tradición dice que su morada se hallaba en un grupo de islas llamadas Eolias desde tiempos remotos. Hoy se conocen con el nombre de Lipari. Tuvo seis hijos varones y seis mujeres, un simbolismo de los doce vientos conocidos por los navegantes en la antigüedad. Eolo guardaba celosamente los vientos dentro de un odre de piel de toro. Cuando el viajero Ulises pasó por las islas Eolias, el dios le prestó su odre, con la condición de que dejara salir solamente a uno de los vientos, a Céfiro, quien tendría la misión de llevarlos sano y salvos hasta la isla de Itaca. Pero los compañeros de Ulises, ansiosos por llegar cuanto antes a tierra firme, y también pensando que el odre podría contener oro u otras riquezas, lo desataron por curiosidad. Al abrirse, el saco liberó a todos los vientos encerrados por Eolo. Esa furia desencadenó una horrible tempestad que arrojó a la nave aún más lejos de su ruta.

EOS: Entre los antiguos griegos, era la deidad representativa de la aurora. La primera luz del día se consideraba la mejor para dedicar el culto a la naturaleza. Era el momento del despertar, cuando el hombre se comunicaba con sus dioses, agradeciendo la llegada de un nuevo día. Eos era esposa de Titón y madre de Memnón, arquero espartano que luchó en la guerra de Troya y fue muerto por Aquiles. Las lágrimas que Eos derramó por la muerte de su hijo, se transformaron en las gotas del rocío matinal. Muerto Titón, se casó con Céfalo, de cuyo matrimonio nació Faetón.

EÓSFORO: La estrella del alba. En el siglo quinto antes de la era cristiana, tenía un santuario en Calcedonia, sobre la costa oriental del estrecho de Bósforo (actual Turquía). Una leyenda popular entre los viajeros del mar Egeo y el Propóntide, estrecho de los Dardanelos, decía que Eósforo era hija del titán Astreo y de Euribia una ninfa gigante. En los anales de Bizancio sobre el Helesponto (mar Negro) aparecen los vientos cardinales Bóreas, Céfiro, Euro y Noto, como hijos de Astreo y Euribia, por tanto, se deduce que este mito cosmogónico y meteorológico era conocido por los navegantes de la antigüedad. Al parecer, consideraban a la estrella del amanecer como un certero punto de orientación y relacionaban a los vientos con su aparición matinal.

EPOPEO: Rey de Sicione, ciudad de la península del Peloponeso, cuya figura simbolizaba el Sol en los antiguos mitos. Epopeo estaba casado con la amazona Antíope, célebre por su carácter y hermosura, a quien la leyenda identificaba como la Aurora. Antíope había sido seducida por Zeus, quien la violó y luego se la devolvió a Epopeo, sin dar mayores explicaciones. Ante la parsimonia de Epopeo, Licos, hermano de Antíope, decidido a vengar la ofensa, se apoderó de la ciudad de Sicione y se llevó a su hermana. Tras una violenta discusión con el pobre marido engañado, Licos mató a Epopeo, aduciendo que éste no era digno de poseer lo que no sabía proteger.

ERECTEO: Primer rey de Atenas. La leyenda dice que era un cazador. Esta referencia nos remonta a los primeros pobladores nómadas de la península ática. Ya en la época floreciente de la mitología aparece su genealogía. Homero dice que era hijo de Gea, la tierra y protegido de Palas Atenea.

ERICTONIO: Ser imaginario que figura en las tradiciones más antiguas de Grecia. Según la leyenda, nació del seno de Gea y fue otorgado a la diosa Atenea para que fuera el primer hombre que habitara en el Ática. Es posible que el mito sea un símbolo del pueblo primitivo que habitó en esas regiones.

ÉRIDE: Ser sobrenatural causante de las discordias y las guerras. Los pueblos de la antigüedad le temían y rendían tributos de sangre, rogando por la paz, pero sin comprender que Éride era sólo una metáfora de su propio espíritu belicoso. La horrenda figura de esta divinidad maléfica era conocida bajo distintos nombres, desde las lejanas costas de Tracia hasta Caria, Eubea, el Peloponeso y la isla de Creta.

ERINIAS: Personificación de las Furias. Con ese nombre tenían su equivalencia en la mitología latina. Eran tres hijas de la diosa Gea, la Madre Tierra, y Urano, el Cielo. Moraban en las recónditas profundidades del Hades, o mundo de los muertos condenados por delitos de sangre. Sus nombres eran: Tisífone, Megara y Alecto. Su misión en la tierra era proteger el hogar familiar, y castigar los crímenes cometidos entre los mortales. Su representación artística era espeluznante, aparecían como unas figuras negras, con alas y cabelleras de serpientes

ERISICTIÓN: Personaje de aspecto robusto, con una corona de hiedra en la cabeza, a quien en algunos vasos se suele confundir con Dionisos. En la ficción alegórica se cuenta que era hijo de Tríopas, rey de Tesalia. Quiso talar un bosque dedicado a la diosa Deméter. Haciendo caso omiso a un oráculo que le advertía del peligro que corría al cometer tal acción, taló todos los árboles del bosque, dejando un erial donde antes había un lugar florido y protegido por la sombra. Como castigo, Deméter lo convirtió en un glotón insaciable, devorador de cuanto había a su alrededor. Su caída fue tan brutal que no vaciló en vender a su propia hija para poder llenar sus despensas. Ya en el colmo de la denigrante situación, Erisictión terminó devorándose a sí mismo.

EROS: [Cupido]. Hijo de Afrodita y Ares, el dios de la guerra, entre los primitivos griegos. Para el común de los mortales, Eros era la personificación del amor carnal, el mito erótico de la antigüedad. Formaba una dupla con Anteros, su hermano gemelo. En el arte antiguo era representado como un niño alado. Su influjo en el espíritu o el instinto, dio lugar a numerosas historias de amor, tanto en los mortales como en dioses, semidioses y héroes.

ESCILA: Monstruo del mar Mediterráneo. Solía aparecer en las noches de tormenta, atemorizando a los navegantes. Un bajorrelieve del siglo quinto antes de Cristo, hallado en la isla egea de Milos, representa a este ser sobrenatural con cuerpo de mujer, aletas de pez y cola de dragón o serpiente marina, con grandes espinas dorsales. La leyenda de Escila procede de una antiguo mito oriental divulgado por los navegantes fenicios. Según esa tradición, la guarida del monstruo se hallaba en el estrecho de Mesina, entre la península itálica y la isla de Sicilia, referencia que permite inferir la amplia difusión que tuvo aquella saga durante la antigüedad. Homero cuenta en “La Odisea” que Ulises y sus compañeros debieron navegar en las aguas turbulentas del estrecho, cerca de la cueva de Escila, que apresó y devoró a varios miembros de la tripulación, hecho que el héroe lamenta en un pasaje de la obra.

ESPARTA: Ciudad-Estado de la antigua Grecia, situada en el sur de la península del Peloponeso. Fue la rival de Atenas y sede del trono del legendario rey Menelao, personaje inmortalizado por Homero en La Ilíada. Hacia el siglo VIII, antes de la era cristiana, Esparta llegó a ser una de las poblaciones más importantes de la región. El secreto de su poderío descansaba sobre una fuerte disciplina militar, cuyas normas llegaban hasta la intimidad de los hogares. Una de las características que establecían el prototipo de aquella forma primitiva de nacionalismo a ultranza, fue la reclusión en su propia cultura y el rechazo sistemático a todo lo foráneo. Esa característica, que por un lado le brindó potencia y cohesión como un reino libre, paradójicamente también fue la causa de su decadencia. Al carecer de aliados, Esparta se encontró sola frente a las adversidades propias en una situación de economía de guerra casi permanente. El estado espartano estaba formado por cinco pueblos unificados bajo las normas administrativas de una gran ciudad, sin murallas. El pueblo de Esparta confiaba en su propio contingente humano, porque en ese modelo de sociedad, todos los habitantes eran verdaderos soldados, fuertemente entrenados y preparados para la guerra desde la infancia. Esa dedicación exclusiva a la carrera de las armas de todos los ciudadanos de Esparta, fue posible porque habían sometido a la esclavitud a otros pueblos, que se dedicaban a cultivar la tierra y realizaban todos los oficios artesanos y serviles. Durante el último tercio del siglo IV antes de Cristo, Esparta fue derrotada por Tebas, comenzando entonces su detrimento como potencia política y militar.

EURÍPILO: Nombre común en la Grecia antigua. El más conocido fue un personaje de la guerra de Troya. Según la leyenda, Eurípilo era rey de Cirenaica, una región situada en África septentrional, junto al mar Mediterráneo. Su bella capital, Cirene, fue sede de una célebre escuela de filosofía socrática. Se cuenta que este monarca ayudó al rey Agamenón, enviando cuarenta navíos de guerra y mil hombres armados al asedio de la mítica ciudad. Otro Eurípilo, natural de Misia y amigo del rey Príamo, partió hacia la Troada, para participar en la lucha al lado de los troyanos y allí murió combatiendo heroicamente. En el ciclo de Heracles, aparece otro Eurípilo, hijo de Poseidón y una ninfa oceánida. Era rey de Cos, una mítica isla del archipiélago de las Cícladas. Heracles luchó con él y lo mató.

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FAETÓN: Personaje de fábulas. Las figuraciones antiguas decían que era hijo del dios Apolo y la ninfa Climena, hija del Océano. Con el permiso de su padre, condujo durante una jornada entera el carro del sol, desde el naciente hasta el poniente. Debido a su falta de experiencia, tuvo la mala suerte de sufrir una serie de percances que terminaron por causar incendios y otros estragos propios del fuego. Zeus, enojado le envió un rayo que lo hizo caer desde el cielo hasta las aguas del már Jónico. Una versión latina de este mito, anterior a la era cristiana, cuenta que Faetón cayó en el mar de Metaponte, hoy golfo de Tarento. Esta referencia geográfica, ubica el mito hacia la época del apogeo de Atenas, durante la Liga Délica (478-451 a.J.C.).

FANTASIO: Hijo de Hipnos, divinidad del sueño provocado por hipnosis. Sus hermanos eran Iquelo y Morfeo, otra deidad relacionada con el acto de dormir. Fantasio, o Fantaso, como aparece escrito en otras narraciones, tenía el don de inventar cuentos e ideas para entretener a los durmientes. Atenea le pidió que imaginara para ella el mejor de los sueños. Fantasio puso toda su voluntad y concibió una maravillosa visión para la diosa, en la que aparecía sobre la Acrópolis de Atenas un gran templo de color dorado, dedicado a su memoria. Atenea, en premio, le concedió a Fantasio el don de embellecer los sueños de los dioses del Olimpo.

FEDRA: La leyenda de Fedra es un drama doméstico que representa los instintos primarios de hombres y mujeres de la antigüedad. Circunstancias que son como la vida misma, que no difieren en nada de los hechos similares ocurridos en todos los tiempos y culturas. Fedra era esposa del héroe Teseo, con quien tuvo dos hijos, aunque aquél le llevaba muchos años. Es posible que aquella diferencia de edades hubiera hecho mella en las necesidades maritales de Fedra. El caso es que terminó enamorándose del apuesto y vigoroso Hipólito, uno de los hijos que Teseo había tenido con su anterior esposa Antíope. Tras numerosas indirectas, Fedra terminó declarándose abiertamente a Hipólito, quien la rechazó indignado, anunciándole que daría parte a su padre de aquel intento de traición. No pudiendo soportar la vergüenza, Fedra se suicidó.

FEGEO: Héroe purificador de almas y cuerpos. Fegeo, que era rey de Psofis, una antigua ciudad estado del nomo de Acaya, acogió con afecto al joven Alcmeón y le concedió la mano de su hija Arsínoe. Todo parecía ir de maravillas. En el templo de Afrodita, Alcmeón le prometió amor eterno a su flamante esposa y como dote le entregó los atributos de Harmonía. Pero Alcmeón seguía padeciendo los efectos de una funesta maldición. Como de nada habían servido los embrujos purificadores de Fegeo, Alcmeón se alejó de Psofis en busca de una nueva purificación que acabara para siempre con el drama de su vida. Alcmeón prometió que regresaría pronto, pero no lo hizo. Pasó tanto tiempo lejos de su esposa, que terminó por olvidarla, casándose con otra mujer, con la cual tuvo dos hijos varones. Mientras, la abandonada Arsínoe lo seguía esperando siempre, víctima de un enorme desconsuelo que llenaba de tristeza e impotencia al anciano Fegeo. Un día Alcmeón regreso a Psofis reclamando la devolución de la dote. Al comprender Fegeo que su hija había sido engañada vilmente por aquel a quien había entregado su corazón y su virginidad, Fegeo mandó a sus guardias que prendieran al traidor y lo pasaran por las armas. Transcurrieron los años, los hijos de Alcmeón con su segunda esposa crecieron y al enterarse de las circunstancias de la muerte de su padre y el desenlace que había tenido aquella triste historia, en venganza mataron a Fegeo y a Arsínoe.

FÉNIX: La leyenda de un ave fabulosa que renace de sus propias cenizas es de origen sumerio y a través de los siglos se fue extendiendo por toda Europa. Los antiguos griegos, que humanizaban a sus divinidades, transformaron el mito en una historia de personas con nombres propios, virtudes y defectos muy corrientes. Según una ficción alegórica de Beocia, Fénix era un joven príncipe de Tebas, hijo del rey Amintor y la reina Hipodamía. Al parecer, Amintor tenía una joven amante, Clitia, cuestión que no era muy del agrado de Hipodamía. Ésta deseosa de sacarse de encima a la rival, convenció a Fénix para que enamorara a Clitia y se la llevara lejos de Tebas. La trama iba bien hasta que un día Amintor descubrió a los amantes y no pudiendo contenerse, envió un conjuro a su hijo que lo dejó ciego, para que nunca más viera a la mujer por la cual había traicionado a su padre. Fénix asumió toda la culpa y se alejó de Tebas apesadumbrado, pero sin delatar a su madre como instigadora de aquel hecho. El héroe Peleo, rey de Egina, se apiadó del joven invidente y acogiéndolo en palacio, le pidió a Quirón que le devolviera la vista. Así lo hizo el centauro, demostrando su rara habilidad como maestro en las artes curativas. Tiempo después, restablecida su salud y su visión, Fénix partió, como muchos otros griegos, hacia la guerra de Troya. Allí se destacó a las órdenes de Aquiles y más tarde, con su hijo Neoptólmo o Noptolomos. Al finalizar la contienda, ya de regreso a su patria, tuvo un percance y perdió la vida. La leyenda dice que volvió a revivir por la gracia de Atenea, cumpliendo así un nuevo ciclo de su interminable morir y volver a la vida.

FERECLO: Personaje imaginario, cuya existencia podría estar inspirada en un célebre constructor de barcos del siglo decimotercero antes de la era cristiana. El impulso de la artesanía naval coincide con el comienzo de las grandes migraciones de los pueblos griegos por toda el área central del mar Mediterráneo (c. 1.100 a.J.C.). La antigua leyenda dice que Fereclo, hijo de Harmónides, era un carpintero de ribera, natural de la Troada, en Asia Menor. Armó los navíos que utilizó París cuando huyó de Esparta llevándose a Helena. Una de las versiones más conocidas de este hecho, es la narración de Homero, recogida por transmisión oral varios siglos después (750-700 a.J.C.).

FORONEO: Monarca de Argos, ciudad cercana a la hegemónica Micenas. Fue el hijo primogénito de Inachos, rey de Arcadia. Su madre era Melia o Mellias, la ninfa oceánida que se apareció una noche a los argonautas para anunciarles con su canto la cercanía de los arrecifes de la isla Cárpatos. La leyenda de Foroneo cuenta que fue el introductor del fuego entre los pueblos primitivos de Argos. Se le tenía por un héroe y sobre su tumba erigieron un santuario, donde ardía constantemente la llama votiva. Un conjunto de jóvenes vírgenes se encargaba de mantener siempre encendido la lumbre del templo. Se cuenta que los antiguos atletas de los juegos deportivos del Peloponeso, fueron a su altar a encender la primera antorcha olímpica. Foroneo se casó con la ninfa Laodicea, con quien tuvo varios hijos, entre ellos: Jasos, Pelasgos y Agenor. El fabulista Helánico[42] escribió una bella composición alegórica, orientando al lector en busca del sentido profundo del mito. También aparece la forma latina Phoroneus.

FUENTE CASTALIA: Manantial de corrientes cristalinas que surgía entre unas rocas cercanas al célebre santuario de Delfos, bajo la sombra del imponente monte Parnaso, en Grecia central. El poeta Diógenes[43] cuenta que allí arraigó la enredadera de la diosa Floris, una planta de pequeñas hojas verde oscuro, venerada por los poetas de la antigüedad. A ella acudían desde muy lejos, artistas y poetas, porque se decía que el agua de esta fuente era mágica y quienes la bebieran alcanzarían la inspiración y la gloria. Una antigua creencia popular de Beocia dice que toda forma de vida que se nutriera del agua de la fuente Castalia podría transmitir el sentido del honor, el genio y el valor, virtudes que elogiaban los parnasianos. Aún existe una escalera de piedra que asciende a través de un sinuoso trayecto rocoso hasta los mismos orígenes donde surgen las aguas de la mítica fuente. Muchos autores hallaron su inspiración en las tradiciones del lugar.

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GEA: Deidad pacífica y maternal, creadora del universo. Es la personificación del la Tierra, madre de Urano, y forjadora de las Montañas. Poseía el don adivinatorio. Su figura presidía el célebre oráculo de Delfos, antes que esa función divina fuera atribuida al dios Apolo. La existencia de su culto aparece en la remota antigüedad como madre protectora de las viviendas y los cultivos. Cuando fueron surgiendo nuevas deidades para formar el Olimpo, Gea continuó siendo objeto de gran veneración, particularmente en los pueblos situados entre Lócrite y la Beocia, al norte del golfo de Corinto. Los mitos del periodo arcaico le asignaban la creación de los seres mortales para poblar la tierra y adorar a los dioses. Esa relación de una divinidad con la tierra y la familia, propia de los pueblos sedentarios y agricultores, le otorgó un prestigio constante en el seno de los hogares, donde solía tener su propio altar. La imagen de Gea aparece repetidamente como madre y protectora de los matrimonios. Los cronistas primitivos la suponían relacionada con Cronos, Tetis, Hiperión, Ceos y Océano.

GERAS: Personificación de la vejez. Adoptaba el aspecto de un anciano escuálido, con barbas y cabellos blancos, que llegaba al final de la existencia humana para anunciar el peso de los años y invierno de la vida. En un vaso de cerámica del siglo quinto antes de Cristo -actualmente en el Museo Británico- se ve a Heracles persiguiendo a Geras, que huye, aunque, curiosamente parece atraer al héroe con el gesto de sus manos. Una leyenda de Corinto cuenta que Heracles persiguió a Geras durante mucho tiempo sin lograr alcanzarlo, pero cuando lo hizo, él también ya era un anciano debilitado e incapaz de dar un paso sin ayuda.

GERIÓN: Leyenda del mar Mediterráneo. Fue un mítico gigante, hijo de la ninfa Calírroe y el rey Crisaor, fundador de ciudades y templos dedicados al dios Apolo. Personaje mítico, presente en las más diversas tradiciones, de su vida se han contado innumerables anécdotas, casi todas relacionadas con los viajes marítimos, aventuras de navegantes y la exploración de tierras desconocidas. Según una fábula etrusca, Gerión fue un rey de la ciudad de Ericia o Crisia, situada más allá de las columnas de Hércules (Heracles). El Mediterráneo fue su hogar y principal escenario de sus hazañas. Fue conocido también por los íberos. Para los antiguos tracios, Gerión era el pastor de un rebaño de bueyes rojos. De noche los guardaba en un recinto custodiado por el perro Ortos y el gigante Euritión. Vemos aquí la representación primitiva de la lucha entre dos héroes fabulosos por el predominio en el mundo de las leyendas. Gerión entró en la mitología helénica por su titánica lucha con el fuerte Heracles, quien lo derrotó y finalmente acabó con su vida.

GIGANTES: Personajes mitológicos que poblaban el mundo fantástico de los antiguos griegos. La narración de sus aventuras y luchas contra los dioses del Olimpo se llama “Gigantomaquia”. Varias leyendas describen a los gigantes con forma de seres desmesurados y monstruosos, el torso desnudo y las piernas semejantes a escamosas colas de serpientes o dragones. Los campesinos de los montes Antichasia (Tesalia) conservaron antiguas tradiciones orales que hablaban de hombres colosales, ataviados con enormes armaduras, adargas y lanzas de dimensiones portentosas.

GLAUCO: Príncipe de la isla de Creta. Hijo de Minos y Pasífae. Vivía en el inmenso palacio de Cnosos, rodeado de doncellas, como correspondía a un destacado príncipe de la gran familia minoica. Una figuración alegórica recogida en la ciudad de Heraklion, cuenta que, cuando Glauco era apenas un niño, jugando, se cayó de cabeza dentro de una tinaja repleta de miel de los campos de Pánormos, una localidad agrícola situada en el norte de la isla. La miel, recién recogida de los panales de Eleuthernai, estaba muy líquida por el calor. El pequeño se fue hundiendo lentamente y se ahogó, sin que nadie pudiera darse cuenta para salvarlo. Desde entonces las leyendas sobre este personaje comienzan con el epigrama: “Glauco, el de la dulce muerte…”. Sus padres lo buscaron durante varios días en todos los rincones del palacio. Paro fue en vano, nadie lo pudo encontrar. Su aya, torturada para que dijera dónde había dejado el niño, murió sin decir nada, porque realmente no lo sabía. Glauco había caído dentro del receptáculo en un descuido de la infeliz criada. Días después, a instancias de Poliido, un augur corintio, los sirvientes del palacio vaciaron la tinaja y hallaron el cadáver del niño protegido por la miel. Los padres horrorizados, consultaron al oráculo, que les dio un raro acertijo: “El ser que mejor pudiera describir a una vaca que cada día cambiaba el color de su piel -primero el blanco, luego el rojo y finalmente el negro- sólo él podría resucitar al infante muerto…”. Nadie acertaba a comprender el verdadero significado de tan extrañas palabras. Poliido, el sabio adivino, se ofreció para ser encerrado vivo junto al féretro que contenía el pequeño cadáver. La noche del encierro, apareció una serpiente de color albo, junto al catafalco. Poliido la cogió y le retorció la cabeza. Al amanecer descubrió otra serpiente de rayas rojas y también la mató. Horas después surgió una tercera, totalmente negra. Esta última tenía en su boca un ramillete de mejorana. Poliido tomó las hojas y con ellas hizo una pócima con la cual bañó al cadáver del niño, quitándole la miel que le cubría el rostro. Así fue como el niño resucitó y abrió los ojos, ante la mirada alborozada de todos los presentes. Varias versiones se hacen eco de esta historia, tanto en la isla de Creta como en Grecia. Alguna leyenda dice que Poliido fue maestro y mentor de Asclepio, otra lo confunde con el mismo padre de la medicina.

GORDIOS: Monarca de Frigia, amante de la diosa Cibeles y padre del rey Midas. Una leyenda, plena de simbolismo, cuenta que Gordios tenía un carro con el timón y el yugo fuertemente amarrados por una cuerda trenzada y con un grueso nudo, al que nadie podía desatar. Gordios fundó su reino siguiendo las extrañas predicciones de un oráculo. Cuando aquel nuevo dominio fue creciendo, el rey mandó a construir un templo en la entrada de un desfiladero, e hizo colocar el carro en su interior. Nadie podía cruzar aquel paso, si antes no lograba desatar el nudo gordiano. El oráculo había vaticinado que si alguien pudiera desatar el nudo y liberar el yugo, caerían los imperios de Oriente. Cuando Alejandro Magno llegó con sus ejércitos a Frigia, conoció la leyenda de la atadura. Resuelto a seguir adelante de cualquier forma, cogió su espada y cortó el nudo de un solo golpe, liberando al yugo y abriendo así el paso hacia las tierras de la Capadocia. El nombre de aquel rey también aparece citado con los nombres de Gordio o Gordión.

GORGONAS: Figuras espantosas que poblaban la imaginación de los antiguos griegos. Creían que encarnaban todos los males existentes sobre la tierra. Según una tradición beocia, las gorgonas eran hijas de Forcis y Ceto. Formaban un trío infernal cuya ocupación preferida era ocasionar fastidios a los mortales. Respondían a los nombres de Medusa, Ennice o Euriale y Esteno. Aunque las tres brujas eran ciegas, poseían facultades sobrenaturales, como el poder de arrojar llamas por la boca o causar la muerte a quien las viera de frente. Por un error en el conjuro maléfico que las hizo nacer, sólo Medusa era mortal, sus dos hermanas habían logrado la gracia de la inmortalidad. Esa particularidad fue la causa de que el héroe Perseo pudiera acabar con ella.

GRAYAS: Símbolo mitológico de la mala senectud. Los griegos, que para todo tenían una explicación fabulosa, inventaron la leyenda de las grayas. Como sus hermanas, las gorgonas, eran tres, muy ancianas, arrugadas, con ojos desorbitados y aspecto repugnante. También tres, sus nombres eran Enio, Dino y Pefredo. Custodiaban la entrada a la morada de las gorgonas. Observaban sin ser vistas todo lo que ocurría a su alrededor y corrían inmediatamente a contárselo a sus hermanas.

GREAS: Personajes de fábula. Tenían un solo ojo para todas, que usaban por turno. La leyenda cuenta que eran hijas del rayo y hermanastras de las Gorgonas. Sus padres eran Forcis y Keto. Una maldición demoníaca había condenado a las tres hermanas a padecer una ceguera permanente. Hades se compadeció de ellas y les dio el único ojo de un cíclope muerto, con el cual debían arreglarse las tres. Su misión era vigilar el acceso a la morada de la Medusa. Cuando el héroe Perseo llegó a la siniestra caverna se quedó esperando que la grea que tenía el ojo se lo sacara para pasárselo a una de sus hermanas, en ese momento el héroe ático se abalanzó y le quitó el ojo tirándolo a las profundidades de un lago. Las greas se arrojaron inmediatamente a las oscuras aguas para intentar recuperar el ojo, a tientas, pero el lago era tan profundo que nunca pudieron hallarlo. Aprovechando el descuido de las brujas, el astuto Perseo pudo penetrar en el refugio de la Medusa y matarla, apelando a otro ardid. Una leyenda dice que ese lago se llamaba Tritonis.

GRIFOS: Animales mitológicos con cuerpo de león, afiladas garras, alas y cabeza de águila. Su misión era custodiar los tesoros de los dioses. Una tradición ática les asignaba el poder de protección de los hogares y los templos, por eso, desde la antigüedad, se acostumbraba colocar sobre los tejados pequeñas estatuas decorativas de grifos con grandes ojos redondos. Con el tiempo esas figuras pasaron a ser un elemento tradicional en la arquitectura neoclásica, también llamada estilo neohelénico. El ojo de la suerte de Turquía es un elemento surgido de la síntesis figurativa de la cabeza del grifo. Las tradiciones legendarias de esas piezas, propias de la imaginería popular, han servido de inspiración, a través del tiempo, tanto en bisutería, como en joyas o en las muestras más avanzadas del arte decorativo.

-H-

 

HADES: [Plutón] Deidad de la muerte y la morada eterna. Era hijo de Rhea y Cronos, dios del tiempo. Su nombre es sinónimo de ese lugar fantástico donde van los mortales al llegar la hora final. Vemos aquí otra de las relaciones que los antiguos establecían entre el transcurrir del tiempo y la duración de la vida. Su incógnita al respecto es la misma que en otras culturas. ¿Existía otra vida, después de la muerte? Hades encarnaba la autoridad real en los dominios de ultratumba. La pluma de Cebes [44] lo retrata a través de la voz de Sócrates. Los artistas antiguos solían representarlo sobre un carro triunfal sosteniendo el cuerno de la abundancia. Por lo demás, su existencia y las circunstancias que rodean su vida son similares a las de todos los mortales, referencia que acerca su personificación mitológica a la existencia de cualquier individuo normal. La leyenda cuenta que estaba prendado de su sobrina Perséfone, a la que raptó ante la imposibilidad de que sus padres le concedieran la mano. Para entrar en los dominios del Olimpo, se hizo invisible mediante un yelmo mágico que le habían regalado los Cíclopes.

HAGNO: Nombre de una de las tres ninfas pastoras de Arcadia que criaron a Zeus. Cuando el dios aún era un recién nacido, fue abandonado en la espesura del bosque Liceo. Hagno solía recorrer a pie las faldas de aquel monte, entonces escuchó llorar al niño e inmediatamente lo abrigó y le dio de beber agua de una fuente sagrada que se convirtió en leche materna. Hagno dedicó todo su tiempo a la crianza del infante hasta que pudo valerse por sí mismo. En premio por aquella labor maternal, cuando Zeus creció y llegó a ser un dios poderoso, transformó a la ninfa en manantial cristalino, cuyas aguas tenían un sabor delicioso y el sonido era música celestial.

HALICARNASO: Antigua ciudad del Asia Menor. Conocida por el suntuoso sepulcro de Mausolo, rey de Caria [siglo IV a.C.] considerado en su tiempo una de las siete maravillas del mundo. Algunos autores antiguos compararon su magnitud y belleza arquitectónica con el faro de Alejandría, el templo de Diana, en Éfeso, las pirámides de Gizé, en Egipto, la gigantesca figura de Zeus, en Olimpia, los jardines de Semiramis, en Babilonia, y la colosal estatua de la isla de Rodas.

HAMADRÍADES: Vírgenes de los bosques, consideradas por los nativos de Tesalia como deidades de la espesura. Tenían un santuario de piedra rosada en el monte Antichasia, cerca de la actual población de Trikala. Es posible que el origen de este mito sea oriental, porque en tiempos del Imperio Romano, aún existía un templo dedicado a estas vírgenes protectoras de la vegetación. En una de sus obras, Clemente de Alejandría[45] expresa la idea de la animación de los espíritus tutelares y su integración con la naturaleza, desde un punto de vista filosófico. La referencia más notable sobre las Hamadríades, procede de la antigua ciudad de Nisibis, una comarca de la Mesopotamia, entonces dominada por el reino de los Partos. La figuración griega, dotada de un primitivo simbolismo ecológico, afirma que los bosques, donde habitaban estas deidades menores, eran en cierto modo intocables y nadie podía cazar en ellos ni talar sus árboles.

HARMONÍA: Hija de Afrodita, nacida de un encuentro furtivo que la diosa del amor tuvo con el belicoso Ares (Marte). Harmonía llegó virgen a la edad de merecer, por eso Zeus la preparó para casarse con Cadmo el primer rey de Tebas. De esa pareja nació la estirpe de los reyes de Tebas. Una antigua leyenda de Beocia dice que Cadmo y Harmonía vivieron siempre unidos hasta la muerte y que Zeus para proteger su inmortalidad los convirtió en serpientes sagradas, otorgándoles la custodia de un santuario de Afrodita en el monte Helicón.

HARPÍAS: Espíritus del mal. Aunque se mostraban con figura de mujer, a veces adoptaban el aspecto de unos extraños pájaros de rapiña. Tenían el poder de vaticinar los desastres y cuando eso ocurría, allí iban ellas, a sacar provecho de la desgracia alimentando constantemente su avidez de maldad con la carroña del mundo. Con sus picos y uñas, desgarraban la carne de sus presas, llevándose el corazón como trofeo de sus perversidades. En su forma de mujer, aparecían con largas cabelleras y rostro de facciones aquilinas, sembrando siempre la calumnia y la injuria.

HEBE: Diosa de la felicidad, asociada a la juventud y la belleza. Era una de las hijas de Zeus y Hera. Hebe moraba con sus padres en el monte Olimpo, donde tenía la misión de escanciar en copas de oro el néctar de los dioses. Se decía que ese líquido maravilloso, procedía de un secreto manantial llamado por los romanos Fuente de Juvencia. La leyenda parece haber trascendido a través del tiempo y las diferentes culturas, porque esa mágica bebida que proporcionaba la eterna juventud fue buscada infructuosamente por exploradores y aventureros durante la Edad Media.

HEBROS: Joven de rara belleza, hijo de un mítico monarca de Tracia, llamado Kassandro. Damasipa, la segunda esposa de este rey intentó seducir al joven haciéndolo objeto de sus bajas pasiones. Al ser rechazada, se vengó acusándolo injustamente de la perversidad que ella misma había urdido. Kassandro le creyó a su mujer y no a su hijo. El joven, para huir de la venganza de su propio padre, se arrojó a las aguas de un río de Tracia, pereciendo ahogado. Desde entonces ese río llevó su nombre. Una antigua fábula decía que en sus aguas habían arrojado la mágica lira de Orfeo. El río existe, es un afluente del mar Egeo y en la actualidad es conocido con el nombre de Maritza.

HÉCATE: Diosa Lunar. La leyenda dice que era hija del héroe Perseo, elevada al podio de las divinidades por gracia de Zeus. Su culto permanece oscurecido por un velo de misterio. En algunos pueblos de Tesalia decían que Hécate era una hija de Zeus, la única descendiente extramatrimonial del dios que había sido aceptada por la celosa Hera, no de buen grado, sino por temor a sus poderes sobrenaturales. Ese milagro hizo que Hécate fuera honrada y respetada por todas las divinidades que habitaban el Olimpo. Algunas versiones áticas la relacionan con Selene, la diosa lunar, razón por la que su culto tenía lugar durante las noches de novilunio. En viviendas de Atenas y en las encrucijadas de los caminos que partían de la ciudad había santuarios donde se colocaban ofrendas y ex votos. Otra leyenda cuenta que cada amanecer, Hécate descendía a la mansión de Hades convertida en una deidad adorada por los espíritus de los muertos en los antros subterráneos. Es posible que esa versión, por cierto muy antigua, sea de origen asiático y proceda de la observación de la luna ocultándose en el horizonte. Deidades semejantes existían desde la remota antigüedad en Sumeria y Elam. Particularmente en los santuarios de Umma, Lagash y Nippur. Durante la expansión del reino de los Urartu, entre los siglos octavo y cuarto antes de Cristo, el mito fue difundiéndose hacia occidente, llegando hasta las mismas fronteras de Tracia y Macedonia, con las invasiones de los persas. En épocas posteriores, la imagen de Hécate solía aparecer representada indistintamente en las creencias griegas y latinas.

HECATONQUIROS: Tres personajes fantásticos, protagonistas de innumerables episodios legendarios [Gíes, Coto y Briario]. Eran hijos de Gea y Urano, la pareja de dioses originales, fundadores de la mitología griega, padres también de Cíclopes y Titanes.

HECÁTEAS: Estatuas que los antiguos habitantes de Ática colocaban frente a los portales de sus viviendas. Frente a estos ídolos femeninos, las mujeres de la casa realizaban oraciones, oráculos y encomiendas de protección. En las noches de novilunio, las familias pudientes depositaban junto a las hecáteas, ofrendas de alimentos y otros efectos destinados a los menesterosos. Las celebraciones nocturnas dedicadas al honor de la diosa Hécate, o Hecatesias dieron lugar a distintas tradiciones

HÉCTOR: Héroe de Troya, una de las figuras más interesantes en la obra de Homero. Dignificado por su arrojo y valor ante el enemigo, dio muerte en combate a Patroclo, el amigo íntimo de Aquiles. Era tanta la fama de este último que al verlo llegar con sus batallones frente a la ciudad sitiada, los troyanos corrieron a refugiarse tras las murallas. Solamente Héctor quedó afuera esperando a pie firme al legendario Aquiles. La leyenda frigia cuenta que Aquiles mató a Héctor, atravesándolo con su lanza, amarró el cadáver a su carro de combate y lo llevó arrastrando frente a Troya, sin que los defensores de la ciudad pudieran hacer nada por salvarlo. Zeus le ordenó a Aquiles que devolviera el cuerpo de Héctor a su padre, el rey troyano Príamo. El historiador Hecáteo[46] comentado admirablemente por Suidas, trata con detenimiento las circunstancias sensibles de este drama en un tratado sobre la obra de Homero y Hesíodo. Héctor presintió la derrota de su patria, incluso sintió un miedo natural frente a la potencia invulnerable de Aquiles, pero prefirió morir antes que padecer la vergüenza de la derrota. Es ésta una de las páginas más sentidas en la epopeya de La Liada.

HÉCUBA: Reina de Troya. Varias narraciones míticas -no siempre coincidentes- recuerdan la tradición de la desventurada Hécuba, también conocida con el nombre de Hecabea. Ennio la describe magistralmente en una de sus tragedias [47]. Según una leyenda de Frigia era hija de Dimas, rey de aquellas comarcas, hoy situadas en territorio turco. Esa versión dice que fue desposada por Príamo, rey de la Troada, con quien tuvo diecinueve hijos, entre ellos, París, Héctor, Poligena y Polidoro.La muerte de sus hijos mayores en la contienda troyana y la caída de la ciudad amurallada motivó su prisión y esclavitud al servicio de los vendedores, quienes la llevaron al Quersoneso. Los captores la mantuvieron largo tiempo en cautiverio, arrebatándole a su pequeña hija, a quien sacrificaron sobre la tumba de Aquiles. El asesinato del menor de sus hijos varones -el aún adolescente Polidoro- despertó en la desdichada mujer un terrible deseo de venganza. Una noche atrajo a Polimestor -el asesino de Polidoro- y tendiéndole una celada, lo mató y le vació los ojos. No conforme con esa venganza, en una vorágine de odio irrefrenable, también dio muerte a los hijos de aquel, inocentes del crimen que su padre había cometido. La tragedia de Hécuba sirvió de inspiración a la obra homónima de Eurípides.

HEFESTO: [Vulcano] Dios de las fraguas. Su culto comenzó en la Edad de Hierro, cuando el hombre pudo dominar los metales asociados al poder de las armas y por lo tanto al predominio político y militar de otras regiones del mundo primitivo. Las figuraciones antiguas lo muestran como una deidad habilidosa con sus manos, capaz de realizar trabajos maravillosos, fundir metales, crear aleaciones y hacer con ellas armas y otros objetos de un valor extraordinario. El mito más antiguo, asociado a la figura de Hefesto, lo hallamos entre los Medos, en las montañas de Ecbatana, al este de la Mesopotamia, en el siglo décimoctavo antes de nuestra era. Es posible que de allí haya pasado a los pueblos del mar Egeo con la expansión del imperio Hitita (1.275 a.J.C.). Los griegos creían que Hefesto era amigo de los Cíclopes quienes le ayudaban a arrancar el mineral de hierro de las montañas sagradas. Los mitos de Tracia lo mostraban como un personaje deforme que, al nacer, había sido rechazado por sus padres. Las alegorías de aquellos tiempos lo muestran encorvado, morando en una enorme cueva donde tenía su fragua y de la que rara vez salía. Tuvo tres esposas: Cárite, Aglave y Afrodita, que le fue infiel, desde entonces, se estuvo siempre solo o en compañía de los Cíclopes. Los romanos, tomando la idea del fuego de su fragua, lo relacionaron con los volcanes.

HELÍADAS: Nombre común de los descendientes de Helios [el dios sol]. En las leyendas de Ática y Beocia, eran las siete hijas luminosas del astro rey. Sus nombres eran: Aeterea, Lamperia, Faetusa, Helia, Dioxipe, Mérope y Fedea. Los pueblos de Arcadia, Élida y Acaya recogen el mito, reduciendo su número, a veces, a cinco deidades de la luz, y en otras oportunidades, a tres ninfas, llamadas  doncellas de los rayos solares”. De tanto llorar la muerte de su hermano Faetón, quedaron convertidas en cipreses y sus lágrimas se transformaron en cuentas de ámbar. Las narraciones de esta curiosa leyenda -originaria del norte de Tesalia- dicen que se convirtieron en álamos, versión que recoge Aristarco[48], añadiendo que también se empleaba el patronímico Helíadas para nombrar a Macáreo, Faetón, Actis, Ténages, Triopas, Oquimo y Cercafo, los siete hijos varones de Helios y Roda. En la gran isla de Eubea se descubrió una lápida de mármol que cita a los siete hermanos, pero curiosamente cambia los nombres de Oquimo y Cercafo por Candalo y Crisipo. Otra leyenda cuenta que los siete jóvenes tenían una hermana pequeña, llamada Electriona, diosa virgen, adorada por los rodios.

HELICAÓN: Héroe legendario, natural de Troya, cuyo culto se extendía hasta la península itálica. Las tradiciones que narran sus hazañas, afirman que era hijo del rey Antenor y esposo de Laodicea. Junto con su padre y hermanos fueron los míticos fundadores de la ciudad de Patarium (Padua).

HELIOS: Nombre del sol en la antigua Grecia. Fue la segunda de las deidades mayores en la vasta y compleja dinastía de los dioses helénicos. Según la tradición, reinó durante treinta mil años. Su imagen divinizada tenía un significad muy particular, relacionado con el milagro la vida sobre la tierra. Desde los tiempos más remotos, las primitivas culturas habían comprendido que la existencia de Helios significaba luz y calor, elementos indispensables en las cosechas y en todas las funciones de la vida misma. En algunas regiones de Macedonia, Ática, Beocia y el Peloponeso, Helios tenía un predicamento comparable al de Zeus. La figura humanizada de esta divinidad suele aparecer montada sobre una cuadriga y sosteniendo con firmeza las riendas de sus cabalgaduras. La idea que surge de esa imagen conceptual es el mítico carro de fuego, surcando el cielo durante el transcurso del día, “desde las primeras claridades que se alzan en Levante hasta el rojo ocaso del Poniente[49]. Así se lo ve representado en varias esculturas y altorrelieves. El mito parece aún más antiguo, tal vez procedente de Egipto, donde existía una ciudad llamada On. Situada en el delta del Nilo, sobre una de sus feraces riberas, es la misma que los griegos llamaron Heliópolis y que en la actualidad se conoce con el nombre de Matariah. Se supone que los dos obeliscos, llamados “Agujas de Cleopatra” (hoy situados en Londres y Nueva York), eran monumentos religiosos que señalaban el rumbo solar. En una metopa del templo de Atenea, en Ilión, se ve al dios Helios sobre su mítico carruaje, con los cuatro briosos caballos galopando, el brazo derecho en alto y la testa engalanada con una corona de rayos flamígeros. En algunos tratados antiguos sobre mitología griega, la figura de Helios aparece relacionada con los dioses egipcios Atum o Tum. El nombre Helio -con el significado de sol- se aplica como prefijo en la composición de numerosos vocablos relacionados.

HEMÓN Y ANTÍGONA: Amantes trágicos. Un cuento alegórico del siglo tercero antes de Cristo dice que Hemón, hijo de Creonte y Eurídice, se suicidó ante el panteón de los Labdácidas, cuando fue a rescatar a su amada y la encontró muerta. Los Labdácidas, descendientes de Lábdaco, rey de Tebas, eran enemigos ancestrales de la familia de Hemón.

HERA: Diosa protectora del amor conyugal. Esposa de Zeus, era hija de Cronos y Rhea. Celosa en extremo no perdonaba las continuas infidelidades del rey del Olimpo. Tuvo varios hijos, entre ellos Hebe, Ares, Ilítia y Hefesto. Su tradición encarnó la figura de la diosa romana Juno.

HERACLES: [Hércules]. Uno de los personajes más célebres de la mitología griega. Era hijo del dios Zeus y la joven Aclmena, llamada “la fornida”. Debido a su estatura y fuerza descomunal, pudo realizar numerosas hazañas que le dieron un lugar destacado en el templo de los héroes. En la extensa lista de sus hechos legendarios, figura la separación de las montañas de Calpe y Ábila, formando las “columnas de Hércules”, denominación latina del estrecho de Gibraltar; la liberación de Prometeo encadenado del buitre que le comía las entrañas y los llamados “doce trabajos de Heracles”:

1] Derrotó al feroz león del bosque de Nemea.

2] Dio muerte a la hidra de Lerna.

3] Capturó al enorme jabalí de Erimantea.

4] Venció en una carrera con la cierva con pezuñas de bronce, tenida por el animal más veloz de su tiempo.

5] Con sus certeras flechas, logró exterminar a las aves del lago Estinfal.

6] Pudo amansar al indómito toro de Creta.

7] Logró dejar libres y limpios a los inmensos establos del rey Augías.

8] Derribó en un duro combate al rey Diómedes, de Tracia.

9] Se apoderó de las manzanas de oro del Jardín de las Espérides.

10] Descalabró a las aguerridas Amazonas.

11] Mató al gigante Gerión y le arrebató sus rebaños de bueyes rojos.

12] Capturó al can Cerbero y lo llevó atado hasta Tesalia.

En Atenas, cada año se realizaban unas celebraciones en honor de Heracles, llamadas “Fiestas Diomeias”.

El folclore regional de Europa Central -a más de mil kilómetros al norte de Grecia- conserva curiosas leyendas relacionadas con las aventuras de Heracles. En el valle de Ojkow, cerca de Cracovia, existe una rara formación rocosa de casi veinte metros de altura con el aspecto de una masa descomunal, clavada en medio de la carretera que atraviesa esa región.

Una tradición popular recogida entre los campesinos de la comarca, cuenta que Heracles llegó a lo que hoy es Ojkow desde las cálidas tierras del sur, persiguiendo al león de Nemea. Según esa leyenda, en aquellos bosques entonces solitarios el héroe griego descubrió finalmente a la bestia, que se hallaba oculta en una cueva, y tras un recio combate logró derrotarla.

La lucha entre ambos colosos fue denodada. Por momentos parecía que el enorme león terminaría por aplastar a Heracles y desgarrarlo con la formidable potencia de sus garras. Los estruendosos rugidos se escuchaban hasta en los confines del bosque.

Finalmente, Heracles logró asestar un fuerte garrotazo en la cerviz testuz del animal, que cayó exánime. En memoria de aquella justa, la gigantesca masa de piedra quedó clavada en el lugar para recuerdo de otras generaciones.

La curiosa piedra, que hoy se conoce con el nombre de Maczuga Herkulesa o Maza de Hércules (Heracles) es hoy un hito que recuerda antiguas leyendas diseminadas desde las fronteras helénicas a través de diversos lugares de la Europa central.

El renacimiento cultural de Polonia, ocurrido a principios del siglo XX permitió recuperar viejas tradiciones locales que estaban olvidadas en los libros. Otras muchas de ellas habían logrado conservarse en la memoria colectiva del pueblo a través de tradiciones orales.

Así es como se comprenden las extrañas figuras artísticas que aparecen en las fachadas de Stare Miastro (la antigua Varsovia). Un centenario edificio de muros historiados, situado frente a la Plaza del Mercado, muestra la figura de aquel temible león de la leyenda heracliana.

Muchas de esas obras escultóricas, tan valiosas y apreciadas por su valor didáctico, se perdieron durante la segunda guerra mundial. Otras fueron arrebatadas durante la dominación comunista. Sin embargo, la fuerza del sentimiento nacional perduró hasta el renacimiento polaco, cuya tradición une los extremos de dos culturas tan distantes como los eslavos de la región del Vístula y los pueblos helénicos de la Europa meridional.

-Pero, ¿Cómo llegó esa leyenda griega hasta el sur de Polonia?

En principio, tenemos que pensar en lo que debieron significar aquellas travesías en la antigüedad. Actualmente existen carreteras y medios de transporte que facilitan los desplazamientos, pero en la antigüedad, sólo los grandes ejércitos en plan de conquista se aventuraban en peligrosas expediciones que a veces duraban años.

De hecho, muchos de los integrantes de aquellos viajes morían en el camino, como los navegantes de La Odisea, y otros, por la razón que fuere, no regresaban, sembrando en tierras extrañas la impronta cultural de sus propias tradiciones y creencias religiosas.

En tiempos pasados, para arribar a la meseta de Wysyna Malopolska, donde hoy se encuentran la ciudad de Cracovia y el valle de Ojcow, era necesario atravesar a pie la cordillera de los Balcanes, recorrer en dirección norte la llanura baja de Hungría, cruzar numerosos ríos, como el Bega, el Koros y el Maresul, y ascender nuevamente hasta la meseta septentrional, trasponiendo las cumbres de los Cárpatos occidentales, con pasos que superan los dos mil metros de altitud sobre el nivel del mar.

-¿Pudo realmente la leyenda de Heracles alcanzar regiones y culturas tan lejanas? En términos históricos, es difícil identificar el contexto del mito con la pura realidad. Sin embargo es comprensible la idea de que un personaje legendario -un héroe divinizado- pudiera representar a todo un pueblo.

-¿Hubo invasiones hacia el norte por parte de los macedonios, como ocurrió en el siglo IV antes de Cristo con Alejandro Magno?

Se sabe que Alejandro se dirigió hacia el Este, en dirección a Babilonia, recorriendo más de tres mil kilómetros hasta llegar al norte de la India, pero no hay constancias, por lo menos hasta ahora, de que él mismo u otro conquistador anterior partiera desde Grecia hacia las tierras boreales.

Sin embargo, aunque no se han hallado constancias arqueológicas de tales conquistas, es cierto que en las llanuras de Valaquia, en Bulgaria, en los Alpes transilvanos de Rumania y en Eslovaquia, todavía subsisten leyendas y nombres regionales que hablan de antiguas relaciones de conquista e influencias mitológicas dejadas por la fértil imaginación de los pueblos helénicos.

Cabe acotar que en aquellos tiempos, en que no existía una ortodoxia religiosa, ni libros de cánones que reglamentaran los dogmas religiosos, era natural que cada individuo interpretara el pensamiento místico a través de sus propios miedos. Y que, por ende, los trasmitiera a su manera, presuntamente como los habría escuchado de sus padres y abuelos.

Leyendo esos nombres curiosos que bordan la geografía y confrontándolos con la historia, no resulta difícil imaginar a las hordas de guerreros cruzando vastos territorios del centro de Europa en busca de  nuevos pastos para sus caballos, mujeres y riquezas producto del pillaje.

Con los pueblos marineros, la leyenda de Heracles llegó, llegó desde el mar Egeo hasta las lejanas costas del actual estrecho de Gibraltar y al abrigo de sus velas, dejó en su forma latina el orgulloso epíteto de “Columnas de Hércules”. Por el Este, con las huestes de Alejandro Magno, el mito alcanzó los limites de entonces cercano Oriente, más allá del Golfo Pérsico, aún más lejos que esas brumas que ocultaban lo desconocido, con un raro aroma de especias, piedras raras y metales preciosos.

El influjo colonizador y conquistador no tuvo límites. Corrían tiempos arcaicos donde todo eran incógnitas. Sólo el ardor africano, el interminable desierto entonces llamado de Lybia, frenaba los impulsos conquistadores de reyes y príncipes ansiosos de gloria y poder. Blancas osamentas pulidas por la arena, y todavía enjaezadas en sus resquebrajados arneses, advertían a los audaces que traspasar aquellas dunas sin límites sería un camino donde no existía el retorno. Sólo quedaban entonces los rumbos del norte, con buenos pastos, abundante agua dulce y un clima mucho más moderado que el ardiente trópico narrado en las tradiciones homéricas.

Es posible que los pueblos de Macedonia también hubieran alcanzado hacia el norte y en plan de conquista, las mesetas de Europa Central. Era el camino que señalaba el brillante carro del sol del dios Helios en su trayectoria desde las tierras orientales hasta los remotos confines de occidente. Apolo, el dios más esplendente del Olimpo, aparece reiteradamente en las leyendas populares y los nombres geográficos que lo recuerdan se suceden en ese largo trayecto que sigue el rumbo solar hacia las misteriosas fuentes de Boreas, las tierras del norte.

-¿No era ése un signo de las deidades? Los antiguos creían en aquellas premoniciones. Los oráculos hablaban de ello como de una gran incógnita que desafiaba el interés particular del hombre, desde el monarca hasta su último guerrero. Las rutas geográficas hacia el norte fueron trazadas a lomo de corceles por los conquistadores de entonces, porque no existían caminos. Sin embargo, en las ruinas sembradas a lo largo de aquellos rumbos aparecen copias romanas de bellas estatuas helénicas, cuyas líneas clásicas revelan la mano, o al menos la directriz de grandes escultores griegos, como Scopas, Cánacos o Praxíteles. La figuras de Apolo, adorado en todo la geografía helénica, aparecen entonces en Bosnia, en las llanuras aluviales entre los ríos Drava y Tisza y aun más al norte, en límite entre Croacia y Hungría.

Hestia, la diosa Vesta protectora del hogar, mimetizada con denominaciones eslavas y a veces confundida en tiempos cristianos con la virgen María, se ve reflejada reiteradamente en los mitos familiares y los cantares que marcan el fin de cada año solar. Hija de Cronos y Rea, Hestia resurge una y otra vez en las leyendas balcánicas que narran el control de las horas, un saber aprendido de su padre, el dios del tiempo. Un pequeño templete de estilo dórico, hallado en la región de Csongrad, en la Gran Llanura Húngara decía: “Hestia en las viviendas de nuestro pueblo ejerce tu bondad e influencia sobre humanos y dioses inmortales, tuyo es el honor, Oh diosa de la felicidad hogareña. En tu honor ofrendamos este vino consagrado”. La ofrenda también aparece escrita en varios frisos de piedra, que rezan. “Con nosotros has llegado, preside pues nuestro hogar. El antiguo culto a Hestia induce a pensar en un origen lejano del mito, tal vez procedente de la Grecia continental.

En las estribaciones de los montes Tatry, región del Gran Tatra (Eslovaquia) los mitos folclóricos locales recuerdan la aventura de los argonautas y en Crisana (Rumania) a un personaje heroico que parece identificarse con Teseo, cuando acompañó a Heracles para recuperar el cinturón que ostentaba Hipólita, la reina de las Amazonas. Una estatua muy significativa, hallada cerca del lago de Liptovsky Mikulas, muestra a un personaje en la misma posición que la figura del Templo de Apolo en Eretria del siglo VI antes de Cristo.

Entre todas esas muestras que revelan la existencia de una extensa cultura griega a través de todo el orbe entonces conocido, destaca la gigantesca “Maza de Heracles”, ese monumento natural enclavado en el sur de Polonia, donde la mitología parece confundir a las tierras de Nemea con aquel lejano valle situado en las proximidades de Cracovia.

¿Fue la lucha con aquel fiero león tan célebre en la antigüedad? Sin duda, los doce trabajos de Heracles figuran entre las leyendas griegas más conocidas y difundidas de todos los tiempos.

Aquel primer trabajo, tal vez el más difícil de todos los encargos que el tirano Euristeo ordenó a Heracles, consistía en un duelo a muerte cuyo desenlace era previsible. Nadie había podido doblegar al gigantesco animal cuyas zarpas eran tan grandes como peñascos y sus rugidos aturdían a gran distancia. En la natural exageración de los cuentos fantásticos, la enorme maza de Ojkow parecía una arma adecuada para derrotar a semejante bestia, que tenía aterrorizados a los habitantes de aquella comarca.

Pero Nemea es una región del Peloponeso cercana a Corinto…

-¿Es posible que el mito se hubiera extendido tanto a través del tiempo, que en las brumas de la leyenda se confundiera al Gran Tatra con el monte Citeron?

Es verdad que los mitos y creencias se extienden junto con las migraciones humanas. Los pueblos no se trasladan solos, llevan consigo sus raíces y allí donde van se trasplantan, creando nuevas culturas, pero manteniendo sus creencias. Sería un episodio más de transposición cultural de los muchos que ocurrido en la historia de la humanidad.

Una antigua hacienda romana, situada en el viejo camino real que iba desde Cádiz hasta Málaga, ostentaba desde tiempos remotos el nombre de Vila Herculem, o Erqlem, como la llamaron los árabes. En aquel lugar, originalmente fundado por navegantes fenicios, existía un bello templo de jaspe dedicado a la memoria de Heracles. Bajo la dominación romana de la provincia bética, mantuvo su condición de lugar sagrado y era sostenido por el pueblo con gran veneración.

Durante las fiestas de la Trinidad, en la ciudad belga de Mons, se acostumbra representar el “Lumeçon”, una celebrada pieza de teatro y danza, inspirada en el combate entre el dragón y San Jorge. El origen de esta obra se difundió en Europa del norte durante la Edad Media. A su vez, la obra parece inspirada en la antigua tradición helénica de Cadmo luchando contra un dragón, cuya efigie aparece reiteradamente en vasos y jarrones cerámicos de estilo cireneo.

Los trabajos de Heracles fueron numerosos y su celebridad excedió los confines geográficos de Grecia. La narración de sus hazañas -que parecen representar a todo un pueblo- aparecieron documentadas por primera vez en la obra de Homero (“La Ilíada” T.XVIII c.119, T.XIX c.97; “La Odisea” T.XXI C.14-30, etc.).

La poesía dramática tampoco permaneció insensible a ese fenómeno. En el siglo V antes de Cristo, el poeta Eurípides escribió una obra titulada “Hércules furioso”. Es una pieza de carácter teatral en la que se percibe el profundo sentido didáctico que quiso darle su autor. Inspirada en un pasaje de la historia de Heracles, expresa la ira que sintió el héroe cuando al regresar vencedor de la prueba del infierno se entera que Lycus, creyéndolo derrotado había ordenado la muerte de su esposa y sus hijos.

Parece lógico que la forma de aquella enorme roca recordara en el seno cultural de otros pueblos la forma del temible garrote del héroe griego. Y también es lógico deducir que el origen de esas tradiciones se pierda en la bruma del tiempo, yendo aún más atrás de ese periodo poco documentado al que llamamos protohistoria. Ese límite entre la prehistoria, librada a la paciente investigación de la arqueología, y la historia propiamente dicha o documentada en forma fehaciente, parece ser el tiempo clave donde se fraguaron las leyendas. Fue en esa época cuando se acrisolaron los mitos, adquiriendo con el paso del tiempo el firme carácter de las tradiciones populares.

Los conocimientos adquiridos por la humanidad durante la Edad del Bronce promovieron un mundo de exploraciones en busca de esos preciados metales. Se necesitaban lanzas, espadas, escudos y corazas para armar y abastecer a los ejércitos conquistadores.

La necesidad de recursos de todo tipo fue una constante en la historia de la humanidad. Los montes metalíferos, enclavados en la falda meridional de los Cárpatos, excitaron la imaginación de los antiguos con leyendas de vetas inagotables y cuantiosos tesoros de oro y plata. La atención de aquellos conquistadores se centraba en las estribaciones de un macizo situado en el norte de la actual Eslovaquia, dentro de la extensa cadena montañosa que culmina con los picos del Nizke Tatry (Pequeño Tatra).

El lugar estuvo sembrado de vestigios arqueológicos que parecen recordar pasadas invasiones. Desde tiempos remotos existían allí las ruinas de un pequeño templo de estilo dórico que según las tradiciones locales estaba dedicado a Belerofontes, el hijo de Poseidón. Situado en la cúspide de un cerro escarpado, el frontis de aquel bello templete, orientado hacia el Este, mostraba una estatua de la diosa Eos (la Aurora) encargada de hacer amanecer cada día.

-¿Serían esas las tierras del rey Yóbates, a las que arribó Belerofontes montado en el caballo alado Pegaso?. Al pie de aquella histórica montaña, en el valle del río Hron, se fundó un poblado que hoy es la ciudad de Brezno.

Los derroteros que se extienden desde las praderas de Macedonia hacia el centro de Europa están sembrados de sistemas orográficos, cuyos nombres se relacionan con la explotación de las vetas metalíferas. El motivo fue sin duda la búsqueda de materia prima para la confección de armas, joyas y utensilios domésticos (fíbulas, piezas de arnés, clavos, etc.). En el occidente de Rumania, cerca de la frontera con Hungría, se elevan los Muntii Metaliferi, a cuyos pies corre la carretera de Oradea, puerta de entrada a la gran llanura húngara. Era esa la antigua ruta que siguieron los pueblos helénicos.

El trayecto aún está sembrado de topónimos cuya etimología recuerda las antiguas leyendas que traían consigo los conquistadores como bagaje cultural. Al pie de la cordillera metalífera rumana, dominada por el imponente macizo Bihariei, se encuentra el pueblo de Tebea, cuyo nombre recuerda a la Tebas griega. En las tradiciones antiguas, Aries era el carnero que Hero y Frixo llevaron a la Cólquida (Hoy Turquía).

La leyenda de Jasón y los argonautas recuerda aventuras en tierras inhóspitas y montuosas, que comprenden la búsqueda del “Vellocino de oro” y el posterior regreso, plagado de peligros. El término latino Aries (carnero) estuvo siempre relacionado con la simbología militar de los pueblos conquistadores. De hecho, el ariete lleva ese nombre porque el extremo del tronco o émbolo que usaban para golpear puertas y muros, tenía la forma de una enorme cabeza de carnero con sus cuernos de hierro macizo. La formidable potencia del ariete, capaz de derribar murallas, representaba la fuerza sobrehumana de Heracles, propia de un campeón hecho símbolo en las más antiguas tradiciones de su pueblo.

HERÁCLIDAS: Nombre que recibían en la antigüedad los descendientes del héroe Heracles (Herculanos).

HERACLIÓN: [Heraklion] Ciudad portuaria de la isla de Creta, también conocida con el nombre de Candía. En ella transcurre la acción de varias narraciones legendarias relacionadas con la civilización minoica.

HERÁCLITO DE EFESO: Filósofo griego del siglo V antes de Cristo. Su pensamiento se encuadra dentro las doctrinas del determinismo. Sus obras principales se inspiran en la observación de la naturaleza de las cosas.

HEREUM: Antiguo santuario de la Argólida [Peloponeso]. Estaba dedicado al culto de la diosa Hera. Durante el dominio bizantino fue conservado como lugar de peregrinación, con el nombre de Templo de Juno. Su historia parece poblada de enigmas y leyendas que trascienden a través del tiempo, transformándose en narraciones mitológicas. Una de ellas es el laberinto del Hereum. Según Clinias[50] el diseño de la planta de ese complejo subterráneo tenía un carácter numérico, astronómico y musical. Su entrada se hallaba bajo un pequeño tholos o templete circular. A corta distancia existía un santuario aún mayor, presidido por las célebres sacerdotisas Herésidas. Era tal su importancia en Argos que los periodos de sus respectivos sacerdocios se utilizaban como fechas en los monumentos conmemorativos. El templo superior, de estilo dórico, se mantuvo casi intacto hasta la conquista otomana. En el lugar se llevaban a cabo anualmente las Fiestas Hereas.

HERMES: [Mercurio] Dios mensajero, hijo de Zeus y Maya. Benefactor de los mortales e intermediario entre estos y las divinidades del Olimpo. La figura alada de Hermes aparece en numerosas leyendas. Los antiguos creían que había inventado el alfabeto, la música, la gimnasia y la astronomía. Tuvo muchos hijos, uno por cada una de sus virtudes.

HERMIONE: Símbolo de la infidelidad, según una antigua leyenda de Laconia, reproducida en un bajorrelieve de terracota. Su imagen aparecía representada con dos caras. Una miraba hacia delante y otra hacia atrás. ¿Cuál era la cara real? La incógnita queda oculta por las brumas de la leyenda. Hija de Helena y Menelao, rey de Esparta, Hermione se casó Neoptólemo, aunque estaba comprometida con el héroe Orestes. Al haber faltado a su promesa hizo que Afrodita la castigara, negándole la maternidad. Como había intentado quedar embarazada sin poder conseguirlo, Hermione acusó a una supuesta amante de su esposo de provocarle la esterilidad con hechizos. Cuando Neoptólemo concurrió al oráculo de Delfos para saber la verdad se encontró con el despechado Orestes, ambos rivales se trenzaron en lucha y Orestes mató a Neoptólemo. Más tarde, Hermione volvió a los brazos de Orestes, con quien tuvo un hijo al que llamaron Tisámeno. Es una versión anterior a nuestra era. La otra, de un periodo posterior, dice lo contrario: Hermione fue obligada por su padre a contraer matrimonio con Neoptólemo, un influyente ciudadano de Esparta mucho mayor que ella. Algunos autores niegan que fuera este personaje el hijo de Aquiles. En los términos de esa alianza de conveniencia, Menelao perseguía fines políticos y comerciales con otras ciudades del Peloponeso. El reencuentro de Hermione y Orestes simboliza aquí la perseverancia y el triunfo del amor.

HERÓFILA: Princesa de Eritrea. Hija del rey Cetófago. Su nombre aparece como sacerdotisa de Delfos y célebre adivina de la mitología griega. Predijo a la reina Ecabea -madre de París- las desgracias que acarrearía a Troya el ser que estaba gestando en su vientre. Por su condición de gran sibila de la Troada, se le encomendó la custodia del templo de Apolo Esminteo. Su sepulcro, engalanado con un impresionante monumento al dios Mercurio y numerosas estatuas femeninas, fue descrito por el historiador Pausanias[51].

HESIONE: Esta leyenda troyana, se pierde en el tiempo, oculta tras las piedras de nueve ciudades superpuestas. Mito puro o realidad adornada por la fantasía, el hecho es que hubo cierta Troya devastada por un terremoto, sus muros derrumbados, los sillares arrancados de cuajo, que permiten suponer un momento de grandes calamidades en aquella antigua Ilión, hoy tan lejana en el tiempo. Hesione era una joven princesa, hija del rey Laomedón. El monarca, veía impotente a su amada ciudad y a su pueblo, desolados por tantas tragedias y epidemias. La muerte, simbolizada por la figura imaginaria de un monstruo, cobraba día a día nuevas víctimas. Consultado el oráculo, éste dijo que Laomedón debía ofrecer el sacrificio de su propia hija para calmar las iras de los demonios. Dispuesto a cumplir el dictado sagrado, Laomedón ordenó, muy a su pesar, que amarraran a su hija en la roca del Imroz, situada en una isla del mar Egeo, a la entrada del estrecho de los Dardanelos. Allí quedó la joven, trémula de pavor, a merced de un presunto monstruo marino, que debía saciar su sed de sangre para no seguir asolando los hogares de aquella ciudad fabulosa. Vemos aquí, como la historia se repite con distintas figura. ¿Será este mito una múltiple conjugación de la aventura de Andrómeda, vivida por el héroe Perseo? El caso es que Heracles la salvó de la muerte, después de un durísimo combate, en el cual estranguló al monstruo y arrojó su cuerpo a los abismos marinos. El trato que Heracles había hecho con Laomedón era que si lograba matar al infernal animal, el rey le daría en premio una triga de caballos divinos, de color blanco, que se hallaban en las cuadras reales. Pero el rey, cuando recuperó a su hija sana y salva, no cumplió su palabra de entregar los corceles. Eso enfureció a Heracles, quien por ese motivo poco después invadió Troya, con la ayuda del héroe Telamón, al frente un ejército de hóplitas. Luego de la caída de la ciudad, Heracles se quedó con Hesione como botín de guerra y se la dio como esposa a su aliado, Telamón. Hesione aceptó el acuerdo, pidiendo como regalo de bodas la vida de su hermano Príamo, que entonces era un adolescente. La leyenda cuenta que de su unión con Telamón, Hesione tuvo dos hijos Trambelo y Treuco, quienes después serían protagonistas de una tradición frigia.

HESPÉRIDES: Mito universal. En la época griega clásica eran unas doncellas jóvenes y hermosas, que custodiaban un secreto jardín, propiedad de los dioses. Con más o menos detalles, la fábula se repite en diferentes épocas y culturas. Su origen se remonta a los tiempos de la expansión de los imperios orientales a través del Asia Menor. La narración más antigua documentada en tablillas de arcilla, dice que las Espérides eran veneradas en Elam, al este de Sumeria. Más tarde, el mito aparece con diversos nombres, entre los pueblos seminómadas de Hatti, en la actual Capadocia (Turquía Asiática). También fueron populares entre los habitantes del Ponto (Mar Negro), en Armenia y en Bitinia. Finalmente, existen leyendas transmitidas en forma oral, por los habitantes de Tracia y Macedonia. La versión griega tradicional dice que las Hespérides eran hijas del gigante Atlas y la ninfa Héspero, por lo tanto, las hacen aparecer entre las figuras primigenias del panteón helénico. Según consta en varios escritos, contemporáneos de los siglos VII y VI a.J.C., custodiaban un jardín fantástico, consagrado a la diosa Hera, la Juno de los romanos. En las verdes terrazas de aquel vergel crecía un gran manzano, cuyos frutos eran de oro. El árbol había sido un regalo de bodas de la diosa Gea, la Madre Tierra, para el casamiento de Hera y Zeus. La real importancia de aquellas manzanas maravillosas, residía en el hecho de conceder la inmortalidad a quien las comiera. En premio por su función de custodias de tan preciado regalo, Zeus las convirtió en islas, que formaron el actual archipiélago de las Canarias, conocido desde la antigüedad como islas Espérides. Algunos autores creen que en realidad se trataría del archipiélago de Cabo Verde. Los escritores latinos las llamaban Hesperis. Este punto en particular vincularía a la versión grecorromana del antiguo mito con la época de los primeros descubrimientos náuticos y geográficos al occidente de las Columnas de Hércules.

HESTIA: Deidad virginal, Hija de Cronos y Rhea. Zeus la convirtió en estatua por haberse negado a sus requerimientos amorosos. Una ficción alegórica la presenta inmóvil sobre un pedestal, honrada por los demás dioses. Los beocios la adoraban como una divinidad benéfica, relacionada con el fuego del hogar. También fue venerada por los macedonios. En Pieria, al norte del monte Olimpo, existía un santuario elevado en su honor. Los romanos la tenían en los altares domésticos como una diosa protectora del hogar y la pureza de las jóvenes casaderas.

HIBRIS: Personificación de la maldad. El mito original posee un precedente en Artaxa (Armenia), tal vez derivado de creencias aún más remotas, de las que se conocen versiones similares en la primitiva ciudad de Ctesifón (Mesopotamia). Se sabe que en la desaparecida Biblioteca de Alejandría, existía un rollo voluminoso, dedicado exclusivamente a describir los peligros de esta diosa del mal, tan temida por los pueblos de la antigüedad[52]. En la versión grecorromana, Hibris aparece representada por una mujer de edad mediana, vestida con una amplia túnica y sosteniendo con sus manos una cadena. Cada eslabón representa un vicio distinto: la gula, la falsedad, la mentira, la hipocresía, etc. Uno a uno los eslabones conducen al siguiente, dando a entender que en una vida disipada y llena de inmoralidades, los vicios, si no son erradicados por completo, conducen inexorablemente a otras faltas peores.

HIDRA DE LERNA: Monstruo legendario que poblaba de miedos la imaginación de los antiguos griegos. Según la leyenda beocia, la Hidra de Lerna era hija de Tifón y Equidna. Su cuerpo se parecía al de un chacal enorme con cola prensil y nueve cabezas de serpiente, una de las cuales tenía el poder de revivir, aunque fuera cercenada. Heracles recibió el encargo del rey Euristeo de acabar con aquel temible animal, hecho que el héroe cumplió con éxito. La historia de este mítico combate se encuentra reflejada en “Los doce trabajos de Heracles”. Esa monstruosidad mitológica, que simbolizaba los horribles demonios del averno también aparece registrada en antiguas fábulas folclóricas de la región de Nínive y Kalah (Nemrod), en el norte de Asiria. Es posible que de allí hubiera pasado a Frigia y Tracia. Según la leyenda de la laguna de Lerna, en la Argólida, la constitución de ese engendro era casi inmortal y sus numerosas bocas estaban provistas de afilados y venenosos colmillos.

HIGIA: Llamada salus por los latinos, era la divinidad relacionada con la salud. Sus atributos son la copa y la serpiente. Los helenos la citan como hija putativa de Asclepio (Esculapio) dios de la medicina. Una versión ática la relaciona con Atenea, como perteneciendo al séquito personal de la diosa.

HILAS: Hijo de Tiodamante, rey de los dríopes. Una interpretación de los textos antiguos, un tanto contadictoria, afirma que Heracles mató a Tiodamante y raptó a su hijo Hilas, del que se había enamorado. Esta aseveración, recogida por el historiador Janto[53] aparece con frecuencia en otras versiones posteriores. Durante la expedición de la nave Argos, Hilas formaba parte de la tripulación. En Misia, una región de Asia Menor, cercana al Helesponto (Mar Negro) sus compañeros le pidieron que fuera a recoger agua fresca de un manantial existente en un bosque cercano a la costa. Las ninfas misianas, viéndole tan hermoso, no le dejaron marchar. Tal fue el disgusto de Heracles por la desaparición de su amigo, que en lugar de proseguir el viaje con los argonautas se quedó en Misia buscando al muchacho. Y obligó a su gente a ayudarle. Mientras tanto el joven se hallaba muy a gusto con las ninfas, mejor que trabajando de remero, de manera que procuró que sus compañeros no lo encontraran. La tradición persistió a través del tiempo de manera que al final se creó una fiesta anual en la que se seguía “buscando a Hilas”.

HIPNOS: Deidad de los sueños, hijo de la Noche. Tuvo tres descendientes: Fantaso, Iquelo y Morfeo. En las pinturas antiguas, aparece representado con la figura de un hombre que roza la frente de las personas con una rama de olivo provocando el deseo de dormir.

HIPÓLITO: Joven cazador, enamorado de Aricia, princesa de los Palántidas. Hipólito era hijo del héroe Teseo y de una amazona, recuerdo de sus aventuras juveniles entre aquellas mujeres guerreras. Era un ferviente adorador de la diosa Artemisa, la Diana cazadora de los romanos.

-I-

 

ÍFICLES: Era el hermano gemelo de Heracles. Aunque había nacido el mismo día, la tradición dice que ambos eran hijos de padres diferentes. Íficles acompañó a Heracles en sus andanzas, ayudándolo en trances difíciles. Su figura, menor que la de Heracles, aparece en algunas ilustraciones antiguas y también en un bajorrelieve de piedra, hallado en la región de Eubea y dedicado a exaltar la vida de Heracles.

ILÍADA: Término derivado de Ilión. Según la leyenda era el antiguo nombre de la ciudad de Troya, ciudad de Asia Menor, fundada en época remota en la actual colina de Hissarlik (Turquía). La Ilíada es un poema épico, cuyo argumento literario glorifica la valentía y la espiritualidad de los seres que poblaron la antigua Grecia. Agamenón, rey de Corinto lucha durante muchos años frente a los muros de Troya para recuperar a Helena, raptada por París, hijo del rey Príamo y limpiar el honor perdido por su hermano Menelao. En un momento de la trama, Agamenón le roba una esclava a su amigo y aliado, el héroe Aquiles. Éste, ofendido se retira de la lucha con todo su ejército. En esas circunstancias, un amigo íntimo de Aquiles, Patroclo, es muerto por Héctor, hermano de París. Debido a ese hecho, Aquiles decide regresar al combate con el propósito de vengar la muerte de Patroclo. Su desquite se consuma cuando consigue matar a Héctor, luego de unos episodios llenos de intensidad dramática. En todos los acontecimientos narrados en la Ilíada, se muestra la intervención de los dioses sobre los actos humanos. Los personajes parecen ser sólo marionetas, cuya suerte es decidida por una u otra divinidad. En el caso de esta obra, se advierte claramente a la diosa Palas Atenea, a favor de los griegos y a Minerva del lado de los troyanos.

ILIONA: Princesa de Troya, hija del rey Príamo. La leyenda cuenta que era una joven dotada de una impresionante belleza. Se casó con el héroe tracio Polimnéstor, quien más tarde aparece como protagonista de otra emotiva fábula, con el título de rey de Quersoneso. Iliona y Polimnéstor tuvieron un vástago, al que llamaron Deífilo (Amante de los dioses). Este joven también aparece en varias leyendas. El fin de Iliona constituye uno de los numerosos episodios dramáticos en la mitología griega. La reina de Quersoneso se dejó morir de pesadumbre por la muerte de su hermano Polidoro.

ILIÓNEO: Jefe del ejército troyano, amigo y compañero de armas del héroe Eneas. Finalizada la sangrienta contienda de Troya, Ilióneo siguió al héroe griego en la expedición a la Cólquida, distinguiéndose por su valor. Fue muerto por Diómedes. Hubo otros héroes con el mismo nombre.

ILITIA: Deidad lunar y de la lluvia. Protectora de los alumbramientos. Su personificación parece natural de la isla de Creta. En la vertiente sur del monte Ida, cerca de las ruinas de la antigua ciudad de Gorlys, existía un monolito en basalto gris elevado en su honor. Las tradiciones griegas dicen que Ilitia era una de las hijas de Zeus y Hera. Por su condición de divinidad hogareña, solía tener un lugar destacado en los altares domésticos de Creta y otras islas del mar Egeo. En las representaciones antiguas aparece arrodillada y con una antorcha en la mano derecha, símbolo de la primera luz que ven los recién nacidos.

IO: Joven sacerdotisa del templo de Hera, que fue amante de Zeus. Sospechando Hera que su egregio esposo pasaba demasiado tiempo en el templo, a puertas cerradas, se transformó en un cirio para poder entrar en el recinto sagrado sin ser descubierta. Cuando Zeus e Io estaban en plena faena amorosa, el falso cirio (Hera) se encendió de repente y alumbró la comprometida escena, montando en cólera. Para salvar a Io de la furia celosa de Hera, Zeus transformó a la joven en una ternera blanca.

IRIS: Deidad relacionada con los vientos y las corrientes marinas. Era también la personificación del Arco Iris, un fenómeno meteorológico que anunciaba buen suceso en la antigüedad. Los navegantes que surcaban los rumbos de las islas Espóradas le rendían culto durante sus escalas en la isla de Icaria. Una leyenda dice que Iris era hija de Electra, la oceánida. Su padre era Taumas o Taumante. La tradición le asigna el carácter de mensajera de los dioses del Olimpo. En la antigüedad existían varios santuarios dedicados a esta divinidad. Los más conocidos estaban en las islas de Naxos, Quíos y Lesbos; en los puertos de las Cícladas y también en la ciudad de Mileto, una población lidia sobre la costa del mar Egeo.

IXIÓN: Príncipe de los lapitas, de triste historia. Su madre era Perimela. Ixión se había enamorado de la princesa Dya, hija del rey de Deyoneo. Para obtener su mano debía pagar una dote al monarca, pero faltó a su palabra. Cuando Deyoneo le reclamó el pago de aquella deuda, Ixión lo asesinó. Por aquel crimen, Zeus decidió castigarlo con lo que él más quería, por ello, transformó a la bella Dya en una yegua. De esa extraña relación, nació el primer centauro. Mas tarde, Ixión abandonó a la yegua Dya y se enamoró de Hera, esposa de Zeus, a la que sorprendió desnuda en el baño e intentó violar. El dios de dioses, enfurecido por la insolencia de Ixión, lo hizo amarrar a una rueda en llamas que giraba eternamente.

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JANTO: Sobrenombre de varios personajes legendarios. Es necesario ubicarlo en su verdadero contexto literario para comprender exactamente de quién se trata. Entre los Jantos más citados por la mitología están: Aquiles, Apolo, Meleagro, Meandro, Radamanto y Jasón, el de los Argonautas. Un guerrero de Troya, muerto por Diomedes, el suegro de Tántalo y un rey de Tebas también llevaban ese apelativo. No debe confundirse con el historiador lidio, llamado Janto de Éfeso.

JÁPETO: Nombre de un Titán, célebre en la mitología de Tracia, también conocido con el nombre Gepeto o Xepeto. Aún con los nombres o títulos distintos, subsisten fábulas relacionadas con la vida de este personaje en Macedonia y Bulgaria. Esas narraciones, que forman parte de la cultura popular desde la baja Edad Media, proceden indudablemente de mitos de transmisión oral, conocidos por los pueblos desde la más remota antigüedad. En la mitología griega clásica, Jápeto era un gigante, hijo del dios Urano y la diosa Gea. Entre sus numerosos descendientes -llamados Japetónidas- se encuentran nombres de divinidades, como Prometeo, Atlante, Menecio y Epimeteo. Una de sus hermanas era la célebre ninfa Mnemosine o Nemosina.

JASIO: Hubo varios personajes legendarios que llevaron este nombre, al parecer muy popular en la antigua Grecia. El más divulgado de ellos fue el Jasio, hijo de Licurgo, esposo de Climene y padre de Atalanta, mito relacionado con formación de las estrellas. Una versión del siglo III d.C., cuenta que era hijo de Zeus y Electra, posiblemente confundiéndolo con Jasión. Otra leyenda, originaria de Arcadia, dice que un héroe de nombre Jasio, hijo de Agenor, llegó a ser rey de Argos.

JASIÓN: Héroe mítico, hijo de Zeus y Electra. Aparece en distintas leyendas y relatos folclóricos relacionados con la remota antigüedad helénica. Enamorado de la diosa Ceres, por insinuación de su padre logró enamorarla y tuvo con ella al dios Plutón. Una tradición de Arcadia cuenta que Jasión fue muerto por el rey Dárdano, fundador de Troya. Las versiones sobre su vida y muerte, recogidas por escritores como Higinio, Servio u Ovidio, son contradictorias, aunque todos coinciden en que Jasión fue uno de los fundadores del culto a Ceres en la Grecia continental, mito que luego se extendió a la isla de Creta y el sur de Italia.

JASÓN: Capitán de los Argonautas, hijo del destronado Esón, monarca de Yolcos. Fue criado por el centauro Quirón, quien lo acogió bajo su protección siendo un niño y le dio una esmerada educación. Con el objeto de recuperar su parte en el reino perdido por su padre, Jasón organizó una expedición marítima desde Tesalia hasta la Cólquida, en la costa oriental del mar Negro. Su propósito era apoderarse del fabuloso Vellocino de Oro, requerido por su tío Pelias, rey de Yolcos, como condición para devolverle su condición de príncipe de aquella región. Para ello, Jasón mandó construir un navío de cincuenta remos y contrató a una tripulación integrada por personajes heroicos y audaces, como Heracles, Teseo, Anfión, Orfeo, Meleagro o los Dioscuros Cástor y Polux. Una versión dice que los expedicionarios contaron con la ayuda de las diosas Hera y Atenea [sobre este particular se advierten diferencias en las distintas interpretaciones que se han hecho de la misma leyenda]. Desafiando innumerables peligros, atravesaron el estrecho de los Dardanelos, el mar de Mármara, el estrecho del Bósforo, en busca del Vellocino de Oro. Su regreso fue igualmente azaroso. La tradición dice que tras cumplir su cometido, la expedición de los Argonautas regresó a Yolcos, en un largo periplo a través de mares y montañas. La misma narración cuenta que Jasón murió aplastado por la quilla de la nave Argos, al desplomarse ésta cuando el héroe se hallaba descansando abajo.

-K-

 

KERES: Seres maléficos que poblaban la imaginación de los antiguos, infundiendo temor y respeto. En los tiempos primitivos les rendían culto por medio de sacrificios de animales. Las fábulas tejidas en torno a sus poderes les concedieron un destacado lugar en la mitología arcaica. El mito de las keres, que perduró durante siglos, se difundió en Tesalia, Macedonia y aún más al norte, donde sobrevivió bajo distintas leyendas en la región de los Cárpatos.

KUROI (Koúros): En griego joven, muchacho. Personaje sin nombre, intérprete de numerosas leyendas y fábulas tradicionales en la mitología helénica. Su cuerpo atlético fue el modelo clásico en la estatuaria griega. En el Museo Arqueológico del Pireo se puede apreciar la magnífica estatua de un kuroi que representa al dios Apolo. Esta obra, cuyo autor se desconoce, pertenece al siglo sexto antes de la era cristiana, un periodo en cual comenzaba el florecimiento de las artes.

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LAERTES: Era el padre de Ulises. Comenzó a envejecer y le invadió la angustia durante la prolongada ausencia de su hijo, que había partido a la guerra de Troya. Al ver alejarse también a su nieto Telémaco, que iba en busca de Ulises, el anciano cayó presa de una profunda melancolía.

Cuando el héroe de “La Odisea” regresó a la isla de Itaca, vio a su padre tan anciano y enfermo que lloró de tristeza. La diosa Atenea, compadecida, le restituyó la salud y lo rejuveneció. Fue tanta la fortaleza asimilada de la diosa que Laertes pudo defender con vigor a su hijo, cuando éste fue atacado por los padres de los pretendientes de Penélope.

LAOCOONTE: Héroe troyano, hijo de Antenor. Una tradición frigia dice que era sacerdote del dios Poseidón. Cuando comenzó el sitio de Troya, puso a la ciudad bajo la protección de Apolo. Su instinto de observación alcanzaba más allá del simple efecto visual. Cuando los griegos abandonaron el caballo de madera frente a Troya, Laocoonte predijo que aquel ingenio ocultaba algo y sería la ruina de la ciudad. No le creyeron. Laocoonte insistió, dijo que podía ver el más allá, el fin oculto de las cosas. “Si eso sucediera, seríais un Dios”, le respondieron. Para borrar la blasfemia, los troyanos le exigieron que realizara un sacrificio a Poseidón. Mientras se hallaba entregado a ese menester, surgieron del mar dos enormes serpientes que devoraron a Laocoonte y a sus hijos. En Troya creyeron que era un castigo de los dioses por dudar de la protección divina. Entonces los troyanos derrumbaron parte de la muralla e introdujeron el gigantesco caballo en la ciudad, como un botín de guerra. El relato fue recogido en el canto segundo de “La Eneida”.

LAÓDICE: Princesa troyana. Hija de Príamo y Hécuba. En algunos tratados aparece escrito el nombre Laodicea. Una antigua ficción mitológica dice que se enamoró del joven Acamante, emisario del rey Agamenón, cuando aquel fue a Troya antes de que se produjera la invasión de los griegos. La misión de Acamante y su embajada era reclamar oficialmente la devolución de Helena a su legítimo esposo. Las negociaciones duraron varias semanas. Mientras eso ocurría, Laódice intentó seducir a Acamante para que intercediera por París y Helena, aduciendo que era obra del amor. Algunas circunstancias de esta leyenda hacen suponer que la intervención de Laódice se debió a una estratagema de Príamo para ganar tiempo. De la unión carnal entre Acamante y Laódice, nació un niño llamado Muniquios o Munichios. Se dice que durante la conquista de Troya Laódice desapareció como si se la hubiera tragado la tierra. Algunos autores creen que huyó con Acamante, quien la acogió en Micenas sin revelar a su verdadera identidad.

LAPITAS: Pueblo legendario de Tesalia. Un episodio reflejado en los frontispicios de varios templos griegos, recuerda la mítica batalla de los lapitas contra los centauros, ocurrida en la boda de Piritoo, rey de este pueblo guerrero. La leyenda cuenta que durante la ceremonia de esponsales -que duró varios días- los centauros invitados a la boda se emborracharon y quisieron llevarse por la fuerza a todas las mujeres de los lapitas. La intervención del dios Apolo, padre de Lapiteo, aparece reflejada en distintas interpretaciones escultóricas que narran este hecho con figuras en altorrelieve. El rey Piritoo rescató a su novia, Hippodamia, que había intentado raptar el jefe de los centauros. En el Museo Arqueológico de Olimpia se exhiben, entre otros importantes ejemplos, los restos del frontón oriental del templo de Zeus, que representan a las figuras de lapitas y centauros con formas perfectas y armoniosas. Un monte de Grecia llevaba en la antigüedad el nombre de Lapithus.

LAPITEO: Personaje mitológico a quien los antiguos habitantes de Tesalia consideraban el héroe epónimo y fundador de la célebre dinastía de los lapitas. Es el protagonista de varias leyendas inspiradas en los orígenes de este pueblo. En algunos tratados aparece escrito el nombre Lapito.

LAYO: La historia de este personaje refiere una serie de transgresiones a las buenas costumbres y la ética, cuyo resultado es una fábula de contenido moral. Layo fue el padre de Edipo. Él a su vez, era hijo de Lábdaco, rey de Tebas. Siendo joven aún, tuvo que huir de su ciudad natal para salvar la vida, porque el trono de Tebas había sido usurpado por los hermanos Zeto y Anfión. Layo deambuló un tiempo sin rumbo fijo, hasta que llegó a la corte del rey Pélope, quien lo acogió con hospitalidad y le brindó protección. Sin embargo, Layo se enamoró del príncipe Crisipo, hijo de Pélope y raptó al adolescente. Indignado por aquella conducta inmoral, agravada por la falta a las leyes de la hospitalidad, Pélope le lanzó una maldición, cuyas consecuencias serían nefastas para Layo. Pasado el tiempo y tras la muerte de los usurpadores, Zeto y Anfión, Layo se casó con Yocasta y ocupó el trono de Tebas. El destino quiso que la maldición de Pélope se cumpliera inexorablemente. Layo fue muerto por su propio hijo, Edipo. La historia narrada por Sófocles tuvo gran difusión ya en el apogeo del periodo clásico. En el siglo quinto antes de Cristo, el poeta Aqueo de Eretria[54] escribió una célebre tragedia inspirada en la vida de Edipo.

LISÍCRATES: Célebre corega del pueblo acamántida. Mandó construir un monumento en la ciudad de Atenas, al que se conoce como la linterna de Demóstenes. El folclore ático registra varias leyendas relacionadas con su vida.

LITIERSIS: Personaje de numerosos mitos antiguos, que representa diversas personalidades, algunas de ellas relacionadas con el cultivo de la tierra y los ciclos de las estaciones. La ficción cuenta que era uno de los hijos del rey Midas. Una versión dice que tenía la costumbre de obligar a los forasteros que transitaban por su reino a trabajar en las cosechas. Otra narración afirma que los mataba al terminar la jornada de trabajo, ofreciendo su cuerpo en sacrificio a los dioses. Heracles, llegó a los dominios de Litiersis para rescatar a un pastor llamado Dafnis, y castigó al perverso con la muerte, luego de derrotarlo en un duro combate. En algunas traducciones aparece la forma Litierses.

LESTRIGONIA: Tierra mítica de la antigüedad. Fue visitada por Ulises durante su viaje de regreso desde Troya hasta la isla de Ítaca. La narración fabulosa de Homero dice que sus habitantes, los lestrigones, eran unos gigantes antropófagos, que mataron y comieron a varios de sus hombres. Según algunas tradiciones mediterráneas, el país de Lestrigonia estaba situado en la región occidental de la isla de Sicilia, particularmente sobre su costa septentrional, donde su rey, Lamo, fundó un par de ciudades, conocidas desde la antigüedad con los nombres de Lama y Lestrigonia. Desde el punto de vista antropológico, se estima que este nombre se utilizaba para designar a los primitivos habitantes de la isla de Sicilia, quienes se encontraban allí, aún en estado semisalvaje, antes de la llegada de los sículos. Éstos últimos, desplazados de la península itálica en tiempos históricos, ocuparon la parte occidental de la isla , junto con sus vecinos, los sicanos.

LOTÓFAGOS: Personajes de la travesía de Ulises, narrada por Homero en “La Odisea”. Tras perder seis hombres de cada una de sus naves, en la contienda contra los Cicones, Ulises y el resto de las tripulaciones emprendieron el camino de regreso a la isla de Itaca. Pero fuertes vientos y tormentas, desviaron nuevamente a los bajeles más allá de la isla de Creta, arribando a las costas del norte de África. Allí se encontraron en el país de los lotófagos (comedores de loto), quienes los recibieron cordialmente cuando los navegantes descendieron a tierra para realizar un reconocimiento del territorio. Los nativos les ofrecieron para comer unos frutos a los que ellos llamaban lotos, dotados de un fuerte poder narcótico. Cuando los navegantes comieron esos frutos olvidaron todo, incluso su ferviente deseo de regresar a Itaca. Sólo Ulises evitó comerlos, por ello logró embarcar de nuevo a su gente, alejándose de inmediato de aquel peligroso lugar.

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MACAÓN: Médico legendario de la antigua Grecia. Se decía que era hijo de Asclepio (Esculapio), aunque este extremo puede que sólo sea un simbolismo. Participó en el sitio de Troya, donde curó, entre otros al Menelao y a Filoctetes. Una narración cuenta que Macaón se hallaba entre los guerreros griegos que accedieron a Troya escondidos dentro del caballo. Otra versión dice que fue muerto por la amazona Pentesilea. Lo sucedió su hijo Diocles en el arte de curar.

MACARIA: Célebre heroína. En la antigüedad su figura fue nombrada como ejemplo del valor femenino, tanto en Grecia como entre los pueblos latinos. Tuvo santuarios de Eubea, en Beocia y en Epiro. El mito de Macaria, cuenta que era hija de Heracles y Dejanira o Deyanira. Apagó la pira funeraria que se había erigido para su incinerar a su padre en el monte Ida. Algunas traducciones escriben monte “Eta”. Macaria se unió a sus hermanos, cuando estos se refugiaron en Tebas para huir de la persecución de Euristeo. Como el acoso resultaba insoportable tanto para ellos como para los tebanos, los Heraclidas consultaron el oráculo de Delfos. La pitonisa les respondió que la persecución terminaría cuando uno de ellos fuera sacrificado con el objeto de calmar la ira de los dioses. Aún sin ser culpable de los hechos que se imputaban al clan Heraclida, Macaria se ofreció como víctima propiciatoria.

MARATÓN: Histórica población de Grecia, en el antiguo nomo o provincia de Ática, famosa por la derrota que sufrieron los persas frente a las tropas del general griego Milcíades, en el siglo quinto antes de la era cristiana. Llevaba también este nombre un hijo del rey Epopeo, protagonista de varias alegorías. Maratón era originario de Sicione, o Sycione, una antigua ciudad fortificada de la región septentrional del Peloponeso. Tras una grave disputa con su padre, se vio obligado a huir, refugiándose en el Ática, donde se casó y tuvo dos hijos. Cuando murió Epopeo, Maratón recibió por derecho hereditario el trono que había pertenecido a su padre, pero el tiempo había pasado y ya no quiso regresar nunca más a su tierra. Decidió quedarse para siempre en Ática, delegando aquella responsabilidad en sus hijos. Según Plutarco[55], también recibió el nombre de Maratón un antiguo héroe griego, con honores divinos, por haber sacrificado la vida en defensa de su tierra y en cumplimiento de un oráculo.

MARSIAS: Una de la divinidades relacionadas con la música entre los antiguos griegos. En las faldas del monte Helicón, en la Fócida, existía un monumento lítico, cuya forma era aproximada a la de un aerófono vertical, al que los aldeanos de Delfos habían dado en llamar “la flauta de Marcias”. La extraña piedra presentaba algunas perforaciones irregulares que semejaban vagamente los orificios del instrumento. Su figura era célebre en toda la región. En algunos tratados del siglo XIX, se dice que sonaba por la acción del viento al atravesar los orificios, como ocurría con los Gigantes de Mennon, en Egipto. Otros autores creían que se trataba de un antiguo ídolo fálico. La leyenda cuenta que Marcias había hallado tirada en el campo una flauta de oro, que según unas inscripciones, pertenecía a la diosa Atenea. La deidad la había arrojado desde las alturas del Olimpo, maldiciéndola porque al intentar tocarla debía estirar los labios e inflar los carrillos. Al verse reflejada en un estanque del Elíseo, vio que se le desfiguraba su hermoso rostro. No se dio cuenta que la deformación era sólo pasajera y que sus bellas facciones retornaban a la normalidad en cuanto dejaba de tocar. Cuando Marcias intentó tañer el instrumento, observó que con sólo acercar los labios salían de él las más hermosas y dulces melodías que pudieran interpretarse con una flauta. Tal fue su sorpresa y su alegría por encontrarse de repente convertido en un consumado flautista, que decidió ganar prestigio en el Olimpo, desafiando al dios de la música -al mismo Apolo- a una competición musical. Apolo aceptó el reto y obviamente le ganó a Marcias. En castigo por su actitud engreída lo condeno a no poder soplar jamás ninguna flauta. Otra versión dice que le quitó la piel para confeccionar el parche de un tambor.

MAYA: Diosa de las plantas y los jardines. Era discípula de las Espérides. Su persona se identificaba con el buen crecimiento de las plantas. Por eso en los trigales era común ver enterrada en el suelo una estaca de bronce que en su extremo tenía una pequeña estatua de Maya. Su aplicación en los antiguos sembrados, debió ser bastante usual, porque hasta épocas recientes, los arados seguían hallando estas figurillas enterradas a poca profundidad. Se cree que su nombre proviene del mes en que se preparaban las sementeras.

MEDEA: Princesa hechicera. Una de las tragedias de Eurípides aparece inspirada en su vida. Según la leyenda griega, Medea era una mujer de extraordinaria belleza y con un carácter temperamental, a la que afectaron horribles desventuras. Hija de un anciano monarca de la Cólquida, en las costas del mar Negro, se enamoró perdidamente del aventurero Jasón, capitán en la expedición de la nave Argos. Medea abandonó su tierra y le acompañó en la búsqueda del Vellocino de Oro y luego en el regreso a Yolco, el puerto de Tesalia desde donde había partido la mítica embarcación. Cuando Jasón la abandonó, Medea se desquitó con una venganza terrible: asesinando a los hijos que había concebido con el argonauta. Otra leyenda cuenta que Medea, después de morir se transformó en ave y voló hasta las “Islas de los Bienaventurados”, nombre simbólico para describir una suerte de paraíso egeo, según aparece en la descripción del lugar. Allí se encontró con el alma de Aquiles, el héroe muerto en la guerra de Troya, quien le devolvió su aspecto de mujer y se casó con ella. Séneca[56], en el siglo primero de la era cristiana, también retomó el personaje de Medea para componer una de sus tragedias

MELEAGRO: Valeroso guerrero, descendiente de Eneo, monarca del reino de Calidón. Su madre, Altea, le enseñó los primeros conocimientos, entre ellos, el valor y la lealtad. Cuando Meleagro nació, las Moiras advirtieron a la madre que el recién nacido moriría cuando se consumiera totalmente un tizón, que ardía en ese momento en el hogar. La madre lo quitó inmediatamente del hogar y luego de apagarlo cuidadosamente, para preservarlo, lo guardó en un cofre de hierro bajo siete llaves. Cuando Meleagro creció, a raíz de una disputa por un trofeo de caza, mató a sus tíos maternos. Cuando Altea se entero de la muerte de sus hermanos, en un arranque de ira, arrojó al fuego el tizón que guardara con celo durante tantos años. Cuando el joven murió, su madre comprendió la magnitud de lo que había hecho y se suicidó. Meleagro figuró en la expedición de los argonautas. Se lo representa como un robusto cazador, vestido con la clámide etolia, armado con una jabalina, acompañado de un perro y llevando una piel de jabalí.

MENELAO: Héroe aqueo, que llegó a ser rey de Esparta y personaje central del drama de Troya. Era hermano de Agamenón, rey de Micenas, con quien compartió el dominio político y militar de la región central del Peloponeso. Ambos eran hijos del mítico rey Atreo, razón por la que llevaban el sobrenombre de átridas. En su juventud, habían sido desterrados de los dominios de su padre. Huyendo del usurpador, los dos hermanos buscaron refugio en la ciudad de Esparta, entonces bajo el reinado del rey Tindareo y su esposa Leda, quienes los acogieron con benevolencia, brindándoles un voto de confianza y otorgándoles, más tarde las manos de sus hijas Helena y Clitemnestra.

MINOS: Rey de Creta. Según la leyenda, era hijo de la unión entre Zeus y Europa, cuando aquel dios, convertido en toro raptó a la ninfa. La narración cuenta que Minos heredó parte del semen de Zeus-toro. A raíz de ello, a su vez, Minos fue padre de un hijo monstruoso, conocido como el Minotauro [el hombre toro del reino de Minos]. Para ocultarlo a la vista de sus cortesanos y súbditos, el monarca mandó construir un inmenso laberinto bajo el suelo de su palacio y en él hizo encerrar para siempre al Minotauro. Las excavaciones en las ruinas de Cnosos, cerca de la ciudad de Heraclion, fueron célebres desde la antigüedad. El descubrimiento de los numerosos corredores y estancias del palacio real, permitieron suponer la existencia real de ese laberinto secreto, mentado desde tiempos remotos. En la mitología helénica, Minos era uno de los tres jueces del reino subterráneo de Hades, junto con Radamantis y Éaco. El pintor griego Aeción[57] lo representó en una celebrada composición mitológica, con el carácter formidable que narran las tradiciones cretenses.

MIRMIDONES: Nativos de la isla de Egina, en el golfo Sarónico, frente al actual puerto del Pireo. Hesíodo dice en sus escritos, refiriéndose obviamente a una leyenda, que los mirmidones al principio eran hormigas. Esta afirmación posiblemente se refiere a que eran muchos. Otra fábula, también originaria de Ática, cuenta que se transformaron en hombres por la gracia de Hestia, quien les agradeció que no la picaran cuando desembarcó en aquella isla, portando el fuego sagrado del culto a la diosa Atenea. El héroe Aquiles fue su jefe en la guerra de Troya.

MIRTIA: Sobrenombre de la diosa Afrodita. En las montañas de Epiro y Etolia, en la Grecia Central, existían unos antiguos santuarios dedicados al mirto, un árbol sagrado cuyo simbolismo se relacionaba con los atributos de la divinidad (en latín myrtus=arrayán). También aparece escrita la forma Murtia. Algunos mitólogos la identifican con Murcia, la Venus latina, deidad del amor y los placeres. Los romanos le habían erigido un templo en el monte Aventino.

MISENO: Personaje mitológico relacionado con los himnos marciales y las marchas guerreras. La tradición cuenta que Miseno era un hijo del dios Eolo, deidad del viento. Tocaba una trompa de oro de grandes proporciones. Con ese instrumento, lograba enardecer el ánimo de los soldados en las batallas. Para obtener tal sonido, pidió a su padre que le proporcionara los vientos más intensos. Decían que el enorme aerófono se podía oír desde un extremo al otro del mar Egeo. Miseno era amigo del héroe Héctor. Cuando éste murió, acompañó a Eneas en su expedición a Italia. Durante el viaje, a través del mar Tirreno, tuvo la ocurrencia de desafiar a las Oceánidas a interpretar un concierto musical, para ver quien hacía sonar más fuerte su instrumento. Con el propósito de castigar el atrevimiento de desafiar a los dioses, Poseidón le envió un tritón verdugo, que lo arrojó al oleaje, pereciendo ahogado. Sus restos aparecieron flotando junto la isla de Procida, frente a un promontorio situado en el límite occidental del golfo de Nápoles, que desde entonces se llamó Promontorium Misenum. En las islas del archipiélago Campano existía una extraña creencia, posiblemente inspirada en los mitos de la antigüedad. Los navegantes del mar Tirreno juraban que en las noches de viento, se oía un extraño sonido ululante, que parecía provenir del fondo del mar. A ese fenómeno lo llamaban “la trompa de Miseno”.

MISEÓN DE ACAYA: Mítico templo, erigido en honor de la diosa Deméter (Ceres Misia). Su culto era muy popular en la región de Acaya, una comarca situada al norte del Peloponeso, junto al golfo de Corinto. El lugar, habitado al principio por los Jonios, y más tarde por los Acayos, fue escenario de episodios fantásticos, relacionados con la leyenda de la diosa Deméter. Los Acayos, que habían sido expulsados de la Argólida y de Laconia en el siglo doce antes de la era cristiana, fundaron allí una confederación de doce pequeños estados independientes. Su nombre sirvió para denominar la Grecia transformada en provincia del Imperio Otomano.

MISTERIOS DE ELEUSIS: Conjunto de ritos religiosos relacionados con la leyenda de Perséfone. Se realizaban cada año en el mítico santuario de Eleusis, un importante centro de peregrinación y culto religioso de la antigüedad. El mito se refiere a la vida después de la muerte. Han quedado pocas referencias escritas, porque se trataba de una serie de misterios rituales para iniciados. Históricamente se sabe que los misterios de Eleusis fueron establecidos hacia el siglo decimosexto, antes de la era cristiana, y que estuvieron vigentes por espacio de unos dos mil años, hasta que se abandonaron con la llegada del cristianismo (392 d. J.C.), por orden del emperador bizantino Teodosio. Los ritos recordaban la tristeza de la diosa Deméter, que venía cada año a llorar la desaparición de su hija Perséfone, raptada por Hades, el señor de los infiernos. Aún se puede ver, en las ruinas de Eleusis, el brocal redondo de piedra, llamado Kallichoron, donde era tradición que la deidad se asomaba para llamar a su hija, creyendo tal vez que aquel profundo pozo -hoy cegado- era una comunicación con el antro subterráneo.

MOIRAS: [Las tres parcas] Conjunto de divinidades maléficas cuya aparición personificaba la fatalidad o la muerte. Según las antiguas narraciones griegas, las moiras eran tres hermanas: Cloto, Láquesis y Átropos. Tenían un desagradable aspecto de ancianas, desgreñadas y andrajosas. Cloto, la hilandera, elaboraba el huso que contenía el hilo de la vida; Láquesis, la devanadora, lo estiraba y enrollaba para darle el largo y el grosor adecuado a cada vida; Átropos, la cortadora, poseía una hoja filosa con la que cercenaba el hilo de la vida, cuando ésta había llegado a su fin. Según la versión ática, las moiras, o parcas, eran hijas de la noche. Su mito estaba relacionado con el de Eliteia, la diosa de los nacimientos, patrona de las parturientas. Cuando una criatura estaba por nacer, Eliteia llamaba a las parcas para que comenzaran a hilar y devanar el hilo de la vida que le tocaría en suerte al nuevo ser. Átropos, llegaba después, justo en el instante de la muerte, para dar con su navaja corte final al hilo de la vida. Los antiguos romanos adoptaron esta leyenda, agregando innumerables variantes al mito original.

MORFEO: Dios del sueño. Uno de los tres hijos de la Noche. Su nombre significa “dar forma”, crear lo que solo existe en la imaginación. Sus otros hermanos era Iqueo e Hipnos, fabulador de imágenes hipnóticas, protegido de Atenea. En las representaciones artísticas, Morfeo aparece con la imagen de un anciano de largas barbas, llevando en la mano la bella flor de la adormidera.

MUNIQUIOS: Era el hijo de la princesa troyana Laódice y del griego Acamante. Una leyenda ática cuenta que Muniquios había sido educado en Troya por Etra. En la confusión del asalto a la ciudad, fue reconocido milagrosamente por su padre, quien le salvó la vida y se lo llevó consigo a Tracia. Demofoonte, le enseñó las virtudes de las artes y las ciencias. Se honró con su nombre a una población del Ática. Murió al ser mordido por una serpiente. En algunas traducciones aparece escrito el nombre Munychios.

MOLOSOS: Reino imaginario, gobernado por un rey mago y adivino, llamado Moneichios o Muniquios.

MUNYCHIA: Sobrenombre de la diosa Artemisa. También llevaban este título las célebres Fiestas Munychias, dedicadas en Ática al honor de esa deidad. Su santuario se encontraba en Bendideion, cerca del puerto ateniense del Pireo. El culto de Artemisa Munychia, se extendió luego desde Jonia hasta Cícico, en el Asia Menor.

MUSAS DEL OLIMPO: Jóvenes de extraordinaria belleza, dotadas de una gran inteligencia y raras habilidades en las distintas formas del arte y el conocimiento. Su existencia legendaria está desde entonces, unida a la historia del instinto creativo de la humanidad.

Eran nueve beldades, hijas del dios Zeus y la ninfa Mnemosine o Nemosina, según algunas traducciones de los autores clásicos. Por expreso deseo de su padre, cada una de ellas se transformó en protectora de una forma de arte o inteligencia, destinada a estimular el sentimiento creativo de los seres mortales. Y lo hicieron tan bien, que desde entonces, sus nombres son sinónimos de la inspiración, la aplicación, el esfuerzo y el éxito.

Sus nombres eran: Clío, musa de la historia; Euterpe, de la música y los sonidos melodiosos; Calíope, de la poesía épica; Polimnia, de los cantos patrióticos y los himnos religiosos; Talía, del teatro y la comedia; Erato, de la poesía lírica; Melpómene, de la tragedia clásica; Terpsícore, de la danza y la expresión corporal y finalmente Urano, enamorada de las constelaciones, que fue la protectora de la astronomía y la interpretación de los signos zodiacales.

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NÁUSICA: Princesa de Kerkyra (actual isla de Corfú), hija de los reyes feacios Alcinoo y Aretes. Su padre dio albergue a Ulises cuando el héroe naufragó frente a su isla, en la última parte del regreso a Itaca. De la obra de Homero, se desprende que existió una simpatía entre Náusica y Ulises, hasta el punto que el monarca creyendo que se hallaba ante un romance, propuso otorgarle la mano de la joven.

NEREIDAS: Ninfas marinas. Eran hijas de Nereo, un dios marino menor y de la ninfa Doris. Las Nereidas  compartían sus virtudes y aptitudes acuáticas con las Oceánidas [ninfas de los grandes mares] y las Náyades [ninfas de los lagos y ríos].

NICTEO: Personaje mitológico, natural de la gran isla de Eubea. Huyó a la ciudad de Tebas, junto con su hermano Lico, tras dar muerte a Flegias, el rey de los Lapitas. En esa ciudad beocia, conquistó altas posiciones, llegando a ser miembro del consejo y regente. Con ese cargo gobernó la ciudad en lugar de Lábdaco, el heredero. Nicteo tenía una hija llamada Antíope, citada en diversas leyendas. La muchacha era virgen y su padre esperaba casarla con un príncipe de la Fócida, fortaleciendo así sus lazos políticos y militares con otros pueblos vecinos. Pero Zeus, eterno amante, se enamoró de Antíope y transformado en sátiro se la llevó con él. Cuando Zeus la abandonó, Antíope, humillada, no quiso regresar a Tebas por temor a la reacción de su padre. Nicteo se suicidó por la vergüenza, encargando a su hermano Lico que vengara la ofensa de Zeus.

NISA: [Nyssa] Ciudad legendaria del Asia Menor, donde se ha escrito que el dios griego Dionisos pasó su infancia y juventud. Algunos mitólogos afirman que ese nombre le fue dado por Zeus en honor a la nodriza de Dionisos encargada de cuidar al niño. Esa mujer se llamaba Nisa y era hija de Aristeo. La realidad es que, en la antigüedad, existieron varias ciudades con ese nombre, algunas de ellas ya han desaparecido y sólo quedan constancias de su existencia en las narraciones de cronistas viajeros. En épocas históricas, se fundó una población en la región de Caria, cerca de Mileto y Halicarnaso. Hubo otra también en la Capadocia, erigida bajo el patrocinio del culto dionisíaco.

NISO: Héroe de la mitología griega. Hermano de Egeo el rey de Atenas. Ambos eran hijos de Pandión y Pila. Según la leyenda, Niso era pelirrojo. Con la ayuda de sus hermanos, conquistó la península de Ática. Entre ellos se repartieron la región, dividiéndola en sendas comarcas, bajo sus respectivos dominios. A Niso le correspondió Megara y la ciudad portuaria, que más tarde llevaría en su honor el nombre de Nisea. o Nisia, como aparece en algunos escritos antiguos. Otra fábula, referida a este personaje, habla de un extraño oráculo que el héroe había consultado en su juventud. El vaticinio decía que Niso debía dedicar a la diosa Hécate, un mechón de sus cabellos rojos, guardándolo celosamente en un cofre de oro y marfil. Mientras lograra conservar intacto ese mechón consagrado a la misteriosa deidad lunar, lograría mantener para siempre el poder de la inmortalidad y la independencia de Megara. La condición para que ello se cumpliera era que no debía faltar ni un solo cabello del mechón. Así lo hizo el rey, y una noche de plenilunio, en secreto, escondió aquel cofre bajo una pesada piedra que había dentro de la caverna Ploutonion, en el santuario de Eleusis. Sólo conocía la existencia del mechón su hija Scila, a quien Niso había confiado el secreto. Cuando Minos el rey de Creta invadió el Ática para vengar la muerte de su hijo Andrógeo en los juegos de Atenas, también puso sitio a Megara. Para salvar la ciudad de las hordas cretenses, Scila, prometió a Minos entregarle el secreto del mechón rojo, si aquel desistía de entrar en Megara. Minos aceptó el trato y los megarenses se salvaron de la ruina y la esclavitud. Roto el hechizo, Niso se transformó entonces en un gavilán de plumas rojizas que lleva su nombre.

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OCEÁNIDAS: Ninfas de los océanos. Las tradiciones marineras de la lejana Rodas atribuían a sus voces un sonido melódico y armonioso que acompañaba los vientos de oriente. En la diminuta isla de Casos [Kásou], cercana a Creta, existía un monolito dedicado a las oceánidas.

OCÉANO: Dios de las aguas profundas, señor de las fuerzas ocultas de la naturaleza. Era hijo de Urano y Gea. Antiguas narraciones de Hagios Eustratios, una isla del mar Egeo, cuenta que tuvo por esposa a Tetis, la más bella de las Nereidas. Concibió ella tres mil hijos, que son los ríos y tres mil hijas, simbolizadas por lagos y manantiales. La simbología de esta leyenda nos habla del ciclo del agua, la transmutación de los cuerpos y el retorno a la vida a través de los hijos.

ODISEA: De Odisseos, nombre griego del héroe Ulises. Poema épico, atribuido a Homero[58], cuyo argumento es una de las historias más conocidas de la mitología universal. Todo en ella es simbólico, dotado de una profundidad de ideas que asombra y deleita al lector. El espíritu de la narración, que bien puede ser comparado con una magnífica novela de misterios y aventuras, trata el retorno de Ulises, héroe de Troya, hasta su patria en el mar Jónico, la isla de Itaca. El viaje de regreso por mar se transforma en lo que más tarde se dio en llamar “una odisea”, es decir, una sucesión de penurias y desgracias, de las cuales el protagonista siempre termina por salir airoso, no obstante ir perdiendo en el camino a sus compañeros y amigos. El estilo de Homero, solemne y descriptivo, narra a través de una serie de singladuras, cómo Ulises logra escapar de los peligros que acechan su paso por el país de los Lestrigones, la tierra de los Cíclopes, el episodio de las sirenas, la ninfa Calipso, el saco de los vientos, la furia del mar, los hechizos de la maga Circe, hasta que arriba al país de los feacios, en el sur de Italia, donde es acogido por la joven hija del rey del lugar, a quien le cuenta sus desventuras. Esta princesa, llamada Náusica, decide ayudarlo y con el apoyo de los itálicos, puede atravesar por tierra el último trayecto que lo separa del mar Jónico. Cuando después de tantas aventuras logra por fin llegar a Itaca, el único que lo reconoce es su viejo perro, que mueve la cola contento al verlo de nuevo. Allí también encuentra a su hijo, Telémaco, quien le cuenta el drama que vive Penélope, la fiel esposa y madre, que lo ha esperado siempre, sin poder librarse de tantos pretendientes al trono de Itaca, que ya lo creen muerto. Entonces Ulises se presenta en el palacio sin revelar su identidad. Para demostrar su derecho se ve obligado a matar a todos los pretendientes, recuperando su reino y la fiel esposa. La célebre Biblioteca Ambrosiana[59] reunió los originales de las más importantes versiones de esta pieza inmortal, así como sus diversas transcripciones y estudios críticos, vertidos a la mayoría de las lenguas modernas.

OGIGIA: Isla mediterránea donde moraba la ninfa Calipso. Esta hermosa mujer, hija de Tetis o Atlanta, recibió a Ulises después que su navío naufragara bajo el poder de Zeus, en castigo porque la tripulación había matado a varios bueyes albinos dedicados al culto del dios Helios en la isla de Trinacia. Calipso habitaba en una curiosa gruta frente al mar, rodeada de portentosos jardines y bosquecillos de pinos. Aunque Calipso, enamorada de Ulises, intentó retenerlo a su lado. Para ello hasta le ofreció la inmortalidad, pero el héroe de Itaca no vaciló en rechazar ese ofrecimiento por su deseo de regresar junto a su esposa Penélope.

OLIMPIA: La poesía y el teatro griego se han inspirado en distintas tradiciones folclóricas relacionadas con el mito de Olimpia. Llevaba este sobrenombre la diosa Hera [Juno]. Los primitivos asentamientos en la región de Olimpia del Peloponeso datan del tercer milenio antes de la era cristiana. Situado en las inmediaciones del yacimiento arqueológico, el museo de Olimpia es uno de los más importantes de Grecia. Sus dependencias contienen ejemplos del arte, la escultura y la arquitectura, en los que se refleja una marcada influencia de la mitología.

OLÍMPICOS: Nombre que se daba antiguamente a las doce deidades mayores del Olimpo. Sus nombres eran: Zeus, Atenea, Hera, Apolo, Artemisa, Poseidón, Hades, Afrodita, Hefesto, Hermes, Ares, y Dionisos. El término simbolizaba lo excelso. Fue tal la difusión y el arraigo de la leyenda surgida en torno a esas deidades, que en la antigüedad existían distintos certámenes poéticos y musicales llamados así por antonomasia. La creación de los Juegos Olímpicos en el año 776 antes de Cristo se tenía como una fecha clave para la datación cronológica de todos los acontecimientos históricos ocurridos con posterioridad.

OLIMPO: [Olimpos Oros] Macizo montañoso de casi tres mil metros de altitud. Pertenece al sistema orográfico del norte de Tesalia, cercano al golfo de Terme. La mitología griega decía que en su cumbre se hallaba la morada de los dioses. Su nombre era una alegoría de las divinidades celestiales y simbolizaba la elevación al empíreo de las deidades mayores y sus entes protegidos. Un manantial cercano a la falda septentrional del monte Olimpo se inspiraba en su significado ritual. Una tradición rural de la comarca de Pieria, en el norte de Tesalia cuenta que los naturales de Macedonia y Tracia acudían a esa fuente en peregrinación anual para recibir de sus aguas el goce del amor y la felicidad.

ÓNFALE: Antigua reina de Lidia. Tenía el carácter de divinidad protectora de las mujeres, los niños y los desvalidos. En el siglo segundo antes de Cristo existía un santuario dedicado al culto de Ónfale en las faldas de una montaña, hoy llamada Nif Dag, cerca de Esmirna, en Turquía. En la leyenda griega de Heracles se cuenta que el héroe fue primero su esclavo, pero ella se enamoró de él y lo hizo su amante. Como Heracles libró a su reino de seres monstruosos y perversos malhechores, la reina lo recompensó con la libertad. En algunos escritos aparece el nombre Onphalis.

ORÁCULO DE DELFOS: Cuenta una leyenda que el gran dios Zeus estaba buscando el punto central de todas las tierras helénicas, un lugar especial, equidistante entre las distintas comarcas y regiones de la magna Grecia, un sitio privilegiado donde erigir el templo de su hijo Apolo. Un lugar que dominara tanto las tierras, como los mares, los ríos, las islas y los estrechos, donde alcanzara la visión sobrenatural de las deidades del Olimpo. Para hallar ese lugar, hizo soltar al mismo tiempo dos águilas doradas, una en el extremo oriental de Grecia y la otra en el punto más occidental de la márgenes jónicas. Las dos aves volaron inmediatamente y el punto exacto del cielo donde se cruzaron fue sobre Delfos (Delphi) en la vertiente sur del monte Parnaso. Desde entonces, ese lugar fue la morada legendaria del dios Apolo, el sitio donde se fundó el oráculo más célebre de la historia. Considerado un lugar sagrado, Delfos fue frecuentado desde el siglo octavo antes de Cristo por personajes de distintas clases sociales y lugares de Grecia. A través de unas enigmáticas palabras, pronunciadas por su sacerdotisa -llamada pitia o pitonisa- los creyentes del culto intentaron durante siglos descubrir los secretos que les depararía el destino. La pitonisa, sentada sobre un alto trípode, daba su veredicto y un sacerdote políglota oficiaba como intérprete natural de aquellas extrañas palabras. Se cuenta que hasta las gradas de aquel templo, se acercaban monarcas y generales, antes de emprender sus campañas de conquista. La época de mayor esplendor del oráculo de Delfos se prolongó hasta la llegada de los invasores romanos, en el siglo segundo antes de la era cristiana. Aún en esos tiempos, sus premoniciones eran consultadas con respeto por aventureros o navegantes que debían partir en largas travesías marítimas. A fines del siglo cuarto, el Imperio Bizantino se volcó hacia el cristianismo. Entonces Grecia ya formaba parte del imperio gobernado por Teodosio. Debido a ello, las antiguas costumbres y creencias del culto délfico fueron abolidas para siempre, sin embargo su fama legendaria trascendió en el tiempo, integrando el argumento de numerosas fábulas y narraciones alegóricas.

ORFEO: Músico y poeta legendario, natural de Tracia, llamado el divino cantor. Su figura lírica, rodeada de un halo de romanticismo, inspiró la llamada “filosofía órfica”, una orientación teológica dedicada a estudiar y analizar la realidad del universo a través de los poderes sobrenaturales de sus deidades. Cuentan las tradiciones que Eurídice, esposa de Orfeo, murió a causa de la picadura de una serpiente. El vate le pidió al dios Hades [Plutón] -divinidad de la muerte- que la retornara a la vida. Hades consintió en devolverla con la única condición de que, al regresar ambos a la tierra, Orfeo debía marchar varios pasos por delante del cuerpo de la fallecida. Le señaló, además, que él no podía mirar en ningún momento hacia atrás y que debía confiar hasta el final del recorrido en que ella lo seguiría. Pero Orfeo no se dio cuenta de que ella era aún etérea y lo seguía cual una sombra silenciosa. Como Orfeo no sintió los pasos de Eurídice, no pudo resistir la tentación de mirar hacia atrás, para comprobar si realmente estaba detrás de él. Fue entonces cuando desobedeció la orden de Hades y la perdió definitivamente. Según antiguos cantares, inspirados en esta leyenda, Orfeo murió de pena arrojándose al vacío desde un acantilado. Otra narración del siglo III d.C. cuenta que Orfeo fue asesinado por unas ménades frenéticas y su lira arrojada al fondo de un río, donde aún se hallaría. Concluye la leyenda que en las noches de estío, cuando las aguas corren lentas, se escuchan las notas del mágico instrumento. El humanista Policiano[60] se inspiró en esta romántica leyenda para crear su célebre drama lírico. Un ánfora del siglo V a.C., existente en la colección de cerámica griega del Museo del Louvre, en París, muestra a Orfeo atacado por una mujer armada con una espada.

ORIÓN: Deidad cazadora, símbolo de la noche estrellada. Según la mitología clásica, era un gigante de extraordinaria fuerza y valor, hijo de un rey de Beocia, llamado Hiereo. Una leyenda originaria de la Fócida, en la Grecia central, cuenta que el verdadero padre de Orión fue el dios Poseidón, quien siempre estaba vigilando el desarrollo del hijo desde su reino marino. Poseidón le había pedido a la diosa Gea, que permitiera a su vástago ascender a las alturas del cielo, pero Gea le contestó que Orión había sido puesto en la tierra para enseñar a los pueblos a cazar animales. Entonces, la caza era uno de los medios de subsistencia mejor considerado entre los mortales y estimado como un noble pasatiempo, digno de los dioses, los semidioses y los héroes. Ante la negativa de Gea, Poseidón sólo pudo concederle a Orión la facultad de caminar sobre las olas, poder nada despreciable para un navegante, pero ciertamente inútil en la vida de un genio cazador de los bosques. Cuando Orión creció, se enamoró de una princesa llamada Mérope, a la que sometió en estado de embriaguez. El Padre de la joven violada, el rey Enopio, enfurecido por la grave ofensa de Orión a la doncellez de su hija, ordenó que sus esbirros capturaran al muchacho y le clavaran una saeta en cada ojo, dejándolo ciego. Así, privado de la vista, Orión se fue a Lemnos donde recibió la protección del dios Vulcano, representado en la figura de Hefestos. Éste apiadado de la desgracia del joven, le devolvió la vista con la ayuda de Helios, el sol. Después de un tiempo, Orión corrió distintas aventuras, hasta que un día se enamoró de las Pléyades, y las siguió por espacio de cinco años, por eso Zeus, en premio por su constancia, acordó el deseo de Poseidón y lo envió al cielo convirtiéndolo en estrella, pero con la condición de que nunca se alejara demasiado del mar. En algunas islas del Egeo, su aparición en el cielo se consideraba un anuncio para iniciar las tareas de la vendimia. Otros pueblos de la Grecia continental lo consideraban un dios de las aguas pluviales, porque al comenzar la estación lluviosa, la estrella se eclipsaba. Según parece, eso les indicaba que también el dios se ponía al resguardo de un fenómeno que él mismo podía generar. En las representaciones antiguas y clásicas de Orión, el personaje se veía en el cielo, ataviado con yelmo y coraza de oro, espada brillante y rodeado de aquellas hermosas estrellas a las que nunca alcanza. Desde entonces, el terreno de sus cacerías fue un cielo estrellado. Otra fábula marina, agrega que las pléyades, espantadas por la gigantesca y luminosa persona de Orión, huían de él, precipitándose cada noche en el mar, por eso el gigante le narraba sus cuitas al sabio Asclepio, elevado al cielo después de su muerte. Los navegantes de la antigüedad, también creían que Orión, como buen hijo de Poseidón, era un gigante que caminaba de noche por el mar, con los pies en el fondo y la cabeza en el cielo. La narración aclara que portaba en su mano derecha una linterna de estrellas, cuya luz servía para señalar el rumbo de las naves. Una antigua glosa folclórica, bien conocida en la islas Espóradas, cuenta que Orión se había enamorado de la diosa Aurora, a quien deseaba cortejar, por eso, en los días estivales lo veían aparecer con su mayor luminosidad sobre el horizonte marino y en el rumbo de Oriente.

ORIOS: Hay dos personajes de este nombre en la mitología griega. El primero era un héroe de la saga de los lapitas. Su historia aparece en una fábula originaria de la región de Eubea. Las narraciones legendarias de Ática también lo nombran con frecuencia. Orios era hijo de una hechicera, llamada Micala o Micale, que vaticinó la muerte de su hijo, pero no pudo impedirla. Fue muerto por un centauro en la batalla ocurrida durante la boda de Piritoo. También se llamaba así un personaje de Tesalia, de la raza de los centauros, que luchó contra Heracles y fue derrotado por éste, frente a la caverna de los vientos, llamada del dios Eolo.

ORIPO: Legendario atleta griego, originario de Megara, era hijo de Artemisa y un pastor de la Élida. Los antiguos griegos le  adjudicaban triunfos imposibles de lograr por un ser humano normal. En invierno, se bañaba cada día en las frías aguas del río Ladón.  Según la leyenda subió en una sola jornada hasta la cumbre del monte Erimanto y descendió con una rama de laurel, que dedicó a la diosa Atenea. Fue el primer atleta que corrió desnudo en los juegos olímpicos. En el oráculo de Delfos se anunciaban sus increíbles victorias, que en esa época fueron muy celebradas. Tenía un monumento en Olimpia.

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PALADIÓN: (del griego Palladion). Estatua de la diosa Palas Atenea que estuvo emplazada en una de las murallas de la ciudad de Troya. Una famosa leyenda frigia cuenta que esa imagen cayó del cielo y fue rodando hasta la morada de Ilos, fundador del primitivo emplazamiento troyano, llamado desde entonces Ilión. Los antiguos habitantes de aquella región de Asia menor creían que el destino de su nueva ciudad estaba ligado a esa misteriosa estatua, a la que desde entonces vereneraron con gran devoción. Fue tanta la importancia y difusión de Paladión, como objeto de culto, que su imagen divinizada figuraba en monedas y medallas, apareciendo también cincelada en adargas y hojas de espadas. Más tarde erigieron un templo dedicado a la diosa, transformado con el tiempo en santuario y lugar de peregrinación. Una leyenda griega dice que durante el sitio de Troya por la confederación aquea, Diomedes y Ulises penetraron una noche en el templo y se apoderaron de la estatua, precipitando con ese acto la caída de la ciudadela fortificada. Otra versión, presumiblemente de origen troyano, cuenta que ante los avatares de aquella larga guerra, cierto héroe de nombre Dárdano[61] ordenó hacer una copia exacta de la estatua, sustituyéndola por la verdadera, y ésa fue la que en realidad robaron los griegos. La narración, recogida en crónicas contemporáneas, prosigue diciendo que la estatua original fue salvada por Eneas, quien la llevó a Italia, emplazándola en un nuevo templo, donde fue venerada por los etruscos. Esta versión coincide en ciertos pasajes con el sentido argumental expresado en “La Eneida” de Virgilio. En la época de Cicerón [62], cuando los romanos volvieron a saquear la ciudad de Troya, se divulgó con gran expectación la noticia de que habían hallado intacta entre las ruinas a una pequeña estatua de madera de la diosa Palas Atenea, atribuyendo a ésta ser el original de la mística imagen llamada Paladión. Desde entonces, aparte de Roma, que guardaba esa estatua en el templo de Vesta, varias ciudades y confederaciones también se atribuyeron la posesión de la verdadera imagen, entre ellas, Siris, Argos, Atenas, Luceria y Lavinium. En algunos tratados sobre mitología griega suelen aparecer escritas las formas latinas Paladium o Palladium.

 

PALAMEDES: Joven héroe de Troya, hijo de Nauplio y Clímene. Participó en el sitio de la ciudad de la Troada. Fue discípulo del centauro Quirón, de quien aprendió artes marciales, medicina, filosofía y retórica. Tenía un alto sentido del patriotismo, por eso no vaciló en denunciar a Ulises cuando descubrió su treta del arado para no ir a la guerra. Ulises nunca olvidó aquella infidencia que le costó el alejamiento de su familia y su amada Ítaca. Cierto día, durante un combate, Palmedes se vio cercado por  una avanzada de guerreros troyanos. Una tradición cuenta que Ulises pudo ayudarlo, pero no lo hizo en venganza por aquel episodio. Otra versión de esta historia, recogida en la ciudad de Argostóli, en la isla de Kefalonia, afirma que Ulises intentó salvarlo pero no llegó a tiempo.

PALANTE: Hijo de la reina Pila y el rey Pandión, soberanos de Ática. Se unió a sus hermanos Egeo, Liso y Nico para derrotar y expulsar a unos parientes que había usurpado el trono de sus padres. Se cuenta en una leyenda que Palante tuvo cincuenta hijos con catorce esposas. Desde entonces lo llamaron “Palante el prolífico”. A esta numerosa prole se le dio el nombre de Palántidas. Cuando los cincuenta hijos crecieron, formaron un clan muy aguerrido que intentó arrebatar a Egeo la parte del reino ático que le correspondía por herencia. El héroe Teseo los castigó por aquella felonía, matando a los cabecillas y desterrando al resto de los hermanos menores. Hubo otro personaje legendario llamado Palante, hijo del titán Crío y la ninfa Euribia. Tuviero cuatro hijos que intervinieron en distintas aventuras. Sus nombres eran: Cratos, Nice, Zelo y Bía.

PALAS: [Minerva]. Prenombre de Atenea. Una tradición dice que Palas era el nombre de una niña compañera de juegos de la diosa. Un día, cuando ambas estaban juntas disfrutando en el bosque del Olimpo, Palas sufrió un accidente mortal, Atenea no pudo salvarla. En su memoria, la diosa antepuso el nombre Palas al suyo, para tenerla siempre presente.

PALINURO: Héroe navegante del Mediterráneo, también conocido con el sobrenombre de Enéada. Palinuro era el timonel del navío que transportaba a Eneas y su familia cuando huyeron de Troya. Se hallaban surcando las aguas del mar Tirreno, cerca del actual golfo de Policastro. Ya el día anterior, cuando pasaron frente a las islas Eolias (Lipari) comenzó a soplar desde el sur un viento huracanado. Esa noche arreció nuevamente la tormenta y, agotado por el intenso esfuerzo, Palinuro se quedó dormido sobre el timón. Eolo soplaba sin cesar, arrastrando grandes masas de agua salobre sobre la cubierta. Eneas, que había estado todo el tiempo junto al timonel, descendió unos momentos bajo la toldilla para ayudar a Anquises, su anciano padre. Entonces, una ola gigante arrastró a Palinuro al mar. Había olvidado amarrarse fuertemente al timón, como hacían todos los marinos en caso de tormenta. Desde el agua, el joven gritó pidiendo auxilio a grandes voces, pero el ruido del viento ahogó sus gritos desgarrados, mientras veía que la nave se alejaba al garete, impulsada velozmente por las ráfagas huracanadas y las fuertes corrientes. Durante tres días consecutivos Palinuro consiguió mantenerse a flote, hasta que, en un supremo esfuerzo, pudo llegar a las costas de Lucania, en la Basilicata, cerca del cabo Miseno. La leyenda cuenta que los nativos del lugar, desconfiados con los seres extraños, al ver un espectro desconocido salir de las aguas lo atacaron confundiéndolo con un demonio, emisario de Poseidón. Agotado e incapaz de defenderse, Palinuro fue muerto allí mismo por los lucanios, quienes, consumada la acción, abandonaron el cadáver en la playa. Cuando Eneas y la Sibila descendieron en su viaje al reino de Hades, el héroe encontró el espectro de su antiguo piloto que vagaba por aquel antro, como todos los muertos insepultos. Eneas prometió a su amigo regresar al lugar e inhumar sus restos. Así lo hizo, y desde entonces, aquel lugar se llamó Cabo Palinuro. Los pescadores de Lipari, que conocían esta historia, afirmaban que durante siglos hubo en ese lugar un antiguo santuario, al que se le atribuían distintos prodigios.

PAN: Los antiguos griegos sentían un afecto especial por la euritmia o combinación armoniosa de los sonidos, por eso amaban la música y reverenciaban a sus deidades con himnos y cánticos. Los aerófonos, de tonalidades dulces y delicadas, como la flauta de Pan o “caramillo de los pastores”, tenían su propia divinidad y, por cierto, una hermosa leyenda que narraba el origen o la razón de su existencia. La armonía de sus aptitudes musicales se correspondían sin duda con un temperamento apasionado y pleno de facultades artísticas. El dios Pan, mitad hombre y mitad cabra montesa, representaba a la perfección esa idea. Los artistas clásicos se lo figuraban con barba en punta y dos pequeños cuernos en la frente. Ligado a otras divinidades orgiásticas, Pan reflejaba todas los ardores e impulsos humanos, pero en una medida hiperbólica, propia de las divinidades. Para los antiguos griegos, era la deidad representativa de los pastores, por eso lo consideraban el protector por excelencia de los rebaños de ovejas y cabras. La ficción mitológica decía que  Pan era hijo del dios Hermes. Su madre fue Driope, una ninfa pastora, a la que Hermes sedujo en el monte Cileno mientras aquella cuidaba unos rebaños. Cuando Pan era un joven cabrío, emuló a su padre, seduciendo a las ninfas Pitis y Eco, que acudían a su lado para hacerle coro con su voces cuando entonaba la flauta. En los poemas líricos de la antigüedad se contaba que las melodías del dios Pan eran tan bellas como el sonido del Olimpo. Y Homero concluye que “no podían alcanzar su belleza musical las aves que anunciaban la primavera”.

PELEO: Héroe de Egina. Hermano de Telamón. De joven había protagonizado un hecho desgraciado. Debido a una disputa sin importancia, había perdido los nervios, dando muerte a su hermanastro Focos. Su padre, entonces gobernante de Egina, lo condenó al destierro. Peleo se marchó, refugiándose en Tesalia, donde el rey de Trica lo libró del deshonor y le brindó la mano de su hija Antígona. La suerte de Peleo pareció cambiar, porque su suegro también le cedió la tercera parte de su reino. Todo iba bien hasta que un día, durante una partida de caza, Peleo mató a su suegro por error, al confundirlo con el jabalí de Calidón. En vano fueron sus explicaciones, para no ser condenado por regicidio. Una noche, burlando la vigilancia de sus carceleros huyó a Yolcos. Allí, el rey de aquella ciudad -llamado Acasto- le cobró afecto y lo absolvió de todas sus culpas. Al parecer, Peleo tenía muy buena presencia, porque la esposa de Acasto, llamada Astidamia, se enamoró de él y comenzó acosarlo, requiriéndole sus amores. Ante la negativa de Peleo, que no deseaba traicionar la confianza de su anfitrión, Astidamia se vengó, contándole calumnias a Antígona, quien desesperada ante tantas desgracias, ya muerto su padre, y creyéndose traicionada por su esposo, se suicidó. El drama de Antígona, llevado a la literatura inspiró interesantes argumentos en la tragedia y el teatro lírico. Pero Astidamia, era el colmo de la maldad. No conforme con haber difamado a Peleo, causando el drama de su esposa, también lo denunció a su propio marido. Acasto no queriendo manchar con sangre el sagrado deber de hospitalidad, una virtud muy venerada en Grecia, envió a Peleo a cazar unas bestias feroces en el monte Otris, esperando que aquellas hicieran el trabajo sucio, matando al joven y así se terminaría de una vez aquel problema. Pero Peleo, como el gran Heracles, cumplió su faena como un valiente, matando a gran número de aquellas bestias y cortándoles la lengua para que no pudieran comer a nadie. Habiendo llegado a oídos de Acasto que Peleo había derrotado a todas las bestias sólo con su puñal, ordenó que se lo quitaran subrepticiamente, dejándolo sin su única arma a merced de las fieras. El centauro Quirón, conociendo la injusticia que se había cometido, le salvó la vida, lo llevó hasta un lugar seguro y le devolvió su arma. Peleo regresó a Colcos y consumó su venganza matando a Acasto y Astidamia con el mismo puñal que ellos le habían quitado. Tiempo después, habiendo fallecido su padre, Peleo regresó a Egina, casándose con la diosa Tetis, cuya mano logró tras librar duros combates con otros pretendientes. Los dioses del Olimpo acudieron al banquete de la boda con magníficos regalos. Del matrimonio de Peleo con Tetis, nació el héroe Aquiles.

PÉLOPE: Hijo de Tántalo. Su padre lo ofreció en sacrificio como banquete a los dioses. El niño resucitó convertido en un hombre fuerte cuya descendencia dio lugar a la dinastía de los atreos. Los notables descubrimientos arqueológicos, realizados a partir del siglo XIX en las ruinas de Micenas, permitieron hallar una luz de verdad histórica en muchas leyendas de la mitología griega.

PELOPONESO: (Isla de Pélope) Su denominación también se expresa a través de connotaciones legendarias. La gran península de Grecia, unida al continente por el istmo de Corinto, fue el teatro principal de la historia y la mitología helénica. Una antigua fábula, originaria de la comarca de Megáride, cuenta que el Peloponeso fue en sus comienzos una gran isla, separada de Ática y Beocia por las aguas de un mar llamado Megárico. Corintios y beocios vivían en constantes luchas por el dominio de aquel paso entre los mares Jónico y Egeo. La diosa Gea, para terminar de una vez con el conflicto, dispuso que ningún barco navegaría jamás por aquel mar. Para ello provocó un gran cataclismo que unió al Peloponeso con el continente, formando los golfos de Corinto y Sarónico, hoy situados a cada lado del istmo. Al parecer la diosa se equivocó, porque después de tres milenios, en 1902 se abrió nuevamente el paso entre ambos mares a través del canal de Corinto, un paso artificial construido por el hombre moderno.

 

PENTESILEA: Símbolo mítico de una mujer valiente y aguerrida. La legendaria Pentesilea era reina de las Amazonas de la Tróada, un pueblo de Asia Menor, cerca del Propóntide (mar de Mármara) donde dominaban sólo las mujeres. Habituadas a defender su propia independencia, todas sabían jinetear caballos, portaban corazas y estaban acostumbradas al manejo de las armas. Pentesilea fue llamada por Príamo, rey de Troya, para que combatiera a su lado, haciendo frente a la invasión del rey Agamenón y sus aliados aqueos. La reina aceptó prestarle ayuda a cambio de obtener la libertad de su pueblo para transitar a través de las llanuras de Frigia sin pagar tributos a los troyanos. Durante esa contienda, que duró diez años, el héroe Aquiles sostuvo un sangriento combate con Pentesilea, en el cual le dio muerte. Aquiles y Pentesilea no se conocían. Una tradición cuenta que ambos se enamoraron en el momento de la agonía, cuando sus ojos se encontraron por primera vez. Pero ya era tarde. La amazona moría y Aquiles guardó en sus recuerdos aquel amor imposible durante el resto de su breve vida, porque él también murió durante la caída de Troya, a causa de un flechazo disparado por París que lo hirió mortalmente en el talón. El célebre psicoanalista Jung[63] realizó un profundo estudio de ese sentimiento bastante frecuente en la mitología, en el que se mezclan la pasión y la ira, el amor y la muerte.

PERIPOLTAS: Célebre profeta y adivino que aparece citado en varias leyendas de la antigüedad. Según consta, fue un agorero trashumante, originario de Tesalia, cuya figura -similar a la de los oráculos- era frecuente en la mitología griega. Es posible que el personaje histórico haya existido realmente en el siglo tercero antes de la era cristiana. En algunos tratados sobre mitología antigua aparece citado con el nombre de Peripaltes. Una fábula de Beocia lo sitúa en la ciudad de Tebas, durante el reinado de Labdácidas. Al parecer, predijo la muerte de Hemón y Antígona.

PERSÉFONE: [Proserpina] Hija de Zeus y Deméter. Diosa de los infiernos. Fue raptada por su tío Hades con el propósito de desposarla. Esa costumbre de unión carnal entre parientes cercanos era común en la antigüedad y se mantuvo hasta épocas recientes entre pueblos primitivos, incluso, entre monarcas y princesas cuando mediaban intereses geopolíticos. Deméter, llena de ira, no toleró el rapto de su hija y descendió a los antros subterráneos a buscarla. Su cólera hizo que lanzara una maldición a la tierra, impidiendo que crecieran las planta hasta que apareciera la joven raptada. Una regla del reino de Hades decía que nadie podía regresar de allí si había comido del alimento de los muertos. Perséfone había probado una granada y ya no pudo regresar.

Para aplacar la rabia de Deméter, Zeus hizo que Perséfone pudiera pasar seis meses del año entre los vivos y los otros seis en el reino de Hades.

PESINUNCIA: Denominación frigia de la diosa griega Cibeles. El nombre proviene de la región de Pesinonte o Pesinunte, cercana al río Sangario, en el Asia Menor (actual Capadocia). Pesinuncia reinaba en un Estado teocrático, como diosa de la fertilidad. Tenía un gran templo y numerosos santuarios menores.

PIGMALIÓN: Una de las leyendas más preciosas y sugestivas de la mitología griega. Vemos aquí la obsesión del creador por el resultado de la concepción estética, el espíritu de observación y el dominio de la técnica. Pigmalión, un hábil escultor, natural de Chipre, había esculpido en mármol la estatua de una hermosa doncella, en tamaño natural. La imagen era tan bella y sus proporciones tan perfectas, que el artista terminó enamorándose de su obra. Entonces le suplicó a la diosa Venus que le diera vida a su estatua porque deseaba desposarse con ella. La divinidad del amor se enterneció por el impulso emotivo de aquel hombre, tan prendado de un frío pedazo de mármol, y decidió acceder a sus ruegos. Entonces, el escultor vio, admirado y cada vez más enamorado, cómo su estatua de mármol se transformaba en una mujer real, de carne y hueso, a la que llamó Galatea.  De esa pareja mitológica nacieron dos hijos: Pafos y Cyniras.

PÍLIO: [Península Pelión] Lugar mitológico de Tesalia. Según las tradiciones folclóricas, esa bella región de la Grecia central, dominada por una cadena orográfica que penetra en el mar Egeo, fue la patria original de los centauros. Situada en una estrecha franja de tierra, en torno al golfo de Pagasitikós, constituyó un punto de interés por sus leyendas, desde la remota antigüedad. El paisaje montañés, poblado de robles, cedros y castaños, se presta a la imaginación literaria respecto a la vida bucólica y silvestre de los hombres con cuerpo de corcel. Es conocida la excelencia de sus especies botánicas, que según las fábulas lugareñas, utilizaba el centauro Quirón por sus maravillosos poderes curativos y nutritivos. El origen mítico de las plantas fue un motivo de inspiración para muchos escritores de la antigüedad, que relacionaron la alimentación de los animales con la feracidad de la tierra. Sobre esa particularidad de esas tradiciones griegas habla el escrito latino Rutilio en su obra “De re rustica[64].

PIRENE: Divinidad del agua clara. Era una de las ninfas Danaides, hija de Asopo y Metone. Se enamoró de Poseidón, quien la llevó a una de las islas Diaporias, en el golfo Sarónico. Allí tuvo dos hijos con él. La leyenda, cuenta que los hermanos viajaron a la Argólida y allí fueron muertos por la diosa Artemisa, que los confundió con dos gamos. Pirene lloró tanto la pérdida de sus hijos que sus lágrimas se transformaron en un manatial. En las proximidades de los propileos de este centro arqueológico del Peloponeso, se puede ver una antiquísima fuente, restaurada en tiempos del benefactor griego Herodes Ático. El agua era trasvasada desde un manantilal cercano a través de canales de piedra cuyos sillares aún subsisten.

PIRENE: Rey de la Fócida. Cierta vez, un violento temporal sorprendió a las nueve Musas cuando se dirigían al templo de Apolo, en el monte Parnaso. El monarca les ofreció su palacio como refugio y alojamiento, hasta que amainara el mal tiempo. Las Musas aceptaron el ofrecimiento, pero cuando las muchachas estaban en su interior, Pirene mandó cerrar todas las puertas con llave, con el propósito de retenerlas para siempre en sus dominios. En realidad, lo que Pirene quería era disfrutar sin esfuerzo de la sabiduría, el arte y las ciencias. Y creyó que así podría lograrlo. Pero las Musas no estaban dispuestas a perder su libertad. Con la ayuda de Apolo, subieron a lo alto de una torre y se fueron volando. Pirene las llamaba desconsolado pidiéndoles que regresaran. Al verlas alejarse en el aire, él también quiso volar tras ellas y se arrojó al espacio, muriendo en la caída.

PITIS: Ninfa de Tesalia, amada por Bóreas, el viento del norte. Cortejada por el dios Pan en las faldas del monte Osa, se dejó seducir por la música de la flauta sirinx y le entregó sus anhelados amores. Bóreas, celoso, deseando vengarse, la golpeó con una sorpresiva ráfaga de viento y la precipitó a un profundo precipicio. Gea, la Madre Tierra se compadeció de ella y la transformó en un magnífico árbol que entonces no existía. Así nació el pino mediterráneo, cuya savia olorosa se quemaba en los altares. El nombre de aquel mítico árbol se extendió por todo el mundo antiguo. Lo llevaron los navegantes allá donde las proas de sus naves enfilaban los rumbos del gran mar. Por eso, en memoria de la ninfa Pitis, muchas islas del Mediterráneo, cubiertas de pinos, se llaman Pitiusas.

PITÓN: Una de las hijas de Gea, la Madre Tierra. Figura zoomorfa cuya existencia se remonta a los tiempos de la colonización de Tracia por los primeros pobladores llegados de Asiria y Sumeria. Pitón era una enorme serpiente que atravesaba montes y ríos, siempre en busca de alimentos para su interminable voracidad. Se deslizaba silenciosamente y su color era igual al de la tierra, por eso sus víctimas no se percataban hasta que era demasiado tarde. Una fábula cuenta que Pitón había ocupado una cueva cerca del monte Parnaso, en la Fócida, desde donde asolaba la región, sembrando la muerte. El dios Apolo fue buscarla, la decapitó y construyó en el lugar, llamado Delfos, un célebre santuario dedicado al oráculo, cuya sacerdotisa se llamó Pitonisa. En conmemoración de aquel hecho se instauraron los Juegos Píticos. En el santuario de Apolo, situado en Amyklés, una localidad cercana a la antigua Esparta, se halló un bajorrelieve en piedra que representa a la serpiente como una divinidad de los antros infernales. Esta pieza se complementa con una serie de máscaras que se utilizaban durante las representaciones litúrgicas en honor de aquella deidad.

PLUTONIO: [Ploutonion] Célebre caverna situada en las ruinas de la ciudad ática de Eleusis. Los antiguos griegos creían que por esa boca se podía acceder a los reinos de Hades (Plutón), deidad que tenía un santuario en las inmediaciones. Cuando la temida divinidad del mundo de los muertos raptó a la bella Perséfone, la llevó consigo a sus oscuros dominios a través de aquellas cavidades subterráneas. Cada vez que la hija de la diosa Deméter regresaba a la tierra, lo hacía por aquella boca, conocida entonces como “el portal de Hades”.

POLICASTA: Doncella griega, hija del héroe Néstor. Atravesó a pie las montañas de Sterea y los valles de Tesalia, en busca de su amado, a quien habían raptado las Furias por haberlas insultado. Para atravesar el caudaloso río Peneiós, Policasta pidió ayuda a un águila, que la transportó a través del aire hasta la orilla opuesta. Cuando arribó al pie de la enorme gruta donde habitaban las Furias, en las montañas de Antichasia, éstas le arrojaron a la cara las cenizas del joven, a quien había matado y calcinado en un caldero repleto de ardiente lava. En venganza por aquella irreparable pérdida, Policasta, con la ayuda del Cíclope Anteo, provocó un derrumbe que clausuró para siempre la entrada de aquella caverna.

PÓLUX: Héroe griego, hermano de Cástor, e hijo de Zeus y Leda. Algunos autores de la antigüedad afirmaron que su verdadero padre era Tíndaro. Ambos son protagonistas de numerosas narraciones y obras pictóricas inspiradas en la mitología grecolatina. Los primitivos romanos recibieron la influencia de la mitología griega y adoptaron el culto de Cástor y Pólux, como símbolos de la vida y la muerte. Una de esas leyendas, cuenta que eran venerados en la ciudad de Tusculum, en la región del Lacio (Italia). En esa población los nativos les habían erigido un santuario, llamado “de los Dioscuros”. Mas tarde fueron adorados también como divinidades marítimas, protectoras del comercio y la navegación. En el siglo segundo después de Cristo, fueron incluidos en los ritos fúnebres paleocritianos. Los etruscos los conocían con los nombres de Kastur y Pultuke.

POSEIDÓN: [Neptuno] Dios de los mares. Su poder era ilimitado, así como su habilidad para hundir o llevar a buen puerto a cualquier navío. Poseidón, era el padre putativo del héroe Belerofonte, pero tuvo muchos otros hijos. Gozó del amor de numerosas amantes, de allí su fama de galante y enamorado, pero además tenía un mal carácter proverbial que lo hacía enfadarse con facilidad. Cuando esto ocurría -que era muy a menudo- Poseidón removía el agua y los vientos con su tridente, creando terribles vendavales, y tormentas Con su cuadriga de oro, tirada por delfines recorría sus reinos marinos cortejando a cuanta mujer, diosa o mortal, se cruzaba en su camino. Entre sus numerosos descendientes también se cuentan Polifemo, nacido de la ninfa Tusa; Ante, de la diosa Gea y Tritón, de Anfitrite. Una impresionante estatua de mármol, hoy en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas, lo representa con un cuerpo hercúleo, sosteniendo su enorme tridente. Esta magnífica obra, denominada Poseidón de Milos, es una de las piezas más representativas en la estética de las formas durante la Grecia Clásica. La referencia de sus muchos nombres descriptivos nos habla de un mito universal que se extendió en la antigüedad por todo el Mediterráneo oriental. Los marinos primitivos que surcaban las aguas del Dodecaneso, por temor a las corrientes marinas que se dan en el freo de Porthmós Karpáthou, le dieron el nombre de Kosmoseistes (el que conmueve el mundo). Todos los mares entonces conocidos, e incluso su entorno, las costas, los montes del litoral, estaban sujetos al dominio de Poseidón. Los pescadores del Aigaíon Pélagos, el mar Egeo, creían que su fuerza comprendía hasta los remotos confines de un horizonte inalcanzable. Por eso, lo llamaban Kosmosostes (el que estruja los mares y las tierras). Su esposa, Anfitrite, hija de Océano, era la viva representación femenina del mar. En las estatuas clásicas aparece sentada, junto a Poseidón, sobre el carro de oro tirado por delfines. También su símbolo de realeza era el tridente. Cuenta una tradición de la isla de Naxos, que Anfitrite estaba un día danzando junto a sus hermanas cuando Poseidón, al verla, se enamoró de ella, cosa previsible, dada su fama de eterno seductor. Al principio, Anfitrite lo rechazó y conociendo su carácter, buscó refugio en la mansión de Atlante, pero Poseidón envió para buscarla a un delfín engalanado, portando un cuerno de la abundancia que en nombre del dios la pidió en matrimonio. Ante aquella demostración de sincero interés Anfitrite cedió y aceptó la propuesta. Para premiar la buena gestión del delfín, Poseidón lo convirtió en una estrella. Anfitrite tuvo tres hijos de Poseidón:

1] Tritón, que siguió los pasos de su augusto padre.

2] Bentesicimine que fue reina en Etiopía y

3] Rode, a quien debe su nombre la isla de Rodas.

En la región de Archangelos, al sur de la capital, apareció un hermoso grupo escultórico que representa a Poseidón, junto a Rode y su descendencia, las Helíades. Sin duda, Poseidón dominó el pensamiento mítico en la Grecia Clásica y aún mucho tiempo después. Según las creencias de los remeros del golfo de Pagasetikós, en Tesalia, todo lo que se ve desde lo alto de un mástil era de su majestuosa propiedad. Tal su nombre más conocido de Pelagios (el mar interior). Las cadenas montañosas de Óthrys y Pélion, que rodean aquel golfo, también estaban bajo el imperio del dios marino.

Otra leyenda de Parnassós, en la Grecia Central, nos habla del Arión, hijo de Poseidón y la diosa Deméter. Arión, que dominaba la metamorfosis, como su padre, podía tranformarse en caballo marino. Varias poesías y cantos rituales de la antigüedad, recuerdan aquellos prodigios. El mito, llevado por la transmisión oral, se extendió por toda la Grecia clásica, desde el mar Jónico hasta el oriente de Chipre. Por ello es que también las grandes distancias donde el agua se adueña del horizonte y todo vestigio de tierra firme desaparece de la vista, quedaba bajo la fuerza y el carácter de Poseidón, de allí su apodo de Mesopontios (el del medio del mar).

PRÍAMO: Rey de Troya. Era hijo del rey frigio Laomedonte. Su madre era Leucipe, heredera del trono de Lemnos, al que renunció para casarse con Laomedonte. El verdadero nombre de Príamo era Podarces. Su leyenda familiar aparece signada por tragedias que dieron lugar a una nutrida serie de interpretaciones y lecturas plagadas de simbolismos. Un cuento mitológico originario de la antigua Ábidos, población del estrecho de los Dardanelos, cuenta que cuando Troya fue conquistada por el héroe Heracles, éste mató a sus reyes legítimos y a todos los miembros de su dinastía, dejando sólo con vida a la princesa Hesíone y su pequeño hermano Podarces, quienes quedaron en cautividad, a merced de los vencedores. Poco después, la joven fue entregada como botín de guerra al arquero Telamón, compañero de Heracles. Telamón, prendado de ella, rehusó tenerla como esclava y en cambio la tomó en matrimonio. Hesíone pidió entonces a Heracles que, como regalo de bodas, le diera la libertad a su hermano menor. Heracles le contestó afirmativamente, pero con una condición, que el niño cambiara de nombre y adoptara las creencias religiosas de los vencedores. Así fue como Podarces, siendo apenas un tierno infante, se vio obligado a cambiar de nombre, para llamarse desde entonces Príamo (el rescatado). Con el transcurso de los años, siendo ya Príamo un joven de unos veinte años, Heracles decidió confiarle el trono de sus mayores. Antes de asumir el reinado, Príamo tomó por esposa a Hécuba, una joven princesa de Tracia, entonces un reino floreciente situado a las puertas del Propóntide (Mármara). En algunas traducciones aparece el nombre Hécabe. La tradición folclórica dice que tuvieron cincuenta hijos y cincuenta hijas. Afirmación que se lee como uno más de los simbolismos que rodean esta historia. Fue el monarca que reinaba en Troya cuando ocurrió la invasión de los griegos. Príamo perdió la vida por un golpe de espada que le propinó el hijo del héroe Aquiles, Neoptólemo; cuando los aqueos entraron en la ciudad.

PROCRIS: Leyenda ática asimilada al concepto de la traición y lo fatal de su desenlace. Procris era hija del mítico Erecteo, uno de los primitivos reyes de Atenas. Su esposo, Céfalo, la sorprendió en una de sus muchas infidelidades. Para evitar el castigo de su esposo, huyó a la isla de Creta. Debido a su sorprendente belleza, Procris pronto fue conocida como “la hermosa foránea” y se transformó en amante del rey Minos, alojándose en un pabellón del inmenso palacio de Cnosos. Ese sector se conocía antiguamente como el pabellón de Procris. La hechicera Pasifae, esposa de Minos recurrió a toda clase de embrujos para alejarla de su marido. El monarca, que conocía bien el carácter celoso y vengativo de su esposa, temiendo un fatal desenlace, aconsejó a Procris que se alejara cuanto antes de la isla. Así lo hizo la mujer, regresando a Atenas, donde le pidió a Céfalo que olvidara todo y la aceptara de nuevo como esposa. La historia dice que Céfalo fingió perdonarla, pero no olvidó la afrenta. Poco después, durante una jornada de caza en las cercanías de Eleusis, Céfalo la mató de un flechazo al confundirla con una zorra.

PROMETEO: Una de las leyendas más antiguas de la cultura helénica, relacionada con la creación del mundo y la formación de los hombres de arcilla. Esta idea aparece reiteradamente en diferentes civilizaciones, no relacionadas entre sí, como los antiguos mayas, los pueblos de la estepa mongólica o las tribus animistas del Sudán. Prometeo era una divinidad benefactora de la humanidad. Desde los albores de la edad del bronce, aparecen figuras mitológicas muy similares, que se proyectan desde el Asia Menor y a través de distintas épocas, hasta los tiempos del Imperio Romano. Son rasgos culturales que surgieron en Oriente, llegando por transmisión oral hasta el reino de los Partos, en Babilonia, en los pueblos de la Mesopotamia, en la antigua Armenia y entre las tribus escitas del Bósforo. La versión helénica cuenta que Prometeo era hijo de Clímene, la ninfa oceánida, y el titán Japeto. En un momento de esa historia, cuando aún reinaba el Caos, Prometeo recibe milagrosamente el don de las fuerzas creadoras de la naturaleza. En ese acto intervienen: la Noche, Erebo y la Tierra (Gea). Su misión es crear a los seres mortales, modelándolos con arcilla. Luego de crearlos, Prometeo les enseñó a adorar a los dioses primigenios, tomando el fuego sagrado del monte Olimpo para alumbrar su sabiduría. Este es otro elemento sugestivo que asombra por la sutil belleza de la idea y su carácter pleno de simbolismo. Cuando Zeus desató las furias de la naturaleza, dando lugar al diluvio universal, Prometeo ayudó a su hijo Decaulión a construir un arca donde intentó salvar a todas las criaturas que poblaban la tierra. Después de todo, los seres mortales eran su obra y los animales, el alimento y la ayuda. Zeus, encolerizado, no perdonó a Prometeo que hubiera burlado sus designios, salvando a la humanidad y a los animales. En castigo, lo encadenó a una roca, donde un águila todos los días le roía las entrañas, picoteándole en el hígado con furia. Durante la noche, el águila se alejaba a su nido, el hígado de Prometeo se regeneraba y el ave, volviendo al día siguiente, recomenzaba su faena en un suplicio interminable. Heracles, apiadado, lo liberó de ese martirio.

PROTEO: Llamado “el anciano del mar” entre los navegantes griegos, era una de las deidades menores de las aguas marinas. Algunos cronistas lo confunden con Nereo, otra divinidad náutica. Se conoce la existencia de un antiguo santuario dedicado a Proteo en la costa meridional de la isla de Skyros [Mar Egeo]. En las costas del mar Jónico lo conocían con el nombre latino de Proteus. Según las tradiciones marineras era un dios benéfico que moderaba los vientos y aplacaba las tormentas.

PSITIRO: Sobrenombre que se daba al dios niño del amor en algunas regiones de Grecia central. Relacionado con la figura de Psyche (amorcillo) era la encarnación de un espíritu activo e inteligente, encomendado por los amantes desde la antigüedad. En Caria tenía un templete dedicado a su adoración que fue destruido parcialmente por los invasores otomanos. La imagen de Psitiro aparece en varias leyendas relacionadas con temas románticos, formando una pareja de niños o jóvenes, reunidos bajo el título de “Amor y Psiquis”. Su particular simbolismo sirvió de numen a numerosas piezas literarias, pinturas y esculturas. En los frescos de Leopold Schultz y Mauricius Schwind, del palacio Rüdingsdorf (Altemburg) aparecen nuevamente con el tema mitológico del amor. Destacan por el equilibrio de la composición y el colorido de los frescos, las obras tituladas: “Amor y Psiquis ante Júpiter y Juno” y “Amor despierta a Psiquis”. El célebre pintor francés Guillermo Bouguereau -posiblemente inspirado en remotos mitos de Caria- los representa como dos infantes sonrosados y encantadores, uno con alas de pájaro y otro con alas de mariposa.

-Q-

 

QUIMERA: Personaje femenino, considerado por los antiguos la encarnación del mal, la envidia y la blasfemia. Cuentan las tradiciones que era hija del León de Nemea y hermana de la Esfinge. Los montañeses de Erymanthos, en el norte del Peloponeso, afirmaban que su aspecto era horrible. Fue derrotada por el héroe Belerofonte en una lucha terrible.

QUIMEREO: Personaje fantástico, a quien en la antigüedad se atribuía el don de aplacar la ira de los dioses y alejar la peste. Su tumba se hallaba frente a las murallas de Troya. Una leyenda cuenta que el rey Menelao, durante la contienda con los defensores de Ilión hizo celebrar un sacrificio para salvar a Lacedemonia de una epidemia. Tenía un templete situado sobre la ribera sur del río Escamandro, que fue destruido por los frigios en el siglo octavo antes de Cristo. Los restos de Quimereo fueron trasladados a la isla de Lesbos.

QUIRÓN: Famoso centauro, nacido de la unión entre el dios Saturno y la joven ninfa Filira. Llamado “el justo” por su carácter equitativo y virtuoso, era un gran cazador, virtud muy ponderada en su tiempo. En una asamblea divina, los dioses decidieron adiestrarlo en distintas ciencias para fuera maestro de semidioses y héroes. Quirón asimiló provechosamente aquellos conocimientos y los transmitió a otros personajes mitológicos, entre ellos: Jasón, Heracles, Eneas, Esculapio, Peleo, Aquiles, Ulises y Meleagro. Una flecha envenenada lo hirió  accidentalmente en una pata. Presa de horribles sufrimientos, le pidió a Zeus que acabara con su vida.

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RADAMANTIS: Personaje de cabellos dorados y tez bronceada, según lo describen las leyendas. Era hijo de Zeus y de Europa. Nació en la isla de Creta y llegó a la condición de héroe benemérito como ayudante del dios Cronos. Fue uno de los tres jueces del Hades, junto con Éaco y Minos. Cuando este último se proclamó rey de Creta, Radamantis fue nombrado juez supremo de la isla, bajo el sagrado patrocinio del dios del mar Poseidón, del cual llegó a ser su máximo sacerdote. El código de justicia que redactó Radamantis fue tan justo y acertado que Poseidón le otorgó el reinado de las islas Cícladas. Una leyenda originaria de Phaistós, en el sur de la isla de Creta, cuenta que en realidad fue su propio hermano, Minos, quien lo designó en aquellas islas del mar Egeo, para mantenerlo alejado de la corte de Cnossos y así, evitar que el pueblo cretense lo eligiera rey. Esta misma narración dice que ya en la ancianidad, Radamantis se casó con una joven doncella, llamada Alcmena, cuya historia entronca con otra leyenda. En las inmediaciones del cabo norte del golfo de Mirabella [Akroterion Hagios Ioannes] existía un monumento lítico dedicado a su nombre. Epiménides dejó un escrito sobre su figura.

REA: [Rhea] Descendiente de los dioses Gea y Urano. Era una de las célebres Titánidas, sacerdotisa y amante del dios Poseidón. El gran poeta Hesíodo [siglo VII a.C.] la nombra en sus versos, referencia que demuestra la antigüedad del mito. En una gruta del golfo de Kallones, en la isla de Lesbos, se halló enterrada una estatua de Rea. Se supone que durante la baja Edad Media fue ocultada allí para evitar su destrucción durante la expansión del imperio bizantino. Una tradición marinera -conocida entre los navegantes del mar Egeo- cuenta que la enigmática Rea fue sembrando las aguas con enormes guijarros para pisar sobre ellos cuando se desplazaba hacia los dominios del sol naciente para encontrarse con su oceánico amante. Esa hilera de piedras, luego se transformó en el archipiélago de las Espóradas. En Rodas, la más meridional de esas islas, existe un alto farallón rocoso, cuyos bordes enfrentados se parecen a dos perfiles humanos. Los campesinos del cabo Prasonisi decían que esas curiosas formas naturales, recortadas en la roca, eran Rea y Poseidón unidos en un abrazo inmortal.

RECO: Esta bella fábula fue recogida en una remota aldea del Peloponeso. Reco era el nombre de un pastor de Mesenia, una comarca situada en las cercanías del monte Itome, al suroeste de la península. Un día, paseando por sus campos, Reco vio una encina muy vieja, a punto de derrumbarse. Era un árbol alto y rugoso, de gruesas ramas y raíces extendidas, que aún con su enorme tamaño, apenas lograban sostener la envergadura del tronco centenario. En otros tiempos había sido un robusto ejemplar que desafiaba airoso los vientos del mar Jónico. En su interior, horadado por los años, moraban unos espíritus femeninos, protectores de las plantas y las flores. Reco hizo apuntalar aquel árbol y las ninfas arbóreas, agradecidas, le concedieron un don.

-¿Cuál es el favor que más apetecerías en este momento? Le preguntaron al pastor. Y él, al verlas tan bellas, les pidió gozar sólo una hora de sus amores.

-Tienes que elegir sólo a una, pero deberás ser fiel a ese amor todo el resto de tu vida…

Reco no dudó, aceptó el acuerdo y eligió a la más bella, llamada Althea. Las tres ninfas entonces se alejaron, prometiendo que la elegida volvería a él transformada en un diminuto ser de la naturaleza y que bastaría un simple soplo para transformarla de nuevo en una doncella. Entonces ambos estarían en condiciones de fijar la fecha de la boda. Pasó el tiempo y Reco casi había olvidado aquella escena. Más de una vez, mientras esperaba ilusionado el regreso de la ninfa, dudaba si todo aquello no habría sido más que un simple sueño, una travesura de la mente, mientras dormía la siesta en la campiña mesénica. Una tarde, mientras vigilaba a sus cabras, se acercó una abeja, zumbando muy cerca de su oreja, asustado, el pastor la espantó con la mano, pero con tal fuerza que la pobre abeja cayó al suelo aturdida. Cediendo a un impulso, Reco la aplastó con la punta de su cayado y siguió por el camino, sin darle más importancia al hecho. Poco después llegó al pie de aquella vieja encina, a la que tiempo atrás había hecho apuntalar y allí sintió unas voces femeninas que le decían -¡Has matado a Althea! -¡Has perdido a tu amor! -¡Ya nunca volverás a verla! Entonces retornaron a la memoria del pastor las últimas palabras que las ninfas habían pronunciado antes de partir. Aquel ser diminuto de la naturaleza era su amada Althea, aquella, a la que tanto había aguardado y a la que, por no comprender los extraños designios del destino, había perdido para siempre. Triste y desesperado, Reco corrió a los acantilados del cabo Pylos y se arrojó a las aguas turbulentas que batían los arrecifes costeros. Artemisa compadecida por el triste desenlace de aquel amor imposible, transformó el espíritu de Reco en un panal, y la dulce Althea fue la dorada miel que habitaría para siempre en su corazón.

RESO: Guerrero mitológico, nacido en el norte de Tracia, en la región de Apolonia, actual Bulgaria. Su leyenda tiene en estas regiones una gran difusión, donde aparece armado con su espada y su rodela de plata. Las estampas lo representan guiando un carro de guerra, tirado por una cuadriga de corceles blancos, y provisto de ricos arreos. La versión griega dice que en el momento en que Reso llegó a Troya, los griegos estaban en el décimo año del asedio. El guerrero tracio se unió de inmediato a la contienda, poniendo su espada al lado de los troyanos. Un oráculo predijo que Reso y su carro de combate, serían invencibles si sus caballos blancos bebían el agua del río Escamandro. El vaticinio continuaba diciendo que si ello ocurria Troya nunca caería en poder de Menelao. Los griegos se enteraron de aquel secreto luego de torturar a un prisionero troyano llamado Dolón. Cuando Reso se aprestaba a dar de beber a sus caballos, Ulises, acompañado de un grupo de guerreros, atacaron por sorpresa el campamento de los tracios, mataron a Reso y se apoderaron de los corceles.

ROCAS FEDRÍACAS: Abrupto acantilado, rodeado de peñascos escarpados, situado en las estribaciones del monte Parnaso, a poca distancia del célebre Oráculo de Delfos. Desde ese lugar se precipitaba al vacío a quienes decían blasfemias o cometían profanaciones. El tribunal destinado a pronunciar el veredicto se reunía en el templo del Oráculo.

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SACRATOR: Legendario guerrero del Lacio, que combatió en el ejército de Turno, rey de los rútulos, apodado por los romanos Hostis Júpiter [Enemigo de Zeus]. Su yelmo de oro, ostentaba en la cimera el símbolo del halcón de rojo plumaje, una variedad a la que hoy se conoce con el nombre de “sacre”. Luchó contra Eneas en el norte de Grecia. Una tradición del siglo tercero antes de Cristo, originaria de Tesprotia (Epiro), cuenta que Sacrator remontó con cien trirremes el río Aqueronte, con el propósito de llegar a la costa oriental de Grecia y conquistar el monte Olimpo. Desafiando la furia de Hades, deidad de las moradas subterráneas, Sacrator prometió escalar el monte divino y someter a la fuerza del rayo. Más allá de Dodona, Zeus le cortó el paso a sus hordas, elevando las tierras hasta formar una barrera de altas cumbres que separan Epiro de Tesalia. La conmoción fue tan tremenda que Sacrator perdió la vida y su cabeza quedó convertida en una cresta rocosa. Desde entonces existe allí la cadena montañosa de Pindos, a una de cuyas cimas – que parece un perfil humano con nariz aquilina- llamaban los bizantinos Sacrator Acumen [Pico de Sacrator].

SALMONEO: Símbolo de la arrogancia y la codicia. Este extraño personaje quiso imitar al dios Zeus. Una fábula cuenta que era hijo de Eolo. Entre sus hazañas se contaba la de haber usurpado el trono de su hermano Sísifo. Derrotado por los legítimos herederos de aquel reino, Salmoneo fue condenado al ostracismo. Alejado para siempre de su tierra, se radicó en la Élida, donde fundó una población a la que hizo rodear de gruesas murallas y en el centro construyó un suntuoso palacio. Tan pagado estaba de sí mismo que quiso compararse con el dios mayor del Olimpo. Su secreta ambición era llegar a superarlo, tanto en poderes, como en amoríos. Para ello, hizo fabricar un carro de oro e inventó una serie de artilugios para producir rayos y centellas a su paso. Dice la leyenda que corría con su cuadriga por la estrechas calles de la ciudad, blandiendo antorchas, arrojando brasas encendidas por doquier y produciendo ruidos extraños con unas grandes matracas, que imitaban el sonido de los truenos. Zeus al verlo tan patético, se rascó la cabeza, sonrió y lo dejo hacer. El resultado fue que el pobre Salmoneo terminó incendiando la ciudad. Los habitantes enfurecidos lo apalearon y le obligaron a abandonar la región con el pelo quemado y la túnica chamuscada. Así lo vieron deambulando por las cercanías de Olimpia, hablando solo y anunciando que volvería con sus rayos para castigar a quienes lo habían condenado por segunda vez al ostracismo.

SARPEDÓN: Héroe legendario de la guerra de Troya. Perdió la vida en un combate cuerpo a cuerpo con Patroclo. Una ley del Olimpo, dictada por el mismo Zeus, exigía respetar la condición perecedera de los mortales. Sarpedón era uno de los hijos de Zeus. Esiquio de Mileto [65] cuenta que el dios tuvo la tentación de volverlo a la vida, pero la diosa Hera le advirtió sobre las consecuencias de aquel acto, recordándole que hasta los mismos héroes podían dejar de existir, porque al fin y al cabo, eran mortales.

SÁTIROS: Seres mitológicos con forma mixta de hombre y animal. Eran excelentes músicos, tocaban diferentes instrumentos de viento y componían bellas canciones para enamorar a las aldeanas. Desde la cintura para arriba tenían aspecto humano, pero de allí para abajo su cuerpo era el de una cabra. Una leyenda muy antiguas, originaria de la región de Bandirma, en la costa meridional del mar de Mármara, cuenta que los Sátiros eran siete hijos de las Náyades, mientras que otra versión, natural del Peloponeso, les asigna por padre al dios Hermes, agregando que la madre era una ninfa llamada Ifhtina.

SELENE: Nombre griego de la luna. Febe para los romanos. La mitología antigua le atribuye apariencia humana con formas de mujer. Muchos fueron sus progenitores, según el origen o procedencia de la narración. Algunos escritores de la antigüedad afirmaban que su verdadero padre fue el titán Palas, otros dicen que era Helios, el sol. En Arcadia le atribuían un célebre amante, el dios Pan, que la engañó con la ninfa Ecos. Por la turbación que le produjo aquella infidelidad, Selene se oculta cada mes desapareciendo de la vista de los humanos. Sin embargo, parece que el pesar no fue tanto, porque después tuvo amores con Endimión, deidad del sueño, de quien se cuenta que tuvo cincuenta hijas, que son las cincuenta lunas que distanciaban las sucesivas fiestas de Olimpia.

SIRENAS: Mito universal asociado a los peligros del mar y el miedo a lo desconocido. Su origen es tan antiguo como los primeros intentos de navegación. Los primitivos navegantes creían que con su canto atraían a los bajeles para que encallaran en los arrecifes. Tenían una voz mágica, que surgía de las aguas y adormecía o hipnotizaba a los navegantes. Una composición poética de la antigüedad cuenta que las sirenas desafiaron a las musas a un concurso de canto, presidido por la diosa Hera. Las musas ganaron y Hera las condenó a vivir eternamente en las islas Eolias (Lípari). Entre las culturas del Mediterráneo se conoce la existencia de varias leyendas que las presentaban con diferentes aspectos. Según Homero, las sirenas eran sólo dos, otras narraciones dicen que eran tres. En el folclore del norte de Sicilia son ocho, tantas como las islas Eolias, donde tenían sus dominios. Los nombres de estas figuras fabulosas era: Leucosia, Parténope, Aglaofe, Erinia, Himeropa, Peisinoe, Liglia y Telxiepeia. En algunas narraciones aparecen con la imagen de una bella mujer, de la cintura para arriba, pero con el cuerpo de un pez. Las sirenas representadas en la cerámica griega aparecen con el cuerpo de un águila y la cabeza de una doncella. Otra versión marinera, de las islas Cícladas, dice que las sirenas eran hijas del dios fluvial Aqueloo y la ninfa Stérope. En un cuento siciliano, la madre de las sirenas es una musa desconocida. Una ficción mitológica egea dice que la gestación de estos seres fabulosos correspondía a Forcis, padre común de sirenas y harpías. En “La Odisea” de Homero, las sirenas intentaron engañar con sus cantos a Ulises y sus compañeros cuando navegaban cerca de sus dominios, pero el héroe, advertido por la maga Circe, logró sortear el peligro atándose al mástil y tapando los oídos de sus compañeros. En el catálogo de vasos griegos de terracota del Museo Británico, aparecen numerosas representaciones de sirenas aladas.

SIRINGE: (Syrinx) Leyenda relacionada con la música y los instrumentos de viento. Desde los tiempos antiguos, el sonido eufónico captó la atención de los pueblos desarrollados. Aún los grupos étnicos más primitivos suelen tener una conciencia clara de los valores sonoros y su influencia en el espíritu. Esa comprensión también originó la palabra y en consecuencia el canto, como una forma de expresión de los sentimientos. A medida que la inteligencia del ser humano fue evolucionando, la música ocupó un lugar preponderante entre los sentidos expresivos. La mitología no permaneció ajena a esa idea. De allí, la existencia de ésta y otras fábulas en las que el hombre intentó hallar una interpretación teológica a la razón de sus propias inquietudes. Aquí vemos el caso de la ninfa Siringe, una ficción que procura explicar el origen del instrumento musical, llamado flauta de Pan. Siringe era una doncella que tenía su hogar en los montes de Arcadia. Rendía culto a la diosa Artemisa, a quien había hecho votos de castidad. El dios Pan, digno émulo de Zeus, se enamoró de ella al verla bañarse desnuda en un arroyo del bosque, e intentó someterla a sus instintos sexuales. La virgen intentó huir y corrió todo lo que pudo, hasta que se vio acorralada. Sin tener escapatoria, Siringe pidió ayuda a su adorada Artemisa, quien se apiadó de ella y le envió a las Náyades, quienes la convirtieron en una planta de caña. Una más, entre un amplio cañaveral. Imposible distinguir cuál era ella. Pan, sorprendido por la desaparición de la joven, se quedó observando los cimbreantes tallos en silencio. De repente una ráfaga de viento pasó entre las cañas produciendo un sonido melodioso… Una de ellas, especialmente, producía ese sonido. El sátiro no dudó que ésa era la voz de la doncella. Inspirado, la cortó y fabricó con ella una flauta pentatónica, que aún hoy se conoce con el nombre griego de syrinx o flauta de Pan.

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TELAMÓN: Héroe Aqueo, nativo de Calidonia y padre del guerrero Áyax. Fue uno de los aventureros que intervinieron en la expedición de Jasón y la nave Argos. Por ello se le conocía con el apodo de “Telamón el argonauta”. Debió exiliarse de Egina por haber quitado la vida a su hermano Foco. Aunque esa muerte fue accidental, un jurado de Atenas lo condenó al destierro. La tradición cuenta que aquel fue el primer tribunal que se formó en la ciudad de Atenas. Desde la cubierta de la nave en la cual partía hacia el exilio, Telamón pidió perdón a su padre por la muerte de Foco. Tiempo después se radicó en Salamina, donde casó con la hija del rey de aquella isla, heredando la corona al fallecer el monarca. Era amigo del héroe Heracles, a quien acompañó durante largos años en la contienda de Troya. Algunas narraciones afirman que Telamón era un apodo del mismo Áyax y que el nombre provenía de la correa de cuero así llamada, que usaban los griegos para llevar colgado el escudo en la espalda. Es posible que la confusión tenga su origen en que los hijos o  descendientes del héroe se llamaron Telamónidas y que era éste el sobrenombre de Áyax.

TEMIS: Encarnación de las leyes. Fue una de las seis Titánidas de la mitología helénica. Una composición literaria del primer siglo antes de la era cristiana ubica su morada en el Ponto (el mar), sin especificar si se trata de una isla determinada. La leyenda dice que Temis era la segunda esposa del Zeus. Entre sus descendientes se encontraban Astrea, las Horas y las Moiras. Astrea, deidad jónica, encarnaba como su madre a la Justicia.

TEMÍSTOCLES: Político y militar ateniense [514-449 a.C.] Derrotó a los persas en la batalla de Salamina, transformando a Grecia en la principal potencia marítima de su tiempo. Demócrata convencido, fue injustamente perseguido y condenado al ostracismo. No pudo soportar el alejamiento de su patria y se suicidó en su destierro de Asia Menor.

TEOGONÍA: Unos de los escritos mitológicos más completos e importantes sobre la antigüedad helénica. El poeta Hesíodo lo redactó en el siglo octavo antes de Cristo. En él consignó las antiguas leyendas griegas sobre la creación del mundo y el orden social regido por los dioses antropomorfos. La obra del célebre polígrafo beocio, recoge las tradiciones primitivas que intentaron explicar el origen de la tierra, el cielo, los mares y las montañas, atribuyendo una condición divina a todo cuanto rodeaba la existencia natural del hombre. El motivo de la existencia y la imagen humana de los dioses griegos también aparece tratado en forma crítica en la obra literaria de Jenófanes [66].

TERMÓPILAS: Estrecho desfiladero de la región griega de Tesalia. En ese lugar, en el año 480 a.C, el general de Esparta Leónidas trató de hacer frente con sólo trescientos hombres al poderoso ejército invasor del rey Jerjes. Todos los espartanos sucumbieron abrumados por la superioridad numérica de los persas.

TERSITES: Personaje mitológico repugnante, tanto por sus actos como por su aspecto. La ficción alegórica lo describe como un contrahecho, jorobado y cojo. Aún así, intervino en la contienda de Troya. Se dice que estaba constantemente intrigando contra los jefes de la expedición griega. Cuando ya habían transcurrido muchos meses de asedio y la ciudad no se rendía. El rey Agamenón, sospechando que algunos de sus hombres apoyaban la idea de desistir del asedio, les propuso retirarse, sólo para enterarse de quién era partidario de esa posición, que en su fuero íntimo, no pensaba llevar a cabo bajo ningún concepto. Tersites fue uno de los que insistieron calurosamente en la retirada, intentando organizar un motín entre los jefes de los escuadrones. Cuando más gritaba exigiendo la deshonrosa retirada, Ulises lo hizo callar de un bastonazo. Más tarde, Aquiles lo mató con su espada al verlo profanando el cadáver de la amazona Pentesilea.

TESEO: La historia de este célebre ateniense fusiona lo real con lo fantástico de las tradiciones legendarias, fuertemente unidas a su amada ciudad. La vida de Teseo esta sembrada de luces y sombras, pero se sabe que fue un gobernante sabio y valiente, que transformó a la capital ática en cabecera administrativa del Estado. Era hijo de Egeo, rey de Atenas, su madre fue Ethra, una princesa del reino de Trecenas, en la región del golfo Hermiónico. En su parte mítica, lo hallamos enfrentando increíbles aventuras o prisionero en un mundo subterráneo de donde logra rescatarlo Heracles. En cuanto a su persona, tuvo lances y amores que lo acercan notablemente al sentido humano de todos los héroes mitológicos. Las narraciones fantásticas que se urdieron sobre su figura, en torno a hechos imaginarios, son innumerables. Una antigua versión afirmaba que era hijo de Poseidón y que de aquel dios había recibido los dones especiales que enaltecieron su personalidad. Las narraciones figurativas pintadas sobre piezas de barro cocido explican que Teseo acompañó a Heracles para conquistar el cinturón mágico de Hipólita, la reina de las Amazonas. En aquel lugar, se enamoró de Antíope y la raptó, desatando las iras de la soberana. Esta escena, a mitad de camino entre la fábula y algún hecho real, quedó plasmado para siempre en el frontón de un templo de Eretria, dedicado al dios Apolo. El fragmento escultórico[siglo VI a. C.] que hoy se encuentra en el Museo Arqueológico de Chalkida, muestra a Teseo y Antíope en el momento del rapto. La infancia y juventud de Teseo, así como las circunstancias de su nacimiento, no son menos imaginativos. Un relato del siglo segundo anterior a nuestra era, explica que el padre de Teseo, no lograba tener descendencia y temeroso de que con él se acabara su dinastía, luego de dos matrimonios frustrados, se decidió a consultar al célebre oráculo de Delfos. La oscura respuesta de la pitonisa dejó a Egeo lleno de dudas y aún más confundido que antes. La frase, escrita según Mirceas con la sangre del mismo Egeo y sobre una fina piel de gacela decía textualmente: “…No deberás desatar el odre de vino antes de arribar a Atenas…”. El rey estaba perplejo, porque no podía descifrar el verdadero sentido de aquella extraña advertencia.

Egeo, atribulado, decidió viajar con su mujer al antiguo reino de Trecenas, para entrevistarse con su suegro Piteas. El progenitor de Ethra tenía fama de ser un hombre sabio, dueño de una gran experiencia y un profundo sentido filosófico de la vida. La conclusión que sacó Piteas del aquel dilema es que su hija debía quedarse en Trecenas y no regresar a Atenas, pero no le dijo nada a Egeo. Sólo le recomendó que la pareja quedara un tiempo en aquel reino, hasta que ella quedara embarazada. Pasados unos meses, Ethra le manifestó a Egeo que iba a ser madre. Fue entonces cuando Egeo comprendió el verdadero sentido del augurio. Su conclusión fue debía regresar solo a Atenas y esperar el desarrollo de los acontecimientos, sin forzar los designios de los dioses. Antes de partir, Egeo se despidió de su mujer dejando su espada y sus sandalias escondidas debajo de una enorme piedra…

-Si es un hijo varón -le dijo- cuando tenga fuerzas suficiente para levantar esta roca, nuestro hijo podrá recuperar mi espada y mis sandalias. En ese momento le contarás quién es su padre, y si lo desea, él vendrá a buscarme.

-Cuando sea capaz de calzar mis sandalias y portar mi espada, nuestro hijo estará preparado para viajar a Atenas. Sólo entonces podrá “desatar el odre” como dijo el oráculo.

-Hasta que llegue ese día, guardarás el secreto…

Así lo hizo Ethra. Cuando nació Teseo fue educado en la corte de Trecenas. Al cumplir los dieciséis años, su madre y su abuelo consideraron que el joven estaba apto y preparado para conocer la verdad sobre su padre. Ethra le mostró la piedra donde permanecían ocultas la espada y las sandalias. Maravillado por aquella revelación Teseo alzó la piedra, se calzó las sandalias, tomó la espada y se dispuso emprender la marcha a la ciudad donde reinaba su padre.

Los detalles de esta narración se mantuvieron vivos durante siglos en las tradiciones populares de Grecia. Un magnífico bajorrelieve de cerámica, datado en el primer siglo de nuestra era, muestra el instante en que el joven Teseo levanta la pesada piedra y encuentra el legado de su padre. Esta pieza pertenece a la colección de arte griego del Museo Británico. El viaje por tierra hasta Atenas era un verdadero desafío, pero Teseo no hesitó ni un instante. Estaba decidido a emprender el camino. El joven admiraba las legendarias hazañas de Heracles o Hércules, cuyos triunfos ya habían llegado a oídos de toda Grecia. Ya en camino de Atenas, el joven Teseo se halló ante la primera aventura. Fue un hecho inesperado que ocurrió en la región de Argólida. Allí moraba el perverso Perifetes, un ladrón despiadado que asolaba los caminos matando y robando a quienes se atrevían a transitar por aquellos parajes sin suficiente protección. La Argólida, una comarca del Peloponeso oriental, se asoma al mar, imponente, entre los golfos de Argos y Egina. Su nombre, unido a los de Micenas y Corinto, vive eternamente en la intensidad de los poemas homéricos. Teseo caminaba solo y el maleante al verlo pensó que sería una presa fácil. Teseo lo derrotó y con su espada le cortó las manos. Todo el trayecto que duró mucho tiempo estuvo plagado de episodios heroicos cuya suma trascendió la historia hasta la profundidad de las tradiciones mitológicas. Las narraciones cuentan sus luchas con el malvado Piticabtis (el que dobla los pinos) un asesino descuartizador, a quien derrotó y castigó con su misma ley. Más tarde, su encuentro con la enfurecida cerda de Cromion, que impedía el paso a los viajeros. En la abrupta región de Megara, vivió Teseo una de sus más terribles aventuras, luchando denodadamente con el maligno Escirón y con una gigantesca tortuga carnívora de la cual se libró por muy poco de ser comido.

Como vemos aquí, la trascripción de las narraciones orales, hechas por los cronistas de la Grecia Clásica pasa de lo auténtico a lo fantástico sin solución de continuidad. No existe un límite entre lo absolutamente real -o al menos creíble- y la desbordante imaginación de los cuentistas antiguos. Tal vez, uno de los hechos más célebres, que ha llegado a nuestro tiempo a través de historias y consejas sea el del lecho de Procustes, un sujeto pervertido que no se contentaba con atracar a los caminantes, los torturaba hasta matarlos con una treta infame, a la que hoy recuerda el refrán como “el lecho de Procustes”. Era ésta una especie de cama o jergón donde el malvado hacía acostar a sus víctimas. Si el desgraciado era de alta estatura y sus pies excedían el borde de aquella cama, el maldito se los cortaba dejándolos desangrar lentamente. Pero si era bajo y no llegaba a los bordes, Procustes lo ataba a un potro de tortura y lo estiraba hasta que llegara a los bordes. Demás está decir que Procustes tenía dos lechos uno corto para los altos y otro muy largo para los bajitos. De cualquier forma, las víctimas de aquel sádico terminaban por morír indefectiblemente. Sin dudarlo, Teseo se enfrentó al facineroso, derrotándolo en su propia guarida. Y para ejemplo de sus atemorizados esbirros, hizo morir a Procustes de la misma manera que él mataba a los infelices que caían en sus manos. El tiempo pasó y así se fue divulgando el renombre de Teseo como un gran héroe, no sólo en la región del Peloponeso y en el Ática, también en comarcas distantes como Heraclea, Agrigento y Siracusa, trascendió su leyenda, inmortalizada en numerosas obras de arte, cerámicas, estatuas o frisos historiados. En el patrimonio del Museo Británico, existe un precioso cáliz, del siglo quinto antes de Cristo, con el fondo oscuro y las figuras muy bien delineadas en un tono pardo rojizo, donde aparecen representadas las principales hazañas de Teseo. El ansiado encuentro con su padre no fue menos emotivo, porque señala el momento culminante en la vida del héroe. El comienzo de su etapa como heredero de aquel gran rey y luego como gobernante de Atenas. Enmarcada en el escenario del suntuoso palacio de Egeo, el hecho tuvo lugar cuando Teseo, precedido por su fama de héroe, arribó finalmente a la ciudad de Atenas. El viejo monarca conocía las hazañas del héroe, pero no sabía que Teseo era aquel hijo que tuvo con la princesa Ethra y al que nunca había visto. Para entonces, Egeo, se había vuelto a casar con Medea, una mujer astuta, aficionada a los hechizos o encantamientos. Desconfiando que aquel joven héroe recién llegado intentara ganar posiciones en Atenas, en desmedro de su esposo y de ella misma, Medea convenció a Egeo de que debían desembarazarse de él. Para ello maquinó la idea de invitarlo a un banquete donde le darían para brindar una copa conteniendo cierta pócima envenenada. La mesa estaba servida y ya había numerosos invitados cuando trajeron las viandas. Teseo como se estilaba en aquella época sacó su espada para cortar la carne y la apoyó sobre la mesa mientras elevaba la copa con el mortal brebaje de Medea. Es posible que el gesto de mostrar la espada fuera intencionado. Teseo quería que su padre viera el arma y lo reconociera de inmediato. El caso es que así fue. Egeo dio un salto y le arrebató la copa, derramando su contenido. El emotivo encuentro entre padre e hijo, selló para siempre la alianza de aquella familia. Egeo, arrepentido, por haber cedido a las intrigas de Medea, la desterró para siempre de sus dominios.

De este periodo data la historia de su lucha con el Minotauro de Creta. Debido a rivalidades en los juegos deportivos que se realizaban cada año en la región ática, el rey Minos de Creta declaró la guerra a Atenas. La contienda duró varios años. Los cretenses, que resultaron vencedores obligaron a los atenienses a pagar un tributo anual en vidas humanas. Cada año Atenas debía enviar a Creta un grupo de jóvenes para que fueran devorados por el Minotauro, un monstruo terrible, mitad hombre mitad toro, que habitaba en un inmenso laberinto situado bajo el palacio de Minos. El creador de ese extraño complejo subterráneo se atribuye al artista y arquitecto Dédalo. En el Museo de Arte de Viena, hay un mosaico romano del cuarto siglo antes de la era cristiana, que representa un plano de este curioso laberinto de cuatrocientos pasadizos. En el centro aparece el Minotauro Algunas leyendas dicen que el Minotauro era en realidad un hijo degenerado de Parsifae, la esposa de Minos, concebido por una violación a la que había sido sometida por un toro, enviado de Poseidón. Minos, avergonzado ante semejante engendro, había mandado construir el laberinto con el objeto de encerrarlo allí para siempre. Egeo era un gobernante respetado pero anciano, y había delegado la mayoría de las funciones de Estado en su recién recuperado hijo Teseo. Éste, por su parte, no estaba conforme con esa contribución en vidas humanas, que se llevaba cada año a los mejores jóvenes de la ciudad para que los devorara el minotauro, y así se lo manifestó a su padre. La guerra con Creta había ocurrido antes de su llegada a Atenas, por lo tanto, Teseo no se sentía obligado a respetar un tratado de paz tan injusto como denigrante para su pueblo. Como no podían arriesgarse a enfrentar nuevamente a la flota del poderoso rey de Creta, Teseo pensó en una estratagema que les permitiera desembarazarse de la cruel obligación. Cuando llegó la fecha para enviar la contribución al Minotauro, Teseo se mezcló con los jóvenes sorteados, fingiendo ser uno más entre aquellos desgraciados. El fúnebre navío partió del Pireo, al viento sus velas negras, símbolo del luto. Madres y hermanas lloraban sin consuelo en el puerto despidiendo a sus seres queridos. Teseo llevaba en secreto un juego de velas blancas. Portaba también las sandalias de su padre y la espada en la espalda, bajo la capa. Horas antes le había prometido a Egeo que regresaría vencedor y para que supiera de su triunfo antes de arribar al puerto, quedó en que cambiaría las velas negras por las blancas. Sólo si él moría en la acción el velamen sería negro. Al llegar a Creta, la comitiva fue conducida al laberinto. Teseo iba con ellos como uno más entre los condenados. Nadie, salvo sus compañeros sabían que era el hijo del rey de Atenas. Ariadna, la hija de Minos, lo vio desfilar por las calles de la ciudad, con la frente alta y el gesto sereno. En el fondo, odiaba a su despótico padre y al horrible hermanastro. Sólo deseaba huir de Cnosos. Ver a Teseo fue enamorarse perdidamente de él. En un descuido de sus guardianes, logró acercarse al lugar donde los condenados esperaban ser introducidos en el laberinto y le entregó un ovillo de hilo para que lo desenrollase durante el trayecto de entrada. Si los atenienses lograban salvarse del Minotauro, siguiendo el hilo podrían orientarse en el trayecto para alcanzar la libertad. Antes de despedirse, Ariadna le hizo prometer a Teseo que si salía triunfante de aquel reducto, la raptaría y la llevaría con él a Atenas. Cuando Teseo se encontró con el Minotauro, sacó la espada que llevaba escondida en la espalda y mató a la bestia. Esa noche, siguiendo la guía del hilo de Ariadna, todos escaparon sin ser vistos y embarcaron en el navío que los estaba esperando frente a una costa a pocas millas de Cnosos. Nadie los buscó porque los suponían devorados por el Minotauro. Cuentan que Teseo antes de alejarse de Creta pasó por Cnosos cumpliendo su palabra de rescatar a Ariadna y llevarla consigo. La travesía de regreso al Ática fue rápida, con buenos vientos, navegando hacia el norte, siempre al poniente de las Cícladas. Sobre la cubierta del barco, todos cantaban y bailaban, felices por haber salvado la vida gracias al valor de Teseo. Tanta era la euforia que todos olvidaron cambiar las velas negras por las blancas. Siguieron así, navegando a toda vela, a través del golfo Salónico. Ya enfilaba la proa del barco hacia El Pireo, con la isla de Egina a babor y el monte Himeto a estribor…

-¡Allá se divisa la ciudadela!… ¡Ya estamos en casa!

Mientras tanto, desde lo alto de la Acrópolis, Egeo oteaba inquieto el horizonte esperando ver las velas blancas que le había prometido Teseo.

-Es mi único hijo –pensaba- ¡Oh, Atenea, sólo eso te pido!

De pronto, un punto oscuro, cuadrado, comenzaba a perfilarse claramente a ras del horizonte…

La convicción de la desgracia cobraba fuerza en su cansado ánimo. Aquel punto en la inmensidad del mar era cada vez más grande y claro, a medida que el bajel se iba acercando. Ya se distinguía claramente el negro velamen, el mástil, las jarcias y la afilada proa… 

-¡No había dudas, era el barco de los condenados que regresaba con la mala nueva!. ¡Su hijo Teseo había muerto!

El anciano Egeo, presa de un dolor indescriptible, no pudo contener el llanto y ahogado en su pena, se arrojó al vacío desde lo alto de la muralla. La alegría del regreso de los héroes se vio empañada por este luctuoso episodio, que aún recuerdan las piedras de la Acrópolis. Desde entonces, Teseo asumió la responsabilidad del reino. En lo que cabe a su persona, las crónicas coinciden en señalarlo como el primer fundador de la democracia. Durante su estancia al frente del Consejo, mandó construir monumentos, diseñó monedas y las hizo acuñar. Algunas tradiciones antiguas cuentan que cuando él estuvo en el gobierno de Atenas, dio comienzo un periodo de gran poder económico y militar. Su muerte es otra de las tantas incógnitas que envuelven como una bruma las crónicas de los tiempos antiguos. Según parece, Teseo desapareció durante una visita oficial a la isla de Esciros, en el mar Egeo. Su comitiva lo buscó denodadamente durante muchos meses, pero nunca apareció. El rey de aquella isla, llamado Lycomedes, manifestó no saber nada y como era un pariente de Teseo, nadie se atrevió a investigar más profundamente. El caso es que el rey Lycomedes, temiendo que su poderoso pariente intentara anexar también la isla de Esciros a los dominios de Atenas, había convencido a Teseo de que fueran juntos a dar un paseo por las montañas. Cuando ambos jefes llegaron al borde de un profundo barranco, el rey, sin testigos, empujó a Teseo, que se precipitó al vacío cayendo en una sima profunda y oscura. Años después, el general Cimón, explorando la isla de Esciros, entonces bajo el dominio de Atenas, halló los restos mortales de Teseo, identificando el esqueleto por su coraza, que había sido un regalo del Consejo de Gobierno y por la empuñadura de la famosa espada del rey Egeo. Cimón, hijo de Milcíades, fue un militar y estadista ateniense del siglo quinto antes de Cristo. Derrotó a los Persas y estableció la hegemonía de Atenas en toda la región. Siempre se había interesado por la historia y las tradiciones de su patria. Este hecho acrecentó aún más la conciencia y el conocimiento del pueblo de Atenas respecto a su propio pasado. El pueblo de Atenas hizo regresar los restos del héroe, dándole sepultura con los honores de un gran jefe de Estado.

TETIS: Una de las Nereidas, hija de Nereo y Dóride. Un oráculo había dicho que un hijo de Tetis, llegaría a ser más poderoso que su padre. Los dioses del Olimpo, para evitar que eso ocurriera, la casaron con un mortal, rebajando de esa manera la personalidad del futuro vástago. El joven destinado a casarse con Tetis fue Peleo, futuro rey de Egina y padre de Aquiles. El día de la boda, apareció Éride, encarnación de la discordia. Enojada por no haber sido invitada, Éride protagonizó la famosa escena de la manzana, cuya posesión originó un mítico altercado entre Hera, Afrodita y Atenea.

TEUCRO: Uno de los fundadores de la dinastía real de Troya. Era hijo de Idea y Escamandro. Su hija, Batiea, contrajo matrimonio con el príncipe Dárdano, personaje de quien los troyanos se reconocían como descendientes directos. Su mítica figura dio lugar a la denominación regional del norte de la Troada, llamada de los Dardanelos.

TIDEO: Príncipe de Calidón. Sus padres eran el rey Eneo y su segunda mujer, Peribea. En su juventud, Tideo había cometido un crimen, hecho por el cual fue desterrado de la ciudad. El joven se dedicó entonces a recorrer los caminos de Etolia. La primitiva ciudad de Calidón, o también Calydón, según los antiguos atlas geográficos, fue una población amurallada, descrita por Esquines[67] en una de sus narraciones. Pocas veces citada en la antigüedad, Calidón se hizo un lugar en la mitología por la célebre leyenda del jabalí. El nombre de Tideo aparece entre los tripulantes de la nave Argos. Al regresar de aquel arriesgado periplo, se casó con la princesa Deipíle, hija del rey Adrasto. Junto con este personaje, intervino en la expedición de los siete reyes contra Tebas, donde encontró la muerte en uno de los asaltos.

TIESTES: Personificación mitológica de la falta de escrúpulos y la ambición desmedida. Como tantos otros seres fabulosos, que encarnan la figura del antihéroe, Tiestes representa el carácter agresivo y violento, que era común entre los caudillos y gobernantes de la antigüedad. Tiestes era hermano gemelo de Atreo, príncipe de Micenas y jefe del clan de los Átridas. Ambos hermanos fueron eternos rivales que se odiaban a muerte. Tiestes intentó arrebatarle a su hermano el trono micénico y su famoso tesoro. Esa lucha por la posesión del poder político, económico y militar de la ciudad, dio lugar a una serie de intrigas y asesinatos entre ambas familias. La leyenda ocurre durante el periodo inmediato anterior a la guerra de Troya. Finalmente Tiestes logró apoderarse durante un tiempo del gobierno de Micenas, pero no tardó mucho en ser destronado y muerto por su sobrino Agamenón.

TIFÓN: Leyenda marina. Era un genio destructivo, tal vez el mito más terrorífico de la antigüedad. Su personificación le asignaba una altura mayor que la más alta de las montañas conocidas. Los navegantes que decían haberlo visto, aseguraban que cada uno de sus pasos medía cien estadios. Otra leyenda contaba que era hijo de la diosa Gea, la Madre Tierra, y del pavoroso Tártaro, dios de los infiernos. Tifón, con su fuerza y su mal humor, era el eterno rival de los dioses del Olimpo. En varias oportunidades había vencido al mismo Zeus, quien finalmente, con la ayuda de otros dioses, logró derrotarlo definitivamente, sepultándolo bajo un volcán.

TÍNDARO: Principe de Esparta. Hijo de Ébalo y Gorgófone. Tras la muerte del anciano Ébalo, su hermano menor, Hipocoonte, lo expulsó de Lacedemonia. Después de vagar sin rumbo por las comarcas del Peloponeso, Tíndaro fue acogido por el rey Testio quien, además, le otorgó la mano de su hija Leda. A pesar de las intromisiones de Zeus, el matrimonio tuvo un comienzo feliz. Tíndaro y Leda tuvieron varios hijos, entre ellos, Castor, Pólux, Helena, Clitemnestra, Timandra y Filonoe. Aunque Tíndaro sabía que Pólux y Clitemnestra, en realidad eran frutos de Zeus, siempre los aceptó como hijos propios. Por eso se alegró mucho cuando ocurrió la divinización de Cástor y Pólux. Mientras tanto, Heracles derrocó a Hipocoonte y restituyó a Tíndaro en el trono de Esparta. Años después, Tíndaro aceptó como yernos a Menelao y Agamenón, casándolos con sus hijas Clitemnestra y Helena. Ya anciano, declinó el gobierno de Esparta en su yerno Agamenón. Como ocurre en la vida real, el drama termina por adueñarse del destino, trastocando los designios de la suerte y transformando la vida de los personajes. Cuando Orestes mató a su madre Clitemnestra, fue Tíndaro quien lo denunció ante el Areópago. Una versión de esta leyenda aquea cuenta que Tíndaro murió de pena. Pero Asclepio (Esculapio) le devolvió a la vida para ver el castigo de Orestes.

TIRESIAS: Adivino fabuloso de Tebas. Según la tradición local, era ciego y Zeus le había otorgado el don de la profecía. Célebre en la antigüedad por sus extrañas agorerías, se dice que fue el primogénito de Éveres, un personaje tebano, al que algunos cronistas confunden con el héroe del mismo nombre, hijo de Pterelao. Su madre era una doncella de nombre Xariclo o Cariclo, según otras narraciones. Ambos eran descendientes de antiguas familias de Beocia. Cierta vez, Tiresias se dirigió a Corinto en peregrinación al célebre templo de Apolo, que entonces era un tosco santuario de piedra. Allí construyó a sus expensas el pórtico que más tarde daría acceso al sagrado lugar. Cumplida su misión en el santuario, Tiresio ascendió a la cima del monte Cileno, donde existía un pequeño altar dedicado a los dioses Evergetes (bienhechores). Allí, en lo alto de la montaña vio a dos serpientes enroscadas, una contra otra, formando una extraña corona en torno del altar. Tiresias, consideró aquello un símbolo premonitorio, aunque entonces no atinó a descifrar su significado. Dias después logró descifrar el enigma: el reino de Acaya cambiaría de Corona. Entonces supo realmente qué hacer, las mató, guardando sus cabezas para ofrendarlas en el templo de Apolo. El dios se enteró de aquel acto, convirtió a Tiresias en mujer y lo sentó en el triclinio de Delfos. La leyenda prosigue diciendo que Tiresias recuperó su sexo años más tarde, cuando entró en la madurez, a raíz de otro hecho similar.

TITANES: Míticos gigantes, hijos de Gea y Urano, que formaron la primera generación de dioses dominantes del universo. Su culto se pierde en las creencias remotas sobre las montañas, los mares profundos, las tormentas y otros fenómenos atmosféricos de explicación imposible para los pueblos primitivos. Todas las incógnitas planteadas por la naturaleza solían atribuirse a estos seres dotados de poderes sobrenaturales. Entre los Titanes y los Cíclopes, existían distintos caracteres o personalidades, algunas eran bondadosas, mientras que otras tenían un instinto realmente maléfico. El genial poeta Hesíodo (siglo VII a.J.C.) los describe en sus textos sobre la teogonía. Los antiguos griegos atribuyeron a los Titanes el don de la eternidad y la paternidad de todos los hombres y mujeres que poblaban la tierra. Algunos pueblos los honraban como antepasados propios.

TITONO: Mito frigio de la longevidad. Titono, príncipe de Troya era un joven de gallarda estampa. Antes de que naciera, su padre, el rey Laomedonte, había requerido a los dioses que su hijo fuera afortunado en el amor. Por su parte, su madre, llamada Estrimia, hizo una rogativa similar, que su hijo fuera el ser más bello de la tierra. Ambos deseos les fueron concedidos. La diosa Eos se había enamorado de Titono y era correspondida, solicitó un tercer deseo, digno de un dios: la inmortalidad. Pero como sólo eran posibles tres deseos, Eos no pudo pedir también la eterna juventud. De manera que Titono vivió muchos años, tuvo dos hijos con Eos, Memnón y Ematión, y poco a poco, fue entrando en la madurez. Hasta que llegó la inexorable senectud. Titono había envejecido tanto que estaba irreconocible. Todos sus amigos y parientes ya habían muerto, sólo él seguía viviendo. Entonces Eos al verlo así, tan anciano e inválido, tuvo lástima, lo metió en una cesta y lo convirtió en cigarra.

TRASILO: Orate de Pireo. Fue un personaje cuya fábula se remonta a los primeros tiempos de este célebre puerto ático. Una leyenda cuenta que Trasilo había sido compañero de Ulises y no faltaba quien le asignara uno de los cincuenta remos de la Argos. Su imagen tragicómica era un símbolo de buena suerte para los navegantes. Trasilo iba por las calles arrastrando su túnica harapienta, regalando navíos a quien se detuviera a escucharlo. Lo llamaban el loco de los barcos. Para él todas las embarcaciones que entraban y salían del puerto eran de su propiedad. Mucho tiempo después cuando ya había muerto, aún se hablaba de él y los navegantes le pedían su protección en alta mar.

TRINACIA: Isla mítica donde recaló Ulises en su regreso a Itaca, después de la guerra de Troya. Una leyenda cuenta que era próspera y rica en praderas, donde pacían rebaños de bueyes albinos. Estos animales eran sagrados y estaban dedicados al culto del sol (Helios). Conociendo la tradición de los blancos bueyes de  Trinacia, Ulises prohibió a todos los miembros de su tripulación que hicieran daño a los animales. Pero estos, acuciados por el hambre, cazaron a varios y los asaron. Helios, indignado y furioso por aquella tropelía, pidió ayuda a Zeus. El dios de dioses, cumpliendo con la promesa hecha a Helios, esperó que los navegantes se hallaran nuevamente en alta mar. Entonces desencadenó una gran tormenta y lanzó un rayo que incendió la nave. Todos los tripulantes murieron, salvándose solamente Ulises, porque fue el único que no había comido la carne de aquellos bueyes.

TRITOGENIA: Nombre derivado del río Tritón, con el que también se acostumbraba denominar a la diosa Atenea. El epíteto aparece en algunas piedras grabadas y en la obra poética de Agatón[68].

TRITÓN: Divinidad de los mares. Algunas fábulas le asignaban el carácter de semidiós protector de los pescadores. La leyenda egea de Tritón dice que era hijo de Poseidón y de su esposa Anfítrite, la bella diosa de las aguas. Los artistas clásicos representaban su imagen con cuerpo de hombre y cola de pez bifurcada. Integraba el cortejo real de Poseidón, portando una gran corneta de caracola marina. La forma metafísica del mito trasciende el ambiente marino, apareciendo como un personaje real en la tragedia antigua. En la obra lírica de Teodecto [69] el personaje Tritón es un espíritu encarnado, poseedor de una intuición sin igual. Genera imágenes sensitivas en la mente de sus interlocutores, transformándose en el objeto de sus deseos. Cumplida su misión terrenal, retorna a sus dominios marinos. Por lo que se deduce que es una entidad espiritual de carácter benéfico.

TROILO: Adolescente troyano, hijo del rey Príamo y Hécuba. Un hondo dramatismo envuelve la figura de este personaje mitológico. En la antigua leyenda griega, los Destinos habían vaticinado que Troya nunca sería rendida si Troilo alcanzaba la mayoría de edad. Desde lo alto de la muralla retó a un duelo al héroe Aquiles. Ambos se batieron y Aquiles mató a Troilo.

TROS: Rey de la Troada. Dio su nombre a Troya. Era hijo de Erictonio y Astíoque. Los mitos frigios decían que fue el padre de Asácaro, Ilo y Ganímedes.

TROYA: También llamada Ilión. Fue capital de la Troada y dominó desde la costa del Helesponto (Mar Negro) hasta las estribaciones del monte Ida. Algunos autores anteriores al siglo XIX la confundieron con Pérgamo, una ciudad lidia situada más al sur. Otros creyeron que era la aldea turca de Bunar-Bachi. En 1868 Schlieman[70] realizó excavaciones en la colina de Hisarlik (Turquía) descubriendo joyas, máscaras de oro y otras piezas arqueológicas. De acuerdo con la tradición, sus reyes más conocidos fueron: Escamandro, Teucro, Dárdano, Erictonio, Tros, Ilo, Laomedonte y Príamo. Del rey Dárdano procede la denominación Dardanelos, dada al estrecho paso marítimo, dominado por aquella ciudad desde la antigüedad. Del quinto rey, derivó el nombre Troya y de su hijo Ilo, el nombre Ilión. Una leyenda griega dice que Heracles se apoderó de ella cuando reinaba Laomedonte, padre de Príamo. Durante el reinado de Príamo, en el siglo trece antes de la era cristiana Troya era la capital de un reino floreciente que dominaba toda la costa occidental del Asia Menor.

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ULISES: Rey de una isla del mar Jónico llamada Itaca [Itháke], presumiblemente la actual isla Kefallenia. Enamorado de su esposa, Penélope, fingió estar enfermo para evitar tener que ir a la guerra de Troya, a la que consideraba injusta y absurda. Pero su treta fue descubierta y no tuvo más remedio que alejarse de su amada patria, sin saber cuándo regresaría. Su valentía en las batallas era, sin embargo, bien reconocida. Fue memorable su actuación frente a los muros troyanos, donde derrotó y mató en duro combate al valiente Héctor. Una tradición cuenta que durante la contienda Ulises y Diomedes lograron apoderarse de la estatua de la diosa Palas Atenea, llamada “Paladión” que se hallaba entronizada en una de las murallas. Según esta leyenda, aquel hecho precipitó la caída de la ciudad sitiada. Las desventuras del regreso de Ulises están narradas en la inmortal obra de Homero “La Odisea”.

URANIA: Musa de la astronomía, era hija de Océano y Tetis. Conocedora de los cielos y de cada una de las estrellas, fue consultada por viajeros y navegantes de la antigüedad, con el propósito de aprender a orientar su rumbo durante las singladuras nocturnas. En la isla de Seryfópoulon (Archipiélago de las Cícladas), existía una pequeña ermita dedicada a su memoria. Según las inscripciones halladas en su lápida, había sido colocada en el siglo II d.C. por los navegantes que enfilaban sus proas hacia Creta y Rodas.

URANO: Divinidad extraña y confusa, sobre la cual se han creado innumerables historias, a cuál más terrible y sorprendente. Una leyenda originaria de la isla de Kythera, al sur del Peloponeso, cuenta que Urano tomó en matrimonio a su propia madre Gea, desencadenando un terrible drama familiar. A pesar de ello, Gea no tuvo el mismo fin dramático que Yocasta, la madre de Edipo. Lo que se ignora es si aquella supo desde el principio que el esposo elegido era en realidad su propio hijo. El caso es que Gea tuvo con él una multitud de vástagos. Entre otros puede citarse a Cronos, Japeto, Hiperión, Nmemosine, Tetis, Temis y los Cíclopes. Parece que Urano tenía un carácter irascible y arrojó a varios de sus hijos al Tártaro, una inmensa oquedad subterránea, donde trasladaban a los muertos para expiar sus delitos en el más allá. Cansada Gea de aquellos crímenes, organizó una rebelión contra su hijo y esposo. Cronos, hijo y hermano del déspota logró derrotarlo y enviarlo al destierro para siempre. Partió maldiciendo a su propia familia.

-V-

 

VELLOCINO DE ORO: Símbolo del poder y la riqueza en la antigüedad. Su conquista dio lugar a la expedición de Jasón y los cincuenta argonautas. La leyenda de esta zalea tiene un origen geográfico real, situado en la Colquida, sobre la costa oriental del mar Negro, donde hoy se encuentra la actual República de Georgia. A través de los estrechos valles de esa vasta llanura aluvial, descienden de las montañas del Cáucaso los ríos Rioni e Ingu. Desde la más remota antigüedad, se sabía que las aguas de esos ríos arrastraban una cantidad considerable de oro. Como en aquellos tiempos primitivos, la trama de los tejidos era demasiado basta, los nativos solían utilizar pieles de carnero a modo de criba, para retener entre la lana la mayor cantidad posible de corpúsculos de oro. Por diminutos que estos fueran, solían siempre quedar atrapados entre los vellones. La tradición se difundió ya en épocas tempranas entre los pueblos helénicos, que desde entonces ansiaban descubrir el sitio exacto del áureo secreto. La expedición de la nave Argos, comandada por el héroe de Yolcos, forma parte de este complejo conjunto de narraciones, mitad fábula y mitad realidad, que con el paso del tiempo fue adquiriendo visos de leyenda. La trascendencia del fantástico mito hizo que la piel de carnero real se transformara en un vellocino enorme, todo de oro y dotado de poderes mágicos para quien lo poseyera. Los prosistas y viajeros de la antigüedad le fueron agregando una serie de acontecimientos sobrenaturales, relacionados con los poderes fantásticos del supuesto trofeo, a los que cada vez se le iban agregando nuevas referencias que tornaban al relato aún más extenso y misterioso. Otra interesante narración, divulgada en tiempos de la Grecia clásica por escritores y poetas helénicos, da riendas a la imaginación popular otorgando ribetes aún más fantásticos y novelescos a la simplicidad del hecho real.

La historia cuenta que un descendiente del dios Eolo y monarca de Tebas, llamado Atamante, ordenó por intrigas palaciegas que asesinaran a sus propios hijos, Hele y Frixo. Cuando ambos príncipes iban a ser inmolados en el altar de Zeus, el dios del Olimpo se apiadó de ellos y mandó para salvarlos de la muerte a un animal fabuloso, con el aspecto de un gran carnero alado, cuya lana estaba formada por finos hilos de oro. El fantástico ovino cogió con sus dientes a los dos adolescentes y volando entre las nubes, los trasladó a las tierras de Oriente, más allá del Ponto Euxino. Durante la travesía, Hele llena de pavor intento zafarse y desprendiéndose cayó al mar. Desde entonces, ese lugar, situado en la entrada del mar de Mármara -hoy conocido como la embocadura de los Dardanelos- se dio en llamar el “Mar de Hele” (Helesponto). Frixo, fuertemente asido al cuello del carnero, logró salvarse y llegó con vida al reino de la Cólquida, donde fue recibido por el rey de aquellas tierras, llamado Eetes, que lo acogió en nombre de Zeus y le brindó a su propia hija como esposa, a cambio de la piel del fantástico carnero. Fixo mató al animal y le entregó el vellocino a su suegro, quien lo mandó clavar sobre una enorme columna totémnica de madera de roble, situada en el bosque de Marte, en el noroeste de la actual Anaklia (República de Georgia). Para custodiar el preciado trofeo, el monarca puso de centinela a un furibundo dragón. Ese vellocino fue el mismo del cual logró apoderarse Jasón, cuando la enamorada hechicera Medea hizo dormir al animal, ayudando al héroe para que cometiera el pillaje.

VESTA: También llamada Hestia. Diosa conocida en Asia Menor desde la antigüedad. El mito se corresponde en muchos aspectos con la deidad griega del mismo nombre. Fue adoptada por los romanos y como aquella, su imagen era la figuración divina del fuego del hogar. Según una leyenda de Frigia, sus padres fueron Cronos, dios del tiempo y Rhea, una de las Titánidas, hija de la Tierra (Gea). Los romanos la tenían por una deidad doméstica, protectora de las familias. En su versión griega, aparece en los jardines del Olimpo, honrada por sus pares, con el mismo carácter de deidad benéfica. Los romanos, herederos de la antigua tradición griega, le dedicaron varios templos y oratorios, custodiados por jóvenes sacerdotisas, llamadas vestales, encargadas de cuidar la llama sagrada que simbolizaba la figura protectora de aquella diosa.

VOSTOS: Joven pastor que vivía en las estribaciones de Aydin Daglari, en la región suroeste de Anatolia (actual Turquía). Todos los días, el muchacho descendía de las cercanas montañas y llegaba caminando hasta a la costa del mar Egeo. Soñaba con transformarse en un ave marina y volar, planear sin temor, siempre hacia el poniente, volar cada día, acompañando el viaje de Apolo en su carro de fuego. Todas las mañanas, al aparecer el sol tras las cumbres del monte Samsun, Vostos le cantaba desde la playa a las gaviotas, encomendándole su pedido. Su voz -a veces estentórea, otras plañidera- se parecía al graznido de los pájaros marinos cuando nace el alba. El canto proseguía incansable cada jornada hasta que el sol ya apuntaba alto en la cúpula celeste. Era como si su voz intentara ascender sin límites, horadar el firmamento, encontrarse con los dioses que habían creado la inmensa maravilla de la naturaleza. Vostos quería ser un pequeño dios, un ser que volara, amante de las olas y los vientos del Egeo, ese mar azul que había vislumbrado por primera vez cuando aún era niño desde la cima de sus montañas natales. Si una virtud tenía aquel joven pastor era la constancia, porque no faltaba ni un solo día a su cita con aquella extraña luz que procedía de lo alto. Ni un solo día, aunque lloviese o estuviera el cielo cubierto de nubes, él sabía que aún más arriba, en el zenit seguía brillando el sol. Hasta que un día Apolo, admirado de su perseverancia, lo invitó a montar en la ígnea cuadriga y guiarla él mismo a través del cielo. Lleno de júbilo por haberse cumplido su ansiado sueño, Vostos cogió las riendas y empezó a azuzar a los caballos alados, con tan mala suerte que al mirar hacia atrás para ver por última vez a su tierra, perdió el equilibrio y cayó al mar. Compadecido Apolo por la desgracia del joven, lo transformó en cormorán. Curiosamente, esta fábula se difundió a través del mediterráneo, posiblemente divulgada por los navegantes latinos que surcaban el Mare Nostrum hacia occidente. En Baleares, particularmente en la isla de Menorca, se conocía una leyenda semejante, atribuida al origen de un pájaro llamado arpallot (alimoche) común en el archipiélago.

-Y-

 

YALMENO: Guerrero heroico y legendario. Fue pretendiente de Helena de Troya. Estuvo presente durante el prolongado sitio de aquella ciudad. Intervino en el viaje de los argonautas. Su vida azarosa se desarrolla en los límites de la historia real. Algunas tradiciones populares -posteriores a la gesta troyana- ubican a Yalmeno en la región de Cólquida [Mingrelia], situada entre las montañas del Cáucaso y el mar Negro, donde, al parecer, se estableció definitivamente y fundó una población. La Cólquida, al parecer, era tan rica en oro que hasta los palacios se construían con ese preciado metal. Su celebridad dio lugar a la expedición en búsqueda del Vellocino de Oro.

YAPIS: Ejemplo del amor filial. Yapis fue compañero del gran guerrero Eneas, a quien curó las heridas sufridas en combate. En premio a sus virtudes, los dioses le otorgaron los atributos de la guerra, el arco y las flechas; la lira, símbolo de la música y el poder de la adivinación, elementos con los que hubiera llegado a ser rico y famoso. Pero Yapis prefirió recibir sólo el arte de curar para ayudar a su padre enfermo. En la antigüedad, fue patrono de médicos y sanadores.

YECO: (Iecus) Legendario cazador, hijo de Oripo, natural de los montes Pindo, en la región de Epiro, norte de Grecia. Su mítico valor le valió una fama que se extendió a través de los Balcanes y llegó hasta Italia. Donde los latinos acogieron la figura como ejemplo y patrón para los jóvenes iniciados en el oficio de la caza. En las islas Equinadas (Echinades), situadas sobre la costa del mar Jónico, tenía un templete dedicado a su memoria. Sus símbolos eran el aro y la flecha.

YOCASTA: Reina de Tebas. Fue la madre de Edipo, con quien se casó sin saber que era su propio hijo. Se suicidó al conocer la verdad. Su terrible desgracia inspiró la tragedia de Sófocles “Edipo Rey”.

-Z-

 

ZAGREO: Mote del dios griego Dionisos [Dionisos Zagreus]. Fue concebido por Zeus, que se transformó en dragón para seducir a Perséfone [Proserpina].

ZETOS: Héroe de origen divino. Hermano de Anfión. Ambos nacieron de la unión del dios Zeus y la ninfa Antíope. Se dice que construyeron las murallas de Tebas, ciudad en la que reinaron juntos. En Beocia, les habían erigido un bello templo de mármol pentélico cuyas estatuas fueron esculpidas por Policles[71].

ZETRES: Nombre de uno de los argonautas, hermano gemelo del héroe Calais. Su padre era el gigante Bóreas, personificación del viento del norte. Por ello, ambos recibieron el apodo de Boréadas. También aparece escrito el nombre Zetes. En algunos tratados sobre mitología su figura aparece confundida con la de Zetos.

ZEUS: El más poderoso de los dioses del Olimpo. Era el menor de los hijos de Cronos, dios del tiempo, y Rhea, la ninfa titánida. Sus hermanos mayores fueron Hestia, Deméter, Hera, Hades, y Poseidón. Homero cuenta que su residencia  estaba en la cumbre del Monte Olimpo, situado en el norte de Tesalia. Por la gran elevación de este macizo montañoso, los antiguos griegos creían que su cumbre se hallaba en el mismo cielo. Cuenta la leyenda que cuando Zeus nació, sus hermanos se repartieron el mundo por medio del azar. Entre ellos, a Poseidón le correspondió el mar, Hades se quedó con el infierno, y a Zeus le tocó el cielo. A Deméter, Hera y Hestia les atribuyeron distintas regiones de la tierra entonces conocida. La tradición atribuye a este dios los más grandes poderes sobrenaturales, razón por la que era considerado el padre de todas las deidades, soberano de semidioses y héroes, además de regir la vida de todos los mortales. Su persona encarnaba la figura de un árbitro indiscutible, de cuyos veredictos emanaban tanto el bien como el mal. Tenía sus fantásticos atributos, que eran el rayo y el trueno, símbolos del poder inmenso del cielo que infundían temor y respeto entre los seres humanos.

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APÉNDICE

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA RELACIONADA

La presente reseña comprende una serie de libros fundamentales para el estudio y la comprensión de la mitología griega y sus derivaciones latinas. Muchas de estas obras, tienen un carácter didáctico y explican, desde la opinión personal de sus respectivos autores, el origen y la supervivencia de las narraciones legendarias tanto en el arte como en la literatura universal.

Es sabido que la trascripción de los mitos suele contar con las características individuales de los pueblos que las conservan como un patrimonio cultural que les concierne como algo propio. Esa riqueza de conceptos más o menos coincidentes y su multitud de variantes permite que una misma leyenda tenga distintas interpretaciones.

En ese sentido, es evidente la importancia de un estudio bibliográfico comparativo que permita comprender cómo la misma leyenda se puede expresar con una gran variedad de palabras y que a la vez existen numerosas ideas o conceptos afines para completar cada narración.

Ahondando en ese afán de perfección, en esta obra se ha tratado de comprender mejor las narraciones míticas de la antigüedad a través de los estudios e interpretaciones llevadas a cabo por prestigiosos mitólogos y especialistas en la conducta humana, como Ferécides o Carl Gustav Jung.

Siendo los mitos una serie de hechos, narrados en un marco casi intemporal, uno de los fenómenos más sorprendentes para el investigador que empieza a profundizar en esta disciplina es la permanente actualidad puesta de manifiesto en los sentimientos y las reacciones de los personajes.

Finalmente, cabe agregar que la filosofía es otra de las disciplinas afines al estudio de los mitos y su explicación desde un punto de vista lógico. Si bien los más destacados expertos en la materia no ha logrado ponerse de acuerdo en ese sentido, al menos se ha intentado incluir en este apéndice dos tratados -breves pero fundamentales- que pueden ayudar al lector no iniciado en lectura analítica de una obra de estas características. 

 

TRATADOS GENERALES SOBRE MITOLOGÍA:

 

-AMOEDO, Justino:Los mitos de la antigua Grecia” Ediciones El Centauro – Colección Nueva Generación. Madrid, 1963.

-ARRIAGA, José Luis:Diccionario de mitología” Ediciones Mensajero. Bilbao, 1983.

-BERMEJO, José:Introducción a la sociología del mito griego” Editorial Akal. Madrid, 1979.

-BERMEJO, José:Mito y parentesco en la Grecia clásica” Editorial Akal. Madrid, 1980.

-CARDONA, Francesc-Lluis:Mitología romana” Edicomunicación. Barcelona, 1992.

-DÉTIENNE, Marcel:La invención de la mitología” Editorial Península, Barcelona, 1985.

-DIEL, Paul: “El simbolismo en la mitología griega” Editorial Labor. Barcelona, 1991.

-ELIADE, Mircea:Imágenes y simbolos” Editorial Taurus. Madrid, 1986.

-ELIADE, Mircea:Mito y realidad” Editorial Labor. Barcelona, 1992.

-ELIADE, Mircea:El mito del eterno retorno” Editorial Altaya. Barcelona, 1995.

-ERRANDONEA, Ignacio:Diccionario del mundo clásico” Editorial Labor, Madrid, 1954.

-FALCÓN, C. – FERNÁNDEZ-GAGLIANO, E. –LÓPEZ MELERO, R.:Diccionario de mitología clásica” [Tomos I-II] Alianza Editorial. Madrid, 1994.

-GARCÍA GUAL, Carlos: Introducción a la mitología griega” Alianza Editorial. Madrid, 1992.

-GRAVES, Robert:Los mitos griegos” Editorial Ariel. Barcelona, 1986.

-GRAVES, Robert:El vellocino de oro” Ediciones del Círculo de Lectores. 1991.

-GRIMAL, Pierre:Diccionario de mitología griega y romana” Editorial Piados, Barcelona, 1986.

-GUIRAND, Félix: [Dirección] PERICAY, Pedro [Traducción] Selección de autores varios: “Mitología general” Editorial Labor. Barcelona, 1960.

-OLMOS, Ricardo:Mitos y ritos en Grecia” Publicación Cambio 16. Madrid, 1985.

-PÉREZ RIOJA, J.A.:Diccionario de símbolos y mitos” Editorial Tecnos. Madrid, 1962.

-RODRÍGUEZ ADRADOS, Jesús V.:Dioses y héroes: mitos clásicos” Editorial Salvat. Barcelona, 1985.

-RUIZ DE ELVIRA, Antonio:Mitología clásica”. Editorial Gredos. Madrid, 1982.

-VERNANT, Jean-Pierre:Mito y pensamiento en la Grecia antigua” Editorial Ariel. Barcelona, 1983.

INFLUENCIA DE LOS MITOS DE LA ANTIGÜEDAD EN LAS ARTES PLÁSTICAS Y LA LITERATURA:

-BOSCH JUAN, Carmen.: Antígona en la literatura moderna” Editorial Universidad. Barcelona, 1979.

-CASTRO JIMÉNEZ, María Dolores: El mito de Proserpina, fuentes grecolatinas y pervivencia en la literatura española” Publicaciones de la Universidad Complutense. Madrid, 1993.

-DÍEZ DEL CORRAL, L.: La función del mito clásico en la literatura contemporánea” Editorial Gredos. Madrid, 1957.

-LÓPEZ TORRIJOS, Rosa:La mitología en la pintura española del siglo de oro” Editorial Cátedra. Madrid, 1985.

-SEZNEC, Jean:Los dioses del la antigüedad en la Edad Media y el Renacimiento” Editorial Taurus. Madrid, 1983.

STORCH DE GRACIA, Jacobo: “El arte griego” Serie Historia del Arte [Tomo I] Publicaciones Historia 16. Madrid, 1999.

ESTUDIOS SOBRE LOS PERSONAJES LEGENDARIOS Y SUS MITOS: 

 

-DÍEZ DE VELAZCO AVELLÁN, Francisco P.: El origen del mito de Caronte: Investigación sobre la idea popular del paso al más allá en la Atenas clásica” Publicación Universidad Complutense. Madrid, 1988.

-GARCÍA GUAL, Carlos:Prometeo, mito y tragedia” Editorial Hiperión. Pamplona, 1979.

-GARCÍA VIÑÓ, M.: El mito de Fedra, amor, libertad y culpa” Fundación Universitaria Española. Madrid, 1983.

-LÓPEZ, Juan José:Los dioses bajan del Olimpo: Historia de la humanidad a través de los mitos griegos” Publicaciones del Centro Andaluz del Libro” Sevilla, 1993.

-PASTOR GÓMEZ, Jesús: El simbolismo de Tántalo, estudio fenomenológico” Editorial Coloquio. Madrid, 1989.

MOTIVOS GENERALES DE INTRODUCCIÓN A LA MITOLOGÍA GRIEGA:

 

-KARABATEA, Marilena: La mitología griega” Dioses y Héroes. La guerra de Troya y La Odisea – Ediciones Adam – Pergamos S.A. [Versión española]. Atenas, s/f.

 

-KOKKINOU, Sophia.: Mitología Griega” [Versión española] Intercarta Edición de la autora. Atenas, s/f.

-PETSAS, Fotis: Ex-Director de Antigüedades de Delfos “Delfos” El lugar y el culto de Apolo – El oráculo – La fuente Castalia [Versión española] Editorial Krini. Atenas, 1989.

-SOULI, Sofia [Textos], STAMATOPOULOU, María [Traducción]: “Mitología Griega – El mundo mágico de los mitos de la antigua Grecia” [Versión española].Texni Editions. Atenas, 1998.

-SPATHARI, Elsi:Micenas, guía histórica y arqueológica” Los mitos [Versión española] Ediciones Esperos. Atenas, 2001.

OBRA DE LECTURA RECOMENDADA:


[1] Homero (siglo IX a.J.C.): El poeta épico más destacado en la história de Grecia. Sus obras “La Liada” y “La Odisea” han perdurado con justa fama hasta el presente. Se ignora su lugar de nacimiento. De hecho, siete ciudades de la antigüedad parecen haber sido la cuna de su genio: Atenas, Argos, Colofón, Esmirna, Pilos, Quíos y Cos.

[2] Hesíodo (aprox. siglo VIII a.J.C.) Literato griego, natural de Ascra, en Beocia. Se atribuye a su autoría un total de dieciséis obras, entre las que destacan piezas inmortales como “Los trabajos y los días” y “Teogonía”, ambos escritos de condición didáctica y moral. Cultivó una poesía profunda, plena de matices y fraces irónicas.

[3] Quintiliano, Marco Fabio (Siglos I-II d.J.C): Escritor hispano del periodo romano. Es autor de un célebre tratado magistral, titulado “De Institutione Oratoria”. Esta obra pedagógica está compuesta por doce volúmenes que tratan, entre otros temas, la literatura clásica griega y los principales autores helénicos. Menéndez y Pelayo realizó un importante estudio crítico sobre el carácter y el pensamiento de este autor latino, comparando sus admirables escritos con el Gorgias de Platón o la retórica de Aristóteles. La obra de Quintiliano, redactada con un estilo puro y elegante, fue traducida a la mayoría de los idiomas actuales.

[4] Corominas, J.: “Diccionario Crítico Etimológico de la Lengua Castellana” Ed. Franke – Berna, 1954. Espasa Calpe, “Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo Americana”  V. Mito/Mitología – Tomo XXXV [Págs. 1085-1103].

[5] Del griego (anadyomai) “la que sale del agua”. En esta leyenda marina se inspiraron numerosos artistas, pintores y escultores del periodo clásico y aún posteriores. Entre ellos cabe recordar la célebre obra del escultor Fidias que adorna el trono de Zeus. También el pintor Apeles, la representó  en el Templo de Asclepios de la isla de Cos (Archipiélago de las Espóradas).

[6] Este importante repositorio posee una rara pieza escultórica, realizada por Parxíteles en mármol de Paros, que fue hallada en la ciudad de Cnido (Asia Menor). De esa estatua -que perteneció originariamente a la “Colección Colonna”- existen varias copias pertenecientes al periodo romano. La llamaban Venus Cnidia porque era adorada particularmente en aquella ciudad del Quersoneso.

[7] Esquilo (525-456 a.J.C.): Poeta griego, nacido en la ciudad de Eleusis (Ática). Considerado uno de los grandes maestros de la poesía universal. Entre sus obras más reconocidas se encuentra “La Orestiada”, una trilogía formada por las célebres tragedias: “Agamenón”, “Coéforas” y “Euménides”. Otras obras de carácter dramático, inspiradas en la Grecia legendaria, son: “Los persas y Agamenón”, “Prometeo encadenado” y “Los siete contra Tebas”. Su elevado estilo y la grandeza de pensamiento, le asignan un lugar preponderante entre los precursores del género trágico.

[8] Diófanes de Mitilene (Siglo II a.J.C.) Escritor y orador ateniense. Su retórica inflamada de pasión, le ocasionó la enemistad de ciertos personajes poderosos e influyentes. Condenado al ostracismo, se estableció en Roma, donde subsistía dando clases de gramática griega, oratoria y estilística. En el proemio de uno de sus textos, dice: “la suprema virtud de la existencia es lo útil y lo bello, en ese orden”. Entre sus discípulos hubo literatos latinos que elogiaron calurosamente al célebre “maestro griego”. La mayoría de sus manuscritos se perdieron, quedando solamente algunos fragmentos, reunidos en el archivo de autores clásicos de la Biblioteca Vaticana.

[9] Mirtis (siglo VI a.J.C.). Poetisa griega nacida en Ática. Fue considerada numen de los parnasianos, que intentaron asimilar la herencia de los autores clásicos. Sólo se conocen una parte fragmentaria de su obra. Fue maestra del célebre Píndaro. Más tarde quiso rivalizar con su alumno en materia de gracia expresiva, llevándose aquél los galardones poéticos de su tiempo.

[10] Calímaco de Cirene (c. 310-235 a.J.C.). Polígrafo griego, célebre por su elegancia y erudición. También se destacó en su vertiente poética como autor de himnos y poemas inspirados en motivos legendarios. Entre los que destaca “La cabellera de Berenice”, obra conocida a través de una traducción latina de Cátulo. Calímaco fundó una escuela de artes y letras en la ciudad de Alejandría, donde recibieron esmerada educación grandes pensadores, como Apolonio de Rodas, Eratóstenes y Aristófanes de Bizancio. El historiador Suidas dice que Calímaco redactó más de ochocientos escritos monográficos y poemas, muchos de los cuales no han llegado hasta el presente. Los himnos y epigramas, hoy conocidos, sirvieron de inspiración a poetas y escritores de épocas más recientes.

[11] Eurípides (480-406 a.J.C.) Poeta griego, profundo y expresivo: Junto con Sófocles y Esquilo, integran la cumbre de la tragedia clásica helénica. Entre sus obras más importantes, se encuentran: “Ifigenia en Áulida”, “Ifigenia en Táurida”, “Medea” y “Alcestes”.

[12] Apolófanes de Alejandría (Siglo III a. De J.C.). Filósofo y polígrafo griego. Fue discípulo de Aristón. Destacados historiadores, como Ateneo, Diógenes Laercio y Tertuliano, realizaron críticas descriptivas sobre su obra literaria. Se le atribuye una historia de los primeros reyes de Ática. El pensamiento filosófico de Apolófanes parece inspirado por la disciplina estoica. 

 

[13] Diogeniano de Heraclea (siglo II d.J.C.). Escribió un lexicón en cinco volúmenes, una recopilación de antiguos proverbios griegos y una obra titulada “Sobre los ríos, los pantanos, las fuentes y las montañas”, comentada por el historiador Suidas.

[14] Pitaco de Lesbos (652-579 a.J.C.) Político, filósofo y poeta, nacido en la ciudad de Mitilene. Es considerado uno de los siete sabios de Grecia. Se destacó particularmente en la elegía. Sus versos mostraban un carácter lírico y mitológico. Laercio rescató del olvido parte de su poesía. Aparece citado en la obra “Poetae Lirici Graeci” de Teodoro Bergk. Este autor también publicó antologías de Sófocles, Anacreonte y Aristófanes.

[15] Apeles (siglo IV a.J.C.): Célebre pintor de temas mitológicos. Fue discípulo de Pánfilo y destacó en la corte de Macedonia bajo el mecenazgo del rey Filipo II. De esa época data la serie de retratos que Apeles realizó de Alejandro Magno. Según el historiador Plinio, Apeles nació en Cos, una isla del archipiélago de las Espóradas, en el mar Egeo. Estrabón, en cambio dice que su patria era la ciudad lidia de Colofón. La imagen excelsa de la diosa Artemisa lo muestra como un portentoso maestro, enaltecido aún más por la precariedad de los materiales existentes en su época. Según sus biógrafos fue un creador nato, incansable, cuyo lema era no vivir ni un día sin expresar la emoción del arte.

[16] Timárquides (siglo II a.J.C.). Escultor ateniense, hijo de Policles, “el joven”, y hermano de Timocles, también ambos artistas de reconocido prestigio. En colaboración con su hermano realizó numerosas estatuas, entre las cuales destacan las del sabio Asclepio (Esculapio), del atleta olímpico Agesarcos y la imagen de la diosa Atenea que presidía el templo de Atenea Cranaia. Timáquides tuvo un hijo, también escultor, llamado Policles “el nieto”, para diferenciarlo de su célebre abuelo.

[17] Tucídides Ático (460-396 a.J.C.). Marino y escritor ateniense, autor de una famosa obra titulada “Historia de la guerra del Peloponeso”, que narra con objetividad la encarnizada contienda entre Atenas y Esparta, ocurrida entre los años 431 y 404 antes de Cristo. Lamentablemente, ese trabajo quedó inconcluso porque Tucídides murió asesinado. Fue este gran historiador de Grecia uno de los más reconocidos de la antigüedad. En sus tareas de investigación arqueológica llegó hasta los tiempos remotos de la guerra de Troya, estableciendo los principales motivos e intereses que primaron en aquel otro conflicto legendario.

[18] Varrón, Marco Terencio (119-26 a.J.C.). Escritor romano de vasta cultura y carácter crítico. Fue el autor de más de cuatrocientas piezas literarias, muchas de ellas incompletas, o extraviadas, de las que hoy sólo se conoce su temática por referencias de otros autores posteriores. Entre sus obras más destacadas se hallan las célebres “Sátiras menipeas”; los “Poemas elegíacos” en diez volúmenes; un “Poema didáctico” y un ensayo analítico titulado “La lengua latina”. También escribió sobre las costumbres sociales de su tiempo y el culto a las divinidades de la antigüedad.

[19] Epiménides de Cnosos (c. Siglos VII-VI a.J.C.). Mitólogo, poeta y fabulista, natural de la isla de Creta. Conocido en la antigüedad como uno de los siete sabios de Grecia. No se sabe con exactitud los años en que transcurrió su existencia, pero se cree que era contemporáneo del filósofo Solón. El historiador griego Diógenes dice que Epiménides era médico y cuenta diversas anécdotas de su vida, algunas de las cuales dieron pábulo a otras tantas leyendas. Entre los motivos mitológicos que se atribuyen a su autoría, se puede citar a la génesis del universo y de los dioses, base de otros trabajos relacionados. Esta pieza literaria, que habría contenido originariamente unos cinco mil versos, explicaba que el aire y la noche habían sido los elementos primordiales en la teogonía helénica. Otra obra, muy ponderada en su tiempo, fue un extenso poema épico sobre el viaje de la nave Argos y las aventuras del héroe Jasón en la Cólquida. También dejó un poema inspirado en las legendarias figuras de Minos y Radamantis, jueces del Hades. Además, se le atribuye una interesante legislación política y religiosa para la isla de Creta.

[20] Dión Crisóstomo (c. 40-110 d. C.) Filósofo y publicista griego, nacido en la ciudad de Prusa. Escribió numerosas disertaciones sobrela cultura y las tradiciones griegas. Entre los escritos atribuidos a este autor se encuentran diversos textos dedicados a la mitología helénica y su influencia en el sentimiento religioso de los pueblos mediterráneos. La mayoría de sus obras se hallaban en la célebre biblioteca de la ciudad de Mileto.

[21] Apolodoro de Atenas (siglo II a.J.C.) Literato y gramático griego, especializado en mitología, etimología y locuciones áticas. Fue discípulo de célebres escritores helénicos, como Aristarco y Diógenes babilónico. De la mayoría de sus obras sólo restan fragmentos y citas parciales de otros autores contemporáneos. Sin embargo, han logrado perdurar hasta la actualidad los tres volúmenes de su obra principal, hoy conocida como la “Biblioteca de Apolodoro”. Se trata de un interesante trabajo -casi íntegro- que describe la historia y los elementos esenciales de la mitología griega, desde sus remotos comienzos hasta la guerra de Troya. Entre los fragmentos sueltos, recogidos por Clínates, destaca la “Crónica”, una pieza documental inspirada en la vida del rey Átalo II de Pérgamo. De su otra obra, titulada “Dioses” y compuesta en veinticuatro tomos, sólo restan referencias y transcripciones de textos parciales, realizadas en épocas muy posteriores. La edición príncipe de la “Biblioteca de Apolodoro” se realizó en Roma en 1.555. Posteriormente, se llevaron a cabo ediciones modernas en varios idiomas. La editorial francesa, Clavier publicó en el siglo XIX la primera versión reducida en dos volúmenes. También la Biblioteca Nacional de París conserva un completo archivo bibliográfico sobre la vida y la obra de Apolodoro.

[22] Antístenes de Atenas (444-399 a.J.C.) Filósofo y escritor. Fundador de la célebre Escuela de Cinosargos. Dejó varios ensayos críticos sobre el culto a las divinidades. Según Antístenes, los dioses de la mitología griega eran meras creaciones alegóricas ideadas por narradores como Homero y Hesíodo. Muchos de sus escritos se han perdido y sólo se conoce su existencia por referencias circunstanciales. Parte de sus obras se publicaron en un voluminoso tratado, titulado “Fragmenta Philosophorum Graec” que fue publicado por Mullach en Francia.

[23] Cayo Plinio Segundo, llamado “Plinio el viejo” (23-79 d.J.C.) Notable escritor e historiador romano, autor de una “Historia Natural” de 37 tomos. Desde el siglo XVII se publicaron en España las obras de este célebre polígrafo. Su trabajo constituye una inagotable fuente de conocimientos sobre las ciencias, la geografía, la historia y el arte de su tiempo.

[24] Nombre de una isla del archipiélago de las Cícladas, situada a unos ocho kilómetros al noreste de Sérifos. También aparece citada con la forma Seriphopoulon.

[25] Teágenes de Regio (siglo VI a.J.C.). Poeta griego nacido en Calabria. Dentro de su propio estilo, costumbrista y narrativo, redactó un extenso poema alegórico inspirado en la vida y la obra de Homero. En él se intenta recomponer la esencia original de los mitos, partiendo de un detenido exámen psicológico. Aunque fue parcialmente transcrita y comentada por otros autores posteriores, de esta obra sólo se han conservado valiosos fragmentos que permiten comprender la calidad y el estilo literario de Teágenes.   

[26] Corina de Beocia (siglo VI a.J.C.). Aprendió el sentido profundo y descriptivo de las letras con el maestro Píndaro. Como poetisa, gozó de una gran reputación que se extendió desde Tanagra, su patria, hasta el resto de Grecia. Impulsada por el genio de la lírica, intervino en varios concursos poéticos de su tiempo, en los que resultó vencedora. De sus obras completas se conservan varias partes consignadas en Poetae Lyrici Graeci.

[27] Herodoto (484-425 a.J.C.): Polígrafo griego de origen dorio, llamado “Padre de la Historia”. Era descendiente de una destacada familia ateniense, en la que sobresalía el afamado poeta épico Paniani, quien ejerció una gran influencia en su estilo elevado y espíritu de observación. Viajó por Chipre, Tiro, Fenicia, Persia, Egipto, Libia, Cirene y otros lugares del mundo entonces conocido, exponiendo en sus obras el resultado de años de estudios y apreciaciones personales, respecto a los acontecimientos históricos, los monumentos, las costumbres y la mitología de los pueblos en la antigüedad. De la obra de Herodoto se realizaron numerosas ediciones, algunas de ellas con carácter de estudio crítico, comentadas sobre la base de los modernos descubrimientos arqueológicos. En castellano existen varias versiones, algunas completas y otras compuestas por fragmentos selectos. La edición íntegra, titulada “Los nueve libros de la Historia de Herodoto de Halicarnaso” fue traducida del griego y publicada por primera vez en España por el erudito jesuita Bartolomé Pou [Madrid, 1846], de la cual proceden las ediciones actuales. El primer volumen de esta obra trata la historia del pueblo lirio y el rey Creso.

[28] Ferecides (c. 485-400 a.J.C.). Mitólogo e historiador griego, nacido en la isla de Leros o Lernia, en el mar Egeo. Fue el autor de una célebre colección, titulada “Los Autóctonos”, compuesta por breves tratados sobre la prehistoria helénica y otros escritos diversos. De esa obra –reunida al principio en diez volúmenes en folio- se conocen sólo algunos capítulos publicados en la compilación “Historicorum Graecorum Fragmenta” (París, 1841), posteriormente reeditada a mediados del siglo XX. También se dieron a publicidad distintos fragmentos atribuidos a Ferecides, uno de ellos sobre las antiguas creencias de los aqueos, donde se refiere al citado mito de las danaides.

[29] Esta narración legendaria es, en cierto modo, coincidente con el mito de la estatua de madera de la diosa Palas Atenea -también llamada Paladión- que según la tradición había caído del cielo y se hallaba entronizada en una de las murallas de la antigua Troya.

[30] Sófocles (497-406 a.J.C.) Uno de los grandes poetas clásicos de Grecia. Como complemento de la inmortal tragedia “Edipo Rey”, escribió “Edipo en Colona” que es, en cierto modo, su continuación. Además de estas dos magníficas creaciones, Sófocles concibió los argumentos de otras piezas claves en el estilo dramático, entre ellas: “Electra”, “Antígona”, “Las Traquinianas”, “Áyax” y “Filoctetes”, todas celebradas como obras maestras de la literatura universal. Sófocles nació en la ciudad de Atenas, en el año 71 de la Olimpiada y llegó a ser el primero en su tiempo, adorado por el pueblo, tuvo en vida su estatua en el teatro principal de la ciudad que le vio nacer. Llamado “el poeta amado de las Gracias y las Musas”, su mausoleo se transformó en un centro de peregrinación de los amantes de las letras.

[31] Enciclopedia Universal Ilustrada Espasa Calpe. Volumen XIX, Pág. 772.

[32] Mimnermo de Colofón (siglo VII a.J.C.) Poeta y panegirista lidio. Fue el autor de varias elegías (poesías de carácter místico o doloroso) reunidas en dos gruesos volúmenes, escritos sobre pergamino, que según Erhard se hallaban depositados en la célebre Biblioteca de Mileto. En la actualidad, sólo se sabe de la existencia de algunos breves fragmentos. Del resto se conoce el estilo y la temática por citas o referencias críticas de impresores y editores de la época del Renacimiento, que intentaron recuperar obras de la antigüedad con la dedicación de auténticos bibliófilos. Lamentablemente, esos originales se han extraviado, pues ya en el siglo XVI nadie sabía qué había sido de ellos.

[33] Estesícoro de Sicilia (Sigo VI a.J.C.). Escritor latino a quien se deben interesantes estudios sobre los textos de la antigüedad redactados sobre papiros. También dedicó su ingenio a las poesías de carácter mítico, entre ellas una breve oda, dedicada a la imagen del dios Apolo, de quien dice que entre los griegos era la figura más venerada después de Zeus.

[34] Diodoro (siglo I a.J.C.). Nacido en la isla de Sicilia, entonces integrante de la Magna Grecia. Concibió uno de los más importantes proyectos bibliográficos de la antigüedad. Su célebre Enciclopedia Histórica apareció hacia el año 30 antes de Cristo, bajo el reinado del emperador Augusto. Esta colección de motivos geográficos e históricos, estaba compuesta por cuarenta libros divididos en tres conjuntos temáticos. Fue una  de las obras de recopilación más amplias que existieron en su tiempo. El primer apartado de la obra de Diodoro contenía escritos monográficos referidos al origen mitológico de los pueblos entonces conocidos. A través de ella se ha conocido el origen y la ubicación geográfica de muchas leyendas y mitos de la antigüedad. El segundo grupo, específicamente histórico, trataba desde la guerra de Troya hasta la muerte del conquistador Alejandro Magno. El tercero se refería al Imperio Romano y sus conquistas. La obra no ha llegado íntegra hasta nuestros días, muchos volúmenes están completos, pero de otros sólo han quedado fragmentos. Durante mucho tiempo, esta gran colección, tanto como su autor gozaron de una merecida fama entre los estudiosos del mundo antiguo. Más tarde, al desarrollarse profundamente las ciencias historiográficas, especialmente con el aporte de la arqueología y la paleografía, la colección fue objeto de apreciaciones y críticas injustas, que no tuvieron en cuenta la escasez de medios existente cuando la misma fue escrita.

[35] Publio Ovidio Nasón (43 a.J.C.-17 d.J.C). Notable escritor latino, universalmente reconocido como uno de los pilares fundamentales de la literatura clásica. Sus obras, realmente didácticas, en cuanto a la perfección del estilo y la profundidad del pensamiento, destacan esencialmente por los elevados sentimientos expresados en ellas. Entre sus numerosas composiciones poéticas y de narrativa versificada pueden citarse títulos tan celebrados como las “Heroicas”; el “Arte de amar”, la “Metamórfosis”, los “Fastos” y los “Tristes”. La sutil belleza de sus rasgos morales y la riqueza del lenguaje fueron ejemplos tradicionales entre los autores del Renacimiento.

[36] Ese santuario fue destruido a fines del siglo IV de la era cristiana por el rey bárbaro Alarico. Cuando los visigodos invadieron la región, los sillares del templo fueron utilizados para construir groseras fortificaciones.

[37] Homero recogió esa leyenda del folclore tradicional en los pueblos de Etolia, región occidental del Peloponeso, cuyos bosques fueron también el escenario de una las aventuras de Heracles. El autor de la “Odisea” agrega que los etolios se consideraban descendientes directos del rey Endimión, patriarca de varios clanes familiares radicados en las alturas de Calidón.

[38] En la antigua Grecia, el tiempo se medía por comparación con la celebración anual de las Olimpiadas. Cincuenta lunas nuevas era el tiempo que transcurría entre una Olimpiada y la siguiente.

[39] Giovanni Lorenzo Bernini (1598-1680) Maestro de la técnica escultórica y arquitectónica cuyas creaciones plásticas parecen inspiradas en la rica mitología griega. Entre sus obras más notables pueden citarse: “Apolo y Dafne” y “El rapto de Proserpina”. Es considerado uno de los más destacados artistas del barroco italiano.

 

[40] Praxíteles (siglos IV-V a.J.C.) Escultor ateniense, uno de los más preclaros entre la élite de artistas que destacaron en los tiempos de la Grecia Clásica. Dedicó su notable maestría al esculpido y modelado de estatua siguiendo los más perfectos cánones del arte. El objeto de sus modelos más importantes fueron los dioses de la mitología helénica. Entre sus piezas inmortales, pueden citarse la estatua de Hermes y la Venus de Cnido, considerada la más bella y equilibrada obra de arte de la antigüedad.

[41] El nombre Ennice, consignado en inscripciones en piezas de bronce, apareció por primera vez escrito en dialecto élico, una forma del griego antiguo del que recién se conoció su existencia a fines del siglo XIX, durante las excavaciones en el yacimiento arqueológico de Olimpia.

[42] Helánico de Lesbos (Siglo V a.J.C.) Historiador y cronista nacido en la antigua Mitilene. Entre los títulos de su producción literaria se encuentran la primera historia de Atenas y una cronología de las sacerdotisas de Argos. También escribió varias composiciones y cuentos alegóricos, relacionados con las leyendas de su isla natal y una serie de narraciones mitológicas de personajes como Foroneo y Deucalión. De la mayoría de sus obras sólo restan fragmentos y transcripciones monográficas de épocas posteriores.

[43] Diógenes Enómanos (siglo IV a.J.C.). Poeta y mitógrafo ateniense. Entre sus creaciones literarias, basadas en aventuras de personajes legendarios, se encuentran: “Aquiles”, “Crisipo”, “Heracles”, “Semela”, “Medea” y “Edipo”. Algunos autores antiguos le atribuyeron una interesante monografía sobre las propiedades maravillosas de la Fuente Castalia, de la que sólo restan fragmentos en la actualidad. En la ciudad santuario de Delfos existe una columna de mármol caída, donde se cuenta que Diógenes solía sentarse a escribir versos inspirados en los dioses y héroes del Olimpo. Se cree que lo hacía sobre tiestos de terracota, que luego enterraba para que estuvieran bajo la protección de la diosa Gea. Existen copias de parte de su obra en la Biblioteca Nacional de París.

[44] Cebes (siglo V a.J.C.). Escritor y filósofo griego. Era natural de la ciudad de Tebas en la Beocia. Jenofonte dice que fue discípulo de Sócrates. En su obra “Fedón”, Platón lo convierte en un profundo interlocutor filosófico. Cebes destaca por el carácter reflexivo de sus pensamientos.

[45] Clemente de Alejandría (Siglos II-III d.J.C.) Filósofo griego, intérprete del pensamiento helénico dentro de los cánones de la doctrina cristiana. De su obra destaca la compilación de juicios o ideas sobre la religión y la mitología, reunidos bajo el concepto de animación del espíritu “Protréptico” voz que deriva del griego (protreptikós=que puede conmover, animar).

[46] Hecáteo de Adbdera (Siglos IV-III a.J.C.) Historiador griego. Acompañó al macedonio Tolomeo Soter en su expedición a Siria. Redactó escritos sobre temas legendarios, históricos y filosóficos. En uno de sus ensayos habla sobre la kakistocracia (la autoridad de los peores), criticó algunos abusos y errores de la democracia, e imaginó un país gobernado por sabios, donde todos los ciudadanos practicaran la virtud. Fue perseguido y denostado, debiendo refugiarse en Egipto.

[47]Quinto  Ennio (siglo III a.J.C.) Poeta y dramaturgo latino, nacido en la región sur de Calabria. Su familia era de origen griego. Dominaba perfectamente la lengua helénica, razón por la que pudo investigar en su tierra el origen de los mitos y la trascendencia histórica las tradiciones populares. Debido a la fama de su obra fue nombrado ciudadano romano con plenos derechos. A partir de entonces, comenzó a participar en la vida intelectual de Roma, gozando de la amistad de personajes influyentes como Cornelio Escipión y Fulvio Nobilior. Además de poesía épica, Ennio escribió más de veinte tragedias inspiradas en la mitología griega, destacando entre otras “Medea”, “Ifigenia”, “Andrómaca”, “Fénix”, “Telefo”, “Melanipo” y “Hécuba”, basada esta última en el destino de la desgraciada reina de Troya. Aunque algunos críticos consideran que la obra literaria de Ennio estuvo en cierta medida influenciada por el estilo particular de Eurípides, en sus dramas se advierte la riqueza de la ideas, la hondura de los sentimientos que demuestran sus personajes y una gran originalidad en las distintas tramas argumentales. Marcelino Menéndez y Pelayo escribió un interesante trabajo de catalogación de las distintas traducciones y ediciones de la obra de Ennio en España hasta el siglo XIX.

[48] Aristarco de Egea. (siglo V a.J.C.) Poeta trágico, reconocido por la notable influencia en el teatro griego de su tiempo. Según el historiador Suidas, Aristarco escribió setenta dramas, muchos de ellos inspirados en asuntos mitológicos, de los cuales sólo han llegado hasta nuestros días breves fragmentos y referencias de otros autores.

[49]El carro del Fuego”  Tradición poética inspirada en el mito del dios Helios, originaria de la región montañosa de Erymanthos, en el noroeste del Peloponeso (siglo II antes de Cristo). 

[50] Clinias o Kleinias (siglo IV a.J.C.): Filósofo y didáctico heleno, nacido en Tarento [Magna Grecia]. Se le atribuye la autoría de una obra titulada “De sanctitate et pietate”, de la cual sólo han llegado hasta el presente citas puntuales y referencias de autores antiguos, como Plutarco, Diógenes Laercio, Eliano y Ateneo. Clinias pertenecía a la comunidad pitagórica de Crotona, entonces perseguida, razón por la cual se vio obligado a emigrar de su patria, refugiándose en Heraclea. Estudió la relación entre los números y la armonía musical. Las apreciaciones más interesante sobre el pensamiento filosófico de este autor corresponden a la obra “La Philosopie des Grecs” publicada por primera vez en París, a fines del siglo XIX. 

[51] Pausanias (siglo II d.J.C.): Viajero y polígrafo griego, originario de Asia Menor, posiblemente de la región de Liria (Capadocia). Escribió un Itinerario de Grecia donde narra aspectos variados de la historia, la geografía, los mitos y las leyendas del mundo antiguo. La obra consta de diez volúmenes Libro I:  Megárida; Libro II: Argólida, Corinto, Flio y Sicione; Libro III: Laconia; Libro IV:  Mesenia; Libros V y VI: Élida; Libro VII: Acaya; Libro VIII: Arcadia; Libro IX: Beocia; Libro X: Fócida. La primera edición de su obra fue realizada en Venecia, en 1516,  por el erudito e impresor Aldo Manucio.

[52] Casi todas las bibliotecas de la antigüedad eran públicas. También los nobles y reyes que tenían una, solían ponerla a disposición de sabios y estudiosos, quienes de otra manera no hubieran podido acceder a esas obras singulares. En sus repositorios, llamadas museion, se reunían multitud de manuscritos redactados sobre soportes tan diversos como el pergamino, el papiro, la madera o el barro cocido. Los griegos otorgaron una gran importancia a las bibliotecas. Algunas de las más célebres pertenecieron a eruditos como Euclides de Atenas, Polícrates de Samos y el poeta Eurípides. La Biblioteca de Alejandría -fundada por Tolomeo I en el siglo IV antes de Cristo- contenía una de las colecciones sobre mitos y creencias más importantes de su época. Esa biblioteca y otras de su tiempo, guardaron el conocimiento, las ideas y también las narraciones legendarias que formaban parte del patrimonio tradicional de los pueblos. Como en el caso de la diosa Ibris, muchas otras leyendas pudieron recuperarse del olvido a través de copias de los rollos originales realizados por iluminadores y calígrafos que reprodujeron esas piezas únicas.

[53] Janto de Éfeso (Siglos VI ó V a.J.C.). Historiador helénico, natural de Lidia (Asia Menor). Fue el autor de un voluminoso tratado escrito en parte sobre papiro, conocido con el nombre de “Lidíacas”. Esta obra se encuentra incompleta, aunque se conoce el texto de una parte importante. Fue publicada por el editor francés Didot en su colección de “Clásicos Griegos”:

[54] Aqueo de Eretria (siglo V a.J.C.). Poeta y dramaturgo griego. Escribió más de treinta tragedias, inspiradas en la mitología helénica y algunos dramas de carácter irónico. De sus obras, comentadas por Diógenes Laercio, se conservan: “Omphala”, “Philoctete”, el poema satírico “Alcmeon” y el drama “Edipo”.

[55] Plutarco de Queronea (c.46-120 d.J.C.). Polígrafo e historiador griego, nacido en Beocia. Estudió en Atenas junto al filósofo Amonio y el retórico latino Emiliano. Su obra más conocida es “Vidas Paralelas”, selección de biografías de personalidades célebres, redactadas con un estilo ejemplar. Según su sentimiento estricto sobre comportamiento humano, la moralidad debía ser la meta final del arte, la literatura y las ciencias. Entre los personajes retratados en esta magna obra pueden citarse, entre muchos otros, a Teseo, Pericles, Demóstenes, Cicerón, Temístocles y Alejandro Magno. También escribió 78 tratados sobre temas de variada condición. Historia, Filosofía, Gramática, Retórica, Historia Natural y Crítica Literaria. Además, se sabe que este prolífico autor escribió otras 130 monografías sobre preceptos políticos, el afecto fraternal, los oráculos, la virtud humana, la democracia, la paz del alma, medios para distinguir a los amigos de los aduladores, los siete sabios de Grecia, etc. De algunos de sus manuscritos sólo quedan fragmentos.

[56] Lucio Anneo Séneca (4 a.J.C.-65 d.J.C): Escritor y filósofo estoico, de origen hispano, nacido en la ciudad de Córdoba. Entre sus obras dramáticas, escritas en latín e inspiradas en temas mitológicos, figuran: “Medea”, “Agamenón”, “Hécuba” y “Edipo”. Además redactó una interesante colección de epístolas ejemplares: “Epistolas a Lucilium” y varias monografías sobre temas de conciencia, entre las cuales destacan “La vida breve” y “La vida beata”. La mayoría de las obras de Séneca han sido traducidas al castellano y comentadas en su aspecto didáctico.

[57] Aeción (siglo IV a.J.C.): Pintor griego, contemporáneo del célebre Apeles, de quien parece haber recibido un cierta influencia. Lo citan, entre otros, Cicerón y Herodoto. Entre sus cuadros conocidos se encuentra una obra de grandes proporciones, titulada “La boda de Alejandro Magno y Roxana” que presidía el palco de honor en los Juegos Olímpicos. El historiador Luciano afirma que había en Italia una perfecta copia de esa pieza, en la cual se inspiraron artistas de épocas posteriores, como el ilustre maestro de Urbino, Rafael Sanzio.   

[58] Homero (siglo IX a.J.C.): El poeta épico más destacado en la historia de Grecia. Sus obras  “La Ilíada” y “La Odisea” han perdurado con justa fama hasta el presente. Hoy se sabe que esas leyendas son mucho más antiguas y que desde su origen ignoto fueron transmitidas oralmente por numerosos rapsodas de la antigüedad.  Se ignora el lugar exacto donde nació Homero. Según distintas referencias, siete ciudades de la antigüedad parecen haber sido la cuna del genio: Atenas, Argos, Colofón, Esmirna, Pilos, Quío y Cos.

[59] Biblioteca Ambrosiana: Fundada en 1603 por el cardenal arzobispo de Milán, Federico Borromeo. Logró reunir la más importante colección de obras clásicas de su tiempo. Para organizar, estudiar y traducir los manuscritos originales, se formó una comisión de estudios de lenguas antiguas y modernas, especializada en la trascripción del latín y el griego. Además de la biblioteca de incunables y el gabinete de manuscritos, la Biblioteca Ambrosiana creó sendas galerías de pintura, escultura, arqueología y numismática.

[60] Angelo Ambroginis, llamado Policiano (1454-1494). Poeta y humanista nacido en la Toscana. Estudió en la Academia de Florencia. A los 16 años tradujo la Ilíada de Homero en hexámetros latinos, razón por el cual se le dio el sobrenombre honorífico de Homéricus juvenis. Fue protegido por el magnífico Lorenzo de Medicis. El filósofo Pico de la Mirándola dijo de Policiano que unía la gravedad de Cicerón con la espontaneidad de Tito Livio. Entre sus obras de carácter lírico cabe destacar “Orfeo”, un drama pastoral, afirmado en el carácter melódico de las palabras. Esta obra, representada en Mantua con acompañamiento orquestal, es considerada uno de los antecedentes de la ópera moderna. Las primeras ediciones de las obras de Policiano fueron realizadas en 1498 por Aldo Manucio, el príncipe de los impresores del Renacimiento.

[61] Descendiente del mítico fundador de la dinastía real de Troya. Algunos genealogistas de “La Ilíada” creen que este Dárdano, que tenía a su cargo la defensa de la primera línea de murallas, era un hermano del rey Príamo y tío del héroe Eneas. 

[62] Cicerón, Marco Tulio (106-43 a.J.C.) Político, literato y orador romano, célebre por sus discursos. Fue tal su fama que el nombre Cicerón llegó a ser un sinónimo de la elocuencia. Hubo otros personajes de este nombre en la antigua Roma -todos emparentados- aunque ninguno con la celebridad de aquel.

[63] Carl Gustav Jung (1875-1961). Tratadista y psiquiatra suizo, graduado en las Universidades de Basilea y París. Fue discípulo de Sigmund Freud y profesor en la Universidad de Zurich, ciudad donde fundó una escuela dedicada a la enseñanza de las modernas técnicas del psicoanálisis. Jung escribió importantes estudios y conclusiones sobre el comportamiento humano, muchas de cuyas ideas resultan coincidentes con la conducta de los seres mitológicos, llevando al lector a la comprensión de que las leyendas no son otra cosa que el reflejo del subconsciente colectivo. Entre sus numerosas investigaciones relacionadas con el sentido de los mitos, pueden citarse tres obras fundamentales: “Ensayos sobre una ciencia de la mitología”, “Psicología y religión” y “La integración de la personalidad”.

[64] Tauro Emiliano Paladio, llamado Rutilio (siglo IV d.J.C.). Escritor latino, autor de una serie didáctica en catorce volúmenes, titulada “De re rustica” [sobre la cosa rural] que en su época tuvo una difusión limitada, propia de los manuscritos. La celebridad de esos trabajos sobre las faenas agrícolas y los distintos periodos de las siembras (seminationis tempus) se debió a que posteriormente fueron reproducidos en varios idiomas por copistas anónimos, perdurando el eco de su fama hasta la Edad Media. En 1472, la obra de Rutilio fue impresa en Venecia -por primera vez en forma tipográfica- junto con las de otros autores especializados en botánica y agricultura. Esa rara edición lleva el título “Rei rusticae scriptors”. En ella se refiere indirectamente a ciertas leyendas relacionadas con las deidades protectoras de los sembradíos, a las que ya rendían culto los antiguos griegos. Los romanos denominaron a esas divinidades Messis Dominus (Dioses de las cosechas).

[65] Esiquio de Mileto (siglo VI d.J.C.) Historiador y gramático griego. Escribió distintas obras de las que sólo han quedado algunos fragmentos y un léxico utilizado en su tiempo por Suidas. Su trabajo más importante es la Crónica Universal en doce volúmenes que narra los acontecimientos ocurridos en Grecia, desde la Guerra de Troya hasta el año 512 de la era cristiana. De esta colección, comentada por Focio, se conserva una parte bastante extensa.

[66] Jenófanes de Colofón (siglo VI a.J.C.). Poeta lidio, nacido en un de las doce ciudades jonias del Asia Menor. Fue mentado en la antigüedad por sus piezas literarias, de las que sólo restan breves transcripciones posteriores y comentarios. Destacó en la composición de poemas elegíacos, algunos de ellos celebrados con justicia. En sus escritos se refirió particularmente a los misterios del Olimpo e intentó indagar con un carácter crítico sobre la razón de la apariencia humana en los dioses griegos. En algunas biografías aparece escrito Xenofanes.

[67] Esquines de Atenas (siglo IV a.J.C.) Epigrafista y orador ático. Comparado en su tiempo con el célebre Demóstenes. Entre los escritos atribuidos a su pluma -bien sea por la época o por el estilo literario- se encuentra una cita descriptiva sobre la entonces floreciente ciudad de Calidón, antes de que entrara en una etapa de decadencia, en tiempos de Estrabón (siglo I a.J.C.). De sus discursos, que han perdurado como ejemplos clásicos de oratoria, se pueden citar las obras: “De la Corona” y “De la Embajada”.

[68] Agatón (447-400 a.J.C.). Poeta trágico nacido en Atenas. Fue compañero de Eurípides y de Platón. Su estilo, impregnado de sutilezas y sentidos figurados, fue criticado por Aristóteles. Escribió varias tragedias inspiradas en temas mitológicos, entre ellas Alcmeon, Telefo y Tieste. En la actualidad sólo se conoce la existencia de una parte fragmentaria de sus obras completas.

[69] Teodecto de Licia (siglo IV a.J.C.) Poeta trágico griego. Compañero de Aristóteles. En Atenas frecuentó la escuela de Isócrates. Escribió numerosas tragedias, varias de ellas inspiradas en motivos  legendarios. En la Edad Media, el polígrafo griego Suidas (siglo X d.J.C.) recogió parte de sus obras, consignándolas en su célebre lexicón.

[70] Heinrich Schliemann (1822-1890). Investigador alemán. Escribió varias descripciones e informes sobre sus descubrimientos arqueológicos en la colina de Hisarlik, cuyas ruinas se cree que pertenecen a la antigua ciudad de Troya. 

[71] Policles, llamado “el antiguo” (siglo V a.J.C.). Pintor y escultor griego. Muchas de sus obras, inspiradas en controvertidos motivos mitológicos, desaparecieron o fueron destruidas durante la dominación otomana. Se sabe que fue autor de un retrato del general Alcibíades y de una representación subjetiva de la deidad Hermafrodita.

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